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lunes, 27 de diciembre de 2010

“Destino manifiesto” y crisis mexicana

Lo que ayer se obtuvo por la vía de la colonización y la estrategia de fronteras flexibles, por el aventurerismo y la conquista militar, aprovechando las debilidades internas del Estado mexicano, hoy avanza por otros rumbos. Son los caminos de la xenofobia y el racismo, los intereses expansionistas e injerencistas de los imperialistas de siempre.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Punta de lanza del expansionismo imperialista de los Estados Unidos hacia el sur de su frontera, Texas y Arizona constituyen territorios en los que se han cultivado y desarrollado tendencias política y culturalmente claves para comprender, con perspectiva histórica, algunas de las dimensiones de la profunda crisis que sufre México en nuestros días.
Desde el primer cuarto del siglo XIX, articulado al crecimiento de la industria algodonera de plantación y su sistema de trabajo -que reclamaba cada vez más tierras y mano de obra esclava-, un paulatino proceso de colonización y conquista furtiva del norte de México fue gestándose con apoyo del gobierno de los Estados Unidos, entre cuyas élites germinaba ya la idea del "destino manifiesto".
Hacia 1835, mientras México padecía las convulsiones del gobierno del presidente Antonio López de Santa Anna, cuya gestión amenazaba la unidad del estado, los colonos norteamericanos proclamaron la independencia de la “República de Texas”, lo que precipitó el conflicto militar con el ejército de Santa Anna.
Una serie de batallas con victorias y derrotas para ambos bandos, entre las que se recuerda la de El Álamo en 1836, culminaron con el triunfo de los separatistas y la captura y rendición del presidente mexicano. En el siglo pasado, Hollywood hizo su parte en las labores de reingeniería de este episodio de la historia: en 1960, John Wayne, el ídolo y pistolero de los westerns, encarnó el personaje de David Crockett en un relato fílmico – The Alamo- que exaltó la épica y el heroísmo texano de los colonos y mercenarios que resistieron en la antigua misión de San Antonio de Valero.
Más tarde, en 1845, se consumó la definitiva anexión de la “artificial República de Texas” a los Estados Unidos. Pero como dice el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, “la ambición de territorios mexicanos por parte de Estados Unidos no terminó con esta presa[1]. En 1846, el imperio naciente declaró a México una guerra que, bajo el falaz argumento de la rectificación de la frontera en el Río Grande, llevó a las tropas norteamericanas hasta la ocupación de la ciudad de México, donde izaron la bandera de barras y estrellas en el Palacio Nacional.
Vencido Santa Anna y humillada la nación mexicana, los invasores forzaron una negociación que culminó el 2 de febrero de de 1848, cuando se firmó “el tratado Guadalupe-Hidalgo, que obligaba al país derrotado a aceptar la pérdida de California, Arizona, Texas y Nuevo México (unos 2,5 millones de kilómetros cuadrados), a cambio de una ridícula compensación de 15 millones de dólares”[2].
Desde entonces, estos hechos se convirtieron en símbolo de la amenaza imperialista, no solo para México, sino para toda la América hispana.
Más de 160 años después, la sombra del norte sigue gravitando con fuerza en la realidad mexicana. Según informa la prensa internacional, el Departamento de Seguridad Pública de Texas recomendó a sus ciudadanos no viajar a México durante las vacaciones, debido a que por la crisis de violencia y criminalidad en ese país “no hay garantías de que la violencia relacionada con las drogas no alcanzará a personas inocentes, o de que los delincuentes se abstendrán de atacar a turistas[3] (La Jornada, 19/12/2010).
Es decir, el estado donde florece la poderosa economía fronteriza de armas, cuyas empresas pertrechan “legalmente” a los cárteles mexicanos del narcotráfico, prefiere “advertir” antes que regular un lucrativo negocio. Aún más: mientras lanzan estas alertas, y reviven el prejuicioso relato de los bandoleros al sur de la frontera, Texas se enriquece con la atracción de capitales y la venta de bienes raíces a familias adineradas de México, actividad que creció en un 100% entre 2009 y 2010[4].
Un destino muy diferente al de estos “migrantes de lujo” le espera a los migrantes pobres, los de abajo, los indocumentados: criminalizados por su origen, su condición socioeconómica y el color de su piel.
Sendas investigaciones reveladas por la National Public Radio y el Center for American Progress Action Fund, demuestran que tras la aprobación de la polémica ley antiinmigrantes de Arizona (ley SB1070) se esconde una amplia red de intereses económicos de la industria carcelaria privada, para generar “ganancias multimillonarias con el negocio de encarcelar migrantes” y recibir hasta 74 millones de dólares anuales “en fondos públicos para administrar centros de detención” de indocumentados. Un modelo de negocio que se promueve también en Tennessee, Florida, Colorado, Oklahoma y Pennsylvania.
Así, lo que ayer se obtuvo por la vía de la colonización y la estrategia de fronteras flexibles, por el aventurerismo y la conquista militar, aprovechando las debilidades internas del Estado mexicano, hoy avanza por otros rumbos. Son los caminos de la xenofobia y el racismo, los intereses expansionistas e injerencistas de los imperialistas de siempre: esos que, más pronto o más tarde, reclamarán como inevitable la intervención norteamericana en México.
NOTAS
[1] Guerra Vilaboy, Sergio (2006). Breve historia de América Latina. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. Pág. 149.
[2] Ídem. Pág. 150.
[3]Texas recomienda a sus ciudadanos no visitar México”, La Jornada. México: 19 de diciembre de 2010.
[4]Ricos huyen a Texas por la violencia en México”, La Jornada. México: 19 de diciembre de 2010.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Seguridad democrática vs. ALBA

De la combinación de enemigos y amenazas surgen otras matrices de opinión consustanciales a la guerra de dominación de espectro completo de Estados Unidos en el área, verbigracia, construcciones mediáticas tales como narcoinsurgencia o narcoterrorismo.
Carlos Fazio / LA JORNADA
El 17 de noviembre tuvo lugar en el Capitolio un seminario preparatorio de la nueva ofensiva desestabilizadora ultraderechista en América Latina. El perfil y la agenda de los participantes alejan cualquier sombra de duda sobre eventuales teorías conspirativas antiestadunidenses. Los anfitriones fueron los congresistas republicanos por Florida, Ileana Ros-Lehtinen y Connie Mack, ambos ligados a la mafiosa Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), protectores de los terroristas internacionales confesos Luis Posadas Carriles y Orlando Bosch, y patrocinadores del golpista Roberto Micheletti, en Honduras.
También asistieron el ex embajador estadunidense en Caracas, Otto Reich, y el ex subsecretario de Estado Roger Noriega, viejos plomeros de las guerras sucias de Washington en la región y miembros conspicuos de la pandilla del halcón John D. Negroponte. Otros participantes fueron José Cárdenas, ex administrador adjunto de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés); el ex embajador de EU en Costa Rica, Jaime Daremblum, del Instituto Hudson; y el ex director de la Oficina de la Casa Blanca para el Control de Drogas, John Walters.
Entre los seminaristas invitados estuvieron Alejandro Aguirre, presidente saliente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), antiguo instrumento de la CIA durante la guerra fría y que un par de días antes, en Mérida, Yucatán, había servido de plataforma guerrerista a los presidentes Felipe Calderón y Juan Manuel Santos, de México y Honduras, respectivamente; Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión de Venezuela, golpista, prófugo de la justicia y residente en Miami; el coronel Lucio Gutiérrez, ex presidente golpista de Ecuador y autor intelectual de la asonada policial y el intento de magnicidio del mandatario Rafael Correa el 30 de septiembre último, y Luis Núñez, del Comité Cívico de Santa Cruz, y Javier El-Hage, de la Fundación de Derechos Humanos de Bolivia, vinculados a la conspiración terrorista del mercenario húngaro-boliviano Eduardo Rózsa Flores, quien en abril de 2009 participó en el complot para asesinar al presidente Evo Morales.
El título del seminario fue de suyo elocuente: Peligro en los Andes: amenazas a la democracia, derechos humanos y la seguridad interamericana. El nombre de uno de los talleres abonaba el camino hacia los enemigos potenciales: El terrorismo, el Islam radical y narcotráfico. A su vez, las amenazas contra Estados Unidos, sus aliados cipayos y la democracia liberal-conservadora quedaban identificadas desde las dos preguntas iniciales que debían responder los ponentes: ¿La ALBA de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua constituirá una amenaza a los intereses estadunidenses y a la seguridad interamericana? ¿Están la democracia y los derechos humanos en peligro bajo el socialismo del siglo XXI?
De más estar decir que la mezcla de todos esos elementos no podía dar otro resultado que las dos consignas prioritarias emergentes de la reunión, que figuran en la matriz de los planes de desestabilización encubierta de Washington y sus socios en los países del ALBA: la eliminación de Hugo Chávez y arremeter contra el azote del socialismo del siglo XXI, sinónimo de totalitarismo.
De la combinación de enemigos y amenazas surgen otras matrices de opinión consustanciales a la guerra de dominación de espectro completo de Estados Unidos en el área, verbigracia, construcciones mediáticas tales como narcoinsurgencia o narcoterrorismo, tan socorridas a últimas fechas por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el Pentágono y la CIA, aplicadas a México. A las que habría que agregar otras fabricaciones propagandísticas que se manejan en los seminarios organizados por la comunidad de inteligencia en centros académicos de la región, como la conexión iraní y el populismo radical o autoritario (cabe recordar la actualización 2010 de Felipe Calderón: AMLO, un peligro para México).
Como parte de la propaganda de Estados Unidos en México, el guión que se diseñó para la guerra de Calderón incluyó desde un principio (diciembre de 2006) el control de territorio y de frontera, y la difuminación de las diferencias esenciales (incluidos los fines políticos e ideológicos) entre crimen organizado, insurgencia, milicias (paramilitares, autodefensas), terroristas y pandillas (maras).
Así como antes en Colombia, previo ablandamiento de los políticos y partidos parlamentarios, la clase empresarial y de los responsables jerárquicos de los organismos de seguridad del Estado mexicano –gracias a la repetición propagandística de sus papagayos de turno en los medios, tipo Enrique Krauze y Jorge G. Castañeda–, por la vía de caracterizar a México como un Estado fallido, la guerra contra el narcoterrorismo y la narcoinsurgencia ha logrado transformar un asunto policial en otro de inteligencia militar y de seguridad nacional (de Estados Unidos).
A la vez, como sucedáneo de la militarización, paramilitarización y mercenarización emergente –que dispararon los niveles de violencia criminal, caos y mortandad en todo el territorio nacional–, Washington ha logrado instalar la llamada Oficina Binacional de Inteligencia en pleno Paseo de la Reforma, con la consiguiente subordinación y dependencia de sus contrapartes locales.
No obstante lo anterior, junto con Colombia, el fallido México de Calderón es una pieza clave de la llamada seguridad democrática y la agenda mediática de Washington en su proyecto de restauración conservadora regional. Ergo, las alianzas del reaccionario Calderón y el Partido Acción Nacional con la ultraderecha continental y la mafia cubano-estadunidense de Miami son funcionales a las operaciones de guerra sicológica y las acciones encubiertas de Washington contra los países del ALBA.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Aumentan los peligros para América Latina

Tras conocerse los resultados de las elecciones legislativas en EE.UU, aumenta el peligro, que ya era muy serio, de planes desestabilizadores impulsados por la ultraderecha yanqui contra todo gobierno en América Latina con un mínimo de compromiso con su pueblo, con la independencia y soberanía y el impulso a la unidad e integración regional.
Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA
El análisis de las elecciones intermedias en Estados Unidos lleva a un diagnóstico muy grave sobre la salud del imperio. No se contrae simplemente a lo que en otro tiempo podía definirse como una gran victoria del Partido Republicano o una paliza al Partido Demócrata, como la calificó el mismo Obama. Más allá de los resultados numéricos es necesario plantearse qué expresan. Aunque el propósito de estas líneas es discutir sus consecuencias para América Latina, creo indispensable antecederla de lo que nos dicen sobre la sociedad estadunidense. Intentaré por ello sintetizar la opinión de Noam Chomsky ya que es lo más agudo que he leído.
El filósofo de 82 años apunta que las pasadas elecciones registran un nivel de cólera, temor y desilusión en el país como nada que pueda recordar en mi existencia. Puntualiza que el Partido Demócrata recibe el impacto por estar en el gobierno, pero recuerda que la situación socioeconómica y política actual tiene sus raíces en los años 70 cuando se inició la financierización de la economía y el ahuecamiento de la producción, que han conducido a la extrema concentración de poder económico y político y a una desigualdad sin precedente. Aunque Reagan y sus sucesores republicanos hayan tenido mayor responsabilidad, señala, también la tienen los demócratas puesto que estas políticas se iniciaron con Carter, cobraron un gran impulso con Clinton y los principales electores de Obama fueron las instituciones financieras. Explica la ira de la gente por el alto desempleo junto a las enormes ganancias y bonos para los banqueros, responsables de la crisis y encima rescatados por los contribuyentes, y alerta que no se debe desestimar al Tea Party por más irracional que sean sus propuestas. Lo que hay que preguntarse, subraya, es por qué gente justamente enojada está siendo movilizada por la extrema derecha en lugar del activismo constructivo surgido durante la Gran Depresión. Aunque la lógica de su análisis lo lleva a evocar una cita del historiador alemán Stern, que asocia el futuro de Estados Unidos con la Alemania hitleriana, opina que la historia no se repite y que no faltarán tareas para quienes intentan una alternativa “a la furia y la equivocación mal dirigidas… y encabezar el avance hacia un futuro mejor”.
Un pronóstico de cómo impactarán estas elecciones en el mundo, y particularmente en América Latina, debe tomar en cuenta que la dirección de todos las comisiones de la cámara de diputados pasan a manos republicanas, en algunos casos ultrarreaccionarias como la de Relaciones Exteriores, que será liderada por Ileana Ros-Lehtinen, una de las cabecillas de la contrarrevolución anticubana, y sionista militante como muchos otros de los electos. Esto significa que las presiones para tolerarle todo a Israel y lanzar la guerra contra Irán se van a incrementar, así como la inquina contra todo intento de independencia frente a Estados Unidos. Olvidémonos de nada favorable para contrarrestar el calentamiento global si depende de la aprobación de este Legislativo.
Considerando que junto a la mencionada señora ahora la bancada contrarrevolucionaria de origen cubano asciende a cinco diputados y dos senadores así como las sinergias ideológicas y financieras (aportes a sus campañas con dinero de la mafia miamense) que crean con otros colegas de los dos partidos, podemos calcular que muy difícilmente pase por las cámaras alguna medida que afloje el cerco contra Cuba y más bien debería esperarse lo contrario. Conviene recordar que la Helms-Burton no la auspició pero sí la aprobó Clinton. Entre las dos cámaras han ganado en fuerza y en número los enemigos rabiosos de los gobiernos progresistas de América Latina, fervorosos partidarios del golpe en Honduras y del cambio de régimen en Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia. A la vez debe considerarse el envalentonamiento en las derechas criollas que crea un giro de esta naturaleza en Estados Unidos.

En síntesis, aumenta el peligro, que ya era muy serio, de planes desestabilizadores impulsados por la ultraderecha yanqui contra todo gobierno en América Latina con un mínimo de compromiso con su pueblo, con la independencia y soberanía y el impulso a la unidad e integración de América Latina. Aumentarán también las políticas para dividir a los gobiernos progresistas y organismos de integración nuestromericanos. Obama podría todavía ejercer una positiva influencia por la convivencia pacífica con sus vecinos, pero si no lo hizo antes...

sábado, 23 de octubre de 2010

Estados Unidos: tensiones y compulsiones

El rechazo a la imperialización del continente, por medio del aparato institucional, público y privado del capital monopólico, se expresa en una resistencia popular y pacífica, a la militarización y para-militarización de la política exterior de Estados Unidos.
John Saxe-Fernández / LA JORNADA (México)
El golpe de 2009 que derrocó al presidente constitucional de Honduras, operativo similar a las intentonas contra Chávez y Evo Morales, también integrantes de ALBA, mostró tensiones en la ecuación civil-militar, dentro y fuera de Estados Unidos. Mientras Phillip Crowley, del Departamento de Estado (DdE), bajo instrucción de comportarse como voz de una Oficina de Colonias, le dijo al presidente Zelaya, con calculada insolencia, que eso le pasaba por seguir el ejemplo venezolano (hace poco, con igual arrogancia Estados Unidos le advirtió a Caracas y Moscú que vigilaría sus acuerdos nucleoeléctricos), la Casa Blanca condenó el atentado, pero se negó a calificarlo de golpe militar, aunque consumado por oficiales adiestrados por el Comando Sur del Pentágono (DdD) en contubernio con sus contrapartes en la base de Palmerola.
Cuando el público y las naciones de la región –incluido México y UNASUR– condenaron el fallido intento golpista contra Rafael Correa de Ecuador, el DdE adoptó la política de espera paciente antes de remover otra pieza de ALBA, diciendo que fue una protesta policial por motivos económicos, igual que The Wall Street Journal, Goldman Sachs, el Council on Foreign Relations y agrupaciones varias de Ecuador, cooptadas con fondos de la CIA/NED-AID-BID/Banco Mundial).
En la operación contra Correa fue central el rol de la oligarquía y de policías adiestrados –y reclutados– por el programa anti-drogas de Estados Unidos: en la toma de la legislatura; del aeropuerto (con sectores de la Fuerza Aérea); y la interdicción de otros puntos clave de comunicaciones terrestres y electrónicas. James Petras (globalresearch.ca) documenta que entre 2006 y 2008 Estados Unidos adiestró a 931 oficiales militares y policías de Ecuador, 526 de ellos policías usados para el despliegue de una estrategia que, dice el autor, tuvo tres componentes simultáneos: a) la diplomacia, ofreciendo mejorar las relaciones Estados Unidos-Ecuador; b) la subversión, por medio de la influencia ofrecida por el financiamiento policial-militar; y c) penetrando con fondos a organizaciones en todo el espectro político.
El rechazo a la imperialización del continente, por medio del aparato institucional, público y privado del capital monopólico, se expresa en una resistencia popular y pacífica, a la militarización y para-militarización de la política exterior de Estados Unidos, encaminada a revertir el refuerzo soberano y las conquistas de amplios movimientos sociales de la región. Como en Honduras, la intención con la Iniciativa Mérida, es hacerlo con represión a la usanza neo-nazi del Plan Colombia, un diseño de invasión/ocupación a base de vínculos estrechos del DdD/CIA con las contrapartes locales.
Voceros del Comando Norte (CN) –creado en 2002– corroboraron la información de la Sedena de que las fuerzas armadas de México (FAM) son adiestradas por el Pentágono: la prioridad número uno será nuestra asociación con México y destacan que la experiencia de Estados Unidos en contrainsurgencia y anti-terrorismo en Irak-Afganistán se transmite a las FAM quienes, según otra fuente del CN, con apoyo de oficiales de Estados Unidos, se enfrentan a grupos narco-paramilitares bien equipados, algunos...integrados por ex-militares o ex policías. Son nociones y rótulos que deben analizarse con cuidado de cara a denuncias como las del presidente afgano Hamid Karzai, en el programa This Week de la ABC, sobre los operativos de contratistas privados –textual– bajo patrocinio presupuestal de Estados Unidos que operan como escuadrones de asesinato, que desestabilizan matando miles de civiles bajo cubiertas varias, como paramilitares, narco-terroristas o narco-insurgentes.
Cuando H. Clinton dijo que los cárteles mexicanos se conducen como terroristas o grupos insurgentes, cobra peso la queja de Karzai, en especial por la asignación de 10 mil millones de dólares en el presupuesto 2011 del DdE, para contratistas de seguridad, bajo el rubro de resguardo de embajadas y otras instalaciones.

sábado, 21 de agosto de 2010

EE.UU está realizando ejercicios militares en el Canal de Panamá

Sin que el gobierno nacional informe a la ciudadanía panameña, EEUU inició el 18 de agosto -y hasta el próximo día 26- un conjunto de maniobras militares sobre ambas costas de Panamá, principalmente en los alrededores del Canal de Panamá. Se desconoce el tipo de maniobras o la intensidad de las mismas.
Marco A. Gandásegui, h. / ALAI
La Policía Nacional hizo aparecer al trabajador de Bocas del Toro, Valentín Palacio, desaparecido como consecuencia de la represión desatada contra los sindicalistas bananeros en huelga a principios del pasado mes de julio. Según la Policía, el joven trabajador ngobe fue golpeado en Changuinola por un grupo de “maleantes” y amenazado de muerte. Durante un mes el paradero de Palacio fue un misterio a pesar de los múltiples habeas corpus interpuestos por familiares y organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos humanos en Panamá.
En otro acto encubierto, el gobierno panameño está financiando la compra de 1000 chasis de buses Volvo para surtir las rutas de transporte público de la ciudad capital. La empresa favorecida en Panamá tiene como nombre Transmassivo, cuya dirección ejecutiva está en manos de la empresa colombiana Fanalca. Otra empresa colombiana – Superpolo – construirá los buses. Superpolo es una propiedad conjunta de MarcoPolo (Brasil) y Fanalca.
Sin que el gobierno nacional informe a la ciudadanía panameña, EE.UU inició ayer un conjunto de maniobras militares sobre ambas costas de Panamá, principalmente en los alrededores del Canal de Panamá. Se desconoce el tipo de maniobras o la intensidad de las mismas. Según medios internacionales, EE.UU ha invitado al gobierno panameño que envíe observadores. Además, están participando oficiales navales de otros países de la región. Entre estos últimos se destacan las armadas de Argentina, Brasil, Chile así como de México. Incluso, están involucrados elementos de las fuerzas armadas de Ecuador, Nicaragua y El Salvador.
Según informa la agencia de noticias France Press (AFP),y confirma el Comando Sur de EEUU, este país inauguró ayer un conjunto de “ejercicios militares” en las inmediaciones de la vía acuática. Los ejercicios incluyen 15 países latinoamericanos, Canadá así como EE.UU. Hace un mes el gobierno panameño acusó de terroristas a los trabajadores de la construcción, empleados en la ampliación del Canal, que protestaban por los salarios bajos.
Las maniobras se realizarán entre el 18 y 26 de agosto de 2010. Según AFP la movilización militar tiene como objetivo “coordinar respuestas a una eventual amenaza al Canal de Panamá o ante desastres naturales”. A la cabeza de la actividad se encuentra la Segunda Flota de EEUU. El ejercicio, denominado PANAMAX, busca "mejorar las capacidades terrestres, navales, aéreas y de fuerzas especiales de los 15 países de la región participantes".
La AFP señala que los ejercicios se están realizando en momentos en que EEUU ha incrementado las tensiones con Venezuela. La agencia agrega que “el embajador norteamericano designado para trasladarse a Caracas denunció, entre otras cosas, que el ejército venezolano tiene la moral baja y presenta influencia cubana”. EEUU también ha creado inestabilidad en la región ocupando más de media docena de bases militares colombianas. Según la Agencia la ocupación militar de Colombia por parte de EEUU “irritó al gobierno de Hugo Chávez”. El acuerdo firmado el año pasado entre Washington y Bogotá permite a soldados estadounidenses utilizar siete bases colombianas, lo que Caracas denunció como una amenaza.
Venezuela, Bolivia, Costa Rica, Cuba y Haití son los únicos países latinoamericanos que no participan en las maniobras militares. En los ejercicios, durante los cuales estarán apostados 42 representantes de 13 países en el cuartel de la Segunda Flota de la Armada en Norfolk, Virginia, participarán componentes de la Fuerza Aérea estadounidense del estado de Arizona y del Ejército en Texas, informó la agencia de prensa.
"La mayor parte del ejercicio será simulado y contará con algunas acciones en vivo en Panamá, Florida y Virginia", según el Comando Sur. En 2009 los ejercicios incluyeron un componente “contraterrorista”. En 2008 durante maniobras similares murió un policía panameño en un caso que fue calificado como descuido por parte de las autoridades.
EE.UU realiza este tipo de maniobras militares conjuntas desde la década de 1950 en el marco de sus preparativos para enfrentar a la Unión Soviética en la guerra fría. Posteriormente, en las décadas de 1970 y 1980 le daba apoyo a las dictaduras militares en la región facilitando tecnología de punta. En la actualidad, el gobierno norteamericano no explica que objetivos persigue financiando y organizando las maniobras militares.
En el caso de Panamá, que se ha declarado neutral y no tiene fuerzas armadas desde 1990, desde entonces los gobiernos no cumplen con sus obligaciones constitucionales. Los oficiales de la Policía Nacional y del Servicio Aéreo Naval son invitados para disfrazarse de coroneles y almirantes y sentarse con sus contrapartes en centros refrigerados para observar en pantallas virtuales las operaciones.
Panamá, 19 de agosto de 2010.

sábado, 31 de julio de 2010

¿Por qué a Venezuela?

La provocación de Uribe forma parte del cuadro subversivo con que se pretende frustrar la victoria chavista en las estratégicas elecciones de septiembre próximo.
Ángel Guerra Cabrera / Rebelion
Lo que hay principalmente detrás del conflicto colombo-venezolano y su reciente agravamiento es que la revolución Bolivariana choca frontalmente con el plan de dominación estadunidense sobre América Latina. Que Venezuela, país con reservas de petróleo y gas entre las mayores del mundo, tenga un rumbo independiente en pos del socialismo, promueva la democracia participativa, la unidad e integración de América Latina, la solidaridad, la paz y la cooperación entre los pueblos es intolerable para el imperio. Mucho más cuando movido por su sed insaciable de hidrocarburos y recursos naturales que comienzan a escasear, ha entrado en una carrera bélica permanente por el control de los países que los poseen y de las poblaciones que los habitan. Todo con el cínico pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico nada menos que enarbolada por el Estado campeón del terrorismo, primer mercado de droga en el mundo cuyas ganancias constituyen una gran tajada de su sistema financiero. A la élite de Estados Unidos la saca de quicio la amistad entrañable de Venezuela y Cuba y la profundización de los pasos para su unión económica, preámbulo, diríase, de su unión política. Raúl Castro ha resumido muy claramente el sentido de estos pasos en una reunión de alto nivel cubano-venezolana celebrada el simbólico 26 de julio: sólo unidos venceremos.
El imperio no perdona el importante papel de Venezuela en la liquidación del ALCA –proyecto de recolonización continental- y en el surgimiento de la ALBA, que practica las relaciones más fraternas y equitativas entre las naciones miembros y las promueve, aunque no sean miembros, con todas las naciones de América Latina y el Caribe. En respuesta a la Venezuela bolivariana, a los grandes movimientos populares antineoliberales y gobiernos más independientes gestados por ellos, Washington restableció la IV Flota y llegó al extremo de instalar siete bases militares en Colombia lo que junto a otros factores presentes en ese país, constituye una peligrosa amenaza de agresión para Caracas, que había tensado seriamente las relaciones bilaterales. En este contexto se produce la festinada acusación por el representante de Bogotá en la OEA de que Caracas mantiene campamentos de las guerrillas colombianas en su territorio, una gravísima provocación que ha puesto en grave peligro la paz entre los dos países hermanos salida del fanatismo proyanqui de Álvaro Uribe y su febril afán de protagonismo desde que se frustró su proyecto reeleccionista.
El presidente Hugo Chávez ha hecho cuanto ha estado a su alcance por armonizar las relaciones con Colombia y evitar un conflicto bilateral. De hecho, a petición de Uribe se convirtió en un factor principalísimo de distensión de la larga guerra de sesenta años en el país vecino y ha insistido invariablemente en la necesidad de una salida política al conflicto. Con justa razón ha invitado a las guerrillas de las FARC y el ELN a que comprendan que las nuevas realidades políticas requieren un cambio en su estrategia de toma del poder mediante las armas por una de negociación, sin que ello implique rendirse. Chávez informó con visible dolor la ruptura de relaciones con Colombia: lo anuncio con una lágrima en el corazón, dijo.
Lula da Silva comentó su extrañeza por la conducta de Uribe cuando le faltan unos días para dejar la Casa de Nariño y “el nuevo presidente(Juan Manuel Santos) ha dado señales claras, incluso con los ministros que escogió, de que quiere construir la paz”. Lula, junto al ecuatoriano Rafael Correa, presidente pro tempore de UNASUR y su secretario general Néstor Kirchner han actuado rápidamente para atraer el tema al seno del mecanismo suramericano, un espacio, a diferencia de la OEA, favorable para que sin la presencia de Washington se expresen a plenitud los intereses de América Latina y el Caribe. UNASUR ha dado ya muestras de su capacidad de concertación política y esta es más necesaria que nunca para la región y para Venezuela en particular. La provocación de Uribe, la captura del terrorista Francisco Chávez Abarca, socio de Posada Carriles que confesó los planes desestabilizadores con que llegó a Venezuela, los desmelenados ataques al gobierno bolivariano del arzobispo de Caracas y las carretadas de dinero entregadas por Washington a la contrarrevolución configuran el cuadro subversivo con que se pretende frustrar la victoria chavista en las estratégicas elecciones de septiembre próximo.

viernes, 2 de julio de 2010

"Es una invasión", advierten diferentes sectores

La aprobación de un permiso por parte de la Asamblea Legislativa de Costa Rica para la eventual presencia masiva de naves militares, helicópteros y miles de soldados estadounidenses, constituye "una especie de invasión" y "un acto de traición a la patria" de parte de los diputados que votaron afirmativamente, aseguraron este viernes diferentes sectores.
Informa-tico.com
"Siete mil marines transitando por suelo nacional, 46 buques de guerra, 200 helicópteros artillados (entre ellos los Black Hawk), aviones de combate y navíos de guerra para combatir submarinos, constituyen una especie de invasión" de Estados Unidos a Costa Rica, afirmó la Asocación Nacional de Empleados Públicos (ANEP).
Mientras tanto, el diputado Luis Fishman, del Partido Unidad Socialcristiana, anunció que si el plenario legislativo no revisa y echa atrás la decisión adoptada la noche del jueves, presentará un recurso de inconstitucionalidad para revertir el acto.
Con el voto de las fracciones del Partido Liberación Nacional y el Movimiento Libertario, el Congreso aprobó la solicitud de permiso para el arribó a costas costarricenses de 48 naves de guerra artilladas, helicópteros y otros equipos militares, así como el arribo de hasta 7.000 "marines".
El permiso aprobado por la coalición gobiernista no establece ninguna gradualidad en la presencia de esta enorme fuerza militar, que según los objetivos declarados vendría a reforzar la lucha contra el narcotráfico, por lo que parte o la totalidad de la misma podría ingresar al país de una sola vez.
Además, los soldados podrán recorrer con sus armas el territorio nacional sin ninguna limitación, y no estarán sometidos a la ley penal costarricense, por lo que -si cometieran delitos- no podrían ser detenidos ni juzgados y sus actos quedarían impunes.
No podemos entregar la soberanía
El diputado socialcristiano Luis Fishman lamentó la decisión del ministro de Seguridad, José María Tijerino, de enviar a la Asamblea la solicitud de permiso y aseguró que la aprobación del mismo implica entregar la soberanía del país.
Fishman recordó que existe un convenio suscrito anteriormente para que barcos guardacostas norteamericanos puedan atracar en puertos costarricenses y recorrer las aguas territoriales en actividades de control del narcotráfico, pero que ese acuerdo no cobija a los barcos del ejército costarricense.
El arribo de barcos de la Armada "tienen que conocerse uno a uno cuando vaya a atracar, el barco hospital, o el barco con los mil soldados, o cualquiera de los barcos, que aquí analizaremos si se da el permiso o no, pero no de esta manera", señaló el diputado.
"Nosotros tenemos que velar, en primera instancia, por la soberanía de este país. Aunque tengamos amigos poderosos, esos amigos tienen que respetar nuestra soberanía; si ellos quieren venir, probablemente siempre les daremos el permiso, probablemente, pero tienen que solicitarlo", agregó Fishman.
Parecen preparativos para una guerra
Por su parte, la diputada Carmen Muñoz Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC) dijo que, más que para combatir el nacotráfico "parecen preparativos para una guerra de grandes dimensiones.
Muñoz enumeró las características de algunas de las naves a las que se les ha autorizado su ingreso, dos de las cuales son portaviones gigantes de la marina estadounidense.
Por ejemplo, el USS Kearsarge (LHD-3), señaló la legisladora, "tiene una longitud de doscientos cincuenta y siete metros, una tripulación máxima de ciento cuatro oficiales y mil cuatro enlistados".
"Además, esta embarcación viene artillada, con capacidad para transportar a bordo cuarenta y dos helicópteros CH-46, cinco aviones AB SB Harrier y seis helicópteros Black Hawk".
"¿Qué necesidad tiene este Parlamento de autorizar un armamento de tal magnitud bajo el pretexto o el convenio también de combatir el narcotráfico?", se preguntó la legisladora.
Contexto geopolítico
El diputado del Frente Amplio José María Villalta dijo que la aprobación de este permiso significa dar a las fuerzas militares de Estados Unidos "el derecho para que hagan lo que les dé la gana en el territorio nacional, siempre que consideren que sea necesario para cumplir su misión".
"Además, el Gobierno de Costa Rica renuncia a presentar cualquier reclamo por daño, pérdida o destrucción de la propiedad de otro, lesiones o muerte del personal de ambos que surgieran de las actividades" acotó el legislador.
El Frente Amplio llamó a reflexionar sobre las condiciones geopolíticas en que se pretende aprobar estos permisos, en una región que Estados Unidos considera parte de su "área de influencia" y donde aplica la estrategia de "dominación del espectro completo", que incluye acciones ofensivas como el golpe de Estado en Honduras, la instalación de bases militares en Colombia, la "ocupación limpia" de Haití tras el terremoto o las maniobras militares en el mar Caribe.
Llamado
En su declaración de este jueves, la ANEP hizo un llamado "a todas las fuerzas patrióticas y cívicas del pueblo costarricense para que, de manera conjunta, aunemos esfuerzos e impulsemos todas las acciones posibles en defensa de la soberanía de nuestra nación, completamente mancillada por los parlamentarios gobiernistas de la coalición Li-Li (Liberación, Libertarios)".

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Por qué debemos prepararnos los latinoamericanos?

La influencia y el poder que conserva el Pentágono –a través del Comando Sur- y los neoconservadores sobre las relaciones con América Latina, especialmente en México, Centroamérica, el Caribe y Colombia, incrementa los riesgos y amenazas para nuestra región, dada la apuesta de estos grupos por la soluciones militaristas y antidemocráticas a su crisis de hegemonía.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
El título de estas líneas alude a la pregunta con la que el Dr. Carlos Oliva reflexiona sobre el futuro de las relaciones interamericanas, en uno de los capítulos de su libro Estados Unidos y América Latina a principios del siglo XXI. Alternativas políticas frente a la dominación imperialista. La evolución de los acontecimientos en la potencia del Norte y, en general, la agudización de la crisis del sistema capitalista global en los últimos años, parece dar cada vez más razón a los planteamientos de esa obra.
¿Por qué debemos prepararnos? Según el historiador e investigador cubano, el “Sistema Americano” vigente en nuestros días, es decir, aquel que se fue configurando en la contradicción permanente entre los proyectos e ideales de unidad latinoamericana, versus la Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, el Panamericanismo comercial y político, la Doctrina de Seguridad Nacional y la Guerra Infinita contra el Terrorismo, estaría llegando a un escenario definitorio de disputa por la dominación económica, política y cultural, y el control de recursos naturales estratégicos en peligro de agotamiento.
Para América Latina, que posee “importantes reservas de recursos naturales como el petróleo y sus derivados, el agua potable y la biodiversidad, en principio, y ahora, como gran reservorio territorial para convertir tierras y alimentos en bioenergéticos”, esto implicaría el riesgo creciente de “enfrentar una batalla colosal por defender su precaria soberanía, muy lesionada por los efectos del neoliberalismo, la transnacionalización capitalista, y toda la historia de sus relaciones con Estados Unidos[1].
Esa batalla, que se viene librando, desde distintos frentes, a lo largo de la última década, enfrenta a los pueblos de nuestra América y sus gobiernos más progresistas, contra los empeños imperialistas –hoy llamados “esfuerzos globalizadores”- de restauración de la hegemonía perdida por los EE.UU.
En una reciente entrevista concedida a la revista The New Left Review, y reproducida por el diario argentino Clarín, el historiador británico Eric Hobsbawm explicó que uno de los cambios más llamativos que se han producido en el sistema internacional fue “el clamoroso fracaso” de los EE.UU en su intensión de imponer una nueva hegemonía mundial, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001. Hobsbawm confiesa, con cierto grado de asombro, que “nunca dejo de sorprenderme ante la absoluta locura del proyecto neoconservador, que no sólo pretendía que el futuro era Estados Unidos, sino que incluso creyó haber formulado una estrategia y una táctica para alcanzar ese objetivo. Hasta donde alcanzo a ver, no tuvieron una estrategia coherente[2].
Ese fue el terreno sembrado por George W. Bush durante sus dos gobiernos, y en el que ahora cosecha el presidente Barack Obama, de quien Hobsbawn asegura que “desperdició la ocasión” de realizar cambios efectivos en su país. “Su verdadera oportunidad estuvo en los tres primeros meses, cuando el otro bando estaba desmoralizado y no podía reagruparse en el Congreso. No la aprovechó. Podemos desearle suerte pero las perspectivas no son alentadoras[3].
La prueba fehaciente de ese desperdicio de una oportunidad política sin precedentes, y del fracaso estratégico de EE.UU., con sus inevitables consecuencias para América Latina, lo encontramos en el informe Esperando el cambio: tendencias de la asistencia en seguridad de Estados Unidos para América Latina y el Caribe , dado a conocer en días pasados por un grupo de think tanks con sede en Washington, y en el que declaran que “el gobierno del demócrata Barack Obama continúa con la tendencia a la militarización de la política de Estados Unidos hacia América Latina, sin distanciarse de la anterior administración republicana, y concede atención insuficiente a los derechos humanos[4].
El acuerdo para la instalación de siete bases militares en Colombia, la permanencia en funciones de la Cuarta Flota, el Plan Mérida, la ambigüedad frente al golpe de Estado en Honduras y las violaciones a los derechos humanos cometidas bajo los gobiernos de los dos principales aliados de Washington –México y Colombia-, son los elementos claves de esta política de militarización de nuestra región. A esto se suma el hecho de que “47 por ciento de los tres mil millones de dólares de ayuda estadunidense a América Latina se destina a fuerzas militares o policiales[5].
La Casa Blanca intentó minimizar estas críticas con la presentación de una nueva estrategia de seguridad nacional[6], desprovista de la verborrea belicista y del concepto de “guerra contra el terrorismo” acuñado por el expresidente Bush hijo, además de la inclusión de programas de asistencia para el desarrollo. Es decir, un intento por desmarcarse del dominio puro y duro por la vía de las armas. Pero visto está, al cabo de un año, que la retórica de Obama no se traduce en acciones concretas ni puede –y tampoco quiere- romper sus vínculos con el establishment del complejo militar-industrial.
Lo cierto es que la influencia y el poder que conserva el Pentágono –a través del Comando Sur- sobre las relaciones con América Latina, especialmente en México, Centroamérica, el Caribe y Colombia, no solo habla de la pervivencia del legado guerrerista de Bush y el predominio de los neoconservadores republicanos en el diseño de la política exterior, sino que incrementa los riesgos para nuestra región, dada la apuesta de estos grupos por la soluciones militaristas y antidemocráticas a su crisis de hegemonía (como ocurrió en Venezuela en 2001, en Bolivia en 2008 y en Honduras en 2009).
El desenlace de tres hechos podría arrojar luz sobre el comportamiento de la potencia norteamericana en el futuro cercano: primero, la huelga universitaria en Puerto Rico que, con un creciente apoyo social, cuestiona abiertamente el sistema colonial de dominación de la isla, en medio de una feroz andanada neoliberal; a esto se suman, por un lado, las elecciones legislativas del mes de setiembre en Venezuela (con el derrocamiento del presidente Chávez y la recuperación del control sobre el petróleo como horizonte de miras de la oposición y del Departamento de Estado de EE.UU.); y por el otro, las presidenciales de octubre en Brasil. Ambos resultados, si favorecen a los proyectos políticos en curso, podrían consolidar en el tiempo al bloque progresista latinoamericano, especialmente en el eje Caracas-Brasilia, que ejerce un contrapeso inobjetable y necesario a la hegemonía estadounidense en el continente. En cambio, una derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela o del Partido de los Trabajadores de Brasil, abriría una puerta de incertidumbre para los procesos de cambio en toda la región.
Una última imagen ilustra el momento de doble desafío que vive nuestra América en sus relaciones con EE.UU: el 25 de mayo, en Buenos Aires, presidentes y delegaciones latinoamericanas, incluido en primera fila el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, se reunieron para festejar el Bicentenario de la independencia Argentina[7]. Tal y como ya lo han hecho en Ecuador, Bolivia y Venezuela. Mientras tanto, ese mismo día, en Washington, el presidente Obama anunció el envío de 1200 soldados más a los estados fronterizos con México[8], en lo que ha sido interpretado como una victoria de los racistas neoconservadores, y un respaldo soterrado a la polémica Ley de Arizona. En definitiva, una muestra más de cómo se revuelven las convulsas entrañas del monstruo, en medio de una crisis inédita.
Como puede apreciarse, si es importante prepararnos para la actual fase de desarrollo del imperialismo y sus amenazas implícitas, lo es aún más aprovechar las oportunidades que este tiempo nos ofrece y nos reclama. En particular, la de concretar la unidad y la integración profunda entre los pueblos de nuestra América. Como bien dice el Dr. Oliva, la del siglo XXI “debe ser la batalla final por la independencia latinoamericana[9].

NOTAS
[1] Oliva, Carlos (2009). Estados Unidos y América Latina a principios del siglo XXI. Alternativas políticas frente a la dominación imperialista. Heredia, Costa Rica: Facultad de Filosofía y Letras – Universidad Nacional. Pág. 131.
[2] “Las mutaciones incesantes de un mundo sin sosiego”. Entrevista a Eric Hobsbawm (Especial de la revista The New Left Review). Diario Clarín, 23 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2010/05/23/z-02198934.htm
[3] Ídem.
[4] “La política de Obama hacia América Latina, igual a la republicana: militarización”, La Jornada, México D.F. 25 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/25/index.php?section=mundo&article=020n1mun
[5] Ídem.
[6] “La estrategia de seguridad nacional de Obama”, Página/12, Buenos Aires. 28 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-146487-2010-05-28.html
[7] “Euforia popular en el cierre de los festejos del bicentenario en Argentina”, La Jornada, México D.F. 26 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/26/index.php?section=mundo&article=023n1mun
[8] “Obama mandará 1200 soldados de la guardia nacional a la frontera con México”, El País, España. 25 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama/mandara/1200/soldados/guardia/nacional/frontera/Mexico/elpepuint/20100525elpepuint_14/Tes
[9] Oliva, op. cit. Pág. 148-149.

sábado, 22 de mayo de 2010

EE.UU: repliegue y cerrojo estratégico

Si por un lado el repliegue norteamericano ha creado condiciones para el desarrollo de proyectos políticos posneoliberales en el Sur de nuestra América; por otro, obligó a los EE.UU. a tender un intenso cerrojo político, económico, militar y cultural en su zona de influencia inmediata: México, Centroamérica y Colombia, la Mesoamérica ampliada.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
connuestraamerica@gmail.com
Lleva razón el presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, cuando afirmó, en días pasados, que EE.UU. ya no es el “patrón absoluto” de Suramérica y que, por el contrario, se encuentra en retirada, mientras Brasil despliega su proyecto de hegemonía real (Telesur, 16-05-2010).
Por supuesto, se trata de una retirada obligada por una derrota en varios frentes: entre ellos, la crisis del neoliberalismo y el fracaso del Consenso de Washington, las inéditas movilizaciones sociales del paso de entresiglos y la emergencia de nuevos liderazgos políticos, con un marcado acento nacional-popular y antiimperialista, que configuraron un nuevo mapa (geo)político.
Junto a lo anterior, sería imposible obviar la parte de “culpa” que, en esa retirada, tiene la conjugación de factores internos del sistema político y económico estadounidense (que podríamos rastrear desde la derrota en Vietnam en 1973, hasta el fracaso de las guerras imperialistas en Irak y Afganistán), así como de factores externos, a saber, el ascenso de China y el nuevo rol que cumplen las potencias emergentes (Brasil, Rusia e India) en el sistema internacional. Prueba de esto es el acuerdo logrado entre Brasil, Turquía e Irán, sobre el programa nuclear de este último, que supone un éxito de la diplomacia brasileña y, al mismo tiempo, un duro revés para Washington, sus soluciones guerreristas y las presiones que ejerce ante el Consejo de Seguridad de la ONU para sancionar al gobierno de Teherán.
No obstante, si por un lado ese repliegue ha creado condiciones para el desarrollo de proyectos políticos posneoliberales en el Sur de nuestra América; por otro, obligó a los EE.UU. a tender un intenso cerrojo político, económico, militar y cultural en su zona de influencia inmediata: México, Centroamérica y Colombia, la Mesoamérica ampliada.
En efecto, mientras la crisis de hegemonía estadounidense recrudecía bajo los dos gobiernos de George W. Bush y la sombra de su guerra infinita contra el terrorismo (a la que arrastró a varios gobiernos centroamericanos), y en Suramerica caían, uno tras otro, los regímenes neoliberales, Washington apuró la implementación de los planes estratégicos Colombia y Mérida, y las alianzas panamericanistas del “libre comercio”, que suponen compromisos más allá del campo económico. Y bajo el gobierno del presidente Obama, la instalación de nuevas bases militares (Colombia, Panamá), la ambigüedad cómplice con los golpistas hondureños (funcional en su plan de desestabilización del ALBA), la ocupación militar de Haití bajo el falso argumento de la “misión humanitaria” y el desarrollo, por ahora incipiente, del Plan Centroamérica, dan prueba del cerrojo que establece EE.UU. con sus aliados mesoamericanos.
Esta reconfiguración de la presencia estadounidense influye, de manera decisiva, en las posibilidades y vías de que disponen nuestros pueblos para emprender cambios y transformaciones del orden social. Honduras, por ejemplo, nos muestra hoy, de manera dramática, hasta dónde están dispuestas a llegar las élites de los grupos dominantes centroamericanos en su alianza con el imperialismo.
Es verdad, como dice el “Pepe” Mujica, que el viejo orden unipolar se revuelve, agónico, ante los signos evidentes de su colapso y el surgimiento del mundo multipolar. Pero una mirada más profunda a ese movimiento de repliegue y cerrojo que ensayan los EE.UU. nos recuerda, justamente en el contexto del bicentenario de las luchas emancipadoras, que la tarea de la independencia y la liberación aún no está concluida.
Por eso, más que nunca, es necesario que el Sur de nuestra América vuelva sus ojos y sus esfuerzos de cooperación y construcción de alternativas hacia esta sufrida región del continente, abandonada a su suerte, durante las últimas décadas, bajo la égida de la decadente potencia del Norte.

sábado, 17 de abril de 2010

Valenzuela y la diplomacia hipócrita

Es incuestionable que los países latinoamericanos deberían invertir más dinero en desarrollo humano que en armas. Sobre esto existe consenso casi universal. Pero la Casa Blanca hace todo lo contrario de lo que predican sus diplomáticos por el mundo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(En la fotografía, Arturo Valenzuela)

Fue Emir Sader, el sociólogo brasileño y secretario ejecutivo de CLACSO, quien bautizó a Arturo Valenzuela, el Secretario de Estado Adjunto de EE.UU para el Hemisferio Occidental, como el hijo del golpe de Estado en Honduras. Y más específicamente, hijo de las negociaciones a lo interno del Congreso estadounidense, que terminaron por obligar al presidente Barack Obama a revertir su inicial condena y claudicar ante los golpistas. Ahora Valenzuela, con sus declaraciones en la reciente gira por América Latina, le da la razón a Sader.

Por un lado, el diplomático reforzó la campaña de “blanqueo” del golpe de Estado en Honduras, que pretende hacer pasar por “democracia” todo lo que allí se ha ensayado desde junio de 2009, e instó a la comunidad internacional a favorecer el regreso de ese país a la Organización de Estados Americanos. Según Valenzuela, el gobierno de Porfirio Lobo ya cumplió con todos los requisitos exigidos por este organismo para restablecer el orden democrático (Revista Contrapunto, 07-04-2010). Es el discurso que replican a coro los presidentes centroamericanos.

Aquí, sin embargo, el orden democrático parece estar inexorablemente ligado a la sujeción, cada vez más profunda, de Honduras a la geopolítica estadounidense. Basta un ejemplo: tan solo un día después de que Valenzuela hiciera públicas sus posiciones, ese oscuro personaje de la diplomacia norteamericana, Hugo Llorens, embajador en Tegucigalpa, inauguraba una base naval de los EE.UU en el departamento hondureño de Gracias a Dios, fronterizo con Nicaragua (Telesur, 08-04-2010). La versión oficial dirá que es una base para la guerra contra el narcotráfico. Pero es evidente que se trata de un punto más de apoyo para las operaciones militares de los EE.UU en el Caribe, y que forman parte de la estrategia de cerco que se impone a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Todos ellos países del grupo de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA).

Y el ALBA fue, sin decirlo abiertamente, el segundo objetivo de la gira de Valenzuela. A su paso por Quito, el funcionario del Departamento de Estado, con su clásica ambigüedad, no desaprovechó la menor oportunidad para lanzar duras críticas contra lo que definió como “discursos agresivos”, “la lógica armamentista” y el aumento del gasto militar en varios países de la región (Revista Contrapunto, 07-04-2010, La Jornada, 08-04-2010).

Es decir, la misma línea editorial que siguen los principales grupos empresariales de medios de comunicación de América Latina, cuyos periodistas “independientes”, columnistas y analistas que escriben desde los think tanks de Washigton, apuntan a crear corrientes de opinión según las cuales países como Venezuela o Nicaragua, debido al gasto que realizan para modernizar sus armamentos, se convierten en amenazas–ideológicas y militares- inminentes para sus vecinos.

Este bombardeo sobre la opinión pública, por supuesto, deliberadamente omite referirse a los aliados militares o comerciales de los EE.UU, cuyo gasto militar –en relación con el producto interno bruto (PIB)- supera por mucho a cualquiera de los países del ALBA.

Eleazar Díaz Rangel, director del diario Últimas Noticias de Venezuela, demostró en su columna dominical (“El armamentismo”, 11-04-2010) la falsedad de los argumentos y la manipulación de la verdad que se realiza a través de esta otra campaña.

Apoyado en datos de una investigación del International Peace Research Institute (Sipri), de Estocolmo, que comparó la inversión en gasto militar como porcentaje del PIB por países en América del Sur, entre 1968 y 2008, el periodista concluye que: “sólo dos países (Colombia y Chile) han incrementado el presupuesto militar en relación al PIB, mientras, por ejemplo, Venezuela, acusada de encabezar una carrera armamentista, lo ha disminuido sensiblemente (de 2,1 a 1,3); también lo han hecho Argentina, Brasil, México y Perú. En cambio, si se comparan los porcentajes del PIB dedicados a educación y salud, Venezuela tiene los porcentajes más altos de toda la región, comprobados por la UNESCO” (el resaltado es nuestro).

Es incuestionable que los países latinoamericanos deberían invertir más dinero en desarrollo humano que en armas. Sobre esto existe consenso casi universal. Pero la Casa Blanca hace todo lo contrario de lo que predican sus diplomáticos por el mundo: mientras Valenzuela imparte conferencias por el continente, EE.UU y Brasil firmaron, el pasado 12 de abril, un Acuerdo de Cooperación en Defensa que, precisamente, crea un marco de entendimiento para aumentar el intercambio comercial de material bélico entre ambos países (Página/12, 13-04-2010). ¿Quién promueve, entonces, el armamentismo?

Díaz Rangel también pone en evidencia esto que nosotros llamamos “diplomacia hipócrita”, cuando explica que “de los 51 mil 100 millones de dólares en venta de armas en 2007, EE.UU vendió 12.800 millones y, como lo recordó el premier Vladimir Putin, el presupuesto militar de EE.UU vigente para este año (820 mil millones) es superior al de todos los demás países juntos. Lo más grave es el uso que le dan a esas armas en países como Irak y Afganistán”.

Ni la ambigüedad ni el doble discurso de sus diplomáticos logra atenuar el impacto de las acciones concretas del Departamento de Estado y el Pentágono. Para quienes todavía lo recuerden, no puede resultar más que frustrante comparar las declaraciones del presidente estadounidense cuando, recién inaugurado su mandato, anunciaba una nueva era en las relaciones con América Latina, con lo que han sido los hechos concretos de su política exterior interamericana y la diplomacia hipócrita de su administración, al cabo de un poco más de un año de gobierno.

El monroísmo de la elite yanqui

El imperio se dispone a arremeter con toda la fuerza que pueda reunir contra el tándem cubano-venezolano, animador del único polo de resistencia a escala de una región/continente al actual orden mundial dominante.
Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA

La doctrina Monroe sigue viva en la cultura de la clase dirigente de Estados Unidos, que no puede tolerar, sea con rostro blanco o mulato, la independencia de América Latina. Por eso la nueva campaña multifacética del imperio contra Cuba se trenza en el tiempo con una acción semejante contra Venezuela, ahora enfilada a las elecciones de septiembre próximo, que ponen en juego la continuidad de la revolución Bolivariana. Esta coincidencia aunque por un lado responde a dinámicas específicas, por otro está relacionada con la animadversión de Washington a la creciente integración en todos los campos de ambas revoluciones y el decisivo papel que desempeñan como fuente de aliento y apoyo a los procesos emancipadores y de integración de América Latina y el Caribe.

El imperio se dispone a arremeter con toda la fuerza que pueda reunir contra el tándem cubano-venezolano, animador del único polo de resistencia a escala de una región/continente al actual orden mundial dominante. Y como ha expresado Evo Morales “de la resistencia pasamos a la rebelión y de la rebelión a la revolución”; es el caso que los líderes y procesos políticos de los países que forman la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América se oponen a la dominación imperialista, al sistema capitalista y actúan –cada uno en su realidad y con su ritmo– para romper con aquellos.

En Cuba hace décadas que se construyen y defienden la independencia y el socialismo en las condiciones más adversas, lo que otorga mayor relevancia a sus logros en la creación de otro mundo(y otros seres humanos) posibles. Cuba, en medio del drama humano que está ocasionando la magna crisis capitalista descuella como un ejemplo de lo que pueden lograr la voluntad colectiva transformadora de la realidad, la cohesión nacional y el apoyo popular al proyecto revolucionario de un país pequeño y subdesarrollado, incluso bajo el acoso implacable de la potencia estadunidense.

Venezuela vino a demostrar que la historia no había concluido y a confirmar la enorme potencia política de los pueblos cuando despiertan, simbolizado en la fecha del 13 de abril de 2002 cuando por primera vez en la historia de América Latina las masas automovilizadas fueron capaces, en alianza con los militares patriotas, de revertir un golpe de Estado de inspiración yanqui. Si ese día hace ocho años ya los venezolanos se habían dado una nueva Constitución aprobada en referendo por la gran mayoría del pueblo fue a partir de entonces y de la derrota del paro gerencial petrolero de meses después que la revolución Bolivariana acumularía la energía social necesaria para iniciar el proceso de rescate de su soberanía sobre los hidrocarburos, poderosa palanca para sacar de la exclusión a millones, como postulaba el texto constitucional. La sola cifra de haber pasado de medio millón a dos millones de alumnos en el sistema educacional habla por sí sola. Pero también palanca de una política solidaria latino-caribeña que ha contribuido en modo superlativo a la configuración de una voluntad de unidad e integración regional que es una verdadera pesadilla para Washington. Sin este antecedente, unido a los procesos de cambio en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, la emergencia del Brasil de Lula como potencia y la acción de gobiernos más independientes de Estados Unidos en Argentina, Uruguay y otros países no se puede entender la decisión de crear la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe adoptada en Cancún por 32 de las 33 naciones de la región.

No nos podemos llamar a engaño. El golpe de Estado en Honduras fue una medición de fuerzas frente a la ALBA y un aviso de lo que viene. Las bases yanquis en Colombia, Aruba, Curazao, Perú y América Central, la desmesurada presencia militar en Haití y las continuas maniobras de la IV Flota crean un dispositivo de intervencionismo bélico enfilado a Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia.

No están desencaminados los que se preguntan por qué toda esta alharaca contra Cuba ahora y recuerdan que las grandes campañas mediáticas han solido preceder a las agresiones armadas de Estados Unidos. Quienes atacan a Cuba por supuestas carencias democráticas y de derechos humanos saben muy bien que mienten y también que carecen de moral para acusar. Son meros pretextos para conseguir los más perversos objetivos políticos, como la cínica y macarrónica declaración de la secretaria Clinton sobre Cuba y el bloqueo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Guerra antidrogas: debate necesario

Ante la inoperancia de la política de seguridad vigente, es deseable, en cambio, que las autoridades mexicanas promuevan un debate nacional sobre el tema, a fin de formular una estrategia de seguridad basada en consensos sociales.
Editorial de LA JORNADA de México (24 de marzo)
(Fotografía: el presidente Felipe Calderón recibió una delegación estadounidense encabezada por Hillary Clinton y Janet Napolitano)
La reunión celebrada ayer [23 de marzo] entre los gabinetes de seguridad de México y Estados Unidos, que en las horas recientes generó expectativas dado el nivel de la delegación visitante –integrada por la secretaria de Estado del vecino país, Hillary Clinton; la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano; el secretario de Defensa, Robert Gates; el director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Michael Mullen– y por producirse días después del asesinato de tres funcionarios del consulado estadunidense en Ciudad Juárez, concluyó sin que se concretaran –según puede verse– los temores de una nueva escalada injerencista de Washington, pero también sin que aparecieran soluciones verosímiles a la gravísima crisis de seguridad pública que padece nuestro país.

Según informó la canciller Patricia Espinosa, en el cónclave se acordó iniciar una nueva etapa de la Iniciativa Mérida que incluirá una estrategia de desarticulación de las organizaciones delictivas en ambos países, el desarrollo de una frontera segura y la adopción de medidas de apoyo mutuo para fortalecer a las instituciones de seguridad de México y Estados Unidos. Por su parte, Hillary Clinton reconoció la cuota de responsabilidad que corresponde a su gobierno por el contrabando de armas a México y por la insaciable demanda de drogas ilegales en el vecino país, en un gesto sin duda plausible, pero insuficiente: las autoridades estadunidenses tendrían, además, que emprender acciones serias y comprometidas contra el tráfico de estupefacientes en su propio territorio, donde la mayor parte de la droga procedente de Latinoamérica sigue llegando a manos de los consumidores, y contra el inocultable flujo de dinero producto de ilícitos que tiene lugar en el sistema financiero del país vecino.

El telón de fondo de la dificultad para concebir y aplicar medidas eficaces contra el narco parece ser la falta de una estrategia clara en la materia por parte de la administración de Barack Obama: concentrado en los asuntos domésticos y en la guerra de Afganistán, el ocupante de la Casa Blanca ha dejado el tema abandonado a la inercia y da la impresión de que no le queda más remedio que respaldar el plan calderonista, pese a que éste ha demostrado ser poco efectivo y hasta contraproducente en el combate al trasiego de drogas y a la violencia.

En tal circunstancia, las autoridades mexicanas no debieran esperar más de las estadunidenses en el ámbito de la lucha contra el crimen organizado. Ante la inoperancia de la política de seguridad vigente, es deseable, en cambio, que las autoridades promuevan un debate nacional sobre el tema, a fin de formular una estrategia de seguridad basada en consensos, y que muestren voluntad política para escuchar las opiniones de académicos, economistas, expertos en salud y seguridad pública, así como a las organizaciones surgidas de poblaciones agraviadas por el baño de sangre, a los familiares de las víctimas inocentes y a los representantes de comunidades desintegradas por la violencia. El gobierno federal no logrará el respaldo de la sociedad si no abandona la cerrazón que ha mostrado ante las demandas y los reclamos de la población.

Ese respaldo no podrá lograrse si siguen produciéndose episodios como el asesinato de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, el fin de semana pasado –sin que las autoridades hayan logrado dar hasta ahora una explicación convincente de los hechos–, y como el homicidio del presunto narcomenudista José Humberto Márquez Compeán, quien tras haber sido detenido en Santa Catalina, Nuevo León, apareció muerto en un lote baldío con huellas de tortura. Hechos como los referidos favorecen nuevos fracasos en el combate a la delincuencia, y mientras esos vicios no se corrijan, no habrá política nacional ni acuerdo bilateral que basten para contener el derramamiento de sangre en el país.

sábado, 20 de marzo de 2010

Cartel de la OSPAAAL muestra al verdadero Barack Obama

Ojalá llegue el mensaje de este cartel, al estigmatizado presidente Obama, en el que más que una dramatización sarcástica de su farsante actuación, posee una sobria expresión que convoca a un cambio de su conducta, frente a las realidades del mundo actual.
Reinaldo Morales Campos * / Especial para Con Nuestra América
cartelcubano@yahoo.es
(Ilustración de Rafael Enriquez Vega, OSPAAAL, 2010)
Eva Dumenico, coordinadora de la Revista Tricontinental, me mostró, acabado de salir de imprenta, el cartel titulado: PREMIO NOBEL DE LA PAZ. Es un vigoroso aporte de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), que posee una fervorosa codificación visual, donde se desentraña la pretendida imagen pública bondadosa del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que aunque practica contra Cuba y las fuerzas progresistas del mundo la misma política agresiva que su predecesor, inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush; ha obtenido ese alto galardón.
La penetrante obra comunicativa es una creación de Rafael Enríquez Vega, Director Artístico de la referida publicación. Autor de trascendentales creaciones de la Organización de Solidaridad Tricontinental, como los emblemáticos carteles: “Capitalismo Negación de los Derechos Humanos” (1977); Premio de la Primera Bienal de Diseño Grafico de La Habana (1981) y del conocido "Che de la Sonrisa" (1982); realizado en conmemoración al XV aniversario de la muerte del Guerrillero Heroico; versión ampliamente reproducida e insertada en diversos medios de comunicación.
En la genial configuración gráfica del cartel: PREMIO NOBEL DE LA PAZ; en perspicaz metamorfosis, su autor, para mostrar las auténticas intenciones de Obama, recurrió al tradicional empleo del Águila Imperial. En sus alas aparecen rotuladas la insignia de identidad de la poderosa y agresiva fuerza área de Estados Unidos; orgullo del Pentágono y del poder militar. También asoman sus desafiantes garras, que con su desgarrador poderío destructivo; posan sobre países como: Afganistán, Pakistán, Iraq, Yemen y otros del Medio Oriente, donde bajo el pretexto de la infundada lucha contra el terrorismo, los militares norteamericanos causan indiscriminadas víctimas entre la indefensa población de esos territorios.
Sucesivamente se alude al respaldo brindado, por la administración de Obama, a la cúpula militar que gestó el golpe de estados perpetrados Honduras; que alteró el orden institucional, de ese país, y que en flagrante violación de los más elementales principios de los derechos humanos desencadenó una feroz opresión contra la resistencia brindada por el pueblo. También se denuncia el establecimiento de bases militares en Colombia, que bajo el pretexto de combatir al narcotráfico, es evidente que apuntan hacia Venezuela y contra los cambios sociales que se están gestando en países de América Latina. Por último, se revelan los fracasados intentos de, mediante la prolongación del Bloqueo Económico, aniquilar a la Revolución Cubana.
En la emblemática creación artística-comunicativa, se distingue una imagen que rompe con la pretendida intención de presentar a un Barack Obama sensible por las desigualdades e injusticias que padecen los pueblos del mundo. Además, en la misma, apelándose a la insinuación simbólica, se ilustra su rostro frente a micrófonos de un estrado, donde con arrogancia imperial hace gala de un retórico discurso y en su mano derecha alzada le ha sido colocado, entre los dedos, una moneda en la que claramente se observa el signo monetario del dólar.
Ojalá llegue el mensaje de este cartel al estigmatizado presidente Obama, en el que más que una dramatización sarcástica de su farsante actuación, posee una sobria expresión que convoca a un cambio de su conducta, frente a las realidades del mundo actual.
Mientras tanto, su colocación en muros y paredes se sumará a otros medios que en Estados Unidos y diversas parte del mundo, realizan agrupaciones, instituciones y personas de buena fe, que revelan las verdaderas intenciones de su administración y confirman la oportuna intimación, citada en carta abierta del cineasta norteamericano Michael Moore, que realizó al conocer que el presidente Barack Obama había ganado el Premio Nobel de la Paz, donde señaló: “Obama, felicidades por el Premio Nobel de la Paz, ahora gáneselo!"
* Investigador de la Historia del Cartel Cubano

sábado, 6 de marzo de 2010

Washington: cañones contra Venezuela

Venezuela se ha convertido en el punto de mira de la política estadounidense para intentar doblegar la resistencia que ha surgido por toda América Latina contra las políticas hegemónicas e imperiales.
Hedelberto López Blanch / Cubadebate
Las campañas contra el gobierno venezolano desde Estados Unidos, con el auspicio de todos los medios de comunicación dominados por los grandes grupos de poder capitalista mundial, se han incrementado abruptamente en los últimos meses.

No existe un solo día en que desde Washington o procedente de alguna capital aliada a Estados Unidos, no se lancen informaciones difamatorias, preparadas por los centros de inteligencia norteamericanos, con el objetivo de tratar de mantener una imagen desfavorable al gobierno bolivariano del presidente Hugo Chávez y crear las bases para un futuro golpe contra esa nación sudamericana.

Venezuela se ha convertido en el punto de mira de la política estadounidense para intentar doblegar la resistencia que ha surgido por toda América Latina contra las políticas hegemónicas e imperiales, que las distintas administraciones norteamericanas han mantenido sobre la región desde hace más de un siglo.

Chávez, con su política nacionalista y antiimperialista en beneficio del pueblo, ha logrado junto a Cuba (que durante 50 años ha ofrecido un insuperable ejemplo de resistencia, independencia soberana y de ayuda solidaria desinteresada) levantar a los pueblos de la región que están dando la batalla por la verdadera independencia que soñaron Bolívar, O¨Higgins, San Martín, Martí y otros próceres.

El odio de la Casa Blanca se incrementa al poseer Venezuela la mayor reserva de petróleo en el mundo; haber recuperado Caracas esa fuente de riqueza que antes era extraída por las transnacionales y llevada principalmente hacia Estados Unidos; impulsar con esos dividendo numerosos programas sociales que han bajado abruptamente la pobreza en el país, y a la par ofrecer a la población educación, salud y otros servicios gratuitos.

Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo del orbe, con un promedio de 22 millones de toneladas diarias y para mantener su actual debilitada economía y hegemonía mundial necesita irremediablemente de ese combustible. Para lograrlo no tuvo reparos en invadir Iraq, Afganistán y ahora enfilar sus cañones hacia Venezuela.

Contra Caracas se han utilizado las más disímiles acciones que van desde impulsar la oposición derechista interna, el fallido golpe de Estado y el intento de colapsar la producción petrolera, hasta las acusaciones sobre supuesta violación de los derechos humanos, de falta de democracia, etc.

En sus planes, la Casa Blanca acusa a Venezuela de ser un país “terrorista”, participar en el “narcotráfico”, apoyar a las guerrillas colombianas y de todo cuanto pueda tratar de desprestigiar internacionalmente al gobierno bolivariano.

El objetivo fundamental que derrocar al gobierno de Hugo Chávez. Analistas políticos indican que la Casa Blanca tiene tres proyectos con ese fin.

En primer lugar, ha estudiado el magnicidio, que no ha sido posible por el fuerte respaldo social y político que mantiene Hugo Chávez a pesar de las fuertes campañas desatadas por los medios occidentales de prensa con la anuencia de Washington.

Como segunda vertiente, buscaría una solución a la hondureña y para eso trataría de que el presidente perdiera la mayoría en las próximas elecciones parlamentarias. De esa forma buscaría el método utilizado contra Manuel Zelaya. Esta acción no contaría con los militares venezolanos que respaldan a Chávez pero a la larga podría debilitar al gobierno.

La tercera fórmula, que también Washington la ha estado llevando a cabo con la creación de bases militares alrededor de Venezuela, es la de utilizar a uno de sus aliados en la zona para que comience un conflicto parcializado que conllevaría a una guerra y permitiera a las tropas norteamericanas entrar en acción contra Caracas.

Tras la desestabilización de Venezuela, Estados Unidos se lanzaría con todas sus fuerzas contra Bolivia, Ecuador y Nicaragua y tratar de aislar a Cuba, que ha resistido todos los embates imperiales durante más de medio siglo.

Pero como dice el adagio, una cosa es con guitarra y otra con violín. Los tiempos de América Latina no son los de los años 70 ni 80 cuando Estados Unidos organizó y aupó dictaduras militares o llevó a cabo medidas neoliberales que le garantizaban el control económico y político en la región.

En Latinoamérica y el Caribe, los golpes sufridos han despertado a sus pueblos y dirigentes y esa ola de soberanía e independencia se extiende como un alud que será difícil de detener.

Venezuela, su pueblo y militares resistirán los embates como lo ha ratificado su presidente Hugo Chávez Frías y para ello también cuenta con la solidaridad de las naciones de América Latina.

sábado, 13 de febrero de 2010

La jugada del Caribe

Si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.
Ana Esther Ceceña et. al.* / ALAI

"!Ay! Haití la negra, llorando está"
Pablo Milanés


El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.
Ese pequeño pedazo de La Española, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria[1], una catástrofe natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de colonia.
La inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los medios de comunicación, en cierta medida liderados por la CNN, fueron colocando como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH[2], sobre terreno desde 2004, sino de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!
Si bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH colocar hasta 6700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9065 efectivos uniformados, incluidos 7031 soldados[3] y 2034 policías[4], apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares, ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.
Fuerza supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países, notoriamente latinoamericanos, la MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por tratarse de una imposición que conculca las facultades de autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití, además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en caso de sospecha.[5]
Hoy, en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del Comando Sur en virtud de la atención al desastre.
Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.
Descartando la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el terremoto,[6] lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que e movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12500.[7] Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.
Dadas las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para el invasor.
No hay mejor teatro de operaciones
Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos“…está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente”[8], y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica.
Además del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía (74 km.) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau).Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.
De acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:
El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen[9] como su comandante. Más de 20000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.[10]
La otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar “…los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití” según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza, quien recuerda que:
El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)
De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.
Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.
Con estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área.
Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curaçao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Iniciativa Mérida, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.
¡Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.
Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz… y catástrofes.

*Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda y equipo de investigación del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica (www.geopolitica.ws). Además colaboraron estrechamente en este trabajo, David Barrios y Rodrigo Yedra.

NOTAS
[1] Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz, que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez, José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití?, www.ea.com.py).
[2] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.
[3] Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.
[4] Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Côte d'Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.
[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a disparar si creen que alguien parece sospechoso.
[6] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.
[7] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16
[8] “Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense”. En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/
[9] Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). (http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.
[10]Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138