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sábado, 18 de mayo de 2024

Roque Dalton y la poesía necesaria

 Dalton vivió en carne propia las palabras que escribió, su obra es reflejo de sus convicciones políticas y humanas: buscó la construcción del socialismo y murió, el 10 de mayo de 1975, ejecutado por intrigas alimentadas por el imperialismo entre guerrilleros en El Salvador.

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.

La escritura para Roque Dalton no fue sólo el ejercicio estético que busca el placer relegando la convicción y el compromiso, sino que unió a su ser y su obra la razón de los que luchan por un mundo mejor, y la esperanza de la justicia humana como medio de expresión que devora y rehace el canon literario para renacer en las palabras necesarias. Aquellas que evoca Gabriel Celaya cuando dice: “Poesía para el pobre, poesía necesaria/ como el pan de cada día,/ como el aire que exigimos trece veces por minuto,/ para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica/[…] No es una poesía gota a gota pensada./ No es un bello producto. No es un fruto perfecto./ Es algo como el aire que todos respiramos/ y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos”.

sábado, 27 de junio de 2015

Evocando a Roque Dalton

Roque Dalton pertenece junto a otros escritores latinoamericanos como Mario Benedetti y Ernesto Cardenal, a una generación de ruptura en la forma de escribir y pensar la literatura y el compromiso intelectual.

Cristóbal León Campos / Especial para Con Nuestra América
Desde Yucatán, México

A la caravana de padres de Ayotzinapa,
a nueve meses de la desaparición forzada
I

Roque Dalton, poeta salvadoreño.
El alegato de defensa pronunciado por Fidel Castro en 1953 ante el tribunal que lo juzgaba conocido como La historia me absolverá, abrió una nueva época de interpretación del pensamiento leninista en América Latina. A decir de varios autores, el texto referido sintetiza con agudeza varios principios que el líder de la Revolución Rusa plateara en sus obras. En este marco se inscribe el poema-collage Un libro rojo para Lenin escrito por Roque Dalton en 1973, y publicado de forma póstuma en Nicaragua en 1986, inscribiéndose entre las obras clásicas del marxismo latinoamericano y ejemplificando la agudeza de la praxis del poeta salvadoreño. No es casual que el poema-collage estuviera dedicado “A Fidel Castro, primer leninista latinoamericano, en el XX aniversario del asalto al Cuartel Moncada, inicio de la actualidad de la revolución en nuestro continente”.

sábado, 14 de mayo de 2011

Carta a Roque Dalton a sus 36 años de desaparecido: Salvador y otros lugares

Te entregaste como quien se entrega al reino de lo imposible y lo acepta. Por eso te decían: pobrecito poeta que era Roque...

Milsón Salgado / Rebelion

Desde que los traidores te borraron del mapa del paisito, no han cambiado tanto las cosas en el mundo. El único argumento serio para probar la existencia de Dios se sigue resolviendo en puntos suspensivos. Las palabras más bellas siguen siendo cinabrio, saudade, aloe, melancolía, pezón, chupamiel y Xilófono. Lucy sigue igual de recatada con sus tetas. La revolución mundial no se la podemos dejar a Dios, ahora que los obispos polacos van camino a la santidad.

La familia honorable que pusiste en San Salvador, como lo pronosticaste, se ha convertido en una jauría de cuervos ingleses, será por eso que la ceguera en tu país cada día más aumenta. ¡El Salvador! Ese eufemismo parido en un hospital de Lazareto o en la Torà judía de mesías cada vez mas aplazados. Los poetas siguen consumiendo ángeles en mal estado y le siguen cantando a los ojos de los bueyes y a los cañaverales en flor.

El socialismo no ha caído como quisieran muchos y campea en el sur con pasos de tortuga pero avanza, que tenga cuidado la liebre y los cuentos que para nada son irreales. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 3 de julio de 2010

La verdad, Monseñor Romero y Roque Dalton

Tenemos derecho a verdad y no cederemos en el reclamo y en la denuncia, que dicho sea de paso se ha extendido cada vez más por el mundo entero.
Juan José Dalton / ContraPunto
(En la fotografía, al centro, el poeta salvadoreño Roque Dalton)
Estoy muy gratamente sorprendido por un acontecimiento trascendente del cuál poco o casi nada se supo en El Salvador, pese a que se trató de un acontecimiento histórico, justo y hermoso a favor de los derechos humanos y de las víctimas que reclaman verdad y justicia. Sin embargo, también estoy confundido.
Primero, antes de hacer mis comentarios quiero transcribir un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador:
El 17 de junio de 2010, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, acordó una trascendente e histórica resolución aprobada por consenso en la que se proclama el 24 de marzo como “Día Internacional por el Derecho a la Verdad acerca de las graves Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas”, en la cual se rinde homenaje a la labor que Monseñor Oscar Arnulfo Romero realizó por la defensa de los derechos humanos.
La resolución, iniciativa de la Misión Permanente de El Salvador ante las Naciones Unidas en Ginebra, fue apoyada por todos los países de América Latina y el Caribe y se inscribe en el marco de las celebraciones conmemorativas de los 30 años de la muerte de Monseñor Romero.
El trabajo para llevar a término con éxito dicha resolución, fue arduo e intenso ya que requirió gestionar y conseguir el copatrocinio no solo de América Latina y el Caribe, sino el del resto de países miembros de las Naciones Unidas, con el fin de que dicha resolución mereciera la aprobación por consenso de todos los Miembros del Consejo.
El trabajo realizado, con esfuerzo y dedicación, dio el fruto esperado y por ello estamos orgullosos de informarles, como ya quedó expresado, que el día 24 de marzo ha sido proclamado por consenso en el Consejo de Derechos Humanos, en homenaje a nuestro querido Monseñor Oscar Arnulfo Romero, como el “Día Internacional por el derecho a la verdad acerca de las graves violaciones de Derechos Humanos y sobre la Dignidad de las Víctimas”.
Dicha resolución contó con el apoyo y patrocinio de América Latina y el Caribe, Dinamarca, Armenia, España, Chipre, Francia, Hungría, Bélgica, Austria, Marruecos y Côte d’Ivoire y al momento de su aprobación diferentes países tomaron la palabra como los Estados Unidos y el Reino Unido, entre otros, para manifestar su complacencia por el logro obtenido y expresar, al mismo tiempo, sus felicitaciones a El Salvador por tal iniciativa.
Monseñor Romero con visión de profeta nos dijo: “La palabra queda y éste es el gran consuelo del que predica, mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que la hayan querido acoger”; este día, la palabra y la labor de este gran salvadoreño ha sido escuchada, reconocida y elogiada por el mundo entero a través de sus representantes en el Consejo de Derechos Humanos.
A partir de hoy cada 24 de marzo, toda la comunidad internacional, recordará a Monseñor Romero, como ha venido y continuará haciéndolo el pueblo salvadoreño desde su trágica muerte, a este gran humanista salvadoreño y que se suma a todos los que como él, han dedicado sus vidas a la lucha por la protección y promoción de los Derechos humanos, oponiéndose a toda forma de violencia y protegiendo a los más vulnerables y desposeídos.
Ahora, mi comentario es el siguiente: ¿Puede haber verdad sin que se investigue la verdad en el caso de Monseñor Romero? Claro que no. Los salvadoreños tenemos una noción de lo que ocurrió en el caso Romero, pero la verdad plena no está establecida porque en El Salvador no se ha juzgado el caso de Monseñor Romero. Es una deuda pendiente y por ello el caso se ventila en el sistema interamericano de Derechos Humanos.
El presidente Mauricio Funes pidió perdón en nombre del Estado Salvadoreño por el magnicidio de Monseñor Romero, y eso fue un paso trascendental, pero la verdad plena no está establecida, por lo tanto, el caso continúa en la impunidad. Si el Estado Salvadoreño pretende ser coherente con resoluciones que promulga, tiene que establecer la verdad, señalar jurídicamente a los victimarios, devolverle la dignidad a la víctima, así como resarcir a sus familiares como corresponde.
El “caso Roque Dalton” está en peor situación, pese a que Dalton es la otra figura universal y emblemática de El Salvador reconocida en el mundo. La familia ha pedido desde que lo asesinaron hace 35 años conocer la verdad y que nos entreguen sus restos mortales, pero lejos de ellos sus asesinos: Edgar Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez se han burlado y nos han engañado continuamente.
Todavía más. Meléndez dice “saber todo, que él estuvo ahí y que dirá su versión cuando le dé la gana”. Es una ofensa descarada para la dignidad de Roque Dalton y para su familia que este señor diga tales palabras y otras con el mayor de los cinismos. Pero no sólo ello, es indigno para el actual gobierno continuar permitiendo tal aberración ética.
Este gobierno y su presidente promueven una acción para que en el mundo entero todos los 24 de marzos conmemoren el Día Internacional por el derecho a la verdad acerca de las graves violaciones de Derechos Humanos y sobre la Dignidad de las Víctimas, pero internamente en El Salvador se encubre a uno de los torturadores y asesinos inescrupuloso de Roque Dalton y se le niega la verdad a su familia y a la sociedad.
¿Hay o no hay coherencia? No se puede ser moral y éticamente consecuente haciendo una cosa a nivel internacional, mientras que a nivel interno se le da una bofetada a las víctimas y se apaña la impunidad.
Actualmente estamos siendo espectadores de una parodia cruel: Jorge Meléndez es defendido por el presidente Funes de la misma forma como los anteriores presidentes areneros defendieron a los coroneles y generales que cometieron graves crímenes de guerra y de lesa humanidad, como por ejemplo, al general que masacró al personal médico-civil de un hospital en zona guerrillera. ¿Cuál es el concepto de cambio en este aspecto de los derechos humanos en el nuevo gobierno?
La familia de Roque Dalton desea reiterar que su deseo es encontrar la verdad y que nos entreguen los restos mortales de Roque Dalton y de Armando Arteaga, para lo cual Meléndez tiene la palabra. ¡Qué se llene de valor y ética! La verdad lo liberará de ese horrible peso histórico que carga sobre sus espaldas, sin ser quizás el mayor responsable de la tragedia. Pero tiene responsabilidad, de eso no nos cabe la menor duda.
Tenemos derecho a verdad y no cederemos en el reclamo y en la denuncia, que dicho sea de paso se ha extendido cada vez más por el mundo entero, como se demostró recientemente en el Festival Internacional de la Red de Escritores por la Tierra, celebrado en la ciudad de Santa Tecla, que en una declaración final apoyan el esclarecimiento de la verdad en el caso Dalton y brindan un apoyo a la familia.
Estos y otros eventos internacionales se intensificarán y se pondrá a prueba y en claro la verdadera voluntad del actual gobierno encabezado por Mauricio Funes.

sábado, 15 de mayo de 2010

Con Roque siempre

En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman.
Roberto Fernández Retamar / LA VENTANA
A Aída
Antes que a Roque, conocí, sin saber que era de él, su poesía. He escrito a propósito de esto en otras ocasiones, por lo que no pretendo ser aquí original. A lo largo de los más de cincuenta años de vida de la Casa de las Américas, solo en dos ocasiones he integrado el jurado de su premio anual de poesía, y en ambas, obras de Roque fueron distinguidas. Una, fue en enero de 1962, cuando los libros se presentaban con seudónimos, de modo que al encontrarme, deslumbrado, con los versos de El turno del ofendido, ignoraba quién sería su autor. Tal libro, a petición mía, obtuvo mención en el concurso, y la Casa lo publicó en bella edición.
Siete años más tarde, en 1969, volví a formar parte del jurado, y en esa oportunidad el premio fue para el libro de Roque Taberna y otros lugares, un título imprescindible en la poesía del siglo XX.
Para entonces, a diferencia de la vez anterior, yo ya sabía bien quién era Roque, y me unía a él una amistad fraternal. Poco después de leer El turno del ofendido, me fue dable encontrarme con su autor, quien había viajado de México a Cuba para participar en una reunión política. Nos conocimos en una librería habanera, y nos hicimos desde el primer momento viejos amigos. Sobre él escribí y publiqué en la revista Casa el poema «Carta a Roque Dalton». En mi cuarto de trabajo tengo una foto suya que me dio con esta dedicatoria: «Para mi querido hermano Roberto Fernández Retamar, esta foto en pose de abnegación. Roque. 1963».
Nos unían ideales literarios, personales, políticos (muy fuertes en él), si cabe hacer estos distingos. En 1962, a sus veintisiete años, ya Roque era uno de los poetas más destacados de aquel tiempo americano. Y vista su tarea en conjunto, creo poder decir que es el poeta más representativo de nuestra generación, a la cual José Emilio Pacheco sugirió que se la llamara «del 59» por razones obvias, y que cuenta con grandes voces y grandes muertos. Mario Benedetti, a propósito de estos últimos, compiló la antología Poesía trunca, editada por la Casa de las Américas, donde Roque ocupa lugar primordial.
En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman. Me enorgullece que así sea, y me congratula, por ejemplo, que atendiendo a solicitud que le hice para una entrega de la revista Casa dedicada al centenario de Lenin, Roque me diera unos poemas que crecerían hasta ser Un libro rojo para Lenin.
Por otra parte, como se sabe de sobra, su extraordinaria faena en verso es solo una parte de su extraordinaria faena literaria. Pero en estas líneas no pretendo hacer un balance de su obra ni de su excepcional vida, sino evocar su presencia entre nosotros.
Esa presencia llegó a ser familiar. Recuerdo, por ejemplo, la noche en que Roque llegó a casa con Aída y sus tres hijos para la cena de Navidad. O cuando Roque nos visitaba con flores porque estaba enamorando a mi hija más pequeña, entonces de dos años, quien tiempo después me dijo que ella había creído de veras que Roque era su novio. Adelaida conserva un libro de Roque dedicado «A mi suegra». Algunos años más tardes, uno de los hijos de Roque tuvo pretensiones acaso menos candorosas a propósito de una de mis hijas.
Mis relaciones intelectuales con Roque se hicieron más fuertes cuando lo invité a formar parte del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas. Evoco ahora en particular una noche de enero de 1967 en que los miembros de dicho comité tuvimos una cena con Fidel que se prolongó hasta el amanecer, ocasión en que Fidel y Roque se enzarzaron en observaciones sobre el uso de cierta arma.
Sin duda la Casa fue la institución cubana a la cual Roque estuvo más vinculado. Además de los ya nombrados, la Casa publicó varios de sus libros. Pero Roque desbordó la Casa. Ejerció influencia en varios de los jóvenes poetas nucleados en torno al primer Caimán Barbudo; publicó en las revistas Unión, Pensamiento Crítico y Tricontinental; y, desde luego, se entrenó en Cuba para las tareas revolucionarias que se propuso. Su identificación con nuestro país fue tal, que en una glosa relampagueante de un verso de Martí pudo escribir: «Dos patrias tengo yo: Cuba y la mía».
Como corresponde a las verdaderas grandes amistades, la nuestra sobrevivió a las discusiones. Tuvimos una en 1970, y al día siguiente, 20 de julio, Roque me hizo llegar la siguiente carta:

"Estimado Roberto:
Por este medio te reitero mi decisión en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa.
Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las más importantes de América Latina y de la Revolución Latinoamericana.
Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro.
Con el mismo abrazo:
Roque".

Meses después se disolvió el mentado comité (que Roque llamó consejo) de colaboración, y Roque volvió a publicar en la revista Casa. Pero quiero llamar especialmente la atención sobre su «deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro». Porque la realidad iba a darme una terrible ocasión de verificar esas palabras, de hablar a nombre de él.
Hace ahora treinta y cinco años, comenzó a circular, en forma vaga, la noticia de su muerte. Fui corriendo a la imprenta y escribí, al final de la entrega 91 de la revista, con el título «Compañero Roque Dalton», estas líneas:
«Al comenzar a imprimirse este número de Casa de las Américas, distintas agencias de prensa están trasmitiendo la noticia de la muerte en su patria, en condiciones todavía no aclaradas, de nuestro querido compañero Roque Dalton. Confiamos en que esta noticia sea falsa, y nos sea dable seguir contando por mucho tiempo con su magnífica presencia creadora. Pero si fuera cierta, el haber conocido íntimamente y durante largos años a Roque Dalton, autor de una obra brillante, combativa y hermosa, nos permite asegurar que hasta el final tiene que haber sido fiel a su vida: una vida al servicio de la Revolución, al servicio de los pueblos de nuestra América, que él defendió y expresó sin cansancio».
Por desgracia, la espantosa noticia resultó cierta, y en el número 92 de la revista Casa, con fecha de agosto de aquel año y la firma de la institución, escribí «Sobre nuestro compañero Roque Dalton» estas palabras:
«Cuando hace algunos meses comenzó a circular la especie de la muerte de nuestro querido compañero y amigo Roque Dalton, nos negábamos a dar crédito a una noticia que tenía todas las trazas de las groseras calumnias que el enemigo no se cansa ni se cansará de urdir […] Confiábamos que Roque estaba vivo, y desmentiría de un momento a otro esa falsa noticia. Desgraciadamente, a estas alturas no nos es dable ya mantener esa esperanza, y estamos en la obligación de hablar por él, y rechazar en todos sus puntos, con la autoridad que nos da el haberlo conocido íntimamente durante los muchos años que estuviera vinculado a nuestra institución, las infames acusaciones que sus asesinos le lanzaran.
Según lo que sabemos, el 10 de mayo último Roque Dalton fue cobardemente ultimado por una minúscula fracción de la organización revolucionaria salvadoreña en que militaba, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): fracción que previamente había sido acusada por la dirección del movimiento de desviación militarista y de extremismo pequeñoburgués. El asesinato de Roque Dalton y de otro compañero ratifica dramáticamente lo correcto de ese planteo.
Roque Dalton ha muerto como vivió, fiel a su patria, a la Revolución latinoamericana, al marxismo-leninismo. Precisamente esta fidelidad es lo que no pudieron perdonarle quienes, inficionados con los gravísimos errores de un seudoizquierdismo antisoviético, anticubano, antirrevolucionario, han prestado al enemigo un servicio impagable. La historia los considerará como simples criminales que pretendieron aniquilar, en la persona de un luchador incansable, una limpia y abnegada postura; y conservará el nombre de nuestro querido compañero Roque Dalton, revolucionario consecuente, intelectual brillante y combativo, hombre generoso y cordial, amigo inolvidable, entre los nombres de los héroes, mártires y creadores de nuestra América».
El asesinato de Roque y la monstruosa acusación que sus asesinos le hicieran provocaron honda conmoción. En el número 94 de la revista Casa le dedicamos un homenaje con el título «Para Roque: el turno del ofendido». En su introducción, se leía de él que:
"fue —y seguirá siendo— nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro hermano. En la Casa de las Américas trabajó, publicó, discutió, enriqueció. Compartimos con él buena parte de su vida, la vida de un revolucionario infatigable, un intelectual creador, un hombre útil que provocaba cariño, admiración y alegría. […] Un grupo de amigos, compañeros y admiradores le dedican hoy aquí estas palabras. Muchas más le dedicaremos. Pero sobre todo estamos seguros de que su pueblo esgrimirá su nombre como bandera de combate, y hará que su utilidad, como corresponde a todo revolucionario verdadero, llegue más allá de su muerte. Descansarás en la lucha, hermano Roque. Estarás presente, con una sonrisa, en la victoria".
El homenaje incluyó textos, entre otros, de Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Régis Debray, Manuel Galich, Carlos María Gutiérrez, Efraín Huerta, Margaret Randall, René Depestre, Roberto Armijo y yo.
En este mayo de 2010 Roque hubiera cumplido setenta y cinco años. Para conmemorarlo, publicaremos el volumen Materiales de/sobre Roque Dalton en la revista «Casa de las Américas», con prólogo de Aurelio Alonso, quien también fue su amigo y compañero. Y, sobre todo, tenemos y tendremos siempre presente a Roque.

La Habana, 4 de mayo de 2010