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sábado, 3 de junio de 2023

De la Revolución Democrática y antiimperialista al Socialismo del Siglo XXI

 El socialismo del Siglo XXI viene a ser en síntesis la vieja propuesta estratégica de los partidos comunistas de una etapa previa al  socialismo denominada, por los Partidos Comunistas como “Revolución Democrática y antiimperialista”.

Juan Félix Montero / Para Con Nuestra América

La generalidad de los partidos comunistas en América Latina, y es posible que en otras latitudes, tienen  como planteamiento estratégico en sus programas “La Revolución Democrática y antiimperialista que abre paso al socialismo”. Dicho planteamiento obedece a la convicción de que no se puede ir al socialismo de una vez, es decir el socialismo no se puede hacer por decreto, necesita de una transición donde se construyan premisas para hacer posible el  socialismo. 

sábado, 16 de enero de 2016

La renovación del materialismo histórico de Ellen Meiksins Wood (1942-2016)

Pensar el socialismo en el siglo XXI se vuelve crucial y fundamental en la actual coyuntura histórica latinoamericana, dadas las significativas derrotas del progresismo social o del denominado “socialismo del siglo XXI”, representado por el chavismo y el proceso venezolano. Sin duda que los aportes  teóricos e históricos de Ellen serán de un gran apoyo. 

Juan Carlos Gómez Leyton* / Especial para Con Nuestra América
Desde Santiago de Chile

“En virtud de que el materialismo histórico todavía representa la crítica más fiel del capitalismo,  me parece que ‘el triunfo del capitalismo’,  la hace más pertinente hoy que nunca”.
Ellen Meiksins Wood
Democracy against capitalism. Renewing historical materialism. 1995.

El pensamiento crítico, socialista y marxista esta de duelo, a los 73 años de edad ha dejado de existir la pensadora socialista Ellen Meiksins Wood (1942-2016).

La maestra Ellen autora de diversos e influyentes libros teóricos e históricos que tienen la virtud de haber renovado el pensamiento socialista y especialmente, el materialismo histórico. Centrada en el análisis de la democracia, la ciudadanía, la sociedad civil y el capitalismo la profesora Ellen Meiksins Wood generó y provocó profundas discusiones en los últimos años. Sus textos comenzaron a ser conocidos tardíamente en América Latina y, particularmente, en Chile.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Democracia: Método revolucionario

El “socialismo del siglo XXI” combina dos elementos: en economía, un tipo de capitalismo social; en política, un Estado popular o ciudadano. Es, por tanto, una fase de transición válida en América Latina; pero que, al mismo tiempo, puede resultar débil en el largo plazo, porque de esa misma dualidad derivan no solo los logros sociales, sino también los errores económicos y políticos.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

En la inauguración del XX Foro de Sao Paulo desarrollado la semana pasada en La Paz [25 al 29 de agosto], Bolivia, el vicepresidente Álvaro García Linera hizo importantes precisiones sobre la marcha de América Latina.

Aseguró que en la región se afianzó la democracia “como método revolucionario”; y añadió: “Atrás hemos dejado las democracias fósiles y en nuestros países, donde han triunfado los gobiernos revolucionarios, ha habido una transformación y un enriquecimiento de la democracia, entendida como participación, como radicalización, como comunidad”.

sábado, 5 de abril de 2014

Ecuador: El presidente y el socialismo

La recuperación del socialismo como opción ha venido al mundo de la mano de los regímenes de Nueva Izquierda en América Latina. Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador están a la vanguardia sudamericana por un “socialismo del siglo XXI”. Este “socialismo moderno”, como también lo ha calificado el presidente Correa, ni atenta contra la empresa privada, ni busca eliminar la propiedad.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo

I

En su enlace ciudadano 363 (01/03/14), el presidente Rafael Correa analizó el PIB-enfoque ingresos (reparto del ingreso nacional), asegurando que este era un punto clave para la Revolución Ciudadana, que permite “saber si está mejorando la justicia social”; pues “esto nos define como de izquierda o no”; y además: “esto es uno de los fundamentos del socialismo del siglo XXI”.

El Presidente dijo que el tema inspiró a Marx, “y la respuesta marxista fue eliminar la propiedad privada para que no haya gran remuneración al capital”, añadiendo: “a nadie se le puede ocurrir eso en el siglo XXI”; y luego: “pero sabemos que en el siglo XXI eso no cabe; el remedio es más caro que la enfermedad”; para concluir: “el problema, de todos modos, existe: cuánto capta la clase trabajadora y cuánto captan los dueños de los medios de producción, los dueños del capital”.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Los problemas de la democracia

Esa vigilante preservación de la democracia es un rasgo importantísimo del que algunos líderes han llamado “socialismo del siglo XXI”, que es un socialismo que coexiste con un capitalismo que en estos casos, ya no avanza libremente por un camino depredador, sino que tiene el control del estado popular.

Guillermo Rodríguez Rivera / Segunda Cita (Cuba)

La democracia moderna se desarrolló en tensión 
entre sus contenidos emancipadores y su 
instrumentalización por parte de los poderosos.
El nombre del régimen seguramente se remonta a la Atenas del siglo VI a. d. C., cuando el aristocrático gobierno de los eupátridas fue reemplazado por el de los ciudadanos de Atenas. Clístenes, de origen aristocrático, se enfrenta al tirano Pisístrato, a quien apoyaban los nobles y eso le hace buscar apoyo en los ciudadanos comunes, en lo que se llamaba el demos. Aparece entonces el gobierno del pueblo, del demos: la democracia.

Tanto Clístenes como su gran sucesor, Pericles, que gobernó casi todo el siglo siguiente, que se conoce en su honor como siglo de Pericles, buscaron la mayor participación posible de los ciudadanos. Una y otra vez, Pericles fue reelegido como estratega, que era el ateniense que guiaba los destinos de la ciudad-estado.

La democracia ateniense fue una democracia esclavista que, además, discriminó a las mujeres. Atenas aumentó su poder a partir de la opresión a otras ciudades.

Los Estados Unidos reclaman ser los fundadores de la primera democracia moderna pero, en verdad, su democracia se ha parecido mucho a la antigua democracia esclavista e imperial.

sábado, 26 de mayo de 2012

América Latina: ¿Cómo se hacen los cambios en los países de cambio?

En estas tierras, ahora se debaten patrones energéticos y modelos alternativos, se habla de transición hacia el biopluralismo; se postulan el Sumak Kawsay – Suma Qamaña como horizontes civilizatorios de largo y amplio alcance; se construye el Socialismo del Siglo XXI, en una disputa real y contundente con los poderes imperialistas, que merodean armados, desplazan bases, fortifican territorios, infiltran, conspiran y mucho más.

Irene León / ALAI

Distintos debates, posturas y hasta conjeturas, envuelven las dinámicas reales que configuran los procesos de cambio latinoamericanos. Estos engloban una amplia gama de enfoques, análisis y visiones que, no obstante, al recogerse tienden a ser desdibujados por alguna brocha gorda que eclipsa los matices, que retiene o acomoda sólo lo que abone a la bien posicionada versión de la ‘polarización’. Así caricaturizadas las cosas, a más de simples parecen absurdas.

Una de las vertientes de esta tendencia es aquella que considera los hechos desde un ‘deber ser’ que, independientemente de la estructura política desde la que se exprese, esconde las policromías de ’lo que es’. A través de ese procedimiento simplificador, se posicionan esos ‘deber ser’ como verdades, que en la mayoría de los casos hasta llegan a suplantar hechos y realidades. El recurso a los adjetivos funge, en este caso como en otros similares, de argumento, referencia y demostración.

sábado, 12 de mayo de 2012

Apuntes para el socialismo del siglo XXI

Desde nuestra perspectiva, la lucha por resignificar la historia debería ser una experiencia que logre atajar los antagonismos modernos entre tradición y modernidad; entre naturaleza y sociedad; entre campo y ciudad y ello representa un ejercicio abierto al debate, abierto a la pluralidad y a la creatividad.

Michael Löwy y Samuel González /  Rebelion

La crisis de civilización que hoy experimentamos es el resultado de más de dos siglos de modernidad capitalista, un proceso histórico que nos ha conducido a un panorama de miseria social y a una temible crisis ecológica que amenaza la vida sobre el planeta, lo cual anuncia una verdadera crisis de sentido para la vida y para la historia de nuestras sociedades. ¿Acaso la modernidad falló tanto en su apuesta liberal como socialista? ¿Acaso la historia perdió sentido; acaso se haya fatalmente condenada?

Para nosotros, si la historia puede cobrar un sentido diferente tendría que hacerlo en un sentido opuesto a la lógica actual de la sociedad; tendría que hacerlo fuera de la lógica cosificada del valor, fuera del individualismo, el autoritarismo, el machismo y la depredación ecológica. Esto implica reinventar el mundo, reinventar la sociedad sobre bases completamente diferentes. La pregunta sería desde dónde construir la experiencia de esa historia distinta. Desde qué posturas teóricas, desde qué valores, desde qué ética y desde qué experiencias históricas. Sin esperar, por supuesto, que ello consista en una receta mágica, monolítica o dogmática. Un cambio posible deberá sembrarse sobre la base de la pluralidad y el debate constante. Lea el texto completo aquí…

sábado, 8 de enero de 2011

América Latina: construyendo ideas nuevas

En América Latina, hoy, tenemos una preocupación constante por pensar con cabeza propia a partir de nuestras propias y variadas realidades. En ese contexto, han empezado a despuntar ideas que permiten ir perfilando, poco a poco, el rostro de ese socialismo nuevo que ahora queremos.
Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica
Tiene sentido hablar de un Socialismo del Siglo XXI solamente en la medida en que sea un socialismo distinto al del siglo XX. Porque si no, ¿por qué no llamarlo “socialismo” a secas?
Pero, ¿por qué es necesario un socialismo diferente al del siglo XX? En nuestra opinión, en primer lugar porque uno de los rasgos que caracterizaron la dinámica de la lucha y la construcción del socialismo en el siglo XX en América Latina fue el seguidismo de la experiencia soviética y el pensamiento oficial derivado de ella. Dentro de esa dinámica hubo excepciones, luzasos explosivos como aquellos que se expresaron en la Primera y Segunda Declaración de la Habana, en el pensamiento del Che, en sus discursos que sacudieron a la juventud latinoamericana de los años 60.
Esta actitud seguidista nos alejó de nosotros mismos, de nuestras tradiciones, de nuestro pensamiento, de lo que somos y hemos sido. Acostumbrados estructuralmente a la modorra y la comodidad de la imitación, pensamientos como el del peruano José Carlos Mariátegui fueron catalogados de herejes.
Otro enorme problema fue el sectarismo. Este no puede nacer sino de la inseguridad en las ideas propias, de la ignorancia, de la estrechez de miras. En aras de una supuesta pureza ideológica quedaron fuera ideas brillantes expresadas algunas veces desde espacios no necesariamente socialistas, ni siquiera progresistas, pero que tenían riqueza de contenido que perfectamente podían florecer en el pensamiento y la acción socialistas. Estas provenían y provienen de muy diversos ámbitos, pero pueden ser “cazadas” conceptualmente e incorporadas a un discurso con sentido revolucionario. El pensamiento cristiano no-institucional, es uno de ellos, y la Teología de la Liberación su expresión más concreta y elocuente. La forma como esta teología entiende el reino de Dios en la Tierra, ¿no es acaso una de las posibles formas que puede asumir el proyecto socialista? La cosmovisión de los diferentes pueblos indígenas de Nuestra América, su forma de relacionarse con su medio ambiente es otro.
Desde la izquierda institucionalizada fue difícil sentir que esos espacios de prácticas y pensamientos pudieran aportar al pensamiento socialista. Y si hubo aproximaciones, muchas veces fueron de orden “táctico” en el marco de los procesos políticos apremiantes que los necesitaban como aliados. Esto sucedió en Centroamérica, por ejemplo, cuando los cristianos aportaron militantes y entusiasmo en las guerras insurgentes de los años 70 y 80.
Hoy hay una actitud diferente. Seguramente en esto ha tenido influencia el haber quedado, como dijo Eduardo Galeano, como niños perdidos en la tormenta, después del derrumbe del “socialismo real” en la Europa del Este. También la emergencia de nuevos actores sociales, algunos de ellos provenientes de otras tradiciones políticas que no son necesariamente las de las organizaciones de izquierda de décadas pasadas.
De ahí que haya una preocupación constante por pensar con cabeza propia a partir de nuestras propias y variadas realidades. En ese contexto, han empezado a despuntar ideas que permiten ir perfilando, poco a poco, el rostro de ese socialismo que ahora queremos.
En primer lugar, queremos que sea participativo, abierto a las ideas y necesidades de todos. Creativo y dinámico, ajeno a las burocracias; transparente, diáfano, sin dobleces. Dialogante, comunicativo y educativo.
En segundo lugar, que apunte a nuevas formas de desarrollo, en donde el ser humano sea el centro indiscutible de los objetivos que persiga. Como dicen los bolivianos, un desarrollo que construya “el buen vivir”.
En tercer lugar un socialismo en el que los de arriba respondan a los de abajo, un socialismo en el que “se mande obedeciendo”, como dice Evo Morales.
He aquí tres ideas importantes que nacen de nuestras prácticas políticas, del pensamiento de los habitantes primigenios de estas tierras.
Son, por el momento, ideas, que empiezan a bosquejarse pero que deben ser pensadas, trabajadas, integradas en un universo más amplio de otras ideas, conceptos y categorías que respondan a nuestra realidad y nuestra historia.

sábado, 4 de septiembre de 2010

¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos?

La crisis actual del capitalismo es la más profunda y vasta jamás conocida, pero es también la primera en la que está ausente una fuerza que luche por una alternativa al sistema.
Guillermo Almeyra / LA JORNADA
Como es sabido, si ante una escalera que desciende uno hace los movimientos necesarios y, en cambio, para subir los peldaños pierde pie, se desbarranca y se rompe el cuello. Igualmente, en política, es esencial ver en cuál fase estamos para determinar con realismo qué deberemos enfrentar y qué podremos hacer.
La crisis actual del capitalismo es la más profunda y vasta jamás conocida, pero es también la primera en la que está ausente una fuerza que luche por una alternativa al sistema. Esta es, en efecto, la primera gran crisis sin socialistas que enfrenta sólo luchas locales defensivas, desesperadas, en los países europeos. El valor y la persistencia de los trabajadores griegos no ha despertado solidaridades ni ha podido modificar las medidas draconianas que el capital financiero mundial impuso a la socialdemocracia griega, obediente y servil. No ha bastado tampoco que la desocupación juvenil en Italia y en Francia llegue a 40 por ciento para imponer movilizaciones y una huelga general, que las direcciones sindicales españolas comunistas y socialistas han postergado por meses para demostrar su voluntad de ceder todo lo que les sea posible. Por otra parte, en Estados Unidos el único movimiento de masas democrático y defensivo es el de los inmigrantes indocumentados. Y ni en Rusia ni en Europa oriental, a pesar de la caída de los ingresos y de los efectos sociales de la crisis (que ha potenciado, por ejemplo, la trata de blancas), han habido movimientos sociales importantes.
El capitalismo quiere salir de la crisis con su tasa de ganancia intacta aumentando la edad para jubilarse (aunque así cierre cada vez más el acceso al trabajo a los jóvenes y precarios), robando sus contribuciones a jubilados y pensionados, reduciendo los salarios reales (aunque eso disminuya también el consumo masivo y la construcción de viviendas), desplazando las empresas donde los salarios son menores y no hay resistencia sindical (como en China y en Europa ex socialista), implantando cada vez más leyes liberticidas y anulando conquistas históricas, como la jornada de ocho horas o la protección del trabajo femenino o infantil.
Como el capitalismo no cae por sí solo, está recomponiendo su equilibrio volviendo a finales del siglo XIX, porque no enfrenta gran resistencia y no tiene miedo a una explosión social, que nadie prevé ni prepara, ni está en la conciencia y en el orden del día de sus víctimas. Sus dos armas principales son la división étnica, cultural y nacional de los trabajadores, resultante de enormes migraciones, factor que traba una respuesta unificada al enemigo común, y las muy desprestigiadas pero aún existentes direcciones burocráticas sindicales, preocupadas por mantener sus privilegios y convencidas de que aún hay espacio para negociar con los capitalistas, que van por todo.
Sin la presencia activa de los trabajadores de Europa y Estados Unidos la lucha contra el capital financiero adopta en algunos países sudamericanos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras) la forma de movimientos nacionales y nacionalistas policlasistas masivos, dirigidos por algunos sectores radicalizados de las clases medias. En esos movimientos que unen un proceso de descolonización, la búsqueda de la igualdad entre las etnias, el odio a la alianza entre la oligarquía local y el imperialismo, y un fuerte deseo de integración social y de modernización del país, la vaga e indefinida reivindicación del socialismo del siglo XXI expresa que nadie quiere repetir la experiencia burocrática totalitaria del estalinismo y por eso busca otro socialismo democrático y pluralista, pero también que nadie tiene claro qué entiende por socialismo, a no ser que eso signifique una política de independencia nacional, la extensión de los derechos democráticos y una redistribución de los ingresos estatales. Las grandes huelgas en Bangladesh, por su parte, son un inmenso ¡basta! a los sufrimientos de las textiles, pero no plantean ninguna reivindicación antisistémica.
Estamos, pues, en uno de los momentos más negros de la historia humana, sufriendo la iniciativa y la ofensiva del imperialismo debilitado, pero que quiere salir de su crisis y evitar una catástrofe social interna mediante una guerra contra los trabajadores y con la aplicación de medidas bélicas de envergadura que amenazan la existencia de la civilización y de sus bases naturales.
Como sostén para la esperanza contamos, sobre todo, con la posibilidad de que se extiendan y generalicen las huelgas en China, que han obtenido grandes aumentos de salarios y derechos para los obreros. La conquista de una posición de fuerza por los trabajadores de ese país, la creación de sindicatos independientes o de comités de fábrica podrían acabar con la superexplotación de la población y del ambiente. China podría dejar de ser productora de chatarra barata sobre la base de salarios de hambre y condiciones de trabajo infames. Eso repercutiría en todo el mundo. Pero, aunque hay que hacer todos los esfuerzos para que los trabajadores chinos comiencen a tener conciencia proletaria, este proceso sólo está en sus comienzos.
Mientras tanto, lo posible es unir y coordinar las luchas defensivas, desarrollar la solidaridad con ellas para crear conciencia colectiva y, sobre todo, hacer un balance de por qué el socialismo real no sólo no era socialismo sino que era antisocialista, y es indispensable recuperar todo lo que en el marxismo sigue siendo válido. Hay que elevar la lucha de ideas. No puede haber socialismo sin grandes movilizaciones y luchas, pero este sistema no es un mero producto de ellas sino de la comprobación, en la acción, por parte de grandes masas de trabajadores, de que el análisis del capitalismo y las propuestas programáticas socialistas son factibles.

jueves, 24 de junio de 2010

Che Guevara y la vía venezolana al socialismo

Virtud, valentía y talento se conjugan sólo armónicamente en los revolucionarios de teoría y práctica: una de las enseñanzas de Bolívar corroborada en el ejemplo del Che junto a Fidel, y que adquiere especial relevancia en la vía venezolana al socialismo abierta por Hugo Chávez en la Patria donde nació Bolívar.
Ernesto Wong Maestre / Alterinfos
El libertador de América, Simón Bolívar, comprendió como ningún otro líder de pueblos, anterior a él, que “la felicidad consiste en la práctica de la virtud”, y así lo estampó para la historia en el Discurso de Angostura que hoy cobra nueva y significativa vigencia. El lazo ideológico entre Bolìvar y Che es sugerente. Veamos.
Cuanto se escriba del pensamiento de Che Guevara debe hacerse considerando las condiciones histórico-concretas en que se fue forjando, desde las particularidades de su núcleo familiar y de su grupo escolar en interrelación con ese Ernesto, hasta que escribió su último reporte en su diario de guerra, allá en Bolivia, también en esa compleja madeja de vínculos y relaciones con diversas personalidades.
Fueron sólo 39 años de vida y ¡cuánta riqueza ha dejado a las generaciones actuales y venideras! Se distinguió desde joven y se enfrentó a su asesino, también distinguiéndose. Fue feliz ante la bala que le cercenaría la vida porque así se cumplía su palabra de hombre de virtud, de talento y de valor. “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea” le confesó a Fidel Castro en la famosa carta de despedida de 1965.
Décadas después, con la revolución victoriosa de Evo Morales en Bolivia se está dando al Che otro gran homenaje, porque así se cumplieron otra vez sus palabras, aquellas que condicionaban su “bienvenida sea” a la muerte, pues no fue en vano. Muchos en el mundo entonaron sus gritos de guerra y de victoria, para vencer y seguir venciendo al imperialismo, incluso allí en la misma Quebrada del Yuro en Ñancahuazú donde cayó herido.
Evoquemos entonces al Libertador Simón Bolívar, raíz de los revolucionarios latinoamericanos: “Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios –dijo Bolívar-; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida”. [1]
Che obtuvo todos los “rangos” posibles porque practicó a fondo la virtud, fue valeroso hasta el último minuto de su vida y poseyó talento por creces que le valió ser el primer hombre de la Sierra Maestra al que Fidel entregó el grado de Comandante; y todo ello resumido en esa más alta cualidad del ser humano: ser revolucionario. Hoy es una luz mundial para iluminarse en esta penumbra de la crisis global capitalista.
Recordemos que al concluir la 2da guerra mundial, en 1945, Che con 17 años, ya estaba en la edad en que la base de los valores, sobre los cuales se van fundando las inclinaciones políticas, está casi definida. Esas tres cualidades ético-morales que Simón Bolívar nos legó en el discurso de Angostura, para entender los pensamientos y conductas revolucionarios, ya están presentes en el Che desde su formación como adolescente y quedan demostradas con el primer viaje en bicicleta por Suramérica recién graduado de medicina para conocer la realidad social, humana y cultural de los andinos, y se consolidan con su unidad al grupo de cubanos liderados por Fidel en la Revolución Cubana.
Virtud, valentía y talento se conjugan sólo armónicamente en los revolucionarios de teoría y práctica: una de las enseñanzas de Bolívar corroborada en el ejemplo del Che junto a Fidel, y que adquiere especial relevancia en la vía venezolana al socialismo abierta por Hugo Chávez en la Patria donde nació Bolívar.
De esto se trata la comprensión de la dialéctica de la revolución social en que los aspectos objetivos y subjetivos mezclados con el azar marcan el ritmo, los saltos y la armonía de los procesos sociales, es decir, del movimiento revolucionario.
¡Cuanta virtud, valentía y talento! pueden apreciarse en esa carta escrita al amigo comunicador Carlos Quijano, editor de la revista uruguaya Marcha, luego de casi siete años del fragor combativo como alto dirigente de la revolución social en Cuba, que ha pasado a la posteridad con el título “El hombre y el socialismo en Cuba” [2], y que constituye una pieza fundamental para comprender en toda su extensión lo que hoy se conoce como la “guerra de 4ta generación” y su vertiente mediática.
Durante su extensa carta Che expone sus principales tesis acerca de la construcción del socialismo en las condiciones histórico-concretas de Cuba. Desmonta las matrices de opinión lanzadas por el imperio y sus órganos contra la Revolución Cubana y el socialismo. Para lograr ello, Che conoció a profundidad al ser humano cubano porque convivió intensamente con ellos, en la guerra y en la paz y hasta hizo familia dejando dos hijas y dos hijos muy pequeños. Y además, estudio lo más destacado del pensamiento político cubano, desde Luz, Varela y Martí, hasta Mella, Guiteras y Fidel, a la luz del marxismo-leninismo estudiado junto a Fidel, sus compañeros de la dirección revolucionaria y los trabajadores en círculos de estudios.
“Hay sentimientos que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria; ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica”, dijo Bolívar en Angostura.
Hoy no se puede estudiar a profundidad la Revolución Cubana y el tránsito del capitalismo al socialismo en la Isla si no se estudia la obra del Che. Tampoco se podría comprender el pensamiento político de Fidel, en sus dimensiones estratégicas y gerenciales, si no se estudia la obra del Che en sus diagnósticos y en sus propuestas, comunicadas por esa “fuerza imperiosa” a la que alude Bolívar.
Parte de esas propuestas las sintetiza al concluir la obra “El hombre y el socialismo en Cuba” que también es una síntesis del pensamiento de Simón Bolívar, precisamente expresado en su discurso de Angostura al que recientemente Chávez ha citado como pleno de riqueza teórico-práctica.
“La esclavitud -dijo Bolívar en Angostura- es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia”.
“Permítame intentar unas conclusiones –expresó Che Guevara al terminar su carta a Quijano:
Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres”, fue la primera conclusión del Che y constituye la base de la conducta revolucionaria sin la cual resultaría imposible transitar hacia el socialismo. Con esa interdependencia de cualidades entre libertad y virtud se construye el ser socialista que es más libre porque es más virtuoso, en palabras del Libertador, y como en el socialismo se es más libre porque no se está explotado por el capitalista, se es más virtuoso, más pleno.
La segunda conclusión del Che parte de la primera, que debe ser completada con la acción como decía Marx: no se trata solamente de interpretar al mundo, sino de transformarlo. Y el Che dice: “El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos”.
Pero para el Che, la creación de la libertad concreta –como nos dice Chávez- no es una tarea exenta de peligros. “Nuestra libertad –dice Che- y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio”, su tercera conclusión. Por ello es por lo que Bolívar hablaba en Angostura de los tres valores necesarios, entre los cuales el valor para enfrentar los peligros y realizar los sacrificios constituye una de las condiciones sine qua non junto a la virtud y el talento.
En el paradigma guevarista, el talento como condición sine qua nom del ser revolucionario debe ser reconocido como tal. Por ello dice Che en su quinta conclusión: “Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos”. No se trata de realizar sacrificios de forma anárquica y espontánea por simple instinto de conservación la libertad alcanzada, eso es necesario pero no es suficiente porque si por circunstancias ajenas a quienes construyen el socialismo, esa verdadera libertad que se está construyendo requiere más sacrificio, eso requerirá talento para hacerlo con eficiencia y eficacia.
Y por ello que Che Guevara alerta a los revolucionarios y expone su sexta conclusión: “El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos”. Cuando se lee esta sexta conclusión de Che debería recordarse también ese artículo escrito por Albert Einstein en 1949 ¿Por qué el socialismo” pues para Che a diferencia de Einstein, el socialismo no era del todo desconocido, y menos para él o para Fidel quienes siempre fueron conscientes de las limitaciones propias, ajenas o de todo el colectivo, y por ello condujeron con eficacia una guerra de sólo dos años de duración pues entre 1957 y 1958 constituyeron un ejército rebelde y con él derrotaron al ejército más apertrechado por el imperialismo yanqui en América Latina para entrar triunfantes el 1ro de enero de 1959 a La Habana.
Por tal razón, y con extraordinaria lógica dialéctica el Che sostiene su séptima conclusión acerca del cómo: “Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica”. Y parte de esa técnica no fueron sólo las computadoras ensambladas en Cuba desde 1963-64, sino también los procedimientos, instrumentos e instituciones que por fases van modelando el hombre y mujer nuevos en su devenir diario, revolucionario bolivariano.
Es precisamente en esa forja de la acción cotidiana que la personalidad articula en toda su profundidad las tres cualidades básicas del ser revolucionario, apuntadas por Bolívar desde 1919 en Angostura. “La personalidad juega el papel de movilización y dirección -dice Che- en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta”. Su octava tesis. Esto es válido no sólo para los principales cabezas del movimiento revolucionario en acción, sino también para los cuadros de base en plena formación como dirigentes revolucionarios. Virtudes y aspiraciones del pueblo, dos elementos indispensables en el paradigma metodológico guevarista para ejercer el liderazgo a todos los niveles y poder construir el socialismo venciendo al caduco capitalismo.
Por todo ello, dice Che en su novena tesis, “quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido”. No hay movimiento, ni físico, ni mecánico, ni social, que no esté iniciado y encabezado por un elemento o grupo de elementos, de todo el conjunto de elementos que se mueve. Ese grupo que “abre el camino” es necesario identificarlo en todo proceso para que construirlo si fuera necesario, y se va transformando y ampliando en la medida en que se va abriendo el camino, y se van transitando las fases de construcción del nuevo poder.
Como el proceso transita un “camino largo” resultan necesarios los relevos, que deben ir formándose desde la adolescencia y juventud, como formó Che Guevara las bases de sus valores, quien en su 10ma tesis cierra su sistema teórico más abstracto o su constructo teórico como gusta decirse ahora en el siglo XXI. “La arcilla fundamental de nuestra obra –estimó Che- es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera”.
Es en esa preparación de la juventud como relevo, que otra máxima de Bolívar planteada en Angostura nos debe guiar en el trabajo diario revolucionario con adolescentes y jóvenes en la vía venezolana al socialismo: “La naturaleza, a la verdad, nos dota al nacer del incentivo de la libertad (…) ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen”.
Por ello es que en esa preparación necesaria de la juventud que nace con la libertad dada por la naturaleza debemos evitarles las trabas que impuso el capitalismo, y las enseñanzas del Che, así como de Bolívar, Martí, Fidel, Chávez y todos los líderes que poseen con creces virtudes, valores y talento, son tan significativas en la construcción de la nueva sociedad que con ellas transitaremos exitosa y más rápidamente la vía venezolana al socialismo.
Parafraseando a Che al finalizar su carta, en el Aniversario 82 de su Natalicio, digo: si este artículo aclara algo, ha cumplido el objetivo con que lo hice.
Termino como mismo concluiría Che, con esa felicidad y optimismo que le caracterizó, si estuviera físicamente aquí con nosotros practicando la virtud:
¡Patria Socialista o Muerte, Venceremos!
Notas
[
1] Discurso de Simón Bolívar en Angostura, febrero-marzo 1819.
[
2] Carta dirigida a Carlos Quijano, director del Semanario Marcha, marzo de 1965, Montevideo, Uruguay.

sábado, 8 de mayo de 2010

Socialismo y democracia: apuntes sobre el desafío del siglo XXI

Si no se halla solución viable al problema de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza —y especialmente entre el capital y la naturaleza— será imposible plantearnos con rigor la relación de los seres humanos entre sí, e imposible estructurar un socialismo viable, o cualquier modelo de justicia social y equidad en cuya viabilidad podamos confiar.
Aurelio Alonso / LA VENTANA
Conferencia impartida en el acto de investidura como Profesor Invitado de la Universidad Central «Marta Abreu», de Las Villas, Cuba, el 5 de marzo de 2010.
Ante todo deseo agradecer al rector, Dr. José Ramón Saborido, a la vicerrectora, Dra. Miriam Nicado y a la Decana de ciencias sociales, Dra. Mely González Aróstegui, digna representación de esta alta casa de estudios, por el honor de acogerme con toda formalidad en su seno como Profesor Invitado. Y a ustedes todos, profesores y alumnos aquí presentes, por acompañarme en este acto, sencillo y solemne a la vez, tan cargado de estimación académica y simpatía afectiva.
Las ideas que quiero expresar no han sido concebidas en términos de conferencia magistral, sino como las notas para un intercambio de criterios más directo e informal, en el cual me permitiré someterles algunas apreciaciones personales en torno a los conceptos de socialismo y democracia, vistos desde nuestro tiempo y en el horizonte hacia el cual nos orientamos.
Con la mayor frecuencia sucede que la realidad que creemos vivir no se corresponde del todo con la que realmente vivimos. Todos los días recibimos evidencias tranquilizantes y evidencias inquietantes, y lo más difícil suele ser ponderar la magnitud de unas u otras. Así es que el optimista ve el vaso medio lleno mientras el pesimista lo ve medio vacío. El antropólogo Jorge Cela ha observado que para el ama (o el amo) de casa, la crisis económica es algo que tiene lugar entre la puerta de su cocina y la bodega, y los indicadores de la macroeconomía, como el producto interno bruto, la balanza de pagos, las tasas de inflación, y otros, le dicen muy poco o nada. Y de modo similar, el visitante que ve más automóviles que los que vio en su visita anterior, comenta, sin mucho rigor, que «la cosa se ve que está mejorando», como si esto fuera un indicador de progreso.
Pero la «cosa» es siempre más compleja. Durante varias décadas vivimos convencidos de que, junto a la Unión Soviética, navegábamos seguros en el socialismo, al margen de desacuerdos, errores, defectos, o despropósitos que pudiéramos identificar. Lo cierto es que la complejidad y la naturaleza contradictoria de los escenarios que dan contexto a nuestra existencia no son, en modo alguno, ficticias. Y que atraparlos en el conocimiento resulta un ejercicio difícil y forzosamente incompleto. Con esta generalización sobre los escenarios me atrevo a aludir al sistema-mundo, aunque puede ser igualmente aplicada al plano nacional.
La humanidad se halla hoy entrampada en el momento más difícil y decisivo de su historia. Lo afirmo al pensar en una crisis financiera mundial que se afronta con la clara ausencia de interés en resolverla: de resolverla para el mundo, quiero decir, y no para la especulación financiera que la ha creado. Hace pocos días el economista argentino Claudio Katz afirmaba en el coloquio sobre globalización celebrado en La Habana, que el neoliberalismo había entrado en crisis estructural, en tanto la crisis del capitalismo era histórica. Esta distinción sintetiza la encrucijada de las relaciones económicas actuales dentro de la cual está muy lejos de vislumbrarse una racionalidad que amortigüe los efectos sociales de la acumulación de capital: las fuerzas del capital no pueden concebir salida al margen de su estricta dominación, que no repara en otro indicador de eficiencia que no parta de la ganancia.
Enfrentarse a las fuerzas del capital implica, invariablemente, volver a asumir la utopía, el ideal, el paradigma socialista, que parecía improbable en la última década del siglo pasado, pero que el comienzo del presente vuelve a ponerse en juego. Fue de Inmanuel Wallerstein de quien escuché con más firmeza desde el principio de los noventa que la época del verdadero auge del marxismo estaba por venir y no había sido el siglo XX, cuando tantos pensaban en su bancarrota.
En sintonía con esta previsión las circunstancias han dado lugar a que cobre sentido la polémica expresión que distingue un «socialismo del siglo XXI», la cual ha cobrado forma desde la América Latina, devenida escenario de resistencia y creatividad en esta dirección. Se significa con ello que no se asume el fracaso del experimento socialista del siglo XX como el fracaso del socialismo. Ahora «la tarea principal —afirma el sociólogo belga F. Houtart— es comprobar la superioridad moral del socialismo sobre el océano neoliberal global, lo que implica tanto la participación popular como el éxito económico». LEER MÁS...

sábado, 21 de noviembre de 2009

El Estado como molino de viento

Quiero trasmitir la idea que socialismo y Estado son antagónicos. La comunidad es socialismo-comunismo; el capitalismo sólo sobrevive gracias al pulmón Estado. Los partidarios del socialismo deberíamos reflexionar que no se trata de mayor o menor radicalidad de los procesos; que no se trata de más reformas, de más nacionalizaciones, etc. Sino de alfombrar el camino del socialismo con otros tapices que no estén tejidos con las hebras estatales
Raúl Zibechi / Diagonal y Rebelion
Si hay algún fantasma recorriendo América Latina, por recuperar la célebre frase que encabeza el Manifiesto Comunista, es el de la resistencia india comunitaria, en sierras y selvas, y ahora muy especialmente en la Amazonia sudamericana. En los últimos años, naciones enteras resisten la expansión de la minería y la explotación de los hidrocarburos, así como los monocultivos que devoran las tierras nativas. Esa resistencia ha sido tan potente en el Perú neoliberal de Alan García como en la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez y en el Ecuador de la revolución ciudadana de Rafael Correa.
Todos recordamos la masacre de Baguá (Perú), donde miles de indígenas resistieron en nombre de la vida, eso que nosotros llamamos naturaleza, hace ya cuatro meses, la política oficial de promover la explotación de la Amazonia. La masacre perpetrada el Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, forma parte de una larga guerra por la apropiación de los bienes comunes, apoyada en la firma del TLC entre Perú y los Estados Unidos. Los hechos del 5 de junio dejaron un centenar de heridos de bala y entre 20 y 25 muertos por el empeño en parcelar 63 millones de hectáreas en grandes propiedades para facilitar en ingreso de los negocios multinacionales.
A fines de septiembre se registró un nuevo levantamiento indígena en Ecuador, esta vez en defensa del agua, amenazada por la minería a cielo abierto. Las organizaciones indias se enfrentaron ahora a un gobierno que se proclama antineoliberal, partidario del “socialismo del siglo XXI” y que impulsa una “revolución ciudadana”, que ha hecho aprobar la Constitución más avanzada en materia ambiental, a tal punto que declara a la naturaleza como sujeto de derecho. Pese a que hubo un muerto, el conflicto se desactivó al abrirse una diálogo entre el gobierno y la CONAIE, con la promesa de Correa de modificar las leyes de aguas y de minería.
El 13 de octubre, el conflicto que involucra a comunidades indígenas yukpa en la cuenca del Río Yaza, estado de Zulia, se saldó con dos muertos. Ganaderos y mineros vienen despojando a los indígenas de sus tierras y forzando su desplazamiento, avalados por el manejo irresponsable de funcionarios con competencias en materia de ambiente, tierra y pueblos indígenas, según denuncian organizaciones venezolanas. Según un comunicado, estos “se han encargado de fragmentar a las comunidades mediante el manejo clientelar de los programas de vivienda, compra de camiones, y otorgamiento de créditos para los Consejos Comunales que son parte del Plan Yukpa, con la finalidad de lograr su apoyo incondicional para la firma de unas propuestas de demarcación” de las tierras que “constituyen una manera de mantener la presencia y privilegios de hacendados y parceleros condenando a los indígenas a la exclusión”.
En el fondo de estos conflictos laten dos modos de estar en el mundo. El concepto de ‘desarrollo’, tan apreciado por las izquierdas, no pertenece al universo conceptual de los pueblos originarios del continente. Se trata de una propuesta neocolonial que busca atrapar los bienes comunes para convertirlos en mercancías. En efecto, el modelo extractivista les resulta ajeno, entre otras razones porque sólo reciben los perjuicios materializados en al destrucción del medio donde viven.
Pero hay algo más, sumamente importante. El Estado-nación es una construcción de Occidente que nada tiene que ver con las tradiciones indígenas. ¿Existe alguna relación entre el extractivismo y los estados? Creo que un país, un Estado-nación, tiene una lógica por la cual no puede carecer de un modelo de producción que le garantice estabilidad, previsibilidad, garantías de poder cumplir con su objetivo central que es la reproducción del Estado, o sea de las relaciones sociales que podemos llamar estatalidad. Los estados, como toda institución, son relaciones, modos de hacer; no cosas u objetos. De modo que el objetivo de cualquier Estado es seguir siendo Estado, reproducir las relaciones sociales que hacen a la estatalidad. Son profundamente conservadores, y eso es intrínseco al Estado.
En las tradiciones indias no hay Estado –salvo el impuesto por los conquistadores, muchas veces asumido por los conquistados- sino comunidad, que funciona en base a una lógica totalmente opuesta. No es ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Desde el punto de vista de la emancipación, la comunidad puede ser tan opresiva como el Estado. En todo caso, vale preguntarle a las mujeres y los jóvenes. Una diferencia clave es que el Estado-nación es una relación social capitalista; la comunidad no es capitalista, es comunidad. El Estado existe para la acumulación de capital; la comunidad para la comunidad, o sea para perpetuar el tipo de relación entre sus miembros y, por tanto, con el llamado entorno. El Estado sobrevive depredando el entorno; la comunidad sólo sigue siendo si lo conserva.
Desde el momento en que el socialismo del siglo XXI es un socialismo estatal, o como se quiera denominar a un régimen de Estado, es naturalmente opuesto y antagónico a la lógica comunitaria, o sea india. Esto es algo que todos los partidarios del socialismo deberían reflexionar, desde los bolivarianos hasta las FARC. La lógica estatal, en su formato partido, sindicato o el que sea, es incompatible no sólo con los modos de vida indígenas, sino también con el medio ambiente y con la vida humana medianamente libre. En ese sentido, las comunidades indias no necesitan la minería ni la explotación de hidrocarburos; sólo necesitan controlar que los depredadores del medio ambiente y de los seres humanos, no se pasen de la raya. Pierre Clastres, el antropólogo que vivió con los guayakis, fue muy claro cuando comprendió que toda la energía de la tribu estaba destinada a impedir que los jefes -que siempre los hay- tengan poder. Cuando los jefes adquieren poder, se instala una lógica de separación en la cuál los seres se convierten en medios en vez de seguir siendo fines.
En buen romance, quiero trasmitir la idea que socialismo y Estado son antagónicos. La comunidad es socialismo-comunismo; el capitalismo sólo sobrevive gracias al pulmón Estado. Los partidarios del socialismo deberíamos reflexionar que no se trata de mayor o menor radicalidad de los procesos; que no se trata de más reformas, de más nacionalizaciones, etc. Sino de alfombrar el camino del socialismo con otros tapices que no estén tejidos con las hebras estatales. Esto, sí, sería una revolución, cultural, social, política, paradigmática….estética. Ah: no es un debate teórico; por lo menos en América Latina es parte de nuestras realidades.
Raúl Zibechi. Analista y responsable del área de Internacional en el semanario uruguayo Brecha

domingo, 31 de agosto de 2008

El socialismo del siglo XXI: notas para su discusión

Atilio Borón / Defensadelahumanidad.cult.cu
El propósito de esta ponencia es aportar algunos elementos para la discusión sobre el socialismo del siglo veintiuno. El tema, no por casualidad, está siendo objeto de una intensa y creciente discusión. Si hacemos una rápida consulta al Google y miramos el número de páginas existentes, a finales de Julio de 2008 sobre el "Socialismo del siglo XXI" veremos que aparecen listadas aproximadamente más de 1.200.000 páginas que responden a dicho título.
Dado el volumen de la bibliografía existente nos limitaremos a examinar algunas ideas que nos parecen centrales y que quisiéramos dejar como aporte para un futuro trabajo de elaboración colectiva. No tienen pretensión alguna de exhaustividad sino que, por el contrario, deben ser comprendidas como una parcial contribución a un debate en curso tendiente a lograr una definición cada vez más precisa del horizonte socialista de las luchas emancipatorias de nuestra época.
Abordaremos esta reflexión a partir de una distinción tripartita entre:
1. Los valores y principios medulares, que deben vertebrar un proyecto que se reclame como genuinamente socialista.
2. El programa de ese proyecto, es decir, el tránsito desde el universo de los valores a la agenda concreta de la construcción del socialismo y las políticas públicas requeridas para su implementación.
3. Finalmente, el tema del "sujeto histórico" (o los sujetos) de ese proyecto, y sus características distintivas.
Valores
Se trata de un tema clave, porque un proyecto socialista no puede manifestar la menor ambigüedad axiológica en relación a su crítica intransigente y radical a la sociedad burguesa. A la luz de las experiencias que tuvieron lugar durante la fase "keynesiana" del capitalismo no se puede alimentar la menor ilusión acerca de la capacidad de lograr reformas profundas y sobre todo duraderas en la estructura de este tipo de sociedad. La involución que sufrió a consecuencia de la contrarrevolución neoliberal a partir de los años 1980s demuestra, más allá de toda duda, que los avances que se habían producido en los años de la posguerra -y que dieran lugar a múltiples teorizaciones sobre "el fin de las ideologías", el agotamiento de la lucha de clases, las virtudes de la irrestricta movilidad social ascendente, el triunfo de la democracia liberal, etcétera- estuvieron muy lejos de ser irreversibles.
Esta reversión ha confirmado, una vez más, la extraordinaria resiliencia del capitalismo y su capacidad para retornar a la "normalidad" de su funcionamiento explotador, expoliador y opresivo una vez que se disipan las coyunturas amenazantes que, en los años de la posguerra, le obligaron a hacer pasajeras concesiones a las clases subalternas. Componente estratégico de esa coyuntura fue la amenazante presencia de la Unión Soviética. Y es que a pesar de su doctrina oficial de la "coexistencia pacífica", justamente criticada por el Che en numerosas intervenciones orales y escritas, la sola existencia del ejemplo soviético y posteriormente de la revolución china obligó a las burguesías metropolitanas a aceptar reivindicaciones que antes de 1917 hubieran sido respondidas apelando a los servicios de la gendarmería.
Dicho lo anterior es preciso subrayar que un socialismo renovado de cara al siglo veintiuno no puede quedar reducido a la construcción de una nueva fórmula económica, por más resueltamente anti-capitalista que ésta sea. El Che tenía toda la razón cuando dijo que "el socialismo como fórmula de redistribución de bienes materiales no me interesa." 3 De lo que se trata es de la creación de un hombre y una mujer nuevos, de una nueva cultura y un nuevo tipo de sociedad, caracterizado por la abolición de toda forma de opresión y explotación, el primado de la solidaridad, el fin de la separación entre gobernantes y gobernados y la reconciliación del hombre con la naturaleza.
Proyecto
El apartado anterior analizó, brevemente, la problemática de los valores y destacó la incuestionable superioridad ética del socialismo en relación al capitalismo, tema que no debe olvidarse pese a que muy a menudo se lo deja de lado. Veamos ahora el proyecto y un caso especial: "la planificación central" de la economía, que en el pasado fue interpretada como consustancial con el socialismo y que hoy aparece claramente como producto de una época no existiendo razones irrebatibles para que sea mantenida en el futuro.
Si en el marco del desplome del estado zarista, la Primera Guerra Mundial y la salvaje agresión perpetrada en contra de la joven república soviética la socialización de la economía fue asimilada con la total estatización de las actividades económicas, en la actualidad esa receta no sólo es inadecuada sino, además, contraproducente para la consolidación de un proyecto socialista en las condiciones actuales de la economía mundial.
Si el modelo de la estatización total de la economía fue una necesidad impuesta por determinadas circunstancias esto no significa que deba ser la única alternativa de un proyecto socialista. Y esta conclusión es válida aún si se tiene en cuenta que en su tiempo ese modelo fue altamente exitoso porque hizo posible un formidable desarrollo de las fuerzas productivas y convirtió al país más atrasado de Europa de comienzos del siglo veinte en una gran potencia industrial y militar. Sin embargo, sus logros en una fase de industrialización extensiva no fueron suficientes para responder eficazmente los nuevos desafíos planteados por la tercera revolución industrial, con el desarrollo de la microelectrónica, las telecomunicaciones, la informática y todas las aplicaciones industriales derivadas de estos adelantos científicos y, gradualmente fue perdiendo terreno ante sus rivales capitalistas hasta llegar a su inglorioso derrumbe final, cuando todo el edificio político construido por la primera revolución proletaria de la historia, un acontecimiento extraordinario en la vida de las naciones, se desplomó sin un solo disparo, y ante la increíble indiferencia de la población.
El tema de la magnitud e implicaciones de estos grandes cambios económicos mereció una aguda observación del Comandante Fidel Castro en su discurso del 17 de Noviembre del 2005 en la Universidad de La Habana, conmemorando el sexagésimo aniversario de su ingreso a esa casa de estudios. Dijo en esa oportunidad que "somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía -y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país- es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva. Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin."
Fidel tiene razón: la economía de hoy no es la de hace cincuenta años atrás. No lo son ni el paradigma productivo, ni las modalidades de circulación de las mercancías, ni las características del sistema financiero ni el entrelazamiento mundial del capital y el de éste con los estados de los capitalismos metropolitanos. Por lo tanto, las políticas económicas del socialismo deben necesariamente partir del reconocimiento de esas nuevas realidades. Y, al mismo tiempo, tener la humildad y la sensatez necesarias como para desconfiar de fórmulas librescas, pret a porter, que se presentan como válidas para todo tiempo y lugar para la construcción del socialismo. En esa misma plática a los universitarios Fidel decía que "uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo." Lección esta importantísima, no sólo por provenir de quien proviene sino porque desafía la tendencia pertinaz en la izquierda de reducir la construcción del socialismo a la aplicación de una receta, un modelo, una fórmula.
Sujetos
Claramente, en plural. No existe un único sujeto -y mucho menos un único sujeto preconstituido- de la transformación socialista. Si en el capitalismo del siglo diecinueve y comienzos del veinte podía postularse la centralidad excluyente del proletariado industrial, los datos del capitalismo contemporáneo y la historia de las luchas de clases sobre todo en la periferia del sistema demuestran el creciente protagonismo adquirido por masas populares que en el pasado eran tenidas como incapaces de colaborar en la instauración de un proyecto socialista.
Campesinos, indígenas, sectores marginales urbanos eran, en el mejor de los casos, acompañantes en un discreto segundo plano de la presencia estelar de la clase obrera. La historia latinoamericana, desde la Revolución Cubana hasta aquí, ha demostrado que, al menos en los capitalismos periféricos el exclusivismo protagónico del proletariado industrial no fue confirmado por los hechos. Baste recordar la caracterización del "pueblo" hecha por Fidel Castro en La Historia me Absolverá, o el papel de esas masas populares urbanas y rurales en los levantamientos que tuvieron lugar en Bolivia y Ecuador (que se tradujeron posteriormente en las victorias electorales de Evo Morales y Rafael Correa), o el heroísmo de esas masas en la derrota del golpe de estado de Abril del 2002 en contra de la Revolución Bolivariana para apreciar, en toda su magnitud, la multiplicación de los sujetos de la resistencia y oposición al capitalismo.
Para finalizar, no podríamos dejar de examinar esta problemática sin cuestionar la falsa oposición que suele plantearse entre partidos y movimientos sociales. Lamentablemente, en los últimos tiempos esta oposición radical se arraigó muy profundamente en el imaginario de numerosos actores sociales y políticos de América Latina y el Caribe.
La consecuencia fue que mientras los partidos políticos de izquierda fueron todos ellos satanizados y considerados sin hacer distingo alguno -y por lo tanto cometiendo una enorme injusticia con algunos que lucharon ejemplarmente contra las dictaduras que asolaron a nuestros países en los años setentas y ochentas- como aparatos burocratizados, desmovilizadores y claudicantes, los movimientos sociales fueron exaltados como excelsas organizaciones inmunes a las deformaciones burocráticas, las ambiguedades, los personalismos y las mezquindades que según esta poco feliz interpretación caracterizarían a los partidos de izquierda de la región. Demás está decir que esta simplificación no resiste el menor análisis y que cualquiera mínimamente informado sobre la realidad sociopolítica de nuestros países sabe que los vicios que se achacan, muchas veces con justa razón, a los partidos también afectan, en mayor o menor medida, a los movimientos sociales. Sus proclamas a favor de la horizontalidad y el "basismo" no siempre encuentran una traducción real en la vida concreta de los mismos y no pocas veces son un discurso divorciado de los hechos. Y las "nuevas formas de hacer política" con que los movimientos sociales muchas veces se presentan en la escena pública para diferenciarse de la vieja politiquería partidaria suelen más pronto que tarde dar lugar a la resurrección de odiosas prácticas que se creían exclusivas de los partidos.
En otras palabras: partidos y movimientos representan dos modos de articular los intereses del campo popular, modos que no son contradictorios sino complementarios entre otras cosas porque juegan en distintos escenarios: los partidos en el marco de las instituciones políticas y los movimientos en el seno de la sociedad civil. Si estos demostraron poseer una potencial capacidad para establecer una conexión más estrecha con su propia base y representar de manera más inmediata sus intereses, adolecen en cambio de una enorme dificultad a la hora de sintetizar la multiplicidad de particularismos que ellos encarnan en una fórmula política y en una estrategia unificada que pueda enfrentar con éxito la estrategia unificada de la burguesía.
Tanto los partidos como los movimientos parecen ignorar que ésta jamás apuesta todas sus cartas en un solo escenario sino que continuamente combina tácticas y estrategias que utilizan tanto los canales institucionales (las elecciones y todas las instituciones políticas del estado) como los canales extra-institucionales: la calle, las movilizaciones, la propaganda política, los medios de comunicación de masas, los sabotajes, lock-outs patronales, fuga de capitales, huelga de inversiones, chantajes sobre los gobernantes, etcétera. En una palabra, la burguesía no se enfrenta con los falsos problemas que suelen paralizar al campo popular, esterilizado y desmovilizado en improductivas discusiones acerca de si movimientos sí o movimientos no, o partidos sí o partidos no.
Profunda conocedora del poder y sus secretos, la burguesía utiliza todas las armas disponibles en su arsenal haciendo caso omiso de sus características, mientras sus opositores se desangran dirimiendo primacías entre unas y otras y quedando por eso mismo a merced de sus enemigos de clase.

domingo, 20 de julio de 2008

Un socialismo para el siglo XXI

François Houtart
Ruthcuadernos.org
La hegemonía global del capitalismo, en su forma neoliberal, permitió universalizar la subordinación del trabajo al capital. El proyecto nuevo debe empezar por una deslegitimación clara y radical del capitalismo, en su lógica misma y en sus aspectos concretos en cada sociedad. A este propósito, podemos proponer tres niveles de reflexión: el nivel de la utopía (¿qué sociedad queremos?), los medios y finalmente las estrategias. Trataremos de aplicar estos tres niveles a los varios componentes de la realidad humana: ecológicos, económicos, políticos y culturales, y de proponer, de manera muy sintética, una serie de hipótesis como base de discusión.
Introducción
El socialismo es un proyecto antes que un concepto. Por esta razón es necesario abordar el contenido como paso preliminar a la utilización de la palabra. De hecho, ¿qué es el socialismo hoy? ¿Se trata del estalinismo, del maoísmo, de Pol Pot, de la socialdemocracia, de la tercera vía? Estamos ante la plena ambigüedad, lo que exige un nuevo cuadro de reflexión.
Sin embargo, hay una gran urgencia frente a la destrucción social y ambiental provocada por el modelo económico contemporáneo. La hegemonía global del capitalismo, en su forma neoliberal, no solamente fue edificada sobre nuevas bases materiales (las tecnologías de información y de comunicación) sino que permitió universalizar la subordinación del trabajo al capital («subsunción», según Carlos Marx). No solo se trata hoy de una subordinación real, es decir, dentro del proceso mismo de la producción a través del salario, sino también formal, o sea por medios financieros (precios de las materias primas y de los productos agrícolas, deuda externa, paraísos fiscales, fiscalidad interior que promueve la riqueza individual) y por medios jurídicos (normas de las organizaciones internacionales, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC).
Este último tipo de subordinación afecta a todos los grupos humanos tanto por la destrucción ambiental como por la sumisión a la ley del valor. Hoy día, los pueblos indígenas están afectados en su posibilidad de supervivencia por la explotación de los bosques o la destrucción de la biodiversidad; las mujeres son las primeras víctimas de la privatización de la salud, el agua, la electricidad; los pequeños campesinos son desplazados por las empresas trasnacionales del agrobusiness. De hecho, la vida de la humanidad en su conjunto está siendo agredida. Las consecuencias para la sociedad son profundas porque este proceso agudiza las contradicciones dentro de todas las relaciones entre individuos, no solo por la desigualdad económica y social creciente, sino por un aumento de los conflictos de género, de razas o de castas.
Por estas razones, el proyecto nuevo debe empezar por una deslegitimación clara y radical del capitalismo, en su lógica misma y en sus aspectos concretos en cada sociedad. La conciencia de que no se puede humanizar el capitalismo constituye la base de un nuevo proyecto concreto. A este propósito podemos proponer tres niveles de reflexión: el nivel de la utopía (¿qué sociedad queremos?), los medios y finalmente las estrategias. Trataremos de aplicar estos tres niveles a los varios componentes de la realidad humana: ecológicos, económicos, políticos y culturales y de proponer, de manera muy sintética, una serie de hipótesis como base de discusión.
I. Los objetivos o la utopía
¿Qué sociedad queremos? Esta pregunta puede parecer muy general, un conjunto de ideas abstractas, un sueño. Pero no seríamos seres humanos si se suprimiera la capacidad de soñar. Queremos vivir en una sociedad humana de cooperación y paz. Ya eso significa que no queremos vivir en un mundo de pura competitividad y agresión. Desde su inicio tal perspectiva introduce una contradicción con la sociedad neoliberal. Para definir de manera más concreta lo que podemos llamar la utopía, se pueden distinguir cuatro objetivos o principios, según las ya citadas dimensiones ecológica, económica, política y cultural.
1) Prioridad de una utilización renovable de los recursos naturales
Existe una simbiosis fundamental entre la naturaleza y el ser humano. La naturaleza es fuente de vida (la pachamama, tierra-madre, como dicen los pueblos indígenas de América del Sur). No se puede agredirla ni destruirla sin atentar contra la vida humana. La naturaleza no puede ser explotada en función de una racionalidad puramente instrumental, característica del tipo de modernidad vinculada económica y culturalmente con el capitalismo. Ello resultaría en la destrucción progresiva de la naturaleza. El «grito de la tierra», como escribe Leonardo Boff, se llama desertificación, deterioro del clima, gripe aviar, sida...
Este principio de la prioridad de la utilización renovable significa el rechazo a modos de producción y actividades que destruyen de manera irreversible el ambiente natural. El uso de recursos no renovables será el objetivo de una gestión colectiva, asegurando así su racionalidad. Sin embargo, este principio forma solamente una parte de la realidad y debe entrar en
2) Predominio del valor de uso sobre el valor de cambio
Esta distinción, hecha por Carlos Marx, es útil para pensar el futuro. El valor de uso es lo que contribuye a la calidad de la vida humana en todas sus dimensiones. El valor de cambio es el mercado, que tiene una función subordinada al valor de uso. Sin embargo, dentro de la lógica del capitalismo, el mercado domina hoy no solamente la actividad económica, sino toda la organización colectiva de la vida humana. Para el capitalismo no existe valor económico si el trabajo, los bienes y los servicios no se transforman en mercancías. Es lo que se llama la imposición de la ley del valor, que según Franz Hinkelammert, significa el fin del sujeto. Los seres humanos están sometidos a esta ley que invadió la realidad social sometiendo a la humanidad en su totalidad a la lógica del capitalismo. Es por eso que Karl Polanyi, economista estadounidense historiador del capitalismo, concluye en que es necesario reinsertar la economía en la sociedad.
3) Participación democrática en todos los sectores de la vida colectiva
La participación democrática, es decir, el poder de decisión del sujeto humano, no puede ser limitado al sector político. En este sentido, se puede decir que toda la realidad es política, empezando por la economía. El principio de la participación democrática tiene que aplicarse a todos los niveles de la vida humana colectiva, desde el local hasta el global.
4) Interculturalidad
Todas las culturas participan en la vida cultural y espiritual de la humanidad. Ninguna de ellas puede ser eliminada o marginalizada. Eso incluye todas las expresiones culturales, el derecho, la ciencia, las religiones y las espiritualidades. Las transformaciones que derivan de intercambios, de enriquecimiento mutuo, son bienvenidas porque la cultura no es estática.
Sobre la base de los cuatro principios expuestos se plantea el problema de los medios.
II. Los medios
No basta con afirmar principios. Construir otra sociedad significa aplicar medios para que ellos puedan ser realidad.
1) La relación con la naturaleza
Para llevar a cabo el primer principio de predominio de una utilización renovable podemos proponer tres medios principales. El primero es la apropiación pública de los recursos naturales esenciales para la vida, como el agua, las semillas, el aire. Estos recursos constituyen el «patrimonio de la humanidad» y deben escapar de la ley del valor, tal como está definida por el sistema económico capitalista.
La revalorización de la agricultura campesina es otro medio necesario. Se trata de luchar contra la concentración productivista de la tierra o de los productos agrícolas en manos de empresas trasnacionales que destruyen la naturaleza sin hablar de los desastres sociales y de promover una agricultura orgánica. En tercer lugar, la tarea fundamental de regeneración de la atmósfera, de los suelos, de las aguas y finalmente del clima.
2) El predominio del valor de uso sobre el valor de cambio
Existen varios medios para este predominio en específico. Solamente queremos señalar algunos de ellos.
• Promover la producción orientada hacia la mayoría de las poblaciones con la utilización de instrumentos públicos, lo que se opone al modelo de desarrollo actual que favorece un crecimiento económico espectacular de solamente 20% de la población. Eso es la consecuencia de la lógica del capitalismo, que necesita generar fuertes poderes de compra de una minoría para absorber una producción sofisticada, contribuyendo así a la acumulación del capital.
• La introducción de elementos cualitativos en el cálculo económico, como el bienestar (la calidad de vida), el entorno ecológico, la seguridad alimentaria. Las decisiones serán muy diferentes si se tomaran en cuenta estos elementos en los cálculos de los costos de producción y de intercambio.
• Limitar la influencia del capital financiero mediante un impuesto sobre los flujos internacionales, la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario y la supresión de la deuda externa de los pueblos del Sur.
• Abolición de las patentes en su forma actual y adaptación del derecho de autor, para evitar el monopolio de las trasnacionales.
• Revalorización de la empresa como lugar de trabajo común a fines sociales y no como fuente de riqueza para los accionistas.
• Reconocimiento y valorización de los empleos no reconocidos (mujeres en el hogar) o desvalorizados (servicio social, servicio de salud) y creación de empleos para sectores cualitativos de interés
colectivo (mejoramiento de la calidad de vida, servicios personales, etcétera).
• Constitución de un seguro social generalizado bajo control público.
• Revalorización del servicio público como servicio a la colectividad y no como atención a «clientes».
3) El principio de la democracia
La democracia no es solamente un fin, sino también un medio. En este sentido se debe extender la democracia representativa a todos los niveles de la actividad colectiva, incluyendo el sector económico. Sin embargo, se necesita también la promoción de la democracia participativa o directa como incremento del control popular en los mismos sectores. No se trata solo de la dimensión territorial (pueblos, barrios, aldeas), sino también de las empresas y de las administraciones.
4) El principio de interculturalidad
Los medios en este sector son también diversos, con prioridad a lo siguiente:
• Afirmar y concretar el derecho de los pueblos frente al derecho de los negocios, lo que significa un cambio fundamental de la filosofía de los organismos internacionales, financieros y comerciales.
• Protección de las culturas por medidas adecuadas en los diversos sectores de sus expresiones.
• Socialización de los resultados de la ciencia, sin monopolio industrial o particular.
• Afirmación de la laicidad del Estado, como base del diálogo filosófico y espiritual y del ecumenismo.
III. Las estrategias
Para poder aplicar los medios susceptibles de concretar los principios hay varios niveles de estrategias.
• Deslegitimar el capitalismo, como expresión de una modernidad deshumanizante, lo que significa la utilización de todos los espacios posibles para el desarrollo de un pensamiento crítico en los sectores de la economía, de la ecología, de la política y de la cultura. En este sentido, los foros sociales han cumplido un papel importante: el desarrollo progresivo de una conciencia colectiva.
• Acelerar la creación de actores colectivos a nivel global, a través de redes de resistencia (un ejemplo es Vía Campesina).
• Renovar el campo político de la izquierda, con la convergencia de varias organizaciones políticas (no se puede pensar en un partido único detentor de toda la verdad) y la centralidad de la ética en las prácticas políticas.
• Promover la emergencia de un nuevo sujeto histórico, que no estará solamente constituido por los trabajadores asalariados, sino por todos los grupos afectados en su vida por el sistema capitalista: pequeños campesinos, mujeres, pueblos autóctonos, etcétera.
• Buscar la centralidad de la ética como actitud colectiva e individual, en coherencia con la utopía, lo que implica una institucionalización de los procesos sociales y políticos como base de los comportamientos individuales y una redefinición permanente de los aspectos concretos de la ética, con la contribución de todos.
Podemos concluir que si es eso a lo que llamamos socialismo, se trata de un proyecto profético y constructor, capaz de contradecir la «barbaridad» y de traducir a la vez en un proyecto poscapitalista la defensa de la dignidad humana y el amor al prójimo.

* François Houtart (Bélgica, 1925): Sociólogo y teólogo. Ha publicado más de cuarenta libros, entre ellos: Sociología de la religión y Mercado y religión.