Hay sitios en el mundo que, aunque pequeños, emanan una intensidad inabarcable. La frontera entre México y Estados Unidos que une a las ciudades de El Paso, en Texas y Juárez, en Chihuahua, es uno de esos lugares. Y la Universidad de Texas en El Paso es un ovni en ese espacio ya raro en muchos sentidos.
Mariana Enriquez / Página12
La arquitectura de la institución más importante de la ciudad es estilo butanés. Si, Bután, Asia. Como los castillos característicos de esa región en la cordillera del Himalaya. En 1914, cuando hojeaba la revista National Geographic, Kathleen Flipping, la esposa del primer edecán de lo que entonces era la escuela estatal de Minería y Metalurgia (hoy la Universidad), se enamoró de las fortalezas del reino de Bután, llamadas “dzongs”. Y le pareció que quedarían hermosas ahí en el desierto, al pie de las montañas Franklin, en el agotador calor del verano y los inviernos helados. La mandó construir en ese estilo y hoy es la única universidad de los Estados Unidos inspirada por esa arquitectura –¿por qué debería de haber otra?-- con 97 edificios en diseño clásico butanés a metros de Ciudad Juárez. En 1967, la reina de Bután Ashi Kesang Wangchuk también vio fotos de la Universidad y decidió establecer una relación protocolar pero permanente. Así, en el Museo de la Universidad hay colecciones de arte butanés, se hacen ceremonias religiosas, hay un templo en funcionamiento y también un programa especial para estudiantes de Bután.
