sábado, 29 de noviembre de 2025

1 de diciembre: aniversario de la abolición del ejército en Costa Rica

 Este aniversario de la abolición del ejército en Costa Rica, la de 2025, toma al país en un momento inédito de su historia reciente: muchos de los símbolos referenciales de su identidad nacional, como el de la abolición del ejército el 1 de diciembre de 1949, que alude a su vocación pacifista, se están quedando vacíos de contenido.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica 

Con él, otros, como el de ser un país que prioriza y se enorgullece de su educación extendida y de calidad, que le dio fama de país culto, que atrajo inversión extranjera directa de compañías que requieren fuerza de trabajo altamente calificada que no todos los países de la región tienen. O el de ser un país seguro, en el que “no pasaba nada”, en un contexto regional de violencia. O el de ser un país verde, que supo posicionarse de tal forma internacionalmente que se transformó en modelo del ecoturismo.
 
Podríamos seguir enumerando los referentes simbólicos erigidos sobre una base real, producto de años de impulso de lo que se llamó el modelo de desarrollo costarricense o de desarrollo a la tica, que permitieron erigir un Estado de Bienestar, que hoy se están quedando vacíos por lo que podríamos llamar el nuevo perfil del país.
 
Este nuevo perfil ha eclosionado especialmente en los últimos cuatro años, bajo la presidencia de Rodrigo Chaves Robles, un político totalmente distinto a todos los que hasta ahora ocuparon la presidencia del país. Se trata de un típico populista de derechas, caracterizado por su verborrea escatológica con la que denosta con improperios propios de la más baja ralea a cuanto personaje identifique como opositor a su gestión.
 
Él mismo, con estas características, se ha transformado en un elemento más de ese nuevo paisaje político de la Costa Rica contemporánea en el que tradicionales referentes simbólicos del perfil identitario costarricense cambian, vaciándose de contenido, a pasos agigantados.

Esta situación que pareciera haber surgido en estos últimos cuatro años no son, sin embargo, más que el clímax de un proceso que se viene gestando desde los años ochenta del siglo pasado, cuando se inició con el proceso de abandono del impulso al Estado de Bienestar para sustituirlo por el modelo neoliberal. Desde entonces, despacio, pero sin pausa, Costa Rica se ha venido transformando de manera gradual. 
 
Seguramente la modificación mayor se ha dado por el nacimiento y cada vez mayor profundización de una brecha social que ha llevado a situar al país entre los diez más desiguales del mundo. Ese proceso se aceleró en el período presidencial anterior a este, es decir, en el gobierno de Carlos Alvarado (2018-2022), y terminó de eclosionar en el de Rodrigo Chaves (2022-2026), de tal manera que el país que existe ahora, violento, con un sistema educativo haciendo aguas por los cuatro costados, una política ambiental acosada por los intereses de los grandes capitales, es resultado de una ya larga historia.
 
La frustración y el enojo de amplias capas de la población con esta situación es evidente, y ha encontrado cómo canalizarse a través de la figura disruptiva y chabacana del actual presidente. Se siente representados por los insultos y descalificaciones que lanza a diestra y siniestra en sus conferencias de prensa, en donde no se ahorra el lenguaje soez ni las referencias ad hominem a sus contrincantes políticos. 
 
Es tal el repudio que genera su figura en ciertos sectores sociales, que desvía la atención de las causas centrales de las cuales es producto: se trata de la expresión radical del modelo neoliberal, que pretende arrasar con todo lo que se oponga o sea detectado como obstáculo para la realización del capital nacional o transnacional.
 
En el caso de la conmemoración que se aproxima, la de la abolición del ejército, se encuentra, como ya dijimos, con un país muy violento, en el que surgen grupos paramilitares que amenazan con hacer uso de las armas si quien consideran su líder, el presidente Chaves, sufre algún percance, real o ficticio, en su gestión.
 
Se trata, por lo tanto, de una conmemoración que se encuentra en un momento en el que su significante está estresado, deteriorado, como producto de un período de transformaciones aceleradas que abren un futuro incierto.

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