Mientras Bolívar
combate a los realistas, otro enemigo infinitamente más peligroso ataca desde
las propias filas de la República. Para subsistir, la Patria liberó esclavos,
confiscó bienes, pidió préstamos, pagó a sus soldados con bonos. Las tropas
hambreadas han revendido esos bonos por centavos a la oligarquía, y ésta se
propone cobrar por su valor nominal hasta el último céntimo de esos créditos a
la República. Desde que nace la Patria revolotean los buitres.
Luis Britto García / http://luisbrittogarcia.blogspot.com
Para pagar esas deudas,
la República debería cobrar impuestos a quienes tienen con qué pagarlos, los
oligarcas. Pero únicamente el Congreso autoriza impuestos, y sólo pueden ser
elegidos para él quienes tienen bienes de fortuna: los menos dispuestos a pagar
por la Independencia que les abre el comercio con el mundo. Este Congreso de
ricos sanciona la ley de 7 de julio de 1823, que autoriza al gobierno para
“emitir y poner en circulación en Europa o en otra parte, vales, obligaciones o
pagarés sobre el crédito de la República por vía de empréstito”. La oligarquía
cobrará sus créditos a costas del irredimible endeudamiento del Estado, es
decir, de todos.





