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sábado, 2 de abril de 2022

Exiliados, migrantes y refugiados

 Si bien es más que destacado el fenómeno de los refugiados ucranios, también es muy cierto que en el mundo hay otros casos de desplazamiento de millones de personas que llevan varios años en condiciones gravísimas por su aguda crisis humanitaria.  

Adalberto Santana /Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de México


El fenómeno del exilio y el refugio es uno de los temas globales de la agenda internacional.  La situación hoy en día más relevante en el plano de los medios de información se centra en el conflicto en Ucrania. Ese acontecimiento por el impacto de las imágenes y de las noticias figura en un contexto agravado por la misma crisis humanitaria de los refugiados ucranios que se han desplazado a los países europeos. 

sábado, 4 de junio de 2016

La crisis de los refugiados

El actual fenómeno de los refugiados es, en gran medida, consecuencia de las acciones de los países ricos y poderosos, esos mismos que ahora lloriquean por el terrible peso que les producen unas pocas víctimas de la miseria, a las que fácilmente podrían echar una mano abriéndole las puertas.

Noam Chomsky / Página12

En algunos países existe una verdadera crisis de refugiados. En Líbano, por ejemplo, donde al menos un cuarto de la población total consiste en refugiados de Siria, una ola de refugiados que le siguió a otra desde Palestina e Irak. Otros países de la región, pobres y golpeados por los conflictos, también han debido dar refugio a inmensas cantidades de personas. Entre ellos Jordania y la misma Siria, antes de que se hundiese en un suicidio colectivo.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Las guerras imperiales y el exilio de hoy

La prensa internacional reporta que más de 130 mil migrantes y refugiados, provenientes de África, Medio Oriente y Asia han intentado llegar a Europa en lo que va de este año: desplazados por las guerras imperiales en Libia, Siria o Ucrania; acosados por el extremismo religioso; perseguidos por los ejércitos mercenarios y terroristas con los que Occidente libra hoy sus guerras sucias por el mundo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

“Esta semana se han batido todos los récords en llegada de refugiados a Europa. La explicación es sencilla: las rutas, aunque cada vez más largas y mortíferas, siguen abiertas. Los muros que Europa construye aún no están terminados, ni se ha puesto en marcha la operación para controlar militarmente la costa Libia. Los que huyen de las guerras saben que esta es una oportunidad única y el próximo tren tal vez les obligue a tomar aún más riesgos”. El Mundo, 31/08/2015

“Cierro los ojos para vivir. También para matar”. Así reflexionaba Ovidio, el poeta latino de la antigüedad, durante su destierro en Tomis (hoy el puerto rumano de Constanza). Al menos así lo imaginó Vintila Horia (Segarcea, Rumania, 1915-1992) en su obra Dios ha nacido en el exilio. Un libro que,  55 años después de su publicación y de que se le galardonara con el prestigioso premio Goncourt, mantiene una asombrosa actualidad y sigue siendo una invitación para quienes, aún en medio del drama contemporáneo, creemos en el ser humano, sus posibilidades de emancipación y de transformación de la realidad opresora.

En Tomis, frontera final del imperio, límite entre la civilización romana y la barbarie de un mundo desconocido, Ovidio probó la hiel del destierro, del abandono y de la censura impuesta por el puño de hierro del emperador Augusto, a causa de sus críticas y la falsa acusación de corromper a la juventud. Abandonado a merced de los caprichos del César, dice el poeta en uno de los pasajes del libro: “Augusto nos ha dado un Imperio, pero nos ha quitado el alma”.

Un cuento europeo

El rechazo, con el sabor crudo y amargo de la xenofobia y el racismo, tiene su respuesta en la lógica del capitalismo. Pero hay países como Austria que se visten de “humanitaria” para acoger a los exiliados sirios (porque eso es lo que son, exiliados de estos tiempos) y de otras partes del mundo afroasiático, mientras que otros del mismo bloque continental los rechazan.

Maximiliano Pedranzini* / Especial para Con Nuestra América
Desde Misiones, Argentina

¿Por qué Austria es el primer país de la Unión Europea (en el caso que hubiera alguno más adelante) que está recibiendo con los brazos abiertos a los colectivos de migrantes sirios? ¿Por qué Austria y no su vecina Hungría, quien ha mostrado recalcitrante animosidad con el contingente asiático, o España con una rica y vasta tradición árabe? Muchos pensarán que por la hospitalidad y solidaridad de la sociedad austriaca, que seguramente debe ser así. Pero más allá de la filantropía y el cristiano amor al prójimo, la realidad es que la principal motivación del Estado austriaco es reforzar su densidad demográfica, escasa en el país, ya que el país -valga la redundancia- cuenta con una población aproximada de 8.572.895 habitantes (según el último censo de 2014) y en la última década y media este ha sido unos de los principales problemas de esta pequeña nación de Europa central. Quizás algún demógrafo nos pueda explicar mejor este asunto. Asimismo en los últimos años, Austria ha realizado como política de Estado campañas internacionales convocando a personas para vivir y trabajar en su territorio, y en este sentido, los problemas demográficos como la escasez (por diversos factores relacionados a los bajos índices de natalidad y crecientes de ancianidad y mortalidad registrados en los últimos dos censos realizados) se traducen en el lenguaje fáctico del capitalismo como “falta de fuerza de trabajo”.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Alemania y los trabajadores

Basta con ver ahora qué países de Europa aceptan a los nuevos migrantes como lo hace Alemania, y cuáles los rechazan, para percibir dónde están los centros fundamentales del desarrollo capitalista en esta etapa del desarrollo de esa región, como debería bastar con entender que esa necesidad está cubierta con latinoamericanos en Estados Unidos para comprender que este país no haya aceptado más que a unos 1500 refugiados.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Informa la agencia AFP que los empresarios alemanes aplauden la llegada diaria de miles de refugiados sirios a Alemania. “Si llegamos a integrarlos rápidamente al mercado de trabajo ayudaremos a los refugiados y a nosotros mismos”, afirmó hace unos días el presidente de la poderosa federación de industrias alemanas BDI, Ulrich Grillo.

En ese contexto, agrega AFP,  “los demandantes de asilo son considerados cada vez más como un preciado recurso por las empresas necesitadas de mano de obra, en un país que envejece.” Alemania, en efecto, “necesita 140 mil ingenieros, programadores y técnicos”. El artesanado, la sanidad y la hostelería “también buscan ávidamente personal”, mientras “unos 40 mil puestos de aprendiz podrían quedar vacantes este año”. El Instituto Prognos, por su parte, “prevé una penuria laboral de 1.8 millones de personas en 2020 y de 3.9 millones en 2040 si nada cambia”.

¿Estos no son seres humanos, hermanos y hermanas nuestros?

El grado de civilización y de espíritu humanitario de una sociedad se mide por la forma como ella acoge y convive con los diferentes. Bajo este aspecto Europa nos ofrece un ejemplo lastimoso que bordea la barbarie. Ella se muestra tan centrada en sí misma y en sus laureles que le cuesta enormemente acoger y convivir con los diferentes.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Generalmente la estrategia era y sigue siendo esta: o marginaliza al otro, o lo destruye. Así ocurrió en el proceso de expansión colonial en África, en Asia y principalmente en América Latina. Llegó a destruir etnias enteras como en Haití y en México.

El mayor límite de la cultura europea occidental es su arrogancia, que se revela en la pretensión de ser la más elevada del mundo, tener la mejor forma de gobierno (la democracia), la mejor conciencia de los derechos, la creadora de la filosofía y de la tecnociencia y, como si eso no bastase, la portadora de la única religión verdadera: el cristianismo. Resquicios de esta soberbia pueden verse todavía en el Preámbulo de la Constitución de la Unión Europea. En él se afirma sencillamente: «El continente europeo es portador de civilización, sus habitantes lo habitaron desde el inicio de la humanidad en etapas sucesivas y a lo largo de los siglos desarrollaron valores, base para el humanismo: igualdad de los seres humanos, libertad y el valor de la razón…»