La situación creada en
Irak tiene su origen en la intervención militar de Estados Unidos y sus aliados
en 2003, y si ahora se muestran preocupados es porque las acciones de los
grupos terroristas que amenazan con apoderarse del país ponen en
cuestionamiento los inmensos intereses de las grandes transnacionales
occidentales de energía que tomaron el control tras el derrocamiento de Saddam
Hussein.
Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra
América
Desde Caracas,
Venezuela
En un discurso
pronunciado en Bruselas el pasado 26 de marzo, el presidente de Estados Unidos,
Barack Obama, aseguró que “nosotros no pretendemos anexar el territorio de
Irak. No les arrebatamos sus recursos para nuestro propio beneficio. En vez de
esto, terminamos nuestra guerra y dejamos Irak a su pueblo, en un Estado iraquí
plenamente soberano que puede tomar decisiones sobre su propio futuro”
Menos de dos meses
después, el lunes 16 de junio, el mismo Obama, en cumplimiento de la Resolución
de Poderes de Guerra expuso en una carta dirigida al presidente de la Cámara de
Representantes John Boehner y al presidente del Senado Patrick Leahy que “a partir del 15 de junio de 2014, aproximadamente 275 miembros de las Fuerzas
Armadas de Estados Unidos se estarán desplegando en Irak, para proporcionar
apoyo y seguridad al personal de Estados Unidos en Bagdad” y agregó que “Esta
fuerza se está implementando con el fin de proteger a los ciudadanos y los
bienes de Estados Unidos, si es necesario, y está equipada para el combate.
Esta fuerza permanecerá en Irak hasta que la situación de seguridad sea tal que
ya no sea necesaria”.