En mi adolescencia, un amigo de mi padre me prestaba una revista que se llamaba "Más Allá", cuyos cuentos devoraba. Es obvio que los cuentos de autores nuestros como Oesterheld y las traducciones de Ray Bradbury, Isaac Asimov y otros de similar calibre impresionaban la imaginación de un chico que, por supuesto, ignoraba por completo que la revista sería un clásico de nuestra ciencia ficción, pero sabía sin duda alguna que se trataba de ciencia ficción.
E. Raúl Zaffaroni / Página12
Ahora, en este siglo XXI y pasado de adulto, estoy desconcertado, porque no tengo claro si lo que leo o escucho por parte de los tecnomillonarios de Silicon Valley y de otros supuestos ideólogos de la tecnología es ciencia o es ficción o, para decirlo más claramente, se me borran los límites entre la ciencia y el delirio. No es una cuestión a resolver con mi médico, porque me doy cuenta de que se trata de algo que no solo me sucede a mí, sino que es bastante generalizado.















