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sábado, 4 de julio de 2026

El americanismo monroísta está roto

 En la actualidad, con predominio de gobernantes de derecha y la recuperación del modelo empresarial-neoliberal, no hay posibilidad alguna de volver a la unidad latinoamericanista. Peor aún con la subordinación demostrada por esos gobiernos a los intereses y estrategias de los EE.UU.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

Con motivo del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá se han realizado múltiples actividades en varios países e instituciones académicas de América Latina, aunque en otros nada se hizo. En todo caso, ese Congreso fue convocado por Simón Bolívar en 1824, tuvo el propósito de unir en una gran confederación a las naciones independizadas de España, defender esa libertad alcanzada frente a las amenazas de reconquista, apoyar la independencia de Cuba y Puerto Rico, abolir la esclavitud y acordar un foro para la solución de las controversias entre países. Para Bolívar la unión debía ser
 hispanoamericana, por su común origen e historia, de modo que no consideró la participación de Brasil ni de Haití; pero nunca pensó en los Estados Unidos, aunque sí en Gran Bretaña simplemente como observador, bajo la consideración estratégica de que podía frenar cualquier incursión reconquistadora de España. Fue Francisco de Paula Santander quien invitó a los países nombrados, a pesar de la resistencia de Bolívar sobre todo frente a los EE.UU. La primera fase del Congreso, iniciada en 1826, se concretó muy tarde y se continuó en Tacubaya (México) hasta cerrar sesiones en 1829, sin lograr los propósitos iniciales. Bolívar se concentró en la unidad de la Gran Colombia, pero frente a su disolución murió en el desengaño total.

sábado, 17 de enero de 2026

Organicemos un Congreso Anfictiónico latinoamericano, bolivariano, antiimperialista y popular para enfrentar al neo monroísmo agresivo de Trump y los gobiernos lacayos

 En esta hora de peligro, para enfrentar la renovada Doctrina Monroe por parte de Donald Trump, Latinoamérica requiere nuevamente un Congreso Anfictiónico para discutir cómo vamos a defender nuestra soberanía amenazada, nuestra independencia y nuestros recursos naturales.

Olmedo Beluche / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Hace 200 años, en 1826, el Libertador Simón Bolívar convocó en Panamá un Congreso “Anfictiónico” de los estados nacionales latinoamericanos recién independizados para defenderse de dos enemigos: la Santa Alianza europea que amenazaba esa independencia apoyando a la monarquía absolutista española y al naciente coloniaje imperialista de Estados Unidos, cuyo presidente James Monroe había dictado en 1823 su Doctrina Monroe, “América para los americanos”, es decir para ellos.

sábado, 13 de diciembre de 2025

El "Corolario Trump" está en marcha

Una América Latina desunida, sin la fuerza que alcanzaron durante los primeros lustros del siglo XXI los gobiernos progresistas, va a tener que afrontar el agresivo neomonroísmo de la era Trump.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

La historia del monroísmo contribuye a comprender las dimensiones de su actualidad. En efecto, podemos señalar cinco momentos en su desarrollo. El primero corresponde a lo que podemos denominar 
americanismo imperfecto entre 1823 y 1898, es decir prácticamente durante el siglo XIX. Después de la independencia de los Estados Unidos (1776) las independencias de América Latina, iniciadas con Haití en 1804, fueron procesos generalizados desde 1809 (Chuquisaca, La Paz y Quito), que concluyeron durante la década de 1820. Bajo ese contexto, el 2 de diciembre de 1823 el presidente James Monroe presentó ante el Congreso la política exterior en materia hemisférica, que proclamó la idea “América es para los americanos”, que tuvo el propósito de frenar cualquier intento europeo por restaurar el coloniaje en el continente americano. Sin embargo, ese “americanismo” no impidió una serie de incursiones europeas en distintos países latinoamericanos y tampoco las intervenciones de los propios EE.UU. Por eso, el Congreso de naciones americanas de 1896 realizado en México (su promotor fue el ecuatoriano Eloy Alfaro) y que solo logró la participación de ocho países (el boicot provino de los EE.UU.) concluyó con un contundente documento que cuestionó la aplicación unilateral de la “Doctrina Monroe” y la necesidad de sujetarla a un verdadero derecho público americano.

sábado, 26 de julio de 2025

El monroismo trumpiano

 Aunque el Monroismo trumpiano nos parezca algo nuevo e inéditamente burdo, no es más que la actualización de una constante que nació y llegó para quedarse, cuando el naciente imperialismo norteamericano hacía acto de presencia en el mundo a finales del siglo XIX y principios del XX.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica 

La Doctrina Monroe, enunciada en 1823, constituye el norte de toda política estadounidense hacia América Latina desde entonces hasta nuestros días. Se ha actualizado, o hecho más precisa coyunturalmente, en función de necesidades específicas: la política del Big Stick, la de La zanahoria y el garrote o la del Dollar Diplomacy son ejemplos de estas actualizaciones que no han perdido su vigencia desde que fueron explícitamente formuladas en las primera mitad del siglo XX.

sábado, 15 de marzo de 2025

Progresismo latinoamericano y nuevo monroísmo

 Las decisiones latinoamericanas no tienen que sujetarse a las geoestrategias entre potencias. De modo que los gobiernos progresistas afrontan el desafío por continuar en la construcción de la soberanía nacional y regional que impida las amenazas y las imposiciones.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

El pasado 5 de marzo (2025), ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos y bajo el título “Promoción de los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental” (
https://t.ly/Q3ZKA), se presentaron dos ponencias: una de Margaret Myers (Senior Advisor, Inter-American Dialogue Global Fellow, Woodrow Wilson Center); y otra de Joseph Ledford (Hoover Institution, Stanford University). Ambos testimonios son coincidentes en una serie de puntos, que tienen especial significación para América Latina.

sábado, 18 de enero de 2025

Renace el monroísmo

 La presidencia de Donald Trump proyecta el renacer agresivo del monroísmo.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

La proclama de independencia de las Trece Colonias de Gran Bretaña en América del Norte el 4 de julio de 1776 tuvo un valor universal: por primera vez en la era del capitalismo se rompió con el coloniaje y se constituyeron los 
Estados Unidos como primer país inspirado en los ideales y valores del pensamiento ilustrado, que convirtió a la libertad y a la democracia en fundamentos inseparables de su evolución posterior. Las independencias de los enormes territorios coloniales americanos, sujetos ante todo a las monarquías de España y de Portugal, arrancaron algo más tarde, comenzando por la independencia de Haití frente a Francia en 1804 y concluyendo en 1824 con las batallas de Junín y Ayacucho. Nacía América Latina, con una veintena de países que durante el siglo XIX debieron construir sus Estados nacionales y edificar las repúblicas presidenciales, bajo los supuestos teóricos del constitucionalismo, la democracia y los derechos ciudadanos.

sábado, 16 de noviembre de 2024

Del americanismo monroísta al "America First"

 El “America First” ha vuelto a actuar con indudable fuerza y el actual triunfo de Donald Trump para un segundo mandato presagia la recuperación y profundización de las políticas levantadas en su primera administración. 

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

Desde su independencia en 1776 y durante el siglo XIX los Estados Unidos concentraron sus esfuerzos en la edificación del Estado Nacional federal. James Monroe (1817-1825) fue el primer presidente en tomar posición frente a la naciente América Latina, región en la cual todavía se vivían los procesos finales por la independencia. La proclama “América para los americanos” estuvo destinada a proteger el continente frente a cualquier intención europea por restaurar regímenes coloniales y, al mismo tiempo, para asegurar la presencia e influencia norteamericana en la gigante región. Sin embargo, a pesar del “monroísmo”, en el siglo XIX se sucedieron varias incursiones europeas y durante la presidencia de James K. Polk (1845-1849) la guerra contra México sirvió para que los EE.UU. se hicieran con la mitad del territorio mexicano. En contraste, fueron buena parte de los países latinoamericanos los que abolieron la esclavitud en la década de 1850 (Ecuador en 1851), mientras en los EE.UU. se logró recién en 1863 con el presidente Abraham Lincoln (1861-1865).

sábado, 11 de noviembre de 2023

Nueva cumbre americanista para la “cooperación económica”

 Al calor del americanismo-monroísta, los EE.UU. han sido persistentes en múltiples iniciativas para mantener sus intereses y fomentar la subordinación de América Latina a ellos.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

El próximo 2 de diciembre se conmemora el bicentenario de la Doctrina Monroe (1823), formulada por el presidente norteamericano James Monroe (1817-1825). Tuvo el propósito de frenar cualquier intento de reconquista colonial de las potencias europeas en el continente, donde se libraban las últimas batallas por las independencias, que dieron como resultado el nacimiento de los distintos Estados latinoamericanos. El monroísmo se sintetizó en la fórmula “América para los americanos”, que acompañó la definitiva expansión imperialista de los Estados Unidos en el siglo XX.

sábado, 19 de marzo de 2022

Quiebre histórico del “americanismo”

 Aquello de la “América para los americanos” (parafraseando, a nadie se le ocurre una “Europa para los europeos” o “Asia para los asiáticos”) no tiene más el sentido original, a menos que los países latinoamericanos dejen de ampliar relaciones con Europa, corten con Rusia por el tema de la guerra en Ucrania y renuncien a potenciar las relaciones económicas con China y tantos otros países “ajenos” al continente.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com 


Durante el siglo XIX, Rusia era desconocida, extraña y absolutamente distante a los latinoamericanos, excepto para ciertas élites intelectuales que se informaban sobre ella y apreciaban distintas manifestaciones de su cultura. Gracias a la Revolución Rusa de 1917, el desarrollo de la URSS despertó cierta fascinación mundial. Los partidos comunistas que empezaron a proliferar en América Latina se subordinaron a los lineamientos políticos y a los dogmas del marxismo oficial derivados de la Komintern (III Internacional) fundada por Lenin en 1919 y mantuvieron una larga confrontación ideológica con los partidos socialistas y los marxistas críticos.