América Latina se encuentra en un punto de inflexión. No puede imitar ni a Europa ni a China de manera mecánica, pero sí puede inspirarse en sus lecciones históricas para construir sus propias economías sociales de bienestar.
Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com
América Latina tiene tres grandes referentes económicos: la economía social de mercado, el neoliberalismo y el socialismo chino. Las economías sociales de mercado surgieron en Europa tras la Segunda Guerra Mundial (19389-1945) como una alternativa a los “extremos” del liberalismo clásico y del socialismo soviético. Reconocieron la importancia del mercado para generar riqueza, pero al mismo tiempo la necesidad de que el Estado interviniera para redistribuirla, evitar abusos y promover la cohesión social. Alemania Federal, los países escandinavos y Canadá representan casos paradigmáticos de este modelo, que se consolidó en las décadas de 1950 y 1960 bajo el marco del keynesianismo. Lejos de ser utopías, estas experiencias demostraron que era posible crecer y al mismo tiempo reducir desigualdades, construir sistemas de protección social y asegurar estabilidad política.















