sábado, 23 de abril de 2011

La expansión del narcotráfico a Guatemala

La autocomplaciente interpretación del gobierno mexicano con respecto a la expansión del narcotráfico hacia Centroamérica, se viene a los suelos cuando se observa que no han sido los cárteles más golpeados los que se encuentran ya en Guatemala. ¿Acaso Guatemala será la continuación de la guerra entre cárteles que ha ensangrentado a México?

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

Se llamó Feliciano Tagual Ovalle, era guatemalteco y su cuerpo es uno de los 120 cadáveres que han sido encontrados en los primeros quince días de abril, en las fosas clandestinas en el municipio de San Fernando en Tamaulipas. Seguramente el lector recordará a dicho municipio, porque fue en el mismo en donde las fuerzas de seguridad mexicanas encontraron en un rancho a 72 migrantes sin vida, presumiblemente asesinados por Los Zetas. Hoy el tristemente célebre municipio de San Fernando vuelve a ser noticia de un hecho que revela cómo el narcotráfico ha rebasado a las autoridades mexicanas.

Hace unas semanas el presidente Barack Obama dijo a uno de los medios de comunicación en México que después de cuatro años de guerra contra el narcotráfico, éste se encuentra más poderoso que nunca. De manera elíptica Obama reconoció el fracaso de la política del gobierno de Felipe Calderón que ha ensangrentado al país con más de 35 mil ejecuciones y ha causado dolor entre los familiares de víctimas inocentes que son vistas como “daños colaterales”.

Lo que resulta descorazonador ante estos hechos es que se trata de una guerra inútil. El narcotráfico mexicano, a quien ya se considera uno de los más poderosos del mundo y definitivamente el más poderoso de América latina, no solamente no se ha replegado sino más bien se ha expandido hacia Centroamérica y particularmente a Guatemala. Desde hace dos años se sabe que una de las organizaciones criminales más importantes de Guatemala, el cártel de los Lorenzana, es el socio local del más poderoso cártel mexicano: el cártel de Sinaloa dirigido por Joaquín “el Chapo” Guzmán Loaera. La expansión de los carteles mexicanos a Guatemala ha sido interpretado de manera autocomplaciente por el gobierno de Calderón: arrinconados por la ofensiva gubernamental los cárteles mexicanos no habrían tenido más remedio que replegarse a Guatemala.

La lectura del libro de la periodista mexicana Anabel Hernández, “Los señores del narco”, publicado recientemente por Grijalbo, acaso nos pueda dar la clave de lo que en realidad está sucediendo. La guerra contra el narcotráfico en México no ha sido tal. En realidad ha sido la guerra entre narcotraficantes. No puede observarse sino con suspicacia que el cártel de Sinaloa no ha sido golpeado con la muerte o captura de sus capos. Es dudosa la muerte de uno de ellos el año pasado. El cadáver que se suponía era de Ignacio “Nacho” Coronel no correspondía en edad, complexión y huellas dactilares al del famoso capo de dicho cártel. En cambio los capos Beltrán Valencia, los Arellano Félix (Tijuana), los García Abrego y Cárdenas Guillén (el Golfo), los Carrillo Fuentes (Juárez) y Nazario Moreno González (La Familia Michoacana) han sido muertos o capturados y extraditados. Gozan de éxitos, riqueza, libertad y aureola legendaria los otros líderes del cártel de Sinaloa: el Joaquín “el Chapo” Guzmán, Juan José Esparragoza “el Azul”, Ismael “el Mayo” Zambada. El año pasado la revista Forbes declaró a “el Chapo” uno de los hombres más ricos del mundo con una fortuna de mil millones de dólares.

Así pues, la parte victoriosa de esta guerra entre los distintos cárteles, ha sido el cártel de Sinaloa quien logró doblegar a su antiguo enemigo (el cártel del Golfo) quien ahora es su aliado. El cártel de Sinaloa ha contado desde hace aproximadamente diez años con el apoyo de decisivas instancias del gobierno mexicano: ni más ni menos que las encargadas de la seguridad del país. Con ese apoyo se ha golpeado severamente a los carteles de Tijuana, de los Beltrán Leyva, de Juárez y la Familia Michoacana. Estos triunfos se presentan como los del gobierno mexicano cuando en realidad son del cártel de Sinaloa. El único cártel que se le ha podido enfrentar militarmente al de Sinaloa ha sido el de Los Zetas. Si no hubiera sido por la ayuda de sus socios gubernamentales, el cártel de Sinaloa habría sido duramente golpeado por la efectividad militar de un grupo que nació con la asesoría de militares mexicanos y kaibiles guatemaltecos.

La autocomplaciente interpretación del gobierno mexicano con respecto a la expansión del narcotráfico hacia Centroamérica, se viene a los suelos cuando se observa que no han sido los cárteles más golpeados los que se encuentran ya en Guatemala. Es el cártel de Los Zetas quien controla el narcotráfico en el 75% del territorio guatemalteco. Y es el cártel de Sinaloa , el cual entrando por el Pacífico, le empieza a disputar al primero su hegemonía en Guatemala.

¿Acaso Guatemala será la continuación de la guerra entre cárteles que ha ensangrentado a México?

Nota sobre el papel de la cultura en el debate sobre la sostenibilidad del desarrollo

Somos herederos de una cultura de la Ilustración liberal que, después de transitar por las opciones contrapuestas de civilización o barbarie entre 1750 y 1850, y de progreso o atraso entre 1850 y 1950, vino a desembocar en la disyuntiva entre desarrollo y subdesarrollo aún vigente, así sea porque no se ha encontrado con qué sustituirla.

Guillermo Castro Herrera / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Panamá

Para el ambientalismo latinoamericano, tan vinculado en su desarrollo a la relación entre deterioro social y degradación ambiental característica de nuestra región, la manera más efectiva de fomentar la riqueza natural consiste en fomentar la de las relaciones sociales de cooperación solidaria. La utilidad de este principio abstracto, sin embargo, depende de nuestra capacidad para ejercerlo en acuerdo con la circunstancia histórica que genera la crisis ambiental que nos aqueja.

Esa crisis tiene una de sus expresiones más visibles en un proceso de intensificación de la variabilidad climática natural, que a su vez estimula el cambio de los patrones de organización del clima en cuyo marco se ha desarrollado la civilización que conocemos. Esas alteraciones, y sus tendencias previsibles, han generado ya diversas iniciativas globales encaminadas a mitigar el impacto del cambio climático y a propiciar la adaptación humana a los nuevos patrones de clima que emergen de ese proceso.

Dentro de esas iniciativas destacan, por ejemplo, las que promueven alternativas de producción y consumo de energía que contribuyan a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero asociados a un incremento en la incidencia de eventos naturales potencialmente desastrosos, como los huracanes. Aun así, el vínculo entre estos factores excede a menudo nuestra capacidad para percibirlo y actuar en consecuencia.

Parte de esa dificultad se debe, sin duda, a que somos herederos de una cultura de la Ilustración liberal que, después de transitar por las opciones contrapuestas de civilización o barbarie entre 1750 y 1850, y de progreso o atraso entre 1850 y 1950, vino a desembocar en la disyuntiva entre desarrollo y subdesarrollo aún vigente, así sea porque no se ha encontrado con qué sustituirla. En ese marco, el problema de la energía tiende inevitablemente a ser considerado en relación con la aspiración a un crecimiento y una acumulación sostenidos e incesantes, propia de la cultura del desarrollo.

Esta visión debe ser criticada a partir de sus consecuencias prácticas. En materia de energía, por ejemplo, el problema a debatir no es tanto el de su origen – fósil, solar, hidráulico, eólico o biológico - cuanto el de los propósitos de su producción y consumo.

Aquí, lo que realmente está en cuestión es el lugar de la energía en el paso de una relación viciosa a una virtuosa en las interacciones entre nuestra especie y su entorno natural. Por lo mismo, esto nos plantea un desafío de orden político y cultural, antes que tecnológico.

Ese desafío, sin embargo, sólo podrá ser encarado en la medida en que lleguemos a ser capaces de asumir a la cultura de la Ilustración como un momento formativo necesario en el desarrollo de una cultura superior: la de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie. Esta tarea no es sencilla, ni puede operar simplemente a través del rechazo mecánico de la Ilustración y sus valores, incluido el del progreso. Aquí, como nos advirtiera Antonio Gramsci, conviene recordar que:

“En el análisis de los problemas histórico–críticos es preciso no concebir la discusión científica como un proceso judicial en el cual hay un imputado y un procurador que, por obligación de oficio, debe demostrar que aquél es culpable y digno de ser quitado de la circulación. En la discusión científica, dado que se supone que el interés sea la búsqueda de la verdad y el progreso de la ciencia, se muestra más “avanzado” quien se coloca en el punto de vista de que el adversario puede expresar una exigencia que debe ser incorporada, quizás como un momento subordinado, en la propia construcción” (El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2003, p. 26. [cursiva: GCH]).

Para superar críticamente la ignorante arrogancia de quienes confunden el proceso general de desarrollo de nuestra especie con la forma histórica particular de ese proceso que ahora ha entrado en crisis, es necesario superar toda arrogancia que limite la posibilidad de incorporar a una visión nueva de nuestro lugar y nuestra responsabilidad en el mundo todas las conquistas y todos los sueños del pasado que hoy nos corresponde superar. Desde allí, podremos contribuir a la construcción de la cultura que llegue a ser capaz de expresar el interés general de los humanos en establecer los fundamentos de una sociedad capaz de sobrevivir al desastre ambiental creado por la nuestra, y convertir de posible en probable la transición a un mundo nuevo.

Cuba: Un Congreso de la Nación

El Informe y las Conclusiones del congreso presentados por Raúl, así como los Lineamientos de la reforma económica, son documentos de gran interés para quienes luchan por alternativas a la suicida y devastadora globalización neoliberal.

Ángel Guerra Cabrera / LA JIRIBILLA (Cuba)

De la cresta de una ola popular emergió el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba que sesionó entre el 14 y el 19 de abril. La marcha de los habaneros en la mañana del 14, recordando a los mártires y la victoria en Playa Girón, mostró cuánto había calado en el pueblo la reunión partidista así como su clara conciencia de lo que significaba para el futuro de la Revolución. Sólo alguien muy insensible podía no sentirse conmovido ante la combatividad de todos y la alegría de los contingentes juveniles y estudiantiles en la multitud que invadió la gigantesca Plaza de la Revolución. No marchaban para protestar, ni para pedir otra cosa que la defensa y perfeccionamiento del socialismo, ni mucho menos para exigir la renuncia del gobierno, sino para apoyarlo y alentarlo, para decir que siguen siendo los mismos que hace 50 años hicieron posible la primera derrota del imperialismo yanqui en América. Lea el artículo completo aquí…

Coordenadas históricas del intervencionismo de EE.UU en México

La larga frontera común ha dado pie a considerar a nuestro país como un caso paradigmático del ya secular intervencionismo estadunidense en el mundo entero.

Gilberto López y Rivas / LA JORNADA (México)

México es el único país del capitalismo del subdesarrollo que tiene una frontera territorial con Estados Unidos, la cabeza hegemónica del sistema imperialista mundial. También es un caso singular en América Latina por haber tenido lugar una guerra convencional entre ambas naciones (1846-1848). Es significativo que Joel R. Poinsset, primer embajador estadunidense en nuestro país, se distinguiera por su injerencia en los asuntos nacionales y su insistencia en adquirir las provincias norteñas o internas, que después fueron ciertamente conquistadas por la fuerza de las armas y entregadas formalmente a Estados Unidos a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en febrero de 1848. Lea el artículo completo aquí…

Nicaragua: Victoria del FSLN hará posible profundizar los cambios

Aquí no ha habido un cambio estructural del país. Lo que ha habido es un gobierno que ha cambiado las prioridades del Estado, colocando en primer lugar el ayudar a salir de la extrema pobreza a un segmento de la población y el promover políticas que ayuden a elevar el nivel de vida de toda la población.

William Grigsby / CEPRID

En estos cuatro años en los que el Frente Sandinista ha ejercido el poder, el Frente se ha ocupado, en primer lugar, en reconstituir las prioridades del país desde el punto de vista económico y social. Y ha tenido bastante éxito en la re-dirección de las políticas económicas en las nuevas circunstancias.

El Frente Sandinista tiene su película clara. Además de lo que ya conocemos –la gratuidad de la educación y de la salud y los programas sociales que son banderas de este gobierno–, uno de los logros más importantes de este gobierno ha sido recuperar paulatinamente la función del Estado como rector de las políticas económicas. Aunque esto no lo ha logrado plenamente, sí ha iniciado el proceso para lograrlo. Cito, por ejemplo, la refundación –podríamos llamarla así– de ENABAS (Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos), encargada de regular el precio de algunos alimentos, lo que la convierte en un pivote fundamental para mantener el equilibrio de la economía familiar. Otro ejemplo: las estratégicas políticas del Estado en inversiones en energía, que han logrado una clara rectoría del Estado en todo el sector energético. Otro ejemplo: la redefinición de las prioridades en la construcción de caminos y carreteras. Hasta hace cuatro años la prioridad eran los corredores internacionales o las carreteras troncales, ahora son otras las prioridades. Lea el texto completo aquí…

Venezuela: La oposición en su laberinto

La Mesa de Unidad Democrática no es más que un estado de ánimo, porque no todos se sientan en la mesa y menos para hablar de unidad y democracia.

Aram Aharonian / ALAI

Quizá uno de los problemas graves de este gobierno es que ha carecido de interlocutores válidos, confiables. Y, lamentablemente, hasta ahora esta oposición no ha demostrado que pueda llegar a serlo, sobre todo por la gran frustración que hasta ahora ha sido su actuación en la Asamblea Nacional y porque mientras recitan democracia, algunos grupos entienden guarimbas y desestabilización.

Pareciera que sigue prevaleciendo la tesis de los que no tienen política (ni capacidad para generarla) y se reniega de esta posibilidad de careo, de juego democrático –que por demás tanto costó construir- para seguir apostando a la ruleta de la desestabilización para supuestamente lograr la ingobernabilidad… para que intervengan de afuera para poner orden.

Desde el 2002 la historia vuelve a repetirse, con algunos intervalos en el medio, que es cuando respiramos y creemos que esta vez sí entramos en el juego democrático. Pero héte aquí que no…. Lea el artículo completo aquí…

Un poco de dignidad

El derrumbe del socialismo terminó con la guerra fría. Pero no con las injerencias externas sobre Latinoamérica.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

Después de concluida la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se iniciaron los procesos de descolonización y liberación en Asia y África. En la Conferencia de Bandung (1955), que reunió a 25 países de ambos continentes, nació el “Tercer Mundo”, que, desde entonces, postuló la lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo, en defensa de los recursos naturales propios, a favor de la soberanía de los pueblos, su libertad e independencia y contra todo tipo de intervención extranjera. Lea el artículo completo aquí...


La derecha y su fábrica de mentir

La llegada a Argentina de un contingente organizado y financiado por poderosos “tanques de pensamiento” de la derecha radical como la Sociedad Mount Pelerin, el Insituto Cato, la Fundación Heritage y el Fondo Nacional para la Democracia (NED, por su sigla en inglés) con estrechas vinculaciones con los servicios de inteligencia de Estados Unidos, demuestra la agresiva internacionalización de la derecha y la importancia que le conceden a la “reconquista” de este continente.

Atilio Borón / www.atilioboron.com

(Fotografía: Mario Vargas Llosa y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri)

La cumbre de la ultraderecha mundial en Buenos Aires revela varias cosas. Por un lado, la creciente desesperación del imperialismo para “reordenar su tropa” y tratar de retomar el control absoluto de este continente.

La heroica resistencia de Cuba (en donde el VI° Congreso del Partido Comunista de Cuba acaba de ratificar la continuidad del proyecto socialista, convenientemente actualizado); la solidez política de los procesos radicales en marcha en Venezuela, Bolivia y Ecuador y, por último, la persistencia de una orientación latinoamericanista e integracionista en Argentina, Brasil y Uruguay generan el desasosiego de los administradores imperiales.

El resultado de la primera vuelta electoral en Perú y la probabilidad de un triunfo de Ollanta Humala es otro dolor de cabeza para el ocupante de la Casa Blanca. De ahí el hiperactivismo de los publicistas imperiales, con Mario Vargas Llosa como aclamado mascarón de proa... Lea el artículo completo aquí…

José Mujica: "Yo no miro atrás, pero no puedo imponer a los ciudadanos mi manera de ser"

“Tenemos una concepción socialista del hombre. Pero pienso que no es posible construir el socialismo con sociedades de semianalfabetos”, afirma en esta entrevista el presidente de Uruguay.

Soledad Gallego Díaz / El País (España)

El presidente de Uruguay, José, Pepe, Mujica (76 años), recibe a EL PAÍS en uno de los momentos más delicados de sus 13 meses de mandato. El Senado, gracias al voto de su grupo, el Frente Amplio, va a dejar sin efecto la Ley de Caducidad, vigente desde 1986, que ha permitido hasta el momento no juzgar a los militares acusados de cometer atroces delitos durante la dictadura de 1973 a 1985. Es conocido que Mujica, ex dirigente tupamaro, que fue brutalmente torturado y que pasó casi 15 años preso, no ha querido impulsar personalmente esa iniciativa y que intenta mantener su presidencia al margen de la polémica.

No es el único exguerrillero que no quería que se derogara la ley de amnistía. Otro dirigente histórico, el senador Eleuterio Fernández Huidobro, votó, por disciplina partidaria, con su grupo y a favor de reabrir los procesos, pero inmediatamente dimitió. Al acabar esta entrevista, el presidente Mujica fue a visitar a su viejo amigo para darle un fuerte abrazo en público. Lea la entrevista completa aquí…

sábado, 16 de abril de 2011

Fernando Rojas: “Las transformaciones que está viviendo Cuba son resultado de un proceso de discusión popular”

CON NUESTRA AMÉRICA conversó en exclusiva con Fernando Rojas, Viceministro de Cultura de Cuba, sobre las implicaciones culturales de las transformaciones que está viviendo actualmente la isla.

Nota relacionada: “El debate sobre la reforma económica en Cuba evidenció dudas y resistencias, dicen analistas”, de Gerardo Arreola para LA JORNADA

Entrevista de Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

(Fotografía: Fernando Rojas, Viceministro de Cultura de Cuba)

Rafael Cuevas Molina (RC): Cuba se encuentra inmersa en un proceso de transformaciones y reformas que están, de alguna forma, reperfilando a la sociedad cubana. Me interesaría conocer tu opinión respecto a qué implicaciones podría tener esto en el orden de lo cultural.

Fernando Rojas (FR): La expresión con que caracterizamos el proceso es la de actualización del modelo económico. Creo que se trata de una expresión bastante exacta en el sentido de que no se tiene previsto cambiar el modelo social, el modelo socialista, pero sí que este modelo, en particular un rasgo esencial que él ha tenido, que es la intervención estatal en la mayor parte de la vida social y económica, se modifique sustancialmente.

Esta es la primera idea que habría que subrayar. O sea, el Estado va a ceder espacios del empleo, va a ceder espacios de la iniciativa productiva -que ha sido mayoritariamente estatal- a personas privadas en esta etapa, en un futuro a colectivos, a grupos de personas, a cooperativas y a otras formas de gestión grupales. Va haber un cambio importante en la estructura del empleo en los cinco años que tenemos por delante, probablemente las personas no empleadas en las instituciones estatales pasarán a ser la tercera parte de la población económicamente activa; el sistema impositivo cambiará (primero, porque serán más las personas a pagar impuestos y, luego, porque serán progresivos y no el resultado de tasas fijas como ha sido hasta ahora, y tendrá que ver sobre todo con la ganancia real que se obtenga y con el estímulo a esa ganancia); aparecerán en el mercado estos actores que tienen una presencia muy reducida hoy, y esto, por supuesto, va a provocar sin duda cambios en la conciencia. Una población que ha estado acostumbrada a que predomine sobre todo el empleo estatal, a que predomine la atención del Estado a la seguridad social y, en general, a toda la actividad social, tendrá que adaptarse a trabajar por sí misma o, de manera autogestionaria, con otros grupo de personas para un mercado, a pagar impuestos -que no lo hacen hoy- y, además, hacer ellos mismos la contribución a la seguridad social y no hacerla el Estado como es hasta ahora.

Yo creo que esa actualización va a significar sobre todo que el Estado preservaría las conquistas fundamentales que indican la naturaleza del Estado socialista como son los logros sociales: la salud gratuita, la educación gratuita, ambas universales; un acceso privilegiado a la actividad deportiva y a la cultura, en este caso no tan universal porque algunas actividades que en estas áreas hoy son gratuitas o son subsidiadas, bien dejarán de serlo o bien se reducirán los subsidios o habrá reducciones presupuestarias que no hagan decaer el nivel de la actividad pero sí exigirán que las personas aporten económicamente para recibir estos beneficios.

Creo que básicamente esa sería la descripción: preservar esas conquistas, producir estos cambios y crear condiciones de despegue económico que es lo principal que hay que resolver: más racionalidad, más ahorro, más ingresos, menos gastos, para entonces profundizar más adelante la construcción de la sociedad socialista. Lea la entrevista completa aquí…

México: neoliberalismo de guerra

En 2012, en las elecciones presidenciales, ¿podrá el México profundo responder a los desafíos de su tiempo histórico y revertir el rumbo hacia el que lo conducen los dueños y gendarmes del México imaginario?

“Crece nuestra dependencia por hambre: el país en el que se inventó el maíz importa ahora maíz”.

Guillermo Bonfil Batalla. 1987.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

En su libro México profundo. Una civilización negada, un clásico publicado por primera vez en 1987, Guillermo Bonfil Batalla planteaba una reflexión estremecedora sobre el “modelo de desarrollo” –de abierta filiación neoliberal- adoptado tras la crisis de 1982 y el agotamiento del proyecto nacional de la Revolución Mexicana. A la distancia geográfica que nos separa de un país querido por su historia, su cultura y sus vínculos profundos con la región centroamericana, nos parece necesario recuperar y traer al presente, por su vigencia, las ideas del intelectual mexicano.

Preocupado por las consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales que ese modelo –y su consecuente subordinación a los EE.UU- presagiaba para el futuro de México, Bonfil Batalla alertaba: “Los dólares (¿cuántos millones al año?) que remiten los braceros alivian la situación de sus familias y aumentan la reserva de divisas; pero el bracerismo no puede ser la solución de la economía mexicana, porque si aceptamos que lo es, debemos aceptar la consecuencia política inevitable: declarar disuelto el país e integrarnos individualmente a la economía y la sociedad norteamericanas”[1].

Faltaban, entonces, siete años para la firma del TLCAN: el tratado comercial que, según los más optimistas y dogmáticos neoliberales, marcaría el ingreso de México al supuesto Primer Mundo. Y tendría que pasar todavía casi un cuarto de siglo más para que aquella advertencia se convirtiera en un retrato de la compleja problemática que enfrenta actualmente la sociedad mexicana.

En efecto, ese “modelo de desarrollo”, que poco a poco se extendió también por toda Centroamérica, en virtud de la integración real impulsada por los capitales transregionales, los grupos de poder económico y la articulación política de las élites gobernantes mesoamericanas, fracasó rotundamente en sus promesas de prosperidad económica y social para las grandes mayorías.

Un estudio del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Instituto Tecnológico de Monterrey reveló, en días pasados, que desde el año 2006 a la fecha, entre 9 y 10 millones de mexicanos bajaron su ingreso al nivel de pobreza, creció la precariedad del empleo y el salario mínimo, que perciben unas 16 millones de personas, resulta insuficiente para garantizar el sostén de una familia. Todo esto, con el “agravante de que el ingreso mínimo representa apenas una cuarta parte del poder adquisitivo que tenía en los años 70 del siglo pasado (La Jornada, 13/04/2011).

Un país con inmensas riquezas naturales, económicas y humanas, se encuentra fragmentado por una desigualdad social escandalosa: Frente al poderosísimo grupo de los 11 mexicanos más ricos del orbe que, de acuerdo a la revista Forbes, acumulan 125 mil 100 millones de dólares o 12.4 por ciento del valor de todos los bienes y servicios producidos por la economía nacional, se encuentran 44 millones de pobres a secas[2] (Argenpress.info, 5/04/2011).

Por otro lado, la amenaza de la disolución de México en Estados Unidos, de la que hablaba Bonfil Batalla, hoy avanza más allá de lo económico y cultural: la norteamericanización es impulsada tanto por los intereses políticos y militares de los Estados Unidos, como por el entreguismo de la clase política mexicana, sobrepasada –por complicidad e incapacidad- por las organizaciones criminales del narcotráfico, que germinaron, precisamente, a la sombra del poder y en medio de la corrupción de las autoridades públicas en todos los niveles.

La militarización del modelo neoliberal en el gobierno de Felipe Calderón, por la vía de la guerra contra el narcotráfico, va camino de una estrepitosa derrota social, con altísimos costos para la nación mexicana: más de 30 mil muertos y 230 mil personas desplazadas por el conflicto (La Jornada, 26/03/2011). Otro tanto cabe decir de las consecuencias político-jurídicas: bajo el argumento de los operaciones militares y policiales conjuntas, México cede, acaso irreparablemente, soberanía frente a los Estados Unidos.

Hace pocos días, congresistas estadounidenses discutieron, nuevamente, la posibilidad de enviar tropas al territorio mexicano. El representante republicano de Texas, Michael McCaul, aseguró que el presidente Calderón “quiere trabajar con nosotros y no sé en qué resultará la próxima elección, si tendremos la misma ventana de oportunidad. El tiempo como que se está acabando”. Y como buen cowboy, McCaul quiere un cheque en blanco para los soldados norteamericanos: “Sé que los temas de soberanía son grandes y entiendo los obstáculos (…) para convencerlos (a los mexicanos) de que eso es lo mejor. Pero si estamos enviando a los nuestros allá abajo, lo deberíamos hacer sin tener una mano atada a la espalda” (La Jornada, 14/04/2011).

Presencia militar extranjera con cada vez mayor capacidad de decisión sobre asuntos de seguridad nacional, sujeción política a los intereses estadounidenses, debilitamiento sistemático de la economía nacional, flujos migratorios que alimentan el negocio del crimen y la ilegalidad del mundo del trabajo, y la negación cultural del país real para favorecer la construcción de un país imaginario: tales podrían ser las características generales del modelo neoliberal de guerra, y su afán por la posesión y control de recursos naturales y mercados, y por aumentar el control social de los pueblos excluidos de los beneficios económicos, que solo alcanzan a la minoría vinculada al poder y los negocios.

En 2012, en las elecciones presidenciales, ¿podrá el México profundo responder a los desafíos de su tiempo histórico y revertir el rumbo hacia el que lo conducen los dueños y gendarmes del México imaginario?


NOTAS

[1] Bonfil Batalla, Guillermo (2008). México profundo. Una civilización negada. -3era. reimpresión- México D.F.: Random House Mondadori. Pp. 217-218.

[2] Ibarra Aguirre, Eduardo. “México: la multitud de pobres”. 5 de abril de 2011. Argenpress.info: http://www.argenpress.info/2011/04/mexico-la-multitud-de-pobres.html

América Latina: el camino a Rio+20

La creciente importancia de lo ambiental en la definición de las relaciones de poder en América Latina está generando, a su vez, factores y criterios nuevos de formación, formulación y aplicación de políticas económicas.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Panamá

En el camino a Rio + 20, destacan tres rasgos de nuestra circunstancia ambiental, forjados al calor de nuestra vinculación cada vez más integral y profunda con la economía global. El primero corresponde a la renovada importancia de nuestra América como proveedora de materias primas y alimentos para el mercado global y, en particular, la región de Asia – Pacífico. El segundo, a la masiva transformación de la naturaleza aún no incorporada al mercado en capital natural por dos vías principales: una, la construcción de megaproyectos de infraestructura – como la ampliación del Canal de Panamá, el desarrollo de la hidrovía Paraná – Paraguay, y la red vial que vincula la Amazonía con la costa del Perú; otra, la formación de mercados de servicios ambientales, que van desde la captura de carbono hasta la bioprospección y el ecoturismo. El tercero de los factores mencionados – íntimamente ligado a todo lo anterior – consiste en la creciente, y ya irreversible, incorporación de temas y demandas ambientales en las agendas de los movimientos sociales y políticos de la región.

Estas transformaciones en curso aportan nuevas oportunidades para encarar lo ambiental en una perspectiva de desarrollo sostenible que vaya más allá del mero interés de propiciar el crecimiento económico sostenido con algún grado de preocupación por sus consecuencias para el entorno. Para aprovechar estas oportunidades, convendría recuperar para el debate ambientalista toda la riqueza de las relaciones entre la economía y la política. Al respecto, es útil recordar que la economía es la disciplina que se ocupa de asignar recursos escasos entre fines múltiples y excluyentes. Para esto, la economía opera a partir de prioridades que a su vez expresan las relaciones de poder efectivamente existentes en la sociedad, con lo cual toda decision económica economía viene a ser, finalmente, la expresión de una política.

La creciente importancia de lo ambiental en la definición de las relaciones de poder en América Latina está generando, a su vez, factores y criterios nuevos de formación, formulación y aplicación de políticas económicas. Esta realidad política nueva se expresa, por ejemplo, en el número cada vez más amplio de grupos y sectores sociales que se reconocen y pasan a ejercerse como partes interesadas en la gestión ambiental a escala tanto local como nacional y regional.

Entender y asumir estos factores nuevos de política facilitará comprender dos problemas básicos para la gestión de las interacciones entre sistemas sociales y naturales. En primer lugar, que la major manera de proteger y fomentar la riqueza natural consiste en fomentar

la riqueza de las capacidades sociales de cooperación y organización. Y, enseguida, que siendo el ambiente el resultado de las formas en que una sociedad organiza sus relaciones con el entorno natural del que dependen su existencia y su desarrollo, quien aspire a contar con un ambiente distinto deberá por necesidad contribuir a la creación de una sociedad diferente.

Identificar los términos en que quepa plantear esta diferencia, y las vías para convertirlos en problemas prácticos de política, es el mayor desafío que enfrenta hoy la cultura ambiental de los latinoamericanos. Hacia allá debe conducirnos el camino que nos lleve a que la próxima Cumbre Mundial del Ambiente facilite aprender de las experiencias gestadas a partir de 1992 de un modo que permita expresar cada vez mejor el interés de todos en crear un desarrollo que sea sostenible por lo humano que llegue a ser.

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución Cubana

Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo.

Artículos relacionados:

“Playa Girón”, de Ángel Guerra

“Girón 50”, edición especial de la revista LA JIRIBILLA

Atilio Borón / ALAI

En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria, que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año, desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 –apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lea el artículo completo aquí…

El mito de Chavez golpista

Lo que hizo un sector de los militares venezolanos encabezados por Chávez en febrero de 1992 y luego el 27 de noviembre de ese mismo año, fue una rebelión militar. Esa rebelión había empezado a gestarse desde 1977 cuando un grupo de jóvenes oficiales, entre los cuales estaba el propio Chávez, hicieron el "juramento bolivariano", el mismo que hizo Simón Bolívar en el Monte Sacro.

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

Buena parte de los argumentos en los cuales se fundamenta la derecha para sostener el carácter dictatorial del régimen encabezado por Hugo Chávez es la participación de éste último en la sublevación cívico militar del 4 de febrero de 1992. El propio estilo de Chávez, proclive a la incontinencia verbal, a veces ha alimentado la imagen odiosa de militar golpista. Pero lo acontecido en febrero de 1992 dista mucho de ser un golpe de Estado. O por lo menos está lejos de ser un golpe de Estado como los que la derecha felicitó durante la época de la guerra fría y la seguridad nacional. O como el que propició en Venezuela en abril de 2002 cuando Chávez fue derrocado por 48 horas. La doble moral de la derecha es tan evidente que durante todo el gobierno de facto de Roberto Michelleti en Honduras, negó que este hubiese sido producto de un golpe de Estado.

El golpe de Estado clásico en América Latina casi siempre ha sido el resultado del consenso de la cúpula militar que rompe la institucionalidad y derroca al gobierno de turno. El golpe de estado clásico no observa una rebelión de mandos medios y bajos contra la parte fundamental de la cúpula militar. Tampoco observa una abierta participación civil en el pronunciamiento a no ser el de las cúpulas de los partidos (generalmente reaccionarios) que han alentado a los golpistas. Esto fue lo que se observó en Guatemala en marzo de 1963 con Peralta Azurdia, en marzo de 1982 con Ríos Montt y en agosto de 1984 con Mejía Víctores. Lo que se observó en Venezuela en 1992 está más cerca de lo que observamos en Guatemala el 13 de noviembre de 1960 que lo que pudimos ver en Chile el 11 de septiembre de 1973. Aunque al final de cuentas en ambos casos se rompe la institucionalidad, es imprescindible distinguir al golpe de Estado de la rebelión militar.

Lo que hizo un sector de los militares venezolanos encabezados por Chávez en febrero de 1992 y luego el 27 de noviembre de ese mismo año, fue una rebelión militar. Esa rebelión había empezado a gestarse desde 1977 cuando un grupo de jóvenes oficiales, entre los cuales estaba el propio Chávez, hicieron el "juramento bolivariano", el mismo que hizo Simón Bolívar en el Monte Sacro. Ruptura de cadenas, elecciones populares, tierras y hombres libres y horror a la oligarquía tales fueron los elementos centrales del juramento que siguiendo a Bolívar hicieron aquellos militares. Así nació el Ejército Revolucionario Bolivariano 200 que después, al incorporar a civiles en su organización se convirtió en 1982 en el Movimiento Revolucionario Bolivariano Revolucionario 200 (MRB-200). El número 200 aludía al bicentenario del nacimiento de El Libertador. El MRB-200 se vinculó al Partido Revolucionario Venezolano (PRV), disidencia y evolución del Partido Comunista Venezolano y de la extinta guerrilla comandada por Douglas Bravo. Durante diez años los jóvenes oficiales conjurados y aliados a un sector de la izquierda venezolana, mantuvieron una silenciosa labor organizativa y presenciaron con indignación la matanza realizada por Carlos Andrés Pérez en febrero de 1989 con motivo del "Caracazo".

En febrero de 1992, el largo proceso de gestación culminó con la rebelión que fue concebida por sus protagonistas como una "sublevación cívico-militar" más que como golpe de Estado. Ciertamente fueron militares sus principales actores, pero la fracasada gesta contó con simpatía popular. Prueba de ello es que Chávez salió de la cárcel en 1994 para iniciar el camino que lo llevaría a la presidencia del país en 1999.

¿Fue el pronunciamiento encabezado por Chávez una rebelión militar o un golpe de Estado? Podríamos hacernos la misma pregunta con respecto a los acontecimientos del 20 de Octubre de 1944, gesta que hoy evocamos como la "revolución de 1944". Al igual que en Venezuela, lo que aconteció en Guatemala fue el resultado de un sordo agravio de buena parte de la sociedad con respecto a un régimen que se había vuelto odioso. Igualmente el eje de la rebelión fue un sector medio del ejército que se sublevó contra el alto mando que estaba con el régimen. De manera similar un sector de civiles se sumó al pronunciamiento que el descontento popular había alentado.

La diferencia fue que la gesta de octubre de 1944 fue victoriosa e inició una década de cambios, atajados por una contrarrevolución que sumió a Guatemala en la tragedia durante más de 40 años. En Venezuela la rebelión militar de 1992 fracasó, pero volvió bajo la forma de un victorioso movimiento político revolucionario cuyo desenlace final aún no conocemos.

Migración centroamericana y México

México debe reorientar su política con Centroamérica que ha hecho del país el estratega de Estados Unidos tratando de detener la migración de los centroamericanos que pretenden ir hacia el norte.

Ana María Aragonés / LA JORNADA (México)

Las tragedias que en estos últimos años han vivido los migrantes centroamericanos en su tránsito por México amerita un breve análisis desde la perspectiva histórica para comprender cuál ha sido el papel que han jugado tanto Estados Unidos como México en el fenómeno migratorio de los centroamericanos.

Los principales países expulsores en Centroamérica son Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras y prácticamente todos ellos, aunque Honduras presentaría rasgos distintos, fueron desde 1960, con algunas diferencias temporales, escenario de diversos movimientos insurgentes que buscaron derrocar a las dictaduras militares y a los gobiernos autocráticos. Gobiernos a los que por cierto Estados Unidos apoyaba pues la región era, para variar, estratégicamente importante para sus intereses. Ante la posibilidad de que los grupos insurgentes lograran su cometido, también apoyó de muy diversas maneras las bestiales represiones que los gobiernos pusieron en marcha, tales como campañas de tierra arrasada en Guatemala, los “contras” en Nicaragua, la “guerra sucia” en El Salvador, pero Honduras jugó otro papel y sirvió de base a los contras. La gran justificación de Estados Unidos para intervenir no se llamaba terrorismo sino comunismo. Lea el artículo completo aquí…