Al ver castigados a los golpistas, un anciano como yo recupera la confianza –aunque tardía— en el poder humano de distinguir lo justo de lo injusto, el bien del mal. Lo que siento no es euforia, sino reconciliación con la vida y la democracia.
Frei Betto / Cubadebate
En junio de1964 yo tenía 19 años. Vivía en Río, en una “república” de estudiantes, todos dirigentes de la Acción Católica. En la madrugada del 5 al 6 de aquel mes, agentes de Cenimar, el servicio secreto de la Marina, invadieron nuestro apartamento armados con ametralladoras. Nos llevaron a todos al Arsenal de la Marina. Me propinaron bofetadas y puntapiés, convencidos de que era Betinho, un dirigente de Acción Popular, una organización de izquierda, y años después de Acción de la Ciudadanía contra el Hambre y la Miseria y por la Vida.




