Mostrando entradas con la etiqueta Crimen organizado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crimen organizado. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de junio de 2026

PCC, Comando Vermelho y elecciones en Brasil: la decisión de EE.UU. que influye en la campaña

 El 28 de mayo, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció la designación del Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) como Terroristas Globales Especialmente Designados, así como su futura inclusión como Organizaciones Terroristas Extranjeras desde el 5 de junio.

Abril Agustina Leiva / Escenario Mundial

La decisión no necesariamente debe interpretarse como un hecho aislado en materia de seguridad internacional. El hecho de que se tome a cinco meses de unas elecciones presidenciales profundamente polarizadas, en medio de disputas internas no resueltas sobre seguridad pública y tras intentos recientes de Lula por estabilizar la relación con Washington, permite analizar la posibilidad de que la medida tenga impactos o motivaciones políticas.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Capitalismo es sinónimo de crimen

En algunas ocasiones las relaciones entre crimen organizado y capitalismo aparecen de forma nítida y transparente, lo que nos proporciona la oportunidad para evaluar en qué situación real está el sistema y hacia dónde se está dirigiendo. 

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Días atrás el gobierno federal de Brasil lanzó un megaoperativo contra el crimen organizado en el sector de los combustibles, con resultados sorprendentes. Identificó 40 fondos de inversiones en el sector inmobiliario por un valor de 5 mil 500 millones de dólares, controlados por el Primer Comando de la Capital (PCC), que es el mayor grupo narcotraficante de Brasil. Esos fondos financiaron la compra de una terminal portuaria, cuatro plantas de refinación, mil 600 camiones para transporte de combustibles y más de 100 inmuebles (https://goo.su/Chmn3). 

sábado, 21 de septiembre de 2024

La privatización del Estado

 El “monopolio de la violencia legítima” es para Max Weber la síntesis del Estado moderno, una definición aceptada y escasamente cuestionada. Creo que esto no sigue siendo así desde que el Estado ha sido privatizado por el gran capital. Un buen ejemplo es la proliferación de policías privadas en todo el mundo, que no son reguladas seriamente y expanden sus espacios de intervención.

Raúl Zibechi / LA JORNADA 

Existe un mercado global de 248 mil millones de dólares para servicios de seguridad privada que “está transformando la aplicación de la ley en casi todas partes” (Asia Times, 11/9/24). Según Asia Times, las policías privadas superan en la mayoría de los países a la policía. En Estados Unidos la relación es de tres a dos.

sábado, 14 de octubre de 2023

Narco y megaobras: dos caras de la acumulación por despojo

 El crimen organizado es el capital en estado puro, sin las limitaciones que le imponen las organizaciones de los trabajadores. Por eso, su objetivo es el sometimiento total de las poblaciones; por eso utiliza el terror, para robarles con más facilidad y con total impunidad.

Raúl Zibechi / NODAL

Las imágenes difundidas por el diario mexicano “La Jornada” el 24 y 25 de setiembre, que ilustran sendos reportajes de Hermann Bellinghausen, son una muestra cabal de la proliferación de estados fallidos en América Latina. En ellas puede observarse una columna de camionetas con hombres armados pertenecientes al cártel de Sinaloa (similares a las que exhibe el ISIS o Estado Islámico), ingresando en un pueblo cercano a la frontera de Chiapas y Guatemala, siendo vivados por la población.

sábado, 19 de agosto de 2023

Crimen organizado y extrema derecha, el explosivo cóctel latinoamericano

 En el devenir político cada vez más esquizofrénico de la región, los eventos electorales abren interrogantes acerca de la continuidad de un ciclo progresista o de una nueva vuelta de tuerca que tienda a instalar fórmulas de extrema derecha…

Gustavo González / IPS

Dos fechas clave para América Latina en el futuro inmediato: el domingo 20 de agosto se celebrará la primera vuelta de las anticipadas elecciones presidenciales en un Ecuador sacudido por el asesinato del candidato Fernando Villavicencio, y ese mismo día tendrá lugar el balotaje en Guatemala. La segunda fecha clave: el domingo 22 de octubre, la de los comicios generales en Argentina, donde Javier Milei, un outsider de extrema derecha, podría ratificar su triunfo de las primarias del domingo 13 en la competencia por el sillón presidencial de la Casa Rosada.

sábado, 28 de mayo de 2022

Cuando el Estado y el crimen organizado se confunden

 El fundamentalismo de mercado ha debilitado al Estado, ha propiciado la proliferación de la corrupción estatal, ha generado una población juvenil desempleada y precarizada, ha disparado la violencia delincuencial y ha generado “la zona gris” entre Estado y crimen organizado.

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

En 2007, el sociólogo argentino Javier Auyero publicó un libro,  “La zona gris. Violencia colectiva y política partidaria en la Argentina contemporánea”, en el que analizó cómo los saqueos a supermercados  realizados por multitudes  en el contexto de la crisis de 2001, en realidad no eran  actos espontáneos sino  eventos en los que había una concertación de actores estatales y sus operadores (“punteros”) en los barrios populares. El concepto de “zona gris”, proveniente de los libros  de Primo Levi (compilados en “La trilogía de Auschwitz”, 2005),  comenzó denotando  la borrosa frontera entre víctimas y victimarios y ahora significa las fronteras difusas entre el Estado y el crimen organizado. 

sábado, 26 de mayo de 2012

El crimen se combate conociendo sus causas

La debacle o recesión económica del sistema capitalista a escala mundial ha creado un vacío que urge llenar con nuevas propuestas de organización social que le permita a los pueblos del mundo reconstruir sus sociedades libres del crimen.

Marco A. Gandásegui, hijo / ALAI

¿Cuáles son la opciones abiertas a los pueblos latinoamericanos frente a la creciente ola de criminalidad que azota la región? No descartamos al hacer esta pregunta la creciente penetración del crimen organizado en nuestras instituciones. ¿Quiénes son los actores sociales que pueden enfrentar este flagelo con valor y decisión? Los gobernantes no pueden esconderse detrás de cifras manipuladas o echarle la culpa a grupos sociales inventados por las agencias internacionales.

El incremento de la criminalidad y sus consecuencias son el resultado de un proceso de desindustrialización que afecta a Panamá y a toda la región latinoamericana. La desindustrializacion ha tenido un impacto que va mucho más allá de los números y de las cifras económicas. La masa de trabajadores disciplinada tiende a desaparecer y ser reemplazada por el trabajador informal o precario. El trabajador informal es el ideal en la concepción equivocada del empresario que busca un “colaborador” para cumplir con tareas en el marco del concepto de “just in time” o justo a tiempo.

Este trabajador no tiene empleo estable y, como consecuencia, tampoco tiene una disciplina que le permita organizarse como trabajador y tampoco puede organizarse como hombre o mujer de familia.

domingo, 21 de septiembre de 2008

El grito de Morelia

El gran cambio introducido en nuestro panorama por los atentados de Morelia es la utilización de la violencia indiscriminada contra la población civil como un medio para despertar el terror. Es ésta una forma de barbarie que amenaza al cuerpo social entero.
Adolfo Sánchez / LA JORNADA
¿Hasta dónde vamos a llegar? Por desgracia, nadie puede responder a esa pregunta. Las autoridades están maniatadas por la ineficiencia en la actuación contra la delincuencia, pero también por sus propias palabras, por el afán de cambiar la realidad a fuerza de discursos atronadores, sin aceptar que estamos inmersos en una crisis que no solamente se refiere a los cuerpos de seguridad y justicia, es decir, a las instituciones de las que tanto se habla en estos días, sino de algo mucho más profundo y sustancial porque afecta las relaciones de convivencia, la trama fina del tejido social y se refiere al sentido mismo de la vida en sociedad en este México de principios de siglo.
La tragedia introducida por el narcotráfico en la vida de los barrios y las comunidades no sólo se refiere a los problemas derivados del consumo cada vez masivo de drogas, cuya ilegalización las convierte en fabulosas mercancías; o en la formación de verdaderos ejércitos de expendedores, sicarios y servidores de las mafias donde se funde la energía juvenil con la mala sangre del lumpen ex militar, ex policiaco, toda esa escoria al servicio del gran negocio global administrado a la manera de otras exitosas corporaciones. Años de complacencia y complicidad entre las fuerzas del Estado (o al menos, de importantes sectores de ellas) y los emergentes emporios del crimen, basados en ideas erróneas acerca de las supuestas peculiaridades idiosincráticas (familia y religión) que protegían a México de la caída en el consumo, concedieron ventajas a una criminalidad en ascenso cuya fuerza se multiplica justo porque sabe moverse y aprovechar, gracias a la corrupción, los espacios “institucionales”, la impunidad reinante.
Si la figura deleznable del narcotraficante consiguió convertirse en objeto de admiración en buena parte ello fue posible en la medida que la contraparte carece de legitimidad. Solamente en una sociedad brutalmente desigual y polarizada, carente de reglas y normas universalmente aceptadas, es posible que la ostentación de la riqueza (mal adquirida) se convierta en el signo imitable del éxito personal.
Sin embargo, la guerra contra el narcotráfico en el sentido literal del término es en realidad un doble enfrentamiento: el que se produce entre las fuerzas de seguridad del Estado y el que simultáneamente ocurre entre las diversas bandas que operan el territorio nacional.
Es en ese contexto, escasamente visualizado por la estrategia general puesta en marcha, que la violencia extrema adquiere el terrible significado que ahora tiene: además de ser el medio para enviar oprobiosos mensajes se transforma en el sello de identidad de un modus operandi del que se ha erradicado cualquier consideración basada en el respeto a la vida humana. La barbarie se instaura al convertir la vida humana en simple moneda de cambio para obtener beneficios espurios. Se mutila o se asesina a sangre fría; se decapitan o se ejecutan con crueldad inimaginable personas atadas de pies y manos: la degradación no tiene límites. Municipios y ciudades son dominadas por estos grupos, de tal manera que imponen su propia ley, desplazando al Estado. Al llegar el ejército huyen; cuando sale regresan, en esa suerte de guerrilla que toma como rehenes a comunidades enteras. La “desestabilización” se traduce en el orden impuesto por las mafias a golpe de asesinatos que así rechazan los intentos de depuración.
El gran cambio introducido en este terrible panorama por los atentados de Morelia es la utilización de la violencia indiscriminada contra la población civil como un medio para despertar el terror. Es ésta, insisto, una forma de barbarie que amenaza al cuerpo social entero. Aquí no se buscaba matar a un personaje en particular, sino crear ese estado generalizado de temor e indefensión que anula o paraliza a las sociedades. Y vaya que lo han conseguido. Detrás de la locura enfermiza, (sólo lo sabremos cuando la investigación avance) hay una lógica perversa que no se puede menospreciar. Pero en este punto la sociedad no puede dejar de exigir cuentas claras y expeditas y la justa aplicación de la ley. No más pero no menos. La tentación de la “mano dura” está presente en muchas voces que claman por la pena de muerte y la suspensión de las garantías individuales, pero esta falsa solución lejos de erradicar las causas de la violencia criminal introduciría nuevos riesgos en la convivencia ordinaria de los mexicanos.
La Presidencia de la República esta obligada a informar con verismo sobre los hechos, sin confundir a la opinión pública con falsas apreciaciones. Es imposible aceptar, por ejemplo, que los criminales sean considerados “los nuevos traidores a la patria”, en aras de la economía de argumentos. Seguramente, la patria les trae sin cuidado a quienes lanzan una granada en medio de la gente, pero el Estado no se puede permitir el lujo de clasificar a los delincuentes según el dictado de las emociones de los gobernantes, menos aun cuando se insinúa que son los conflictos políticos una de las causas de la división nacional. Ése es un camino peligroso, por cuanto remite a cierta interpretación de la “unidad nacional” que la historia reciente enterró por autoritaria y excluyente. No es ésa, por cierto, la unidad que hace falta para que las instituciones sean vistas como la fortaleza de la convivencia segura y democrática.
¿Cuánta más descomposición social es necesaria para reconocer que México requiere de cambios mucho más profundos que los que hemos vivido años atrás?
Pretender que el tema de la inseguridad es fundamentalmente una cuestión de recursos, presupone conceder que en todo los demás las cosas no marchan tan mal. Pero ésa es, justamente, la cuestión. La deshumanización a la que alude Monsiváis no tiene retorno sin un esfuerzo a fondo por revertir el retraso educativo, el desempleo y la ausencia de esperanzas que el individualismo fortalece.