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sábado, 18 de julio de 2026

El fútbol como negocio y cortina de humo

 El fútbol, como todos los deportes -quizá más que todos- dejó hace mucho tiempo de ser un pasatiempo, un entretenimiento dominguero. Pretender desandar ese camino en un mundo hoy globalizado donde todo, absolutamente todo, siguiendo la lógica capitalista, se mide en términos de beneficio económico, es un imposible.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

La FIFA es una mafia, una secta... El fútbol está contaminado.

Diego Maradona

 

El fútbol es el opio del pueblo.

Jorge Valdano

 

El espíritu amateur que se pusiera en marcha con la reedición moderna de los Juegos Olímpicos de la mano del Barón Pierre de Coubertin en 1896 en Atenas, ya no existe. El deporte, por cierto, no nació como actividad profesional; distintas sociedades, a su modo, lo han cultivado a través de la historia, siempre como culto a la destreza corporal. La profesionalización y su transformación en gran negocio a escala planetaria es algo que solo el capitalismo moderno pudo generar”.

sábado, 29 de junio de 2024

El fútbol. La identidad nacional y el espectáculo, entre Copas

 Existe una contraparte político cultural que emerge en situaciones límites, donde el futbol se conjuga con el orgullo social de quienes no tiene voz o representación; y les permite desde lo popular tenerlo como medio de expresión.

Enoch Adames M. / Para Con Nuestra América

Desde Ciudad Panamá


En su libro “El fútbol a sol y sombra”, Eduardo Galeano, escribe: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.

sábado, 22 de junio de 2019

La Copa América y los sorbos amargos de Bolsonaro

La expresión latina conocida por muchos, “panem et circenses”, que literalmente significa "pan y circo", describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a su población u ocultar hechos controvertidos y prácticas no atinadas, provee a su gente de alimento y entretenimiento.

José A. Amesty R. / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Se le llama en España, "pan y toros". "Pan y espectáculo" en Rusia. En Roma, se le llamó "pan y juegos del circo". En ésta última, era una práctica romana de proveer trigo gratis a los ciudadanos romanos, así como costosas representaciones circenses y otras formas de entretenimiento, como medio para ganar poder político a través del populismo.

Esta parece ser la actitud de Jair Messias Bolsonaro, presidente de Brasil, al ser sede de la Copa América, y  llevar a cabo la celebración y organización de los partidos de fútbol de este reconocido torneo.

sábado, 11 de julio de 2015

A partir de la Copa América de Fútbol… La impunidad pasó a ser la ley (¡en todo!)

“Pan y circo” decían los dirigentes del Imperio Romano. O sea: “Diversión barata para mantener tranquila a la chusma”. 2.500 años después las cosas no han cambiado mucho. ¡O nada! De gladiadores y leones hambrientos pasamos a inteligencia artificial y satélites geoestacionarios para transmitir señales digitales con que “¿seguir manteniendo tranquilo al populacho?”. Es duro, descarnado… ¡pero patéticamente real!

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

El polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinsky, bastión del pensamiento ultraconservador de la gran potencia capitalista, decía sin ambages en 1968: “El rumbo actual lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”. Palabras más, palabras menos: pan y circo.

El gobierno chileno organizó la Copa América de Fútbol. Era necesario, imprescindible, hacer un buen papel en el torneo. Y si se podía ganar… ¡mejor! De hecho: lo ganó. Para ello se apeló a todo lo necesario. ¡También a reforzar la impunidad!, ¿por qué no?

sábado, 13 de junio de 2015

Hacia una sociedad de la recreación

Paradójicamente, la crisis de la FIFA debe  invitarnos a soñar con ese mundo de maravillas, donde Alicia seamos cada uno de nosotros si  hacemos del deporte una práctica para (re)crearnos como seres humanos plenos.

Arnoldo Mora Rodríguez* / Especial para Con Nuestra América

En una época en que la mayor parte de las noticias tiene que ver con  escándalos de corrupción, no deja de causar extrañeza el gran espacio que se la ha dado a lo que, desde hace años, era archiconocido y se venía denunciando: la podredumbre en que se había sumido la FIFA, convertida en una poderosa trasnacional que se creía y se comportaba como una organización que ejercía poderes omnímodos  en el ámbito planetario fuera del alcance de los tribunales de justicia. Nadie tenía injerencia en sus negocios aunque todo el mundo comentaba que eran tan gigantescos como sucios. Ahora esperamos que la detención de varios de sus dirigentes y la renuncia de su presidente permita arrojar luz dentro de ese tenebroso subsuelo.

sábado, 12 de julio de 2014

Fútbol

Por ser tan hermoso es que lo han prostituido, que se ha transformado en el negocio fabuloso que es ahora. ¿Qué tiene que ver el fútbol con los miles de millones que se han gastado en este último Mundial mientras la gente necesita otras cosas más necesarias e importantes?

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Recibimiento de la selección de Colombia en Bogotá,
tras su participación en el Mundial de Fútbol.
A mí me gusta el fútbol. Lo jugué de niño y tengo recuerdos fantásticos de los partidos de 150, 200 minutos interminables que se nos hacían poco, bajo el sol calcinante de la playa, cuando los ocho jugadores que pateábamos la bola nos quemábamos los pies sobre la arena ferrosa que reverberaba abrasadora; o bajo la lluvia inclemente que anegaba toda la cancha lodosa en donde solo por milagro la bola, pesada, recorría algunos metros antes de estancarse en algún charco.

Guardo aún en mis pupilas los colores festivos del primer partido al que asistí en un estadio. Era de noche, recuerdo, y el verde intenso de la gramilla iluminada contrastando con los alucinantes rojos, amarillos, morados y negros de los uniformes de los jugadores me parecieron lo más cercano a la alegría y la fiesta.

sábado, 5 de julio de 2014

El fútbol como religión secular universal

La presente Copa Mundial de Fútbol que se está celebrando en Brasil, así como otros grandes eventos futbolísticos, asumen características propias de las religiones. Para millones de personas el fútbol, el deporte que posiblemente moviliza a más gente en el mundo, ha ocupado el lugar que comúnmente tenía la religión.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Algunos estudiosos de la religión, solo para citar a dos importantes como Emile Durkheim y Lucien Goldmann, sostienen que la religión no es un sistema de ideas; es antes «un sistema de fuerzas que movilizan a las personas hasta llevarlas a la más alta exaltación» (Durckheim). La fe viene siempre acoplada a la religión. Ese mismo clásico afirma en su famoso libro Las formas elementales de la vida religiosa: «la fe es ante todo calor, vida, entusiasmo, exaltación de toda la actividad mental, transporte del individuo más allá de sí mismo» (p.607). Y Lucien Goldamnn, sociólogo de la religión y marxista pascaliano, concluye: «creer es apostar a que la vida y la historia tienen sentido; el absurdo existe, pero no prevalece».

sábado, 7 de junio de 2014

Brasil, protestas y fútbol

El Mundial ha supuesto una colosal inversión estimada en unos 8200 millones de euros. Y los ciudadanos piensan que, con ese presupuesto, se hubieran podido construir más y mejores escuelas, más y mejores viviendas, más y mejores hospitales para el pueblo.

Ignacio Ramonet / Le Monde Diplomatique

El Mundial de Fútbol:  ¿una prioridad?
Es poco probable que los brasileños obedezcan a la procaz consigna que lanzó Michel Platini –otrora gran futbolista y hoy politiquero presidente de la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (UEFA)– el pasado 26 de abril: “Hagan un esfuerzo, déjense de estallidos sociales y cálmense durante un mes” (1).

La Copa Mundial de Fútbol comienza en São Paulo el 12 de junio para concluir el 13 de julio en Río de Janeiro. Y hay efectivamente preocupación. No sólo en las instancias internacionales del deporte sino también en el propio Gobierno de Dilma Rousseff, por las protestas que podrían intensificarse durante el evento deportivo. El rechazo al Mundial por parte de la población ha seguido expresándose desde junio del año pasado, cuando empezó todo con ocasión de la Copa Confederaciones. La mayoría de los brasileños afirman que no volverían a postular a Brasil como sede de un Mundial. Piensan que causará más daños que beneficios (2).

sábado, 14 de diciembre de 2013

Fútbol profesional: una crítica necesaria

Si algo podemos criticar con fuerza no es el fútbol como deporte (¡que vivan todos los deportes, por supuesto!, y ojalá todos practiquemos alguno -e invitamos que sea fútbol, porque creemos que es muy bonito-) sino todo el circuito político-económico que ha ido formando su profesionalización creciente así como su utilización en tanto mecanismo de control de masas, ahora ya a nivel planetario.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

¡Fútbol, pasión de multitudes! De eso no caben dudas. El fútbol es, hoy por hoy, el deporte más difundido a nivel mundial. Que sea o no el más bonito de todos, no es el propósito de estas breves líneas discutirlo. Para sus fanáticos, obviamente lo será. Sin dudas tiene algo de atractivo, porque sus seguidores se cuentan por millones, y van en aumento. Años atrás era cosa sólo "de hombres"; hoy son innumerables las mujeres que también lo siguen con pasión, o incluso lo practican. Lo importante a rescatar ahora es que -y en esto podemos estar totalmente de acuerdo- resulta por lejos el más popular.

sábado, 30 de julio de 2011

¿Se podrá vivir sin fútbol profesional?

Si algo podemos criticar con fuerza no es el fútbol como deporte, sino todo el circuito político-económico que ha ido formando su profesionalización creciente, así como su utilización en tanto mecanismo de control de masas, ahora ya a nivel planetario.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

mmcolussi@gmail.com

Desde Ciudad de Guatemala

Escribir sobre este tema con carácter crítico puede traerme más sinsabores que otra cosa. Hasta no sería improbable que Eduardo Galeano –un “discapacitado capilar”, según su expresión, y escritor igual que yo (bueno… quizá no tan iguales más allá de la calvicie, pero colegas al fin o, al menos, sudamericanos ambos)– reaccionara airado si leyera este escrito, tan defensor del fútbol como es.

Pero sin dudas hay que abrir una crítica con todo lo que ha venido sucediendo con el fútbol, esta “pasión de multitudes” como suele llamársela, en estos últimos años, y a pasos cada vez más acelerados.

Los campeonatos mundiales ponen en evidencia de un modo particularmente grotesco lo que ha pasado a ser el fútbol profesional en nuestra aldea global: un fabuloso mecanismo de control social.

Sería ingenuo pensar que el Campeonato Mundial, esa parafernalia mediática que cada cuatro años crea un escenario ilusorio de 30 días de duración, sirve a los poderes fácticos para hacer o dejar de hacer lo que son sus planes geoestratégicos de dominación a largo plazo. No necesitan de él para invadir países, para aumentar el precio de los combustibles o para desviar la atención sobre la catástrofe medioambiental en curso debida al mismo modelo insostenible de desarrollo, sólo por dar sólo algunos ejemplos. Si hay “lavado de cerebro” de parte de las clases dominantes –¡y definitivamente la hay!– ello no se realiza porque durante un mes se inunden las pantallas de televisión con partidos de fútbol y media humanidad ande hablando sólo de los astros de moda, de cuánto ganan en cada fichaje o del nuevo modelo de ropa deportiva. El proyecto es más insidioso, más maquiavélico: se trata de controlar en el día a día, abrumando con partidos y más partidos, y más campeonatos y más ligas… ¿Cuántas horas diarias de fútbol consume por televisión un habitante promedio? ¿Mejora eso de algún modo su relación con el deporte? ¿Por qué ese crecimiento exponencial del fútbol profesional –amateur ya no existe, es casi una pieza de museo– en todo el mundo?

No hay dudas que, al igual que todo gran evento de proporciones enormes, puede funcionar puntualmente como distractor de masas, tal como también lo puede ser la boda real o la muerte de alguna estrella de la música pop, por ejemplo. No otra cosa fueron el que organizara la dictadura militar argentina en 1978, con el que se intentó lavar la cara en su sangrienta guerra sucia, o el de la Italia fascista de 1934, en el que se buscaba a toda costa disciplinar y mantener ocupada a una clase obrera demasiado “rebelde”. De todos modos quedarse con la estrecha idea que estos campeonatos son las cortinas de humo de gobiernos dictatoriales es ver sólo un lado del asunto, y quizá sesgadamente.

En todo caso, los Mundiales evidencian el papel que en la moderna cotidianeidad ha pasado a desempeñar el fútbol profesional (independientemente que, como deporte –en eso estamos totalmente de acuerdo con Galeano– sea muy bonito, vistoso, picaresco). En forma creciente, desde mediados del siglo pasado, y sin detenerse, aumentando cada vez más, el negocio del fútbol sirve como “opio de los pueblos”. Lo que sí es evidente es que el fútbol como espectáculo mediático para consumir –por televisión más que nada– crece sin parar. Ello, evidentemente, no es decisión de quienes estamos condenados a consumirlo en forma pasiva sentados ante un televisor sino de grandes poderes que fijan el curso de lo que sucede en nuestro atribulado mundo.

Que ello es gran negocio, es innegable (lo que mueve globalmente cada año representa la decimoséptima economía mundial). Lo que sí puede deducirse es que poderes globales de largo aliento que están más allá de las administraciones gubernamentales de turno, también lo aprovechan como droga social, como anestesia. El Mundial no es sino una dosis un poco más fuerte del “pan y circo” cotidiano al que nos someten, con dos, tres o más partidos diarios durante los 365 días del año, y con una cantidad de torneos que ya cuesta memorizar. ¿Cuántos partidos y cuántas copas se están disputando en este momento, cuando estamos leyendo estas páginas? ¿Cuántos millones de personas están ahora prendidos a un televisor (o radio, o pantalla de computadora quizá) siguiendo una transmisión de fútbol, anestesiados, embobados si queremos decirlo así?

Si algo podemos criticar con fuerza no es el fútbol como deporte (¡que vivan todos los deportes, por supuesto!, y ojalá todos practiquemos alguno) sino todo el circuito político-económico que ha ido formando su profesionalización creciente así como su utilización en tanto mecanismo de control de masas, ahora ya a nivel planetario. El Mundial es sólo una pildorita de esa medicina.

Hoy día pareciera imposible pensar en desprofesionalizar el gran circo del fútbol, pues eso implicaría chocar con poderes monumentales. Eso, sin dudas; pero vale la pena abrir la crítica sobre todo esto. ¿O preferimos quedarnos sentados ante la pantalla y mañana comentar el partido del caso con los amigos?

sábado, 19 de junio de 2010

Fútbol

El Campeonato Mundial es en un espacio socio-cultural al que hay que prestarle atención para tomarle el pulso a la vida contemporánea; un lugar de enfrentamiento simbólico, una metáfora del campo de batalla en donde se encuentran escuadras rivales que defienden el honor, no solo del equipo respectivo, sino de las naciones a las que representan.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com

¿Qué mejor ocasión para escribir sobre fútbol que en medio del Campeonato Mundial que se realiza en Sudáfrica en estos días?

Ya casi es un lugar común decir que el fútbol es hoy mucho más que un deporte. En él se expresan de forma clara y concentrada algunas de las tendencias que caracterizan a nuestra época, convirtiéndolo en un espacio socio-cultural al que hay que prestarle atención para tomarle el pulso a la vida contemporánea.

El Campeonato Mundial es un lugar de enfrentamiento simbólico, una metáfora del campo de batalla en donde se encuentran escuadras rivales que defienden el honor, no solo del equipo respectivo, sino de las naciones a las que representan. Pueblos enteros se sienten victoriosos o derrotados, alegres o tristes, humillados o reivindicados después de un partido ganado o perdido. No es extraño, por lo tanto que Argentina se haya sentido reivindicada cuando “la mano de dios” le permitió derrotar a la Inglaterra que, apenas unos años antes, la había humillado en las Malvinas. O que los inmigrantes latinoamericanos llenen los estadios de los Estados Unidos cuando alguna de sus selecciones juega en el país del Norte, apostando por una derrota de la selección local que les reivindique de las humillaciones que sufren como trabajadores poco calificados o como indocumentados.

Hay una especie de “traslación” de las virtudes mostradas en la cancha por la escuadra nacional, hacia los connacionales que la apoyan y se identifican con ella. En pocas actividades de la vida contemporánea es tan válida la sensación de sentirse representado por algo o alguien.

El fútbol es, además, un soberbio espectáculo. El contraste de los colores de los uniformes con el verde esmeralda de la cancha, las graderías llenas de público entusiasta, a veces estrafalario, que canta y hace coreografías.

Acorde con los tiempos que corren, su gran atractivo ha provocado que sea presa del mercado. Según la consultora Deloitte & Touche, es ya la decimoséptima economía del mundo, con un volumen de negocios estimado en 500,000 millones de dólares anuales y 24 millones de jugadores pertenecientes a 1,5 millones de equipos afiliados directa o indirectamente a la FIFA. Haciendo un análisis macroeconómico, dice el informe, solo 25 países tienen un PIB mayor que la industria del fútbol en su conjunto.

Sería ocioso seguir aportando datos al respecto, porque la mayoría son conocidos por todos, principalmente las estratosféricas sumas que cobran algunos jugadores que se encuentran en la elite mundial. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, actual jugador portugués del equipo español Real Madrid, fue comprado por ese club en la bicoca de 120 millones de dólares.

El fútbol ha sido tocado por el Rey Midas, el capitalismo contemporáneo que se expande hasta por las más remotas esquinas del orbe transformando todo en mercancía. No hay nada, material o inmaterial, sagrado o profano, que escape a su voracidad, ¿por qué habría de hacerlo el fútbol, siendo como es tan vistoso, tan emocionante, tan alegre?

América Latina se ha incorporado a este mercado global deportivo de acuerdo a las condiciones que le son propias en la dinámica económica contemporánea: como proveedora de materia prima; en este caso, se trata, en primer lugar, de jugadores, aunque eventualmente también de entrenadores. La materia prima “jugador de fútbol latinoamericano” tiene aceptación en las plazas de los países del Primer Mundo, en primer lugar en Europa pero, también, en los Estados Unidos. Hasta allá van nuestras exportaciones de este producto “no tradicional” a competir con lo que llega desde otras partes del mundo. Y como buena sociedad de consumo, una vez que nuestro producto exportado haya sido usado hasta la última gota, será descartado y arrojado al cajón de la basura.

A pesar de todo lo anterior, y como un remanente del siglo de los nacionalismos que fue el siglo XX, el fútbol sigue moviendo nuestras fibras más íntimas.

No importa cuál, pero ojalá que un equipo latinoamericano gane el Mundial.