La salud mental de un sujeto o de una comunidad es un índice particularmente
significativo de su calidad de vida. Quien vive aterrado, atemorizado, quien no
puede hablar de sí, de sus problemas, vive mal.
Marcelo Colussi / Especial para
Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
“Que no se quede callado quien quiera vivir feliz”
Atahualpa Yupanqui
Durante la última sangrienta dictadura militar en Argentina, cuando
arreciaban las protestas por las desapariciones, el gobierno de turno promovió
una infame campaña publicitaria en los medios audiovisuales. La misma consistía
en mostrar diversas imágenes asociadas a ruidos enloquecedores: un martillo
hidráulico, un bebé llorando, una sirena de ambulancia. El efecto que las
mismas lograban era de desesperación. El ruido prolongado se torna
insoportable, eso no es ninguna novedad. Luego de esas imágenes, aparecía el
rostro de una enfermera pidiendo silencio (ícono ya universalizado, llamando a
la calma en cualquier hospital); y sobre su cara, la leyenda: “el silencio es
salud”. El mensaje estaba claro: mejor callarse la boca, no hablar, no levantar
la voz por los desaparecidos que día a día enlutaban el país. Era una
invitación al silencio.