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sábado, 13 de octubre de 2018

El Salvador: Un agujero de cinco milímetros

Romero no solo era incómodo para el poder tradicional salvadoreño; sino también para la administración estadounidense de Jimmy Carter, que hacía malabares para mantener su apoyo a un gobierno salvadoreño dominado por un aparato militar represivo, mientras oficialmente basaba su política exterior en la defensa de los derechos humanos.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Carlos Dada / elfaro.net

La mayoría de sus consejeros de confianza le recomendaron que no dijera aquello en su homilía del 23 de marzo de 1980. Dijeron que los altos mandos militares lo interpretarían como un llamado a la sublevación y que su vida correría aún más peligro. Solo los jesuitas Ellacuría y Estrada creían que debía hacerlo. Monseñor Óscar Romero concluyó que tenía la obligación moral de pronunciar aquellas palabras, ahora  históricas: "¡cese la represión!". ¿Qué hizo Romero luego de su homilía más célebre? ¿Qué hizo el día siguiente, el de su asesinato, antes de oficiar su última misa? Este relato reconstruye a detalle los momentos y personajes clave alrededor de la muerte de Romero, y es parte de un libro que el autor está trabajando.


sábado, 25 de marzo de 2017

Monseñor Romero, educador

Monseñor Romero fue y sigue siendo el gran pedagogo de la sociedad salvadoreña. Fue, es cierto, la voz de los sin voz, pero fue también quien educó a los que no tenían voz para que la tuvieran: dio voz a los sin voz.

Luis Armando González / ALAI

Definitivamente, marzo es el mes de Monseñor Oscar A. Romero. El Arzobispo asesinado el 24 de marzo de 1980 nos convoca siempre a reflexionar no sólo sobre su pensamiento y obra, sino a valorar y recuperar su legado, en una época distinta a la suya, pero con desafíos igualmente importantes e impostergables.  

Ciertamente, de Monseñor Oscar Arnulfo Romero se pueden decir muchas cosas. Y la más radical es que Mons. Romero es lo más importante que le ha sucedido a El Salvador en el siglo XX.  Peor para quienes no quieren o no pueden –por su ceguera ideológica o por su ignorancia— darse cuenta de ello. Peor para quienes no quieren o no pueden darse cuenta de lo terrible que fue su asesinato.

sábado, 6 de junio de 2015

Romero de América

Romero nació en El Salvador pero hoy pertenece a todos los hombres y mujeres que sufren y luchan por la justicia social dondequiera que estén. Romero seguirá siempre vivo y actuando en cada corazón que palpite  en busca de los sueños que lo llevaron a la inmortalidad. Su sangre ha sido semilla de vida. 

Arnoldo Mora Rodríguez* / Especial para Con Nuestra América

Rompiendo los protocolos que en casos similares se acostumbran en el Vaticano, el Arzobispo mártir de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero, ha sido beatificado -paso previo a la canonización- en la propia capital del país hermano. A poca distancia del lugar donde fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía y ante miles y miles de esa gentes que él amó y por cuya liberación  ofrendó su vida y derramó su sangre, ante autoridades eclesiásticas y civiles, mas aun, ante la mirada del mundo entero, pues esa ceremonia se convirtió en el acontecimiento del día en la prensa mundial, Mons. Romero hizo realidad con creces aquello de que "si me matan resucitaré en mi pueblo". Pero Mons. Romero se quedó corto. No solo resucitó en su pueblo, en su patria salvadoreña, sino en el mundo entero. Oscar Arnulfo Romero, el tímido clérigo cuya heroica lucha por la dignidad de su pueblo lo convirtió en gigante, ha saltado a la historia como el mas noble símbolo de Nuestra América.

Tumba de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en la Catedral de San Salvador (poema)


Carlos María Romero Sosa / Especial para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado. El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte.
Homilía de Monseñor Romero

sábado, 30 de mayo de 2015

Aunque quieran pasteurizarlo, Monseñor Romero es un santo popular

Así como no hay necesidad de ser teólogo para optar por los pobres, en el santoral latinoamericano no hay necesidad de ser cristiano, ni santo, para entrar en él. Romero está ya en un cielo en el que habitan los que dieron su vida optando por lo pobres.

Rafael Cuevas Molina/ Presidente AUNA-Costa Rica

El sábado pasado, el Vaticano beatificó a Monseñor Romero y, en San Salvador, se realizó un acto multitudinario para celebrarlo. Para la mayoría de los salvadoreños, Monseñor Romero y Galdámez es un santo desde hace mucho tiempo. Lo llaman como lo llamó Pedro Casaldáliga apenas un día después de su asesinato: San Romero de América.

Para ellos, Romero es santo porque los acompañó cuando más lo necesitaban, en los momentos en que más consuelo y apoyo requerían, en los tiempos más álgidos de la represión gubernamental en los años 80. 

Fue esa la razón también, para que lo mataran. No lo mató la guerrilla, no murió de enfermedad incurable; lo mató la extrema derecha salvadoreña que no podía tolerar una voz discordante a sus designios en el seno de la Iglesia católica, la que durante tantos años fue perro fiel de oligarcas.

“Hubo miedo en la Iglesia a Romero y a la Teología de la Liberación”

Había miedo de hablar de la santidad de Romero. Él no era un político en el sentido textual de la palabra, pero tuvo una incidencia política muy fuerte. Y eso daba miedo en algunos sectores eclesiásticos. Lo mismo que daba miedo entender a la Teología de la Liberación y las Comunidades de base…”, afirma en esta entrevista el sacerdote jesuita José María Tojeira.

Juan José Dalton / El País

El sacerdote José María Tojeira.
El sacerdote jesuita y analista hispano-salvadoreño, José María Tojeira, consideró en entrevista con EL PAÍS que con la llegada del papa Francisco, iniciador de grandes cambios en el catolicismo universal, se aceleró la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha salvadoreña en marzo de 1980 cuando ofrecía la eucaristía. Romero fue un “profeta de justicia durante una guerra entre poderosos y débiles”, pero los militares y el capital lo consideró cura comunista y le mandó a matar. Con la llegada de Francisco al Vaticano ha entrado “aire fresco” a todas las estructuras de poder, para que estén cercanas a la gente, como lo hizo Romero, aun a costa de su sacrificio.

Un beato políticamente incorrecto

La condición de beato es el paso previo a ser considerado santo por la Iglesia católica, pero en su país y en América Latina los pueblos hace mucho consideran a  Óscar Arnulfo Romero uno de los sacerdotes que no sólo dio de comer a los pobres, sino que señaló las causas de esa pobreza en la injusticia y la explotación.

Iroel Sánchez / La Pupila Insomne

Romero "demonizado" por la prensa de derecha.
“Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista”, decía el obispo brasileño Hélder Cámara, uno de los pensadores de la Teología de la liberación.

Por razones similares a las expuestas por Cámara, el militar salvadoreño Roberto d’Aubuisson -graduado de la Escuela de las Américas que EE.UU. operaba en la Zona del Canal de Panamá- consideraba comunista al arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero y ordenó su asesinato.

viernes, 22 de mayo de 2015

“Romero, mártir por amor”

El amor de monseñor Romero no se reduce a un sentimiento caritativo, a un alivio de urgencias individuales, a una actividad puramente paternalista. Se constituyó en una fuerza ética y profética que interpeló a las estructuras indolentes e inhumanas promotoras de injusticia y exclusión.

Carlos Ayala Ramírez / ALAI

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
El lema de la campaña sobre la beatificación de monseñor Romero, escogido por la jerarquía de la Iglesia católica salvadoreña, es “Romero, mártir por amor”. El lema tiene un sentido profundo, pero también conlleva un peligro. Como se sabe, uno de los riesgos más graves de todos los valores universales —el amor no es la excepción— es que su interpretación abstracta puede derivar fácilmente en algo vago, genérico y puramente conceptual. Es el peligro de hablar del amor ideal sin hacer referencia al amor real o, peor aún, enfatizar su carácter puramente formal para eludir las exigencias concretas que demandaría una vida animada y orientada por el amor, en un contexto donde este no solo parece irrelevante, sino ajeno al mundo social, político, económico y cultural. De ahí que para entender lo que puede significar monseñor Romero como mártir del amor, hay que ver cómo era la realidad en la que desarrolló su ministerio y cuál fue su reacción desde su profundo amor cristiano.

sábado, 28 de marzo de 2015

El Salvador: A 35 años del asesinato de Monseñor Romero, sigue la pugna ideológica en la iglesia católica ante su canonización

La pugna ideológica en el seno de la Iglesia Católica ha sido una constante en América Latina, incluso desde los tiempos de la Colonia (recuérdese la agria disputa entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda). Uno de quienes tanto la sufrió, monseñor Pedro Casaldáliga, quien inmediatamente después del asesinato de Romero escribió para él un poema en el que le llama San Romero de América, supo reconocer el carácter popular del reconocimiento de Romero como un santo católico.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Jon Sobrino, jesuita catalán otrora estrecho colaborador de Monseñor Romero, dice que: “A diferencia, por ejemplo, con lo ocurrido con la madre Teresa de Calcuta --acogida y venerada por Iglesias y gobiernos–- Monseñor Romero no fue bien visto, en general, por la jerarquía eclesiástica”.

Eso no ha sucedido solamente con el proceso de canonización que dentro un par de meses concluirá positivamente. En vida, la Conferencia Episcopal salvadoreña no solo se opuso sino actuó, en medio de las terribles condiciones de represión que vivía el pueblo salvadoreño, abiertamente en contra suya.

sábado, 21 de febrero de 2015

La “conversión” de Monseñor Romero

Su transformación desde una posición conservadora a la denuncia del poder político, económico y militar. La fuerza de su testimonio y de su compromiso. En síntesis, su estilo de vida y la forma brutal de su muerte; el dolor no disimulado de centena de miles de salvadoreños y millones de cristianos latinoamericanos, constituyen algunas de las razones que explican la notoriedad de Monseñor Romero.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Sergio Ferrari / swissinfo.ch

La primera semana de febrero el Vaticano anunció la decisión de avanzar rápidamente en la beatificación del obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, dinamizando así un proceso interno de la iglesia iniciado en 1994.

Este anuncio fue interpretado como una señal más del Papa Francisco de cercanía hacia la Iglesia latinoamericana comprometida, de la cual Monseñor Romero es una de sus figuras emblemáticas.

sábado, 14 de febrero de 2015

Por unanimidad

"Mártir por unanimidad y sin votos contrarios”, así se manifestaron las comisiones de teólogos y cardenales de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano a favor de la beatificación de Óscar Arnulfo Romero.

Carlos Ayala Ramírez */ ADITAL

Monseñor Romero junto a su pueblo.
El postulador del proceso, Vincenzo Paglia, manifestó que se logró demostrar la tesis que proponía: "Romero fue asesinado en odio a la fe”. Y explica que la fe de Romero no era abstracta, genérica, pasiva, ni puramente confesional, sino la de quien confía plenamente en el Dios de Jesucristo y se mantiene fiel en el servicio a su pueblo. "A Romero lo asesinaron por ser un pastor surgido de una larga tradición evangélica y del magisterio de la Iglesia. Él había comprendido que esta era la Iglesia que debía encarnar, una Iglesia madre de todos, pero especialmente de los pobres”, puntualizó Paglia. Añadió que la decisión vaticana se fundó no solo en la fuerza de la documentación estudiada, sino, sobre todo, en la autenticidad espiritual de monseñor Romero, un pastor que asumió el peligro de ser asesinado por defender la vida de los pobres.

sábado, 7 de febrero de 2015

El Salvador: Romero y los mártires del pueblo

Por encima de la lógica del poder y de los intereses ideológicos del Vaticano; y por encima de las burocracias que custodian los santorales y las puertas del cielo, Oscar Arnulfo Romero –San Romero de América- ya había sido elevado a los altares del pueblo desde hace mucho tiempo.

Monseñor Oscar Romero, representación en mural del artista salvadoreño Isaías Mata.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La historia de El Salvador, como la de otros países centroamericanos, es una historia manchada con la sangre y los sufrimientos de los inocentes, de los más pobres, de los excluidos y condenados de la tierra. El siglo XX fue especialmente doloroso para un pueblo que, una y otra vez, vio ahogadas sus esperanzas y luchas por la liberación en medio de crímenes espantosos y la impunidad de quienes detentaban el poder. Uno de sus más lúcidos y comprometidos poetas, Roque Dalton, supo llevar a los versos esta tragedia: “Ser salvadoreño es ser medio muerto /eso que se mueve / es la mitad de la vida que nos dejaron // Y como todos somos medio muertos / los asesinos presumen no solamente de estar / totalmente vivos / sino también de ser inmortales”.

sábado, 29 de marzo de 2014

Monseñor Romero en El Salvador: la lucha por la memoria

La figura y el pensamiento de Romero en El Salvador de hoy, por lo tanto, alientan, unen, empujan y aclaran. Es decir, ayudan a recuperar la memoria de lo que son los salvadoreños, y a cimentar el futuro que quieren.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

El lunes 24 de marzo recién pasado se conmemoró el 24 aniversario del asesinato de Oscar Arnulfo Romero, arzobispo metropolitano de San Salvador, a manos de la extrema derecha dirigida por Roberto D’Aubuisson.

No se trata de un aniversario más, sino de uno en el contexto del reciente triunfo del FMLN en las elecciones generales, que pusieron por primera vez a la cabeza del Poder Ejecutivo a un ex integrante de la comandancia general del otrora guerrilla y ahora partido político.

En el contexto de las celebraciones y actos políticos relativos al triunfo del FMLN, la imagen de Monseñor Romero ha estado permanentemente presente y lo está cada vez más, como símbolo del compromiso con los sectores populares por los que entregó su vida.

sábado, 2 de marzo de 2013

Joseph Ratzinger y Monseñor Romero: ¿Se encontrarán en el paraíso?

Monseñor Romero no murió, como seguramente lo hará Ratzinger, en un cómodo palacete con aire acondicionado, sino asesinado al frente del altar en donde oficiaba misa y en donde había conminado, por enésima vez, al Ejército de El Salvador para que dejara de matar a su propio pueblo.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Romero, mártir de nuestra América
Joseph Ratzinger se retiró, esta semana, del ejercicio del papado para dedicarse, en lo que viene, a rezar y a la meditación. Lo hará en un apartamento ubicado en el Vaticano que, para la inmensa mayoría de la humanidad, es un palacete. Cuando muera dentro de unos años, habrá pasado tranquilo lo que él mismo calificó como la última etapa de su vida, sin que lo toquen las intrigas que, a escasos metros, estarán desarrollándose en ese hervidero que es el Vaticano.

Retirarse y morir tranquilo, con un edecán que le sirve de secretario particular, y un equipo de mujeres dedicadas en cuerpo y alma a servirle para que no le falte nada, mientras las páginas de la prensa del statu quo le halagan y promueven su endiosamiento.

sábado, 7 de abril de 2012

El Salvador: Monseñor Romero: una voz que se agiganta


La figura humana y social de Monseñor Romero encontró la grandeza de su vida y de su muerte en el hecho de que pudo descubrirse en los más postergados del mundo, de su mundo, de su tierra El Salvador, y que habiéndose descubierto en ellos, como diría Paulo Freire, con ellos sufrió y con ellos luchó. Y yo diría por ellos murió… para vivir siempre en el corazón del pueblo.


Victor Valle / http://salvadorenosenelmundo.blogspot.com/

Palabras en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, el 29 de marzo de 2012, en conmemoración de los 32 años de la muerte de Monseñor Romero en acto organizado por la Embajada de El Salvador en Costa Rica.

Se han dicho muchas frases, lugares comunes, sobre Monseñor Romero que, en su caso, se subliman y engrandecen. Cuando aún no había sido asesinado por los agentes de la oligarquía autocrática de El Salvador, se decía que Monseñor Romero era “la voz de los sin voz”.


Ahora, cuando han pasado más de treinta años de su alevosa muerte, todos los salvadoreños bien nacidos afirman que Monseñor Romero es el más universal de los salvadoreños.
 Y esa universalidad la ha adquirido Monseñor Romero por su clara y decidida opción en favor de los de abajo, por los sufridos del mundo y los condenados de la tierra, como en su tiempo diría el luchador y pensador argelino Franz Fannon.


sábado, 24 de marzo de 2012

El Salvador: Los valores de Monseñor Romero

No sé cómo verán a Mons. Romero quienes creen que lo que se tiene que buscar en cualquier cargo público es la acumulación de riquezas, pero desde un punto de vista ético su lección es mayúscula: envidiar a los ricos y querer ser como ellos no es bueno ni recto, pues eso es una bofetada a quienes viven en la miseria y en la exclusión.

Luis Armando González* / Revista ContraPunto (El Salvador)

Desde el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, el 24 de marzo de 1980, este mes se ha convertido, año con año, en un espacio para la reflexión, el recuerdo y la actualización del legado del Arzobispo mártir.

Se trata de un legado, el suyo, rico en implicaciones de todo tipo: socio-políticas, históricas, educativas y morales. Es esta última dimensión del legado de Mons. Romero que quiero detenerme en esta mañana.

Creo necesario y urgente reflexionar sobre los valores que Mons. Romero abanderó y que marcaron su desempeño como Arzobispo de San Salvador en los convulsivos años setenta hasta su muerte, en marzo de 1980.

sábado, 26 de marzo de 2011

Romero: entre Ratzinger y Obama

Monseñor Romero es un mártir, no sólo del pueblo salvadoreño, sino del pueblo latinoamericano, de sus resistencias, luchas y esperanzas.

“Sabemos que el Evangelio es hiriente, pero nos lo hemos acomodado”. Luis Espinal.

Abner Barrera Rivera / AUNA-Costa Rica

El 24 de marzo de 1980 fue asesinado el arzobispo Oscar A. Romero, en el momento de oficiar una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Romero fue asesinado porque a diferencia de la iglesia católica oficial, decidió defender los derechos humanos del pueblo salvadoreño.

En los años siguientes, sectores responsables y cómplices de su asesinato (la ultraderecha conformada por civiles y militares, el partido ARENA e importantes sectores conservadores de la Iglesia) hicieron todo lo posible para que su memoria fuera olvidada, pero no lo lograron. Por el contrario otros sectores eclesiales se movilizaron para seguir el proceso de solicitud de canonización de Romero. Si esa solicitud se hiciera realidad, entonces estaríamos asistiendo a un caso sui géneris en la oficialidad de la Iglesia.

Pero la posible aceptación de la canonización de Romero puede interpretarse también como una forma de querer desdibujar su compromiso ético con los obreros, los campesinos y el pueblo oprimido de El Salvador. Romero opuso resistencia contra la Junta de Gobierno, por los hechos violentos como los asesinatos ejecutados por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad.

El intento por quitarle a Romero el compromiso que asumió con el pueblo oprimido y ultrajado lo vemos en las conclusiones del estudio realizado por la Santa Sede en el 2005 a la solicitud para su canonización, que dice: “Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”. Así el Vaticano aceptó seguir con el proceso. Recuérdese que fue la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces, por Joseph Ratzinger, la encargada de analizar los escritos y homilías de monseñor Romero. Ratzinger, defensor del conservadorismo católico, caracterizado por criticar y combatir iniciativas como el sacerdocio femenino, los derechos civiles de los homosexuales y la Teología de la Liberación, no podía dejar de dar su “aporte” en el caso de Romero

Reducir a Romero a “un hombre de la Iglesia” es desfigurar su verdadera imagen, es invisibilizar su compromiso con la defensa de los derechos humanos y es negar su clara participación en la política salvadoreña, cuando denunció las atrocidades cometidas por las fuerzas de seguridad contra la población civil. En sus homilías, monseñor Romero nunca dejó de manifestar su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política y denunciar las violaciones a manos de las autoridades de turno.


Ya hubiera querido Ratzinger que Romero fuera un sacerdote más, de aquellos que abundan enclaustrados en sus templos, distrayendo las necesidades reales de la gente con falsas promesas.


Las denuncias de Monseñor Romero no dejan dudas de lado de quién estuvo él y, que su participación fue decididamente política. Algunas de ellas son: "La violencia, el asesinato, la tortura, donde se quedan tantos muertos, el machetear y tirar al mar, el botar gente: esto es el imperio del infierno" (1 de julio, 1979). "Éste es el gran mal de El Salvador: la riqueza, la propiedad privada, como un absoluto intocable. ¡Y ay del que toque ese alambre de alta tensión! Se quema" (2 de agosto, 1979). "Se sigue masacrando al sector organizado del pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle" (27 de enero, 1980).


Ratzinger, hoy en el trono papal, puede decir todo lo que se le ocurra para desvirtuar la imagen de Monseñor, pero el pueblo latinoamericano sabe realmente quién fue él y por qué fue asesinado. Romero es un mártir, no sólo del pueblo salvadoreño, sino del pueblo latinoamericano, de sus resistencias, luchas y esperanzas.

Y como si la actitud de la derecha religiosa contra San Romero de América no fuera suficiente, el pasado 22 de marzo, la derecha política representada en Barack Obama también se hizo presente; cínicamente encendió una vela en la tumba de Oscar A. Romero en San Salvador.

¿Acaso no sabe Obama que el imperio que él representa ahora, a través de la extrema derecha salvadoreña y la CIA fueron los principales responsables del asesinato de Monseñor? ¿Acaso ignora el Premio Nobel de la Paz que en los años ochenta, cuando había guerra en El Salvador, Estados Unidos financió al ejército nacional y avaló desapariciones, asesinatos y torturas? ¿No sabe Obama que la ola de asesinatos en contra del pueblo, los dirigentes sociales y los militantes de izquierda en el país fue apoyada desde los Estados Unidos?

Para los pueblos latinoamericanos Óscar Arnulfo Romero es un ícono de la libertad y de la defensa de los derechos humanos, por eso, la actitud de Obama de encender una vela en su tumba es una forma de ensombrecer su memoria.

En una ocasión el obispo Pedro Casaldáliga dijo que “un pueblo que olvida a sus mártires no merece la pena vivir”. Mártires como Romero hay muchos en América Latina y la memoria de ellos alimenta la resistencia y las esperanzas de nuestros pueblos. Se han cumplido treinta y un años del crimen contra Romero, pero los que lo mataron nunca entendieron que lo asesinaron para dejarlo siempre vivo entre su pueblo.

sábado, 19 de marzo de 2011

El Salvador: Con Monseñor Romero, renace la juventud de los pueblos

No sabemos qué hubiera dicho monseñor a los jóvenes de hoy considerando las nuevas circunstancias con sus propios desafíos; probablemente, más que sus palabras seguiría atrayendo de él, entre los jóvenes, su vida, su compromiso, su ser distinto al sistema establecido, que existía ayer como hoy.

Carlos Ayala Ramírez / Adital

Este es el lema que la Fundación Monseñor Romero ha escogido para conmemorar el XXXI aniversario del martirio de quien es considerado un hombre de Dios, un seguidor ejemplar de Jesús de Nazaret, un verdadero profeta, un buen pastor y un hombre de Iglesia; hablamos de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. El lema puede interpretarse al menos de dos formas: primero, una referencia a la juventud de los pueblos, es decir, a la dimensión de esperanza, vitalidad e idealismo que pueden y deben tener los hombres y mujeres de las distintas naciones; esa fuerza positiva, claro está, para cultivarla requiere de referentes éticos que la inspiren y dinamicen. Está probado de que Monseñor Romero es para muchos un referente en ese sentido. Pero también cabe otra interpretación, la referida al significado que puede tener Monseñor para un sector importante de la sociedad: los jóvenes. No está demás decir que el porcentaje de población adolescente y joven en El Salvador es uno de los más elevados de Latinoamérica: uno de cada cinco personas en el país es adolescente (entre 10 y 17 años), el número se incrementa a una de cada tres personas si incluimos a jóvenes entre los 19 y 24 años de edad. ¿En qué sentido este sector puede renacer desde el legado de monseñor Romero? Esta pregunta es la que trataremos de responder en las siguientes líneas. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 3 de julio de 2010

La verdad, Monseñor Romero y Roque Dalton

Tenemos derecho a verdad y no cederemos en el reclamo y en la denuncia, que dicho sea de paso se ha extendido cada vez más por el mundo entero.
Juan José Dalton / ContraPunto
(En la fotografía, al centro, el poeta salvadoreño Roque Dalton)
Estoy muy gratamente sorprendido por un acontecimiento trascendente del cuál poco o casi nada se supo en El Salvador, pese a que se trató de un acontecimiento histórico, justo y hermoso a favor de los derechos humanos y de las víctimas que reclaman verdad y justicia. Sin embargo, también estoy confundido.
Primero, antes de hacer mis comentarios quiero transcribir un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador:
El 17 de junio de 2010, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, acordó una trascendente e histórica resolución aprobada por consenso en la que se proclama el 24 de marzo como “Día Internacional por el Derecho a la Verdad acerca de las graves Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas”, en la cual se rinde homenaje a la labor que Monseñor Oscar Arnulfo Romero realizó por la defensa de los derechos humanos.
La resolución, iniciativa de la Misión Permanente de El Salvador ante las Naciones Unidas en Ginebra, fue apoyada por todos los países de América Latina y el Caribe y se inscribe en el marco de las celebraciones conmemorativas de los 30 años de la muerte de Monseñor Romero.
El trabajo para llevar a término con éxito dicha resolución, fue arduo e intenso ya que requirió gestionar y conseguir el copatrocinio no solo de América Latina y el Caribe, sino el del resto de países miembros de las Naciones Unidas, con el fin de que dicha resolución mereciera la aprobación por consenso de todos los Miembros del Consejo.
El trabajo realizado, con esfuerzo y dedicación, dio el fruto esperado y por ello estamos orgullosos de informarles, como ya quedó expresado, que el día 24 de marzo ha sido proclamado por consenso en el Consejo de Derechos Humanos, en homenaje a nuestro querido Monseñor Oscar Arnulfo Romero, como el “Día Internacional por el derecho a la verdad acerca de las graves violaciones de Derechos Humanos y sobre la Dignidad de las Víctimas”.
Dicha resolución contó con el apoyo y patrocinio de América Latina y el Caribe, Dinamarca, Armenia, España, Chipre, Francia, Hungría, Bélgica, Austria, Marruecos y Côte d’Ivoire y al momento de su aprobación diferentes países tomaron la palabra como los Estados Unidos y el Reino Unido, entre otros, para manifestar su complacencia por el logro obtenido y expresar, al mismo tiempo, sus felicitaciones a El Salvador por tal iniciativa.
Monseñor Romero con visión de profeta nos dijo: “La palabra queda y éste es el gran consuelo del que predica, mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que la hayan querido acoger”; este día, la palabra y la labor de este gran salvadoreño ha sido escuchada, reconocida y elogiada por el mundo entero a través de sus representantes en el Consejo de Derechos Humanos.
A partir de hoy cada 24 de marzo, toda la comunidad internacional, recordará a Monseñor Romero, como ha venido y continuará haciéndolo el pueblo salvadoreño desde su trágica muerte, a este gran humanista salvadoreño y que se suma a todos los que como él, han dedicado sus vidas a la lucha por la protección y promoción de los Derechos humanos, oponiéndose a toda forma de violencia y protegiendo a los más vulnerables y desposeídos.
Ahora, mi comentario es el siguiente: ¿Puede haber verdad sin que se investigue la verdad en el caso de Monseñor Romero? Claro que no. Los salvadoreños tenemos una noción de lo que ocurrió en el caso Romero, pero la verdad plena no está establecida porque en El Salvador no se ha juzgado el caso de Monseñor Romero. Es una deuda pendiente y por ello el caso se ventila en el sistema interamericano de Derechos Humanos.
El presidente Mauricio Funes pidió perdón en nombre del Estado Salvadoreño por el magnicidio de Monseñor Romero, y eso fue un paso trascendental, pero la verdad plena no está establecida, por lo tanto, el caso continúa en la impunidad. Si el Estado Salvadoreño pretende ser coherente con resoluciones que promulga, tiene que establecer la verdad, señalar jurídicamente a los victimarios, devolverle la dignidad a la víctima, así como resarcir a sus familiares como corresponde.
El “caso Roque Dalton” está en peor situación, pese a que Dalton es la otra figura universal y emblemática de El Salvador reconocida en el mundo. La familia ha pedido desde que lo asesinaron hace 35 años conocer la verdad y que nos entreguen sus restos mortales, pero lejos de ellos sus asesinos: Edgar Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez se han burlado y nos han engañado continuamente.
Todavía más. Meléndez dice “saber todo, que él estuvo ahí y que dirá su versión cuando le dé la gana”. Es una ofensa descarada para la dignidad de Roque Dalton y para su familia que este señor diga tales palabras y otras con el mayor de los cinismos. Pero no sólo ello, es indigno para el actual gobierno continuar permitiendo tal aberración ética.
Este gobierno y su presidente promueven una acción para que en el mundo entero todos los 24 de marzos conmemoren el Día Internacional por el derecho a la verdad acerca de las graves violaciones de Derechos Humanos y sobre la Dignidad de las Víctimas, pero internamente en El Salvador se encubre a uno de los torturadores y asesinos inescrupuloso de Roque Dalton y se le niega la verdad a su familia y a la sociedad.
¿Hay o no hay coherencia? No se puede ser moral y éticamente consecuente haciendo una cosa a nivel internacional, mientras que a nivel interno se le da una bofetada a las víctimas y se apaña la impunidad.
Actualmente estamos siendo espectadores de una parodia cruel: Jorge Meléndez es defendido por el presidente Funes de la misma forma como los anteriores presidentes areneros defendieron a los coroneles y generales que cometieron graves crímenes de guerra y de lesa humanidad, como por ejemplo, al general que masacró al personal médico-civil de un hospital en zona guerrillera. ¿Cuál es el concepto de cambio en este aspecto de los derechos humanos en el nuevo gobierno?
La familia de Roque Dalton desea reiterar que su deseo es encontrar la verdad y que nos entreguen los restos mortales de Roque Dalton y de Armando Arteaga, para lo cual Meléndez tiene la palabra. ¡Qué se llene de valor y ética! La verdad lo liberará de ese horrible peso histórico que carga sobre sus espaldas, sin ser quizás el mayor responsable de la tragedia. Pero tiene responsabilidad, de eso no nos cabe la menor duda.
Tenemos derecho a verdad y no cederemos en el reclamo y en la denuncia, que dicho sea de paso se ha extendido cada vez más por el mundo entero, como se demostró recientemente en el Festival Internacional de la Red de Escritores por la Tierra, celebrado en la ciudad de Santa Tecla, que en una declaración final apoyan el esclarecimiento de la verdad en el caso Dalton y brindan un apoyo a la familia.
Estos y otros eventos internacionales se intensificarán y se pondrá a prueba y en claro la verdadera voluntad del actual gobierno encabezado por Mauricio Funes.

sábado, 27 de marzo de 2010

Monseñor Romero y su santidad Ratzinger: dos iglesias

Ratzinger no persiguió a Romero porque la vida no le dio el chance, pero no habría dudado un instante en blandir su báculo censurador sobre su cabeza. La iglesia que hoy comanda Ratzinger es la esencia de la hipocresía, lo más alejado de las enseñanzas y el ejemplo del subversivo aquel de Galilea que murió crucificado en el Monte del Calvario, sacrificio que se conmemora precisamente en estos días.
Rafael Cuevas Molina/AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
(Fotografía: Monseñor Romero)
Las décadas del 70 y 80 del siglo XX constituyeron para Centroamérica los años de la guerra. La estrecha cintura ístmica se incendió al calor del clamor de los más pobres que se levantaron contra las anquilosadas oligarquías y sus terribles ejércitos represores. En Nicaragua lograron tumbar a la dinastía de los Somoza, entronizada en el poder desde los años 30, cuando los Estados Unidos crearon la Guardia Nacional y pusieron al frente al primero de ellos, Anastasio Somoza García.
En Guatemala, luego de un primer intento insurreccional en la década de los 60, en los 70 nacen o se consolidan las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), que conforman la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Haciendo un recuento crítico de lo que había sido la experiencia insurreccional de los años 60, estas organizaciones revolucionarias guatemaltecas se insertarán en el corazón del mundo indígena guatemalteco, el epicentro de los más pobres entre los pobres de ese país, e impulsarán una verdadera sublevación que haría temblar las bases del régimen.
En El Salvador, el Pulgarcito de América, ese pequeño país en cuyas costas “bate la mar del Sur”, se escenificaría otro enfrentamiento que no se puede entender sin la incorporación masiva y consciente de amplios contingentes de los sectores populares. En efecto, siendo El Salvador un país de apenas 20,000 kilómetros cuadrados y con un territorio poco apto para que las guerrillas se pierdan en la densidad del bosque o la lejanía de la montaña, la organización popular fue fundamental para que naciera y floreciera.
Al igual que en Nicaragua, los cristianos jugaron un papel muy importante en ese proceso de organización. Ya desde los años 60, cuando los vientos del Vaticano II y las Conferencias de Medellín y Puebla habían propiciado que amplios sectores de la Iglesia Católica tomaran partido por los pobres de la Tierra, se había ido conformando esa corriente que en América Latina se llama la Teología de la Liberación.
En Centroamérica, esa toma de partido dio como resultado una participación activa en la organización de los sectores populares en lo que se conoció como las Comunidades Eclesiales de Base. Estas se constituyeron en verdaderos núcleos de concientización y acción revolucionaria y pasaron a convertirse, en muchas oportunidades, en el sustento de la acción insurgente.
Monseñor Oscar Arnulfo Romero no formó parte inicialmente de estos contingentes. Era un miembro tradicional del clero católico salvadoreño, alguien que engarzaba en el engranaje de una Iglesia al servicio de los grupos oligarcas que dominaban El Salvador. En el lapso de unos pocos años, sin embargo, fue abriendo los ojos a la realidad que le rodeaba en su pequeño país. Dicen los cristianos y teólogos que lo conocieron, que en él se realizó un verdadero proceso de conversión hacia la causa de los pobres.
Antes que él, otros sacerdotes se habían “convertido” a esa causa, y la represión gubernamental que se ensañó con ellos parece haber obrado en él un efecto detonador. Fue el caso, entre otros, del padre Rutilio Grande, quien fue asesinado en 1977 por un Escuadrón de la Muerte que lo emboscó en un empolvado camino rural.
Fue como un fogonazo en la conciencia de Romero; de ahí en adelante no tuvo respiro en exigir que cesara la represión y se aclararan los crímenes que se cometían por miles. Las palabras que pronunciaba en el momento mismo de su asesinato, y que están grabadas, hacen alusión a que estaba consciente que esa actitud le podía llevar a la muerte, la cual le llegó bajo la forma de una certera bala en el corazón el 24 de marzo de 1980.
Con apenas una año y medio de distancia, en noviembre de 1981, al otro lado del mundo, el entonces Papa de la Iglesia Católica, Juan pablo II, nombró al Cardenal alemán Joseph Ratzinger Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe; es decir, lo hizo jefe de la Inquisición, organización que se preocupa por fiscalizar la pureza de las ideas y prácticas cristianas, y mantenerlas acordes con la forma como las entiende la cúpula de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Como tal, la famosa Congregación ha sido una de las más acérrimas enemigas de esa Teología de la Liberación que cundió por América Latina, y ha perseguido a muchos de sus representantes.
Ratzinger no persiguió a Romero porque la vida no le dio el chance, pero no habría dudado un instante en blandir su báculo censurador sobre su cabeza.
La iglesia que hoy comanda Ratzinger es la esencia de la hipocresía, lo más alejado de las enseñanzas y el ejemplo del subversivo aquel de Galilea que murió crucificado en el Monte del Calvario, sacrificio que se conmemora precisamente en estos días.
El Vaticano es uno de los inversionistas más grandes en trasnacionales fabricantes de armas, de automóviles, de las comunicaciones. Los dedos del ex-jefe de la Inquisición apenas pueden doblarse por los anillos de oro macizo que los adornan. Camina bajo techos abovedados que envidian las más suntuosas construcciones de la nobleza europea. Jefea una institución acorralada por las demandas de abusos sexuales.
Romero y Ratzinger: dos Iglesias, dos formas de asumir la herencia del galileo.