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sábado, 26 de julio de 2025

La izquierda y el ecosistema mediático perdido

La izquierda se ha dedicado a la denunciología, olvidando la tarea de construcción de un ecosistema mediático que rivalice con los medios de comunicación de derecha tanto en credibilidad, alcance, como en impacto.

Aram Aharonian/ Rebelion

El creciente éxito de la derecha y la ultraderecha entre los votantes de clase trabajadora no se ganó con documentos políticos o grupos de expertos: se construyó a través de medios que hablan su idioma, su lenguaje. Si la izquierda quiere competir, necesita construir un ecosistema mediático dirigido a ese público.
 
Uno que se dedicó al tema de la comunicación ve como la situación va cambiando permanentemente, pero también percibe –con dolor- cómo el discurso del progresismo, de la izquierda, ha caducado. Los mensajes no fueron cambiando aunque la realidad sí. 

sábado, 24 de mayo de 2014

Lula y la ley de medios para Brasil

En la actualidad, en el mercado mediático brasilero se da un predominio del “no law”, es decir, la ausencia de regulación. ¿Por qué? Por lo obsoleto –y desactualizado en términos prácticos- del Código Brasileño de Telecomunicaciones, que data de 1962. Además, los principales grupos de comunicación hoy en Brasil pertenecen a seis familias.

Juan Manuel Karg / Rebelion

El expresidente de Brasil criticó a los medios hegemónicos durante un foro con blogueros.
Brasil no sólo vive de la previa a la Copa del Mundo: si bien no competirá en las elecciones presidenciales de octubre próximo, donde su compañera del PT Dilma Rousseuff intentará obtener un nuevo período de gobierno, Lula da Silva siempre es noticia y marca agenda política en el país. En los últimos días, manifestó su opinión sobre la necesidad de avanzar una nueva ley para regular la actividad de los medios en Brasil, dando cuenta de lo obsoleto del actual marco normativo, que data de 1962. ¿Qué dijo el ex presidente sobre los medios masivos privados? ¿Qué debates se abrirán en Brasil a partir de sus intervenciones?

Los bárbaros en tiempos de internet

Convertir la red de redes en una vía para la construcción de alternativas, es sólo posible con la acción colectiva organizada y la inclusión de los excluidos, como participantes activos, no como consumidores, en el mundo real que es el que, en definitiva, debe ser transformado.

Iroel Sánchez / ALAI

Texto leído en el IV Encuentro Nacional de Blogueros y Activitas Digitales de Brasil, Sao Paulo, 16 de mayo de 2014.

Ilustración del artista Pawła Kuczyńskiego 
Viniendo hacia este foro, en el aeropuerto de Tocumen, en Panamá, vi una escena que me llamó poderosamente la atención. Un grupo de pasajeros estaban cercados por las mismas cintas que se utilizan para organizar las colas en las terminales aéreas, varias guardias de seguridad los vigilaban y quienes entraban al espacio aislado debían volver a atravesar el control de rayos X por el que ya habían pasado todos los pasajeros al terminar de chequear su boleto o al abordar un vuelo anterior.

Preocupado por el destino de los habitantes temporales de aquel establecimiento, vi las cinco letras que hicieron para mí claro y divertido a la vez aquel performance. “Miami”, decía en el monitor colocado junto a la puerta cuasi celestial que debían atravesar los elegidos. Para confirmar mis sospechas pregunté a una de las personas que vigilaba si, como yo pensaba, esos pasajeros eran tratados así porque viajaban a Estados Unidos, y ante la respuesta afirmativa, yo reí, reí sonora y retadoramente, con una risa tal vez comprensible sólo para un cubano.

sábado, 9 de febrero de 2013

De José Martí a Facebook, periodismo y compromiso.

Conferencia de Ignacio Ramonet, periodista, profesor universitario y reconocido teórico de la comunicación, en la III Conferencia Internacional “Por el Equilibrio del Mundo”, La Habana, 29 de Enero de 2013

Ignacio Ramonet / CUBADEBATE

Ignacio Ramonet.
Muchas gracias, bueno, quiero agradecerle primero a Armando Hart, a todos los compañeros y compañeras que han organizado este importantísimo evento, por haber tenido la gentileza de invitarme. Quiero agradecerle al amigo Atilio Borón, de haber tenido también la amabilidad, la gentileza, de haber cedido el puesto de hoy para que yo pudiese hablar mientras que el habló ayer, en la medida en que también tengo que disculparme porque no pude llegar a tiempo ayer para la conferencia que estaba prevista el primer día de este congreso por razones técnicas del viaje.

Quiero también expresar mi placer, mi alegría de estar de nuevo aquí en este país, en este pueblo, con este pueblo revolucionario; es siempre para mí una gran alegría, un gran placer hallarme aquí.

sábado, 12 de enero de 2013

“Apostamos a la democratización total de la comunicación”

Uno de los retos fundamentales de los medios alternativos consiste en poder informar  con objetividad sobre lo “novedoso” del aporte cotidiano de los actores sociales del Sur. Así lo  subraya el religioso y comunicador social Ermanno Allegri, quien fundó junto con Frei Betto en el 2001 la *Agencia de Información Fray Tito para América Latina*  (ADITAL), con sede en Fortaleza, Brasil.

Sergio Ferrari / Especial para Con Nuestra América

Ermanno Allegri, fundador de la ADITAL
Con casi 90 mil suscriptores y no menos de 25 millones visitas anuales a su sitio, ADITAL se ha convertido en esta última década en uno de los voceros de referencia de la América Latina de “abajo”, olvidada o ignorada por los grandes monopolios informativos.  Nacido en Verona, Italia, el Padre Allegri  vive en Brasil desde 1974. Como parte de su extenso sacerdocio de más de 40 años,  fue secretario nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra (1986-1990). En la actualidad,  además de ser el Director de ADITAL, colabora en el trabajo pastoral en una parroquia de la periferia de Fortaleza.

P: ¿Cómo nació ADITAL?

Ermanno Allegri (EA): La propuesta de esta agencia surgió de un grupo de amigos de Italia interesados en que en Europa se conociera lo nuevo que estaba naciendo en América Latina y el Caribe. Un empresario  solidario apoyó los primeros pasos, es decir la articulación de ADITAL,  que en 2001 publicó las primeras noticias. Subrayo el hecho de que ese grupo haya tenido la sensibilidad de percibir que había novedades importantes en gestación en Brasil y en América Latina en general.

sábado, 30 de junio de 2012

Medios alternativos comunitarios desde la noción de servicio público: entrevista a Marcelo Colussi

El analista argentino Marcelo Colussi expone en esta entrevista sus ideas sobre el sentido de una comunicación alternativa dentro del sistema: “decir otra cosa, llevar otro mensaje, mostrar la cara oculta de lo que dicen los medios funcionales al statu quo. Dado que la historia la escriben los que ganan, la cuentan según su proyecto hegemónico de dominación, los medios alternativos buscan contar la otra historia, la silenciada, la negada”.

Meriem Choukroun / Para Con Nuestra América

Marcelo Colussi, analista argentino radicado en Guatemala
Una temática tan difícil como la lucha de clases, porque de eso se trata, con especificidades y necesidades que posibiliten aminorar el poder monopólico más un crecimiento en democracia real. Un proyecto contra-hegemónico, o sencillamente un espacio nuevo en la comunicación social. Medios alternativos como servicio público que encuentran su poder en el hecho de que la verdad repetida mil veces termina siendo una verdad, parafraseando al revés una consigna abominable que aún rige en el mundo.

Una extensa charla con el compañero Marcelo Colussi, psicólogo y filósofo argentino radicado hace varios años en Guatemala, que escribe regularmente en varios medios electrónicos, nos permitió un abordaje esencial como para saber, por ejemplo, que en la lógica de la guerra “cobran cada vez más protagonismo las modernas tecnologías de la información y la comunicación como expresión de un mundo digital que abren las tecnologías de punta a nivel global. Son entonces guerras, fundamentalmente mediático-psicológicas. Y el objetivo bélico es la población en su conjunto, que recibe mensajes sin saber que está siendo sometida a una campaña perpetua de “bombardeo”.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Alfredo Jalife: “Tenemos que optar por una guerra de guerrillas de la libre información”

“Se murieron los periodistas hace mucho. Mataron al periodismo hace tiempo. Me refiero a los periodistas que trabajan para quienes dominan los medios. La verdad es el antídoto de esos medios. Por eso debemos recurrir a una guerra de guerrillas de la verdad”, afirma en esta entrevista el analista mexicano Alfredo Jalife.

Vanessa Davies / El Correo del Orinoco (Venezuela)

Preguntarle a Alfredo Jalife sobre el rol que han cumplido las corporaciones mediáticas en la invasión de Libia es como abrir un libro que contiene, completos, los pormenores de la mentira y la manipulación. “El rol que han cumplido es el rol asignado: desinformar y ser el brazo armado mediático del banco de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)”, sostiene el analista mexicano, colaborador del diario La Jornada y autor de varios libros sobre la globalización.

-¿El banco de la OTAN?

-La OTAN es un banco. Lo primero que hizo fue capturar los recursos financieros de Libia, mediante los fondos soberanos de riqueza (suerte de Fonden que recoge los excedentes del petróleo), que consistían en unos 165 mil millones de dólares; ya los podaron, y dicen que nada más hay 50 mil millones. Seguro que le echarán la culpa a la familia Gaddafi y dirán que los enterró en el desierto. También tomó las reservas de divisas, que son las que, por el PIB, ha venido acumulando el país, y que el Banco Mundial acepta que son de 150 mil millones de dólares. Luego están las 155 toneladas de oro.

“No es gratuito que a la operación de la OTAN la llamen la odisea”, asevera Jalife “Es como el saqueo de la Ilíada y la Odisea. Para mí es muy claro: es el saqueo del botín de la riqueza”, agrega el analista, en entrevista con el Correo del Orinoco.

Jalife participó como ponente en el ciclo de foros Artillería del Pensamiento versus Fábrica de Mentiras, efectuado este mes y organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (Minci) para festejar los dos años del Correo.

sábado, 30 de julio de 2011

“¡Una, dos, tres, muchas Telesur…!”

Las iniciativas de integración comunicacional, y por lo tanto cultural, resultan de la mayor importancia en el apuntalamiento del gran proyecto nacional popular latinoamericano.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

El título de este comentario retoma una idea del politólogo argentino Dr. Atilio Borón, expuesta en un foro sobre el poder de los medios de comunicación, organizado la semana pasada por la cadena Telesur en su sitio web: precisamente, en ocasión del sexto aniversario de la creación y salida al aire de la señal de esta televisora multiestatal nuestroamericana.

Ante la consulta de un cibernauta, quien le interrogó sobre qué hacer para contrarrestar el bombardeo informativo de los conglomerados empresariales de la información en América Latina, Borón, parafraseando a Ernesto Che Guevara en su tesis internacionalista y anitimperialista plasmada en el célebre “Mensaje a la Tricontinental” , de 1967 (“Crear uno, dos, tres Vietnam es la consigna”), respondió así:Tener (…) ¡"una, dos, tres, muchas Telesur"! Y desde allí denunciar los intereses a los que sirven esas empresas, sus conexiones con los grandes grupos económicos, con el imperialismo, con la reacción. Su complicidad con las matanzas que hay y hubo en Nuestra América, su ocultamiento de las noticias que hablan de lo que realmente está ocurriendo en nuestros países”.

Lo que el intelectual argentino señala no es otra cosa sino el carácter revolucionario, emancipador, capaz de subvertir el orden y el sentido común dominante desde la fuerza de las ideas y la búsqueda honesta de la verdad profunda de nuestras sociedades, al que deben aspirar los proyectos de comunicación alternativa, popular, democrática y contrahegemónica, independientemente de que dispongan de respaldo tecnológico y financiero como el de Telesur.

Es decir, que asuman como una práctica intrínseca a su ejercicio periodístico y comunicacional ese aprender a mirarnos con nuestros propios ojos, condición sin la cual tampoco es posible emprender el proceso de liberación y descolonización cultural y mental que tanto requerimos en nuestra América.

La construcción de un nuevo orden de la comunicación social, que recupere para el bien común la infraestructura, espacios, recursos y frecuencias públicas, es un imperativo en países como los latinoamericanos y caribeños, sometidos al dominio casi incontestable de los grupos económicos e infocomunicacionales que controlan los medios de producción, los circuitos de distribución, y los canales de difusión y producción de contenidos en las industrias culturales del continente.

En este sentido, la unidad es la palabra y el concepto clave de nuestra época. Por ejemplo, desde Telesur, de la que participan Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, ya se ha posicionado con claridad la idea de la integración latinoamericana desde los medios de comunicación.

Además, recientemente se constituyó la Unión Latinoamericanana de Agencias de Noticias (ULAN), que agrupa a nueve agencias de Argentina, Bolivia, Venezuela, México, Paraguay, Guatemala, Ecuador, Brasil y Cuba, con el objeto de “promover la democratización de la comunicación en América Latina y aportar a la integración regional de los pueblos”. En sus estatutos, la ULAN se propone “aumentar y facilitar el libre flujo de información de la región producida por las Agencias de Noticias públicas y estatales de los distintos países de América Latina y el Caribe”, desde una práctica comunicacional fundada “en el rechaza a toda forma de racismo, colonialismo y dependencia económica y cultural”.

Estos y otros proyectos de vocación latinoamericanista, que puedan surgir en el futuro cercano, con mayor o menor identificación y respaldo de los gobiernos nacionales, tienen ante sí una tarea prioritaria: revertir, en todo lo que sea posible, el entramado de negocios, privilegios, padrinazgos oligárquicos y desigualdades en el acceso a los bienes culturales, en torno al cual se construyó el sistema hegemónico de medios de comunicación en América Latina, durante las últimas cuatro décadas de dictaduras militares, gobiernos autoritarios y democracias mínimas y de baja intensidad.

En momentos en que los complejos procesos políticos regionales se debaten entre la continuidad del neoliberalismo y la construcción de alternativas posneoliberales, y al mismo tiempo, se mira en el horizonte la posibilidad de consolidar valiosas instancias de acción política y concertación regional, como la UNASUR y la CELAC, las iniciativas de integración comunicacional, y por lo tanto cultural, resultan de la mayor importancia en el apuntalamiento del gran proyecto nacional popular latinoamericano.

Nuestra América vive tiempos excepcionales. Y así deben ser las respuestas a los problemas y retos que se le presentan en todos los ámbitos.

sábado, 9 de abril de 2011

Conversando con Aram Aharonian: "El problema fundamental es tener ideas"

Aram Aharonian, periodista uruguayo radicado en Venezuela y fundador de TeleSUR, conversa en exclusiva para CON NUESTRA AMÉRICA en torno a los medios alternativos de comunicación en América Latina.

Entrevista de Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica.

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

Rafael Cuevas Molina (RC): ¿Por qué son necesarios los medios de comunicación alternativos?

Aram Aharoniam (AA): Primero hay que entender alternativos a qué. Alternativos al mensaje hegemónico que nos llega por las repetidoras locales de las corporaciones transnacionales; medios que están cartelizados atrás del pensamiento único, del mensaje único, de la imagen única. Entonces, lo que tenemos que hacer es democratizar la palabra y la imagen y crear medios alternativos a ese mensaje hegemónico.

RC: ¿Qué características deberían tener esos medios alternativos?

AA: Para ser alternativos tienen que ser también masivos, tienen que poder llegar con el mensaje a las grandes mayorías; si no, nos quedamos en pequeños nichos y morimos en pequeños nichos con nuestro mensaje que no le llega a nadie. Sería una endogamia: hablamos con nosotros mismos.

RC: Para eso se necesita dinero...

AA: Para eso se necesita convicción y proyectos. El problema es que nosotros siempre hemos puesto la plata por delante y generalmente el problema mayor es que no tenemos ideas.

RC: ¿Es ese el problema fundamental?

AA: El problema fundamental es tener ideas, tener proyectos, tener sueños y saber que las utopías son para alcanzarlas y no para hablar de ellas todo el día y no hacer nada.

RC: ¿Por eso participaste en la construcción de TeleSUR?

AA: Por eso hicimos TeleSUR, exactamente. Calificados de locos y soñadores. TeleSUR creo que es la demostración de que sí se puede hacer.

RC: Pero ahí había financiamiento...

AA: Ahí se buscó el financiamiento.

RC: ¿Quién financió?

AA: Pusieron los gobiernos. En principio el gobierno venezolano, luego el argentino, el uruguayo y el cubano.

RC: Luego tuviste discrepancias con TeleSUR…

AA: Sí, tuve discrepancias porque no se siguió el modelo original del proyecto. Creo que nos cuesta mucho dejar de copiar los modelos que vienen de afuera, nos cuesta mucho hacer una agenda informativa propia, nos cuesta mucho vernos con nuestros propios ojos y darle voz e imagen a todos aquellos que por más de 500 años no tuvieron imagen ni voz en el continente.

RC: ¿Podríamos precisar un poco más en qué cambió el proyecto original y que te llevó a discrepar?

AA: Primero en la concepción misma de desde dónde se ve la realidad. No puede ser un canal reactivo a lo que dicen los otros, sino que tiene que mostrar todo eso que no muestran los otros; o sea, la realidad de América Latina, sus movimientos sociales, su cultura, su memoria. Falla en una confrontación directa donde se vuelve un canal reactivo de lo que dicen los canales hegemónicos y copia los modelos, las formas, los formatos, lo que significa que sigue con la dependencia colonial o con el coloniaje cultural.

RC: Pero si las características del modelo alternativo están tan claras, ¿por qué hay resistencia?

AA: Porque creo que hay resistencia a todo lo que sea construcción, que es más fácil la etapa de la resistencia, la denunciología, la autoflagelación del "qué mal estamos", pero tenemos muchos problemas en construir, en pensar hacia adelante, en pensar en cosas nuestras; en crear y errar también, pero hasta ahora erramos siempre y nunca creamos nada.

RC: ¿Hay una dictadura de los medios de comunicación a nivel global?

AA: Sí, claro. Si antes necesitaban fuerzas armadas para imponer modelos políticos, económicos y sociales, hoy no necesitan bayonetas sino que nos bombardean todos los días, permanentemente, en la sala de nuestras cosas y nuestros propios dormitorios con un mensaje único, una verdad virtual. Si antes se consideraban el cuarto poder, hoy muchas veces son el primero, por encima del poder político.

RC: ¿Cuál es tu opinión sobre Internet y los medios de comunicación en Internet?

AA: Es una herramienta muy válida, muy nueva en sentido general; puede ser explotada de distintas formas y exige algo en lo que nosotros insistimos mucho que es la profesionalización del comunicador popular, en el sentido de apropiación de tecnologías, capacitación para su uso como arma para dar un mejor combate ideológico.

RC: ¿Democratiza Internet?

AA: Sí y no. Democratiza el mensaje, es una herramienta. Creer que la digitalización democratiza, o que Internet democratiza es ser muy primario en las consideraciones. Son herramientas dominadas por el enemigo pero que dan la posibilidad de llegar a unos públicos a los que antes no accedíamos, y en los que hoy tenemos la posibilidad de mezclar texto, imagen y sonido en un mismo mensaje, y enviar eso a una cantidad de destinatarios, obviamente que tiene que ser gente que tenga también Internet.

RC: ¿Qué opinión te merece el papel de las redes sociales en los movimientos árabes de estos días?

AA: Son herramientas. No creo que las redes sociales decidan nada, es cómo se usan esas herramientas. Las herramientas sirvieron para algo y se quedaron ahí, o sea, sirvieron para encender la chispa quizás, pero el fin no lo determinaron las redes sociales.

RC: La presencia de estas herramientas, ¿le dan características especiales a esos movimientos sociales?

AA: No, creo que no hay que confundir la herramienta con el fin. Creo que si antes funcionaba "radio bemba" hoy funciona Twitter, es decir, son distintas clases de herramientas de acuerdo a la tecnología que se va sucediendo. Es decir, no hay que tenerle miedo, hay que apropiarse de ellas y saber usarlas como herramientas. También, a veces hay que llegar a la combinación de "radio bemba" y utilizar la tecnología que nos permite mandar mensajes de punto a multipunto de forma permanente e instantánea.

RC: En América Latina ¿existe conciencia de la necesidad de desarrollar medios de comunicación alternativos?

AA: Yo creo que estamos en una etapa en la que tenemos conciencia de que lo necesitamos pero no sabemos cómo hacerlo, y en muchos países tenemos legislaciones que nos impiden poder crecer. Hay muchas legislaciones que criminalizan los medios populares defendiendo a los grandes oligopolios y monopolios; hay otros países en donde hay legislaciones que permiten o amparan la presencia de medios alternativos, populares o como se les quiera llamar, pero en donde falta la conciencia de que el medio por sí solo no lleva el mensaje masivamente, sino que tenemos que buscar la forma de masificar ese mensaje, que puede ser a través de redes, de medios comunitarios o a través de medios alternativos.

RC: Hablando de legislación, existe la percepción de que en Venezuela hay una actitud autoritaria por parte del gobierno en relación con los medios de comunicación...

AA: En Venezuela hay más de 400 radios privadas, 47 televisoras privadas, dos o tres radios oficiales, cinco canales de televisión oficiales; o sea que hay una enorme mayoría de medios privados que son agresivamente antigobierno, donde hacen uso no de la libertad sino del libertinaje de expresión. Los que hablan de que no hay libertad de prensa que escuchen la radio y vean la televisión, y van a ver la cantidad de cosas que se dicen y se ven ahí. No hay ni un solo periodista preso, a menos que haya robado; no hay medios clausurados, y la única situación, que por demás fue muy manipulada, es el fin de una concesión de televisión que, como todo Estado, el Estado venezolano tienen derecho a renovar o no en función de que cumpla o no con las normativas vigentes.

RC: ¿Que opinión te merece la Ley de Medios argentina?

AA: Me parece uno de los logros más grandes del campo popular en los últimos años. Creo que es una ley de la democracia y para democratizar. La ley en sí es solamente un puntapié inicial, que permite el crecimiento de lo que es el campo popular en lo que se refiere a lo mediático, permite eso aunque no lo estimula. Ahora viene la etapa de la construcción que es la más difícil. Se logró desde el abajo, porque es una reivindicación de los movimientos sociales que durante los 26 años de democracia pelearon por esa ley de medios. Se tiró abajo una ley de la dictadura, se terminan los monopolios mediáticos, se termina la concentración y se establece que por lo menos una tercera parte de las frecuencias sean adjudicadas a medios populares.

RC: Has reiterado la necesidad de la construcción de alternativas y en eso estás trabajando ahora. ¿Qué hacés específicamente?

AA: Yo creo que lo más importante es el debate de las ideas, el tratar de reformatear nuestros discos duros, romper con los viejos paradigmas, insistir en la necesidad de que la academia también ayude en la conceptualización de estas nuevas realidades, y que tengamos también nuevas teorías de la comunicación pues seguimos con teorías de hace más de 40 años. Y sobre todo capacitar a la gente para que pueda tener medios populares, para que puedan hacer su función dentro de estas legislaciones que son mucho más permisivas de las que había antes.

sábado, 19 de marzo de 2011

Sentidos, medios y emancipaciones

Nuestra historia, la de los pueblos en resistencia desde hace por lo menos 520 años, tiene que ser rehecha, contada, recuperada, reconstruida. Nuestra historia es nuestra fuerza, es lo que da sentido a la vida y al cosmos. Recuperar y reinventar las cosmovisiones es el modo de orientar el camino hacia las utopías.

Ana Esther Ceceña / LA JIRIBILLA (Cuba)

Después de tres o cuatro décadas de neoliberalismo, el mundo se encuentra en muchos sentidos desertificado. La competencia se desplazó del mercado al territorio, y una nueva gran conquista se puso en marcha. El capital disputaba el acceso directo y exclusivo a las fuentes de riqueza y de poder que no podían ser simplemente removidas: las selvas del mundo, las fuentes de agua, los yacimientos de metales e hidrocarburos. La apropiación implicaba un trabajo in situ que propició un cambio de territorialidad.

Los pueblos que ocupaban los territorios deseados fueron violentados de diferentes maneras y obligados a salir a la escena pública. La emergencia de movimientos de pueblos originarios, teniendo en el extremo a ese pueblo amazónico que quiso defenderse de la invasión de avionetas con sus arcos y flechas, fue uno de los llamados a recolocarnos en una historia que es más larga que el capitalismo, y que lo cuestiona y lo contradice.

Fueron décadas de una dura disputa político-cultural en la que las tecnologías del poder trabajaron arduamente para transformar la realidad en una imagen que nadie podía asumir como propia, pero que era insistentemente colocada en los medios de difusión masiva como incuestionable. La historia era un enemigo a vencer y todos los recursos del poder se volcaron a esa tarea. Se intentó desaparecerla, en ocasiones, incluso, desapareciendo a sus portadores, pero la necia memoria tiene demasiadas raíces y estas quedaron a flor de tierra recordando que nuestros sentidos tienen una edad mayor a 500 años. Se intentó rehacerla, y se crearon narrativas que borraban los grandes clivajes del pasado como el genocidio de la conquista con el que se fundó el capitalismo, para producir un cuento corto y manejable. La historia quiso ser convertida en el relato de un presente perpetuo, sin profundidad ni proyección, a través del llamado “fin de la historia”. Las historias culturales particulares y los acumulados de los procesos de emancipación pretendieron ser así expulsados de la memoria colectiva y de los sentidos comunes para hacer posible la apropiación de territorios. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 5 de marzo de 2011

Frei Betto: Para una relación de alteridad con los medios

"Cuando hacemos una utilización de los medios dentro de una perspectiva revolucionaria, debemos partir de lo que motiva a la gente y no de las convicciones dogmáticas de nuestras ideas revolucionarias. Ese es el desafío, descubrir cómo hacer algo que interese a la gente y desde ahí desarrollar una pedagogía", sostiene en esta entrevista el teólogo brasileño.

Yinett Polanco / LA JIRIBILLA

El mundo vive hoy una etapa de transformaciones que remueve los cimientos de lo que durante décadas se consideró como cierto o establecido. Esta situación se hace realidad particularmente en América Latina, donde una serie de mandatarios progresistas han intentado durante los últimos años conducir a los países del continente fuera de los abismos en que los habían sumido los gobiernos neoliberales y las dictaduras precedentes. Pero si en muchos de los pueblos del Río Bravo a la Patagonia se vive hoy una revolución social, esta no siempre es expresada por los medios de comunicación dominantes dentro y fuera de los límites continentales.

Con motivo de la realización del II Taller Internacional Medios Digitales y Contexto Social: Desafíos ante el cambio, convocado por La Jiribilla y La Ventana, portal informativo de Casa de las Américas, conversamos con el teólogo e intelectual brasileño Frei Betto, quien se encuentra nuevamente en Cuba participando de la Feria Internacional del Libro. Los retos que para los llamados medios alternativos presenta esta situación, y qué armas pueden utilizarse para un acercamiento crítico al producto que venden los grandes consorcios de la información sirvieron de punto de partida para este breve encuentro. LEA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUI

lunes, 27 de diciembre de 2010

Las 10 verdaderas revelaciones de Wikileaks

Se puede ser propietario de una empresa mediática sin ser comunicador, se puede ser comunicador sin ser propiedad de una empresa mediática. Un nuevo medio de producción, el computador, posibilita que el usuario, como el artesano, sea propietario a la vez de la herramienta y del producto de su trabajo. Liberar herramienta y producto es liberar al comunicador.
Que las autoridades estadounidenses secuestran, torturan, asesinan. Que rigen campos de exterminio y genocidio. Que sus embajadas espían y desestabilizan gobiernos progresistas. Que sus guerras pillan recursos o zonas estratégicas. Que las supuestas agresiones que invocan como pretexto para ellas son provocaciones montadas por los propios estadounidenses. Todo eso lo sabía quien no fuera bobo. No. Las revelaciones que convierten a Julián Assange en el comunicador más célebre del planeta y a Wikileaks en el medio más consultado son mucho más graves, subversivas y demoledoras:
1.-HEREDAR UN MEDIO NO TE CONVIERTE EN COMUNICADOR:
Se puede ser propietario de una empresa mediática sin ser comunicador, se puede ser comunicador sin ser propiedad de una empresa mediática. Un nuevo medio de producción, el computador, posibilita que el usuario, como el artesano, sea propietario a la vez de la herramienta y del producto de su trabajo. Liberar herramienta y producto es liberar al comunicador.
2.-SER COMUNICADOR ES INDEPENDIZARSE DE LOS MONOPOLIOS:
Internet, un nuevo medio todavía no enteramente monopolizado por el gran capital, permite transmitir información sin el paralizante aparato de cables, agencias, radios, televisoras, distribuidoras, circuitos de exhibición cinematográfica y concesiones que hasta ahora han posibilitado a cinco oligopolios adueñarse de la información global. Una computadora y una conexión a la red posibilitan a cualquiera ser comunicador.
3.-SER COMUNICADOR ES COMUNICAR:
La democratización del medio hace decisivo el mensaje. Los grandes titulares y los altoparlantes titánicos de la no información persiguen en vano al público; el público le sigue la pista a la revelación de Wikileaks. Sólo mediante el monopolio de la comunicación se hizo imperar en los medios los no mensajes de la publicidad, del entretenimiento sin contenido y del noticiero sin información. Pero ahora, la multiplicación infinita de emisores permite al receptor seleccionar el mensaje no redundante, que aporta información nueva, veraz y pertinente.
4.-SER COMUNICADOR ES LIBERARSE DE LOS ANUNCIANTES:
Quien anuncia, manda. Las federaciones de anunciantes crean o clausuran medios. Pero el mensaje publicitario que hizo financieramente viables los medios terminó por hacerlos comunicacionalmente inviables. Información, educación y entretenimiento pasan a ser residuo de la publicidad: pasan a ser publicidad. Assange y compañía demuestran que se puede comunicar sin agredir al receptor con los agobiantes infomerciales, las insoportables reiteraciones, las destructivas inserciones propagandísticas que están llevando al sepulcro a los medios convencionales.
5.-SER COMUNICADOR ES LIBERARSE DEL JEFE DE REDACCIÓN:
Constituciones y leyes consagran la libertad de expresión, jefes de redacción tachan, cortan, censuran, jerarquizan, retitulan o desechan. En Internet el comunicador no tiene otro jefe que su conciencia.
6.-SER COMUNICADOR ES TRANSMITIR HECHOS Y NO INVENTARLOS:
Quien depende de medios, transnacionales, anunciantes o jefes de redacción, confunde los intereses de éstos con revelaciones, y las revelaciones con hechos. Pero el medio no es el mensaje.
7.-SER COMUNICADOR ES SER CREÍBLE:
Nadie cree una palabra de los partes que las autoridades de Estados Unidos sermonean en sus ruedas de prensa a periodistas que jamás han tenido contacto con un hecho. Las revelaciones de Assange son creídas porque concuerdan con actos pasados y presentes de las personas e instituciones a las cuales se refieren.
8.-SER COMUNICADOR ES DISTINGUIR ENTRE HECHOS Y OPINIÓN:
Assange transmite, no fuerza al público su punto de vista sobre el significado o autenticidad de su material. Es posible que en él las agencias de seguridad hayan plantado piezas de propaganda negra, falsedades, contrainformación. La opinión de un diplomático o un funcionario estadounidense con frecuencia no es la verdad, sino todo lo contrario. Habría también que explicar por qué entre tantas filtraciones, ninguna se refiere a Israel. Pero el material bruto es base del juicio inteligente. Hacer estas críticas le corresponde al receptor. Con Internet el juicio del pueblo vuelve a ser soberano.
9.-SER COMUNICADOR ES SER RESPONSABLE:
Si revelar hechos puede ser considerado delito, ocultar delitos es hacerse cómplice.
10.-AGREDIR AL MENSAJERO ES CONFIRMAR EL MENSAJE:
Todas las policías y jueces de Occidente persiguen a Julián Assange por dos relaciones consensuales. Por igual crimen podrían poner tras rejas a la humanidad entera. Aquél que de vosotros esté sin pecado, que arroje el primer preservativo ¿Por qué nadie levanta un dedo contra los criminales que denuncia? ¿Por qué el gobierno francés anuncia medidas para controlar Internet al arbitrio del Ejecutivo? Cuando veas arder las barbas de tu comunicador, es porque no miente.

sábado, 5 de junio de 2010

Nuestra América, los caminos alternativos y los medios

La comunicación social, popular, alternativa e inclusiva, constituye una dimensión de la política que no puede ser obviada por ningún gobierno o movimiento que aspire, realmente, a emprender transformaciones sociales y culturales orientadas al beneficio de las grandes mayorías populares.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
(Fotografía: El presidente Chávez y Oliver Stone, en el estreno del documental "Al sur de la frontera", en Caracas)
Casi un año después de su exitosa presentación en el Festival de Cine de Venecia, por fin empieza a exhibirse en algunas ciudades latinoamericanas el documental Al sur de la frontera (South of the border), en el que el cineasta Oliver Stone analiza los procesos de cambio político y social en América Latina, desde las voces y la mirada de sus líderes protagonistas, en lo que se presenta como un contrapunteo con “la manera de informar” de los grandes grupos mediáticos norteamericanos (y sus apéndices en la región).
En Bolivia, ante una consulta de la prensa sobre la “dictadura mediática”, Stone afirmó que “la lucha contra los monopolios de la información se está convirtiendo en un combate de vida o muerte”[1]. Nada más cierto para nuestra América.
Gestado al amparo de las dictaduras militares, los gobiernos autoritarios y las democracias mínimas y de baja intensidad, que han caracterizado el desarrollo político de la región en las últimas cuatro décadas, el espacio comunicacional latinoamericano se asemeja, cada vez más, a un gran latifundio mediático: controlado por unos cuantos grupos mediáticos –regionales y transnacionales-, y distribuido según su poder económico y sus vínculos políticos.
En este sentido, no es poca cosa lo que augura el inminente triunfo electoral de Juan Manuel Santos en Colombia: se trata de la continuidad del modelo de sociedad de la seguridad democrática y de la política exterior de la “guerra preventiva uribista” (como ocurrió en el ataque del ejército colombiano a territorio de Ecuador, en marzo del 2008), junto al apuntalamiento del dominio de los grupos empresariales y mediáticos asociados a la Casa Editorial El Tiempo (de la familia Santos Calderón) y el Grupo Planeta, de capital español.
Más allá de la metáfora del latifundio, el fenómeno de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación, y sus implicaciones negativas para la expresión de la diversidad cultural, política y la construcción de la democracia son inobjetables.
Una investigación realizada por Gustavo Mastrini y Martín Becerra[2] sobre la concentración de medios en nueve países de América Latina, publicada en el 2006, determinó que solo el primer operador o grupo mediático acapara, en promedio, más del 30% del mercado, mientras que los cuatro primeros, juntos, superan el 80%.
El medio con mayor índice de concentración es la TV abierta, con 85%, seguido por la TV por cable (84%) y la prensa (62%). La radio es el medio menos concentrado, con 31% de cuota de mercado para los cuatro primeros operadores. Entre esos primeros operadores figuran empresas de los grupos: Televisa de México, Cisneros de Venezuela, Globo de Brasil y Clarín de Argentina. En la práctica, estos consorcios han asumido las funciones de oposición política, ante la descomposición y vaciamiento ideológico de los partidos tradicionales.
El periodista uruguayo Aram Aharonian, uno de los fundadores de TeleSur y director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia, sostiene que la concentración de la propiedad de los medios tiende a unificar tres dimensiones clave de la comunicación social: información, cultura de masa y publicidad.
Puestos al servicio de los sectores hegemónicos y los negocios del capital internacional, dice Aharonian, hoy los grandes medios cumplen una misión ideológica: “Su finalidad no es dar al ciudadano el conocimiento objetivo del sistema social en que viven, sino ofrecerles por el contrario una representación mistificada de este sistema social, para mantener a los ciudadanos en su lugar, dentro del sistema de explotación”[3].
Desde el inicio de la Revolución Bolivariana en 1999, y hasta nuestros días, buena parte del acoso sufrido por los gobiernos nacional-populares y progresistas, así como por aquellos movimientos políticos y sociales que intentan avanzar en otra dirección diferente al neoliberalismo, y labrar con ello caminos alternativos al sistema capitalista dominante, han debido enfrentar una furiosa oposición de grupos de poder económico y de élites políticas serviles, concertados a partir de las acciones de un puñado de consorcios mediáticos (dicho sea de paso, aliados del nuevo golpismo que hemos conocido en Venezuela y Honduras).
¿Quién habla, entonces, cuando hablan los medios? ¿Qué tipo de discursos se difunden y legitiman –o bien, se condenan- desde estos nuevos poderes? Son preguntas que estremecen al pensar en las descomunales desigualdades que, todavía, debemos vencer para avanzar en la democratización de nuestra América.
La comunicación social, popular, alternativa e inclusiva, por lo tanto, constituye una dimensión de la política que no puede ser obviada por ningún gobierno o movimiento que aspire, realmente, a emprender transformaciones sociales y culturales orientadas al beneficio de las grandes mayorías populares.
Como lo anunció en alguna ocasión el poeta Mario Benedetti, en el reverso de la imagen que presenta a América Latina como una “inmensa provincia del subdesarrollo”, hay también una historia “evidente e inconfundible: la que se escribe con hechos, con batallas, con trabajo, con dependencias y liberaciones[4].
En el ámbito de las comunicaciones, la liberación es una batalla pendiente de librar en nuestros países, y un nuevo capítulo de la historia latinoamericana que deberá ser escrita desde la trinchera de las ideas.
NOTAS
[1]Al cine con Oliver Stone y Evo Morales”, en Página/12, Argentina. 3 de junio de 2010. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-146856-2010-06-03.html
[2] Mastrini, Gustavo y Becerra, Martín (2006). Periodistas y magnates. Buenos Aires: Instituto Prensa y Sociedad. Pp. 307-319.
[3] Aharonian, Aram (2007). Vernos con nuestros propios ojos. Caracas: Fundación Editorial la rana y el perro. Pp. 19.
[4] Benedetti, Mario (1987). Subdesarrollo y letras de osadía. Madrid: Alianza Editorial.

sábado, 16 de enero de 2010

El bumerán de la red de redes

La crisis de credibilidad avanza y algunos hablan de insurrecciones mediáticas ante la creciente “inseguridad informacional”. El cuerpo social está desarrollando mecanismos de alerta ante lo que escucha, lee o ve en los aparatos ideológicos de la globalización
Isabel Soto Mayedo / LA VENTANA
Frente a la información oficial difundida por los megamedios, la telefonía celular e Internet se erigen en este siglo como mecanismos de defensa del derecho a conocer la verdad o al menos, otras visiones sobre un mismo acontecimiento. La cuestionable apertura y participación en los procesos de comunicación se desdobló en un bumerán para sus impulsores, quienes probablemente nunca previeron las insurrecciones mediáticas gestadas en los últimos años contra sus proyectos de dominación.
El despliegue de redes detractoras del Área de Libre Comercio en las Américas, de los Tratados de Libre Comercio, y la hemorragia bloguera desatada a raíz del golpe de Estado contra el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, son apenas algunas muestras.
Los sucesivos descalabros de sistemas políticos orientados al socialismo, las dictaduras militares de la década de 1980 y otros factores, permitieron al aparato mediático cultivar un imaginario derrotista en relación con las revoluciones y reforzar la cultura del mercado. En medio de este escenario, muchos aceptaron de manera acrítica la devaluación de ideologías, de proyectos políticos transformadores, de las pasiones encarnadas por estos, de las prácticas sociales colectivas, y de sentimientos y valores humanos considerados trascendentes.
El “vale todo” plantó sus botas sobre las culturas locales y trocó todo en descartable y efímero, con el respaldo de una discursiva mediática potenciadora de la desfragmentación y el desprecio a las prácticas anticapitalistas conscientes o simbólicas. Los avances tecnológicos, en tanto favorecieron la globalización del conocimiento de lo que sucede en los lugares más remotos, fomentaron la conformación de la subjetividad de esta época histórica, la saturación informativa y la incomunicación alienante.
La enajenación de los sujetos se puso a la orden del día con el distanciamiento creado por la política hegemónica, entre las imágenes y dichos que saturan los medios y el ancho campo de las resistencias, dolores y esperanzas populares. Tal estado de hecho redundó en el desencuentro entre las palabras y sus significados y de las imágenes que consumimos con las representaciones de nuestros actos cotidianos, considera la argentina Claudia Korol.
La “comunicación en formato zapping” condujo a la proliferación de interpretaciones mesiánicas, de fundamentalismos, la exacerbación de los individualismos, y la continua frustración de la creencia en los fetiches sucesivos establecidos por el mercado.
La generación permanente de mensajes estimuladores de necesidades y ansiedades materiales es inherente a un sistema social cuya prioridad es la reproducción ampliada del capital y su embellecimiento responde a la necesidad de fomentar la cultura consumista.
Varios estudiosos coinciden en que el sentido de pertenencia localista se diluye con las ofertas de los emporios mediáticos, porque muchos no encuentran respuestas a sus necesidades básicas en la cotidianeidad y, ante lo que le muestran, sienten cada día más empobrecidos sus rasgos.
La incomunicación, como estrategia de dominación, marcha acompañada del terrorismo mediático, novísimo adjetivo en boga, alusivo a una práctica que supera la centuria. Desde que William R. Hearst definiera a los titubeantes reporteros del New York Journal —designados para cubrir el conflicto hispano-cubano de finales del siglo XIX— que él se encargaría de fabricar la guerra con las informaciones de ellos, sentó las pautas de lo que sería ejercicio constante en esta centuria.
Numerosos son los ejemplos de la complicidad de los medios con las fuerzas más retrógradas y su predisposición a invadir los espacios ajenos para, a tono con los objetivos de ellas, secuestrar mentes e inducirlas a aceptar el dominio al que se les somete. El terrorismo mediático alude a la manipulación de la información, establecida mediante el silencio, la censura, y la propaganda, con la intención de influir en la opinión pública para crear dudas, temores, y zozobras con fines políticos, económicos, religiosos, u otros.
Es incalculable el potencial de la información para arrastrar a un país a un conflicto y la de los medios y agencias publicitarias para usar la verdad, en detrimento de ella misma, sin descuidar las reglas del espectáculo. La guerra mediática es un complemento de las otras guerras, aunque no alcanza a sustituirlas. En todo caso, se suma a las formas tradicionales de represión contra los pueblos y en Latinoamérica, cobra rango de problema de seguridad nacional y regional.
Fernando Buen Abad, comunicólogo mexicano, considera que la envergadura de las campañas mediáticas por desacreditar a los elementos de progreso en este continente debe ser contrarrestada con la instalación de un frente de comunicólogos del área, que en constante intercambio con los movimientos sociales de bases, articule la defensa ante esa agresión. Para sus artífices, son meras trivialidades las masacres étnicas, la muerte diaria de miles de personas por hambre o enfermedades curables en el mundo, o el ametrallamiento de poblaciones enteras bajo cuestionables ideales democráticos.
El terrorismo mediático guarda vínculos estrechos con la tríada periodismo, periodista y poder, y prevalece desde los comienzos de la hostilidad entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos. Ambos, empeñados en sostener el liderazgo en sus respectivos bloques geopolíticos y controlar políticamente los territorios ultramarinos, ricos en reservas de materias primas y fuentes de energía no renovables, hicieron del terrorismo mediático un arma común, recuerda Gregorio Javier Pérez Almeida.
Pero por suerte, la historia de la comunicación contemporánea muestra el progresivo incremento de la insatisfacción con este modo de obrar de los medios de difusión masiva. La crisis de credibilidad avanza y algunos hablan de insurrecciones mediáticas ante la creciente “inseguridad informacional”. Ramonet insiste en que el cuerpo social está desarrollando mecanismos de alerta ante lo que escucha, lee o ve en los aparatos ideológicos de la globalización.
Baste un recorrido por el espacio virtual y saltarán a la vista las muestras de que la ciudadanía, cercana al convencimiento de que estos la engañan por razones políticas y financieras, les hace la contrapartida.