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sábado, 16 de mayo de 2015

Las corporaciones y su secreta toma del control

Las reglas y regulaciones determinan en qué tipo de economía y sociedad viven las personas. Dichas reglas y regulaciones afectan el poder de negociación relativo, con importantes implicaciones para la desigualdad, que es un problema creciente en todo el mundo. La pregunta es si debemos permitir que las corporaciones ricas usen disposiciones ocultas en los llamados acuerdos de comercio para dictar cómo vamos a vivir en el siglo XXI.

Joseph Stiglitz / Projecto Syndicate

Estados Unidos y el mundo están imbuidos en un gran debate sobre los nuevos acuerdos comerciales. Tales pactos solían ser llamados “acuerdos de libre comercio”; en los hechos, eran acuerdos comerciales gestionados, es decir, estaban adaptados a la medida de los intereses corporativos, que en su gran mayoría se encontraban localizados en EE.UU. y la Unión Europea. Hoy en día, con mayor frecuencia, tales tratos se denominan como “asociaciones”; por ejemplo, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Sin embargo, dichos acuerdos no son asociaciones entre iguales: EE.UU. es quien, de manera patente, dicta los términos. Afortunadamente, los “socios” de Estados Unidos están cada vez más obstinados.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Crisis capitalista: El huevo de la serpiente

La aceleración de la globalización y la financiarización fuerza a los países a desmantelar los contratos sociales y los Estados de Bienestar, para bajar salarios y empeorar las condiciones laborales.
La rapiña financiera en el
centro de la crisis global.

Rudiger von Arnim / Página12

Hace cuatro años el colapso de Lehman Brothers marcó el inicio de la Gran Recesión. El mundo todavía se está recuperando de las consecuencias de esta crisis financiera que todo lo abarca. ¿Cuáles fueron las causas de la crisis? Mucho se ha dicho sobre los instrumentos derivados, el fracaso de las regulaciones y la codicia. Estos elementos importan, pero aquí me gustaría ofrecer una explicación más simple y más profunda: la globalización fuerza a los países a vaciar sus contratos sociales. La reducción de los salarios reales promete ganancias a través de la inversión y las exportaciones, pero en última instancia socava el crecimiento en todas partes.

miércoles, 13 de julio de 2011

La crisis ideológica del capitalismo occidental

Un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideologías e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial –o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.

Joseph Stiglitz / La Pupila Insomne (Cuba)

Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología –la creencia en los mercados libres y sin restricciones– llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años 80 hasta el año 2007, el capitalismo desrregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.

Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EEUU yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda. Lea el artículo completo aquí…

Globalización y esperanza de vida

Mientras más aumente la distancia entre naciones ricas y pobres es poco probable que la esperanza y la calidad de vida mejoren en las naciones pobres.

Arnoldo Krauss / LA JORNADA

Bien se sabe que la globalización es un proceso mundial que pretende abarcar mucho y beneficiar a muchos. Bien se sabe que eso no es cierto. La primera afirmación, la repiten, ad nauseam, los dueños del mundo. La peroran, en otros idiomas, algunos merolicos, la mayoría, políticos de países pobres o muy pobres, acostumbrados a mentir sin piedad, y, lo que es peor, a transformar sus mentiras en verdad y en mandato. La segunda afirmación, la que sostiene que la primera es falsa, la vive, y la transmiten in utero, la mayoría de los pobladores víctimas de los globalizadores. Un pequeño ejemplo.

La esperanza de vida en Japón es de 83 años y en España de 82. En Zambia, la misma vida, la esperanza de vida con poca vida, es de 43 años; en la República Centroafricana es de 44 años. La única diferencia entre las naciones africanas es el nombre: el de la primera empieza con Z y la segunda con R. El resto es igual: mismos políticos –misma mierda–, idéntica corrupción, misma pobreza. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 10 de abril de 2010

Banco Interamericano de Desarrollo: medio siglo haciendo lo contrario

Con razón el historiador y politólogo belga Eric Toussaint sostiene que “América Latina requiere de una nueva arquitectura económica regional. Los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina deberían retirarse del Banco Interamericano de Desarrollo”.
Luis Alberto Matos / ALAI
“El Banco Interamericano de Desarrollo ha sido un factor de subdesarrollo en América Latina”. Alberto Acosta, economista ecuatoriano.
Según ellos mismos cuentan su historia: “La idea de una institución para el desarrollo de América Latina y el Caribe surgió, por primera vez, durante las actividades iniciales encaminadas a crear un sistema interamericano en ocasión de la Primera Conferencia Panamericana de 1890”.
Conviene recordar algunos hechos claves, en línea con tal amenaza:
En 1829, James Monroe, Presidente de Estados Unidos, introduce el concepto de “América para los americanos”, conocido luego como “Doctrina Monroe” e invocado por diversos mandatarios del Norte para inmiscuirse en la soberanía Latinoamericana.
Theodore Roosevelt: 1901-09: declara que la Doctrina Monroe le permite a los Estados Unidos “ejercer política y poder internacional e intervenir en los países pequeños”; Calvin Coolidge: 1923-29 apoya al gobierno mexicano contra “los rebeldes”; Herbert Hoover: 1929-33 formula la “política del buen vecino” como base para que sus trasnacionales amplíen operaciones en Haití, Nicaragua, Venezuela y Argentina, donde se involucra en la lucha contra el líder proletario Severino Di Giovanni; y John F. Kennedy: 1961-1963: ordena invadir a Cuba para “librarla del régimen de Fidel Castro” y crea la “Alianza para el Progreso como ayuda a los gobiernos latinoamericanos en su lucha contra el comunismo”, beneficiando, muy especialmente, a “Luis Muñoz Marín en Puerto Rico y Rómulo Betancourt en Venezuela”.
En ese “América para los norteamericanos”, el BID, “fundado en 1959, con la ayuda de la OEA, el aval del Presidente de Brasil Juscelino Kubitschek y el propósito de apoyar el desarrollo económico y social en América Latina y el Caribe” funciona como eficaz herrramienta financiera.
Cuando profundizamos su organigrama y funciones, encontramos que los “26 países miembros prestatarios” (los de América Latina y el Caribe) todos juntos sólo tenemos el 50,02% del poder de voto.
Los países no prestatarios son quienes “brindan apoyo financiero y suscriben capital”, o sea: los verdaderos banqueros, porque los demás somos sólo clientes. En esa lista vemos a Estados Unidos, Israel, Canadá, Alemania, Austria, España, Francia, Holanda, Portugal y el Reino Unido.
¿Entre ellos deciden como saldremos de la pobreza? ¿No son éstos los mismos amos desde hace 500 años?
Vinculación sumisa
Estados Unidos es el socio mayoritario con el 30,01% de las acciones y de los votos.
Según su propio portal, “El BID se rige por la Asamblea de Gobernadores, quien delega la supervisión de sus operaciones en el Directorio Ejecutivo, cuyos integrantes desempeñarán sus funciones en Washington, dirigidos por un Presidente.
¿Y quién es hoy ese Presidente? Luis Alberto Marcano, Embajador de Colombia ante la Casa Blanca desde 1998 al 2005, economista graduado en Atlantic University en Florida, Master en la Universidad de Thunderbird, Fellowship en la Universidad de Harvard y de amplia carrera en el sector privado.
Productividad y pobreza
En Cancún, el Embajador de Venezuela en México, Trino Alcides Díaz, actuando como Gobernador Alterno ante el BID en su 51ª Reunión Anual, destacó nuestros programas sociales incluyendo avances en educación, aguas servidas, pensionados, salud y desarrollo humano, indicando cifras sobre el “progresivo descenso de la pobreza general y extrema a 23% y 6% respectivamente”.
Sin embargo, el todopoderoso BID señala su preocupación porque Venezuela “reduce su productividad”.
Y enfatiza la idea neoliberal de unir pobreza a productividad y a empleo formal. O sea: si quieres salir de la pobreza, trabaja para ellos, quienes consideran que tu labor y la paga por tu trabajo estarán sujetas a las leyes de oferta y demanda del mercado.
Habría además que definir que es “productividad” y si realmente, por sí sóla, es suficiente para mejorar la economía y condición social de nuestros pueblos.
Señalan que “China aumentó su productividad 219% de 1960 a 2005 mientras que Venezuela, en cambio, perdió 47%”
Con todo respeto, pero, ¿se está igualmente midiendo la condición del trabajador en ambos sitios? Más aún: ¿son por ventura comparables? ¿Sabrán las diferencias en condiciones de trabajo, jornadas laborales, jubilación y, muy especialmente, satisfacción de necesidades en ambos sitios?
Consideran que estamos en un “estancamiento económico” y que, para salir de tal condición, “debemos abaratar los costos del transporte y mejorar nuestras leyes y políticas públicas para incentivar la productividad de la gente”
O sea, que produzcan más. ¿Para quién? ¿Para ellos o para las empresas? Y nos instan a “mejor uso del capital humano existente”, seguido de prédicas a favor del “trabajo formal”: ¡una empresa!.
Prioridades neoliberales
El BID señala que sus metas son “promover el crecimiento económico y la integración regional en América Latina y el Caribe”. Al explicarlo en detalle, agrega “modernizar el Estado, fortaleciendo las instituciones públicas e incrementando su eficiencia y transparencia”. ¿Cuál será realmente la meta? Esta intromisión luce más como su prioridad, utilizando al “crecimiento económico” como conveniente excusa; por supuesto según lo que para ellos es economía, más una integración muy bien vigilada.
Nos conviene observar su énfasis en “desarrollar fuentes de energía alternas” y en atraer “la participación del sector privado en proyectos sociales”; esto último, según ellos, “a fin de que haya mayores oportunidades para la mayoría”.
Agrega que el BID, “con la participación de los gobiernos y el sector privado, procura”, entre otras cosas, “fomentar el libre comercio”.
Beneficios empresariales
En Medellín, el pasado año, en ocasión de la Quincuagésima Asamblea Anual de Gobernadores, surgió un movimiento de alerta cuyo lema era “BID: 50 años financiando la desigualdad”.
Señalaban el crecimiento de la indigencia, especialmente en los sitios donde el BID había actuado, incluyendo “un creciente deterioro ambiental, en gran medida como consecuencia del modelo de desarrollo que el BID ha impulsado, basado en la extracción de recursos no renovables de forma intensiva y contaminante”.
En su criterio, “los procesos de endeudamiento con el BID se han multiplicado a partir de los intereses de los prestadores”. “Su objetivo no es reducir las inequidades de la región, sino avanzar en el proceso de privatización de la educación, la salud y el agua”.
Cabe destacar que el BID siempre se ha mostrado partidario de reducir los impuestos a las empresas e incrementarlo a las personas ¡típica recomendación neoliberal!.
Deuda y capital
En Cancún, con la excusa de “poder conceder nuevos préstamos”, el BID amplió su capital casi hasta el doble, con nuevos 70.000 millones de dólares.
Consideran que el crecimiento de la región será 4,8% este año y sólo 3.7% en el 2011, mientras que “la emisión de deuda de Latinoamérica incrementará “levemente” de 24,100 millones de dólares el año pasado, a 38,000 millones de dólares a finales de 2010”. Ese crecimiento del 57%... ¿es leve?
Con razón el historiador y politólogo belga Eric Toussaint sostiene que “América Latina requiere de una nueva arquitectura económica regional. Los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina deberían retirarse del Banco Interamericano de Desarrollo”.

sábado, 13 de marzo de 2010

GAFI: remozada estructura imperial

Es evidente que estamos frente a nuevas formas -encubiertas- de ejercer prácticas imperialistas. Es importante estar alertas y mantener una posición crítica, y no servil, frente a instancias que no surgen del consenso amplio de los países a escala mundial, sino de un reducido grupo de países, autoseleccionados o arbitrariamente seleccionados por los más grandes para conformar diversos grupos de poder.

Hugo Jácome / El Telégrafo (Ecuador)
La globalización ha sido prolífica en desarrollar instancias que han modernizado la dominación imperial sobre los países subdesarrollados. En este proceso se ha pasado del Banco Mundial y del FMI, a nuevas sofisticaciones. El GAFI -Grupo de Acción Financiera-, por ejemplo, es una de las últimas invenciones de una estructura imperialista.
Lamentablemente, tanto las estructuras usadas con anterioridad como la usada hoy -GAFI-, adolecen de los mismos defectos: poco o nada democráticas, una doble moral y la imposición de su doctrina como única vía a seguir. Es parte de la estrategia para establecer el grupo de los países buenos y obedientes versus el grupo de los países malos y “peligrosos”. Golpeando, por cierto, mucho más a los pequeños que pueden dar un “mal ejemplo” a los otros...
La inclusión del Ecuador en la lista de países con “deficiencias estratégicas” en el cumplimiento de las recomendaciones para la prevención de lavado de dinero y combate al financiamiento al terrorismo, no responde a un análisis profundo de la realidad del país y de los avances en los temas antes mencionados. Tampoco el análisis se sostiene si se hacen algunas comparaciones, por ejemplo, dónde se realiza el grueso del negocio del narcotráfico: los EE.UU., o dónde se mueve el mayor monto de recursos off shore, muchas veces producto de diversas operaciones fraudulentas: Suiza. En realidad, a los países poderosos o en donde los poderosos ocultan sus dineros no se les analiza a profundidad.
Más allá de la negligencia burocrática de la Unidad de Investigación Financiera o de la Procuraduría del país en enviar información al GAFISUD, es responsabilidad de las instituciones del Estado frente a la sociedad ecuatoriana, realizar acciones concretas, trasparentes y efectivas para combatir el lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, la imagen del país no puede estar al antojo de los informes de este tipo burocracias internacionales.
Esta situación debe abrir un amplio debate a nivel nacional e internacional sobre el rol de estas organizaciones, que aparecen, incluso fuera del ámbito de las Naciones Unidas. Organizaciones, no transparentes ni democráticas, que utilizan mecanismos de presión sobre aquellos que no obedecen sus directrices políticas. Antes eran las “condicionalidades” del Consenso de Washington, hoy son las "recomendaciones" -en cualquier caso léase órdenes-, que pueden llegar incluso a la imposición de sanciones. Es decir, se convierten en órganos supremos con mayor poder que los gobiernos y que las instancias intergubernamentales internacionales creadas legítimamente.
Es evidente que estamos frente a nuevas formas -encubiertas- de ejercer prácticas imperialistas. Es importante estar alertas y mantener una posición crítica, y no servil, frente a instancias que no surgen del consenso amplio de los países a escala mundial, sino de un reducido grupo de países, autoseleccionados o arbitrariamente seleccionados por los más grandes para conformar diversos grupos de poder: el G-7, el G-8, el G-20, y que bajo ningún concepto deberían sustituir al G-198, es decir al pleno de Naciones Unidas.