Como vemos, la paz (y
la felicidad) están relacionadas con verse libres de la miseria, la
inseguridad, la ignorancia y las situaciones que atropellan la dignidad humana.
Pero también están vinculadas a los motivos para vivir, luchar, gozar, sufrir y
esperar.
Carlos Ayala Ramírez / ALAI
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| "Humanidad", óleo de Pavel Eguez. |
Al final y principio de
cada año se vuelve rutinaria la frase: “Happy New Year” (Feliz año Nuevo). Lo
repite todo mundo: las personas, las instituciones públicas y privadas, los medios
de comunicación, las organizaciones ciudadanas, las congregaciones religiosas,
etc. Con ello se expresa un saludo, deseo, o sentimiento que, por lo general,
se queda en palabras reiterativas sin mayor contenido concreto. A lo sumo, el
concepto de felicidad suele reducirse a la satisfacción de los intereses
individuales, quitándosele su dimensión colectiva. Desde luego, que el saludo
seguirá pronunciándose, pero eso no quita que por un momento pensemos en el
sentido de la expresión y en la necesidad de pasar de las palabras a los
hechos. Ello implicará tener valores e ideas que orienten e inspiren una nueva
práctica que posibilite una felicidad verificable, personal y social.