El
jefe de la horda ha dado la señal desde su trono dorado; tocan las trompetas y
sus generales se aprestan al combate: inflan el pecho, se golpean los
pectorales, aúllan al husmear la cercanía de la presa. No desperdician la
ocasión para enseñar los dientes, insultan y amenazan blandiendo sus blasones.
Machos carnívoros enervados ante la proximidad de la batalla.
Rafael Cuevas Molina
Presidente
AUNA-Costa Rica
En
los altavoces instalados en los torreones que vigilan al mundo, lanzan anatemas
y amenazas: no quedará nadie con vida, inundarán el cielo con sus bengalas
mortales, arrasarán la tierra y degollarán a quien se les oponga. Muestran sus
grandes culos colorados en señal de su poder de orangutanes enloquecidos, y
convocan a todos los monitos menores que los observan alelados. Gritan todos al
unísono, se juntan en cualquier madriguera que se encuentre disponible y
repiten una y otra vez sus amenazas.











