sábado, 19 de febrero de 2011

Redes sociales y sociedad civil

Las redes sociales en Internet se han convertido en verdaderos instrumentos políticos que ya han demostrado su eficacia reiteradamente. El movimiento antiglobalización los utilizó para protestar ante los más conspicuos foros del pensamiento hegemónico mundial. En los acontecimientos políticos que sacuden hoy al mundo árabe ocupan un lugar central.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

La revolución científico-tecnológica de las comunicaciones constituye un rasgo constitutivo de nuestra época. Ha contribuido determinantemente a transformar la cultura de la gente, su forma de verse y relacionarse entre sí. Son la base, por lo tanto, de una verdadera revolución cultural que ha trastocado al mundo, subvirtiendo algunos de los más establecidos pilares de la vida social.

Como toda verdadera revolución cultural, permea todos los ámbitos de la vida, los públicos y los privados, los individuales y los colectivos, y tiene su propia lógica y dinámica, independientemente de los deseos o aspiraciones de personas o grupos sociales específicos.

Puede gustar o no, ser considerada positiva o negativa, pero constituye un hecho social que existe más allá de las voluntades particulares o colectivas, y genera toda una serie de fenómenos que tienen incidencia e impacto en la vida de todos.

La red Internet constituye un resultado de esta revolución científico-tecnológica, y un motor dinamizador de la revolución cultural. Tiene la característica de tener una dinamicidad inusitada, es decir, de cambiar y renovarse constantemente, a un ritmo que solamente en la época que vivimos conoce. ¿Quién de nosotros, hace 20 años, se hubiera imaginado que iba a tener la presencia e influencia que tiene hoy en día?

Dentro de ella, las llamadas redes sociales han hecho su aparición apenas hace unos pocos años. La omnipresencia de Facebook y Twitter, sus características, la incidencia que tienen en la vida cotidiana de decenas de millones de personas era inimaginable hace solo 10 años.

Se han convertido, sin embargo, en verdaderos instrumentos políticos que ya han demostrado su eficacia reiteradamente. El movimiento antiglobalización los utilizó para protestar ante los más conspicuos foros del pensamiento hegemónico mundial. En los acontecimientos políticos que sacuden hoy al mundo árabe ocupan un lugar central.

Como toda herramienta, pueden servir para los más disímiles objetivos y fines, porque los objetivos y fines de la gente son siempre disímiles. Por eso en ellas se puede encontrar desde la mascota del amigo hasta el pensamiento político de aquellos a los que, hasta ahora, tal vez solo conocíamos superficialmente.

Constituyen, pues, poderosas herramientas que trascienden los canales oficiales, aquellos que pueden eventualmente estar sometidos a limitaciones como la censura o la autocensura, el sesgo de intereses corporativos o de cualquier otra índole. Permiten identificar ideas y sentimientos; resquemores, aspiraciones y objetivos que antes no se sabía que se tenían en común. Pueden ser, entonces, un motor para unir a la gente.

A eso hemos asistido en estos días en Egipto: a la unión de la gente bajo ciertas ideas comunes. Se ha estructurado lo que no existía hasta entonces: una sociedad civil proactiva, beligerante y tenaz que ha logrado alcanzar el primero de los objetivos que se había planteado: la salida de Mubarack del poder.

Una de las características distintivas de esta sociedad civil contemporánea saltó entonces a primer plano: no hay dirigentes visibles, el espacio de la toma de decisiones es difuso, los objetivos por los que se llevan a cabo las acciones son enormemente distintos dependiendo de cada persona o grupo.

Puede pensarse que esta es una limitación o una ventaja. Si la pensáramos como una limitación, resaltaríamos que un movimiento popular de la magnitud del egipcio podría quedar trunco, inconcluso, mermado; podría, también, ser capitalizado por grupos sociales más organizados, cuyos intereses no coincidan con los de la mayoría. Si lo vemos positivamente, podríamos verlo como un anticipo de un tipo de democracia mucho más abierta y participativa que la que hemos vivido hasta ahora.

Los llamados nuevos movimientos sociales ya habían anticipado, desde hace un tiempo, algunas características de este tipo de novísimos movimientos. Una de ellas es el de su relación con el tema del poder del Estado: este no les interesa. El problema es cuando movimientos masivos como el egipcio logran ciertos objetivos que requieren que este tema sea abordado y asumido como central.

Quien siembra huracanes cosecha tempestades.

El horizonte emancipador

Que en los países árabes ondeen las banderas del Che Guevara en medio de policías y barricadas; que su pensamiento –síntesis del ideal libertador latinoamericano-, su utopía y el inquebrantable ejemplo de consecuencia que fue su vida, todavía tenga algo que decirle a los pueblos, en estos tiempos de crisis y desencantos, es un hermoso signo de esperanza para los pobres y condenados de la tierra.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: Manifestantes libaneses frente a la embajada de Egipto, en apoyo a la insurrección popular).

Mientras las rebeliones populares cambian dramáticamente el panorama estratégico del Medio Oriente, y conmueven el orden hegemónico de las potencias occidentales imperante allí desde hace al menos medio siglo, a este lado del mundo, con menos difusión mediática, los Estados Unidos refuerzan el eje de seguridad nacional –control geopolítico y económico- de su política exterior hacia América Latina.

En México y Centroamérica esto ha sido evidente en las últimas semanas, en particular, con el aumento del tono de la retórica injerencista de los funcionarios de la Casa Blanca –zapadores de la intervención real- y el entusiasmo bélico de las élites políticas regionales, que recibieron efusivamente el anuncio del Plan Centroamérica contra el narcotráfico –sombrero del Plan Colombia y la Iniciativa Mérida-.

Para Washington, se trata de la reafirmación imperial en su zona de influencia; para los gobiernos centroamericanos, es la apuesta por la seguridad para sostener un modelo de sociedad excluyente e injusto.

En un escenario como este, en el que la resignación ciudadana se convierte en estandarte de los eternizadores del status quo, tiene más sentido que nunca preguntarse por el futuro de América Latina y los peligros que enfrenta nuestra región, y pensar en sus alternativas desde un horizonte emancipador.

En La Habana, con motivo de la Feria Internacional del Libro, muchos intelectuales latinoamericanos, hombres y mujeres, han discutido sobre este tema y señalado vías para emprender este necesario ejercicio de imaginación política: unos insistieron en hacer de la cultura una guía para la liberación del individuo y de los pueblos; otros, apuntaron a la importancia de recuperar el protagonismo de los movimientos sociales, que hace una década empezaron a cambiar el rostro de una región hasta entonces condenada a la vocación de felpudo, como dice Eduardo Galeano; algunos más, centraron sus reflexiones en la necesidad de profundizar los procesos de cambio en América del Sur, y al mismo tiempo, acelerar la unidad y la integración latinoamericana. Y Fidel Castro, el histórico líder de la Revolución Cubana, en una nueva aparición pública alzó su voz para instar a una misión mayor: salvar a la humanidad de la doble amenaza de la guerra nuclear y el cambio climático. Son valiosos puntos de partida.

Desde nuestra perspectiva, pensar en los caminos posibles de la segunda emancipación de nuestra América supone reconocer que la tarea iniciada en 1810, solamente desató las fuerzas que aún hoy, en el siglo XXI, requieren ser encauzadas hacia la construcción de naciones socialmente justas, democráticas, capaces de trascender el egoísmo, la lógica de la exclusion, la compulsión consumista y los destructivos modos de producción del capitalismo depredador.

Tal búsqueda, como sostiene el filósofo Enrique Dussel, debería concretarse en una política y una cultura de la liberación, nutrida de la trayectoria descolonizadora latinoamericana: esa que entronca las corrientes de pensamiento y acción política de, por ejemplo, José Martí con José Carlos Mariategui, y del “farabundismo” de los años 1930 con la Revolución Cubana de 1959; que se proyecta en la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende, en la Revolución Sandinista (que supo interpretar positivamente “la cultura popular y su religiosidad”), en el zapatismo y el EZLN (“con una nueva concepción de las culturas ancestrales del continente”), y que encuentra una de sus últimas expresiones en la reacción contra el neoliberalismo desde la que germinan la Revolución Bolivariana, las rebeliones populares y los nuevos liderazgos políticos de la última década, “experimentando cada vez más la complejidad cultural de los de abajo[1].

Es decir, se trata de una política y una cultura de la liberación cuyo protagonista sea, una vez más, el “pueblo concreto, histórico, oprimido y excluido”, y que comprenda el sentido profundo de lo popular: “la medula histórica del pensamiento radical en nuestro continente político cultural”[2].

Que en los países árabes ondeen las banderas del Che Guevara en medio de policías y barricadas; que su pensamiento –síntesis del ideal libertador latinoamericano-, su utopía y el inquebrantable ejemplo de consecuencia que fue su vida, todavía tenga algo que decirle a los pueblos, en estos tiempos de crisis y desencantos, es un hermoso signo de esperanza para los pobres y condenados de la tierra. Un signo que lleva la tradición de lucha y liberación a todos los rincones del mundo: especialmente allí donde, como en nuestra América, la emancipación permanence como un proyecto de futuro abierto.


NOTAS:

[1] Dussel, Enrique (2007). Política de la liberación. Historia mundial y crítica. Madrid: Editorial Trotta. Pp. 483-485.

[2] Idem, pp. 483.

Mi querido hermano Emil Bustamante

Un año más de dolor que provoca tu ausencia forzada de 29 años. La ignominia sigue, y aún así te sigo buscando a vos y a otros 45,000 detenidos desaparecidos en Guatemala.

Marylena Bustamante / Especial para CON NUESTRA AMERICA

Por estas fechas las jacarandas empiezan a vestirse discretamente de color lila, en sus ramas se notan sus pequeños retoños y quieren que vos las mirés, se preguntan cada año qué pasa, por qué ya no has caminado sobre la alfombra que hacen cada primavera en las calles de Guatemala. Ellas ignoran que vos, desde hace 29 años estás desaparecido, como miles de mujeres y hombres de nuestro país, y que fue justamente en un lejano 13 de febrero de 1982 cuando te detuvieron en un retén militar y te condujeron al Cuartel General de Matamoros en el centro de la Ciudad de Guatemala, base militar que era comandada por el Coronel FRANCISCO LUIS GORDILLO MARTINEZ, que fue sustituido por el Coronel EDILBERTO LETONA LINARES a partir de que el General Efraín Ríos Montt tomó el poder mediante golpe de estado del 23 de marzo de 1982, lugar donde ese día vos te encontrabas vivo aunque cruelmente torturado, para luego desaparecerte.

Siempre has estado en mis sueños desde que te desaparecieron, nunca te has ido de ellos, con tus 32 años, con tu espesa barba; en cada oportunidad que te voy a preguntar dónde estás, el sueño termina, pero en días recientes sucedió algo insólito,; te vi con vida nuevamente, no era mi inconsciente que me traicionaba, no, estabas frente a mí, te vi acompañando los restos mortales de los condenados a vivir en la miseria en nuestro país, de los desposeídos, de los marginados, te vi en el sepelio de las víctimas de la quema de la Embajada de España en el Cementerio General, aquel 2 de febrero de 1980.

En tu rostro Emil, se observa el dolor y la rabia que te produjo el criminal acto de barbarie que cometieron Donaldo Álvarez Ruiz y Germán Chupina Barahona contra una treintena de personas que iban tras la vida, que querían paz en sus comunidades, que el ejército ya no secuestrara a sus líderes, que cesara la represión; pero los perversos dieron la orden de que ninguna persona saliera viva de la embajada, las quemaron vivas, silenciaron sus voces, ahogaran sus demandas de justicia.

Estás ahí hermano mío, sí, junto a los campesinos, obreros y estudiantes que murieron luchando contra la dictadura militar, aquellos a los que acompañaste en muchas de sus demandas. Fue impactante, es un regalo de la vida en esta larga travesía de dolor, verte cuando aún no te habían arrancado la vida, cuando aún no te habían desaparecido y no se habían robado tu cuerpo cobardemente los operadores de la inteligencia del ejército guatemalteco.

Quise sacarte de ese lugar, abrazarte, decirte lo que te iba a ocurrir, que elevaras tus medidas de seguridad, que midieras tus decisiones políticas, que actuaras con mucha precaución con aquellos cercanos que podrían representar amigos de lucha, y no serlo, me confundo y entorpezco, también decirte, con un terrible nudo en mi garganta, que te esperaba un futuro terriblemente incierto, que aquel militar de ojos azules no se cansaría de torturarte hasta que exhalaras el último aliento de vida, que ya no ibas a ver crecer a tu primer hija, que no conocerías a la segunda que estaba en el vientre de su madre y que hoy es una bella colibrí, que mamá se moriría sin verte de nuevo y que no conocerías a mi hijo que lleva tu nombre.

En mi imaginario, quise alertar a muchos compañeros que estaban en ese sepelio con sus puños levantados, que los desaparecerían, que los matarían, quise gritar y decirle a Cándida del Valle, ay Cándida cuanto me dueles, Aura Vides, Héctor Interiano, Fernando García, Rolando Alvarado, Nelton Rodas y muchos otros, que se protegieran. Pero eso sólo fue en mi imaginario, jamás podré sacarte del vídeo donde estás vos y tantos queridos y entrañables compañeros que corrieron un fatídico destino por la intolerancia, por el abuso de poder y por la barbarie de las dictaduras militares de Romeo Lucas García, de Efraín Ríos Montt y de Humberto Mejía Vítores.

Cuánta razón tenías vos y muchos de esos compañeros al dedicar su vida y su intelecto para trabajar por el cambio de las condiciones económicas políticas y sociales de nuestro país; y cuanta sinrazón tenían los grupos económicos poderosos y sus testaferros los políticos tradicionales, los cuerpos policíacos y militares con la asesoría directa del gobierno norteamericano, que servilmente mantuvieron a sangre y fuego el estado de cosas imperante para sostener y acrecentar los privilegios de una minoría rapaz y corrupta, porque los resultados en Guatemala están a la vista, porque esos sinrazón le han heredado a las nuevas generaciones un país que vive una de las mayores crisis de terror y violencia, inmerso en una carnicería humana que parece no tener fin.

Los síntomas de la descomposición social se observan en los altos índices de corrupción que existe en los diversos niveles de las esferas gubernamentales, en un estado sumido en continuas crisis de ingobernabilidad, con carteles de la droga operando en el país con cada vez mayor presencia geográfica y con poder de armamento, en la continua proliferación de maras y pandillas delincuenciales, en las continuas muertes violentas de choferes del transporte urbano y sus ayudantes, en las muertes de propietarios de tiendas y sus trabajadores por negarse a pagar las continuas extorsiones que les exige el crimen organizado, en los linchamientos de personas que incluso han sido transmitidos por la televisión nacional, en los constantes secuestros por motivos económicos y políticos, en los feminicidios y en el aparecimiento de cuerpos decapitados y desmembrados.

Todo esto aunado al continuo deterioro de las condiciones sociales de la población, expresadas en el elevamiento de los índices de pobreza, la injusta e inequitativa distribución de la riqueza, la falta de empleo que origina que miles y miles de compatriotas sean expulsados económicamente del país para buscar el sueño americano, muriendo decenas de ellos al transportarse en el tren de la muerte conocido como “la bestia” para atravesar el territorio mexicano; así como los déficits en materia de seguridad social, educación, igualdad de género, discriminación y justicia, hacen que Guatemala sea tipificada como un “estado fallido”. La historia ha demostrado con contundencia cuán equivocados estuvieron y han estado los que mediante la guerra sucia exterminaron a muchos de los mejores hijos e hijas de nuestro pueblo.

La democracia aún es muy endeble en nuestro país, tiene muchas debilidades e imperfecciones, requiere cambios estructurales. Los viejos y nuevos políticos actúan como los caciques de siempre, quieren el poder para engrosar sus bolsillos como viles delincuentes y no para sacar del atraso a nuestra sociedad. Los organismos de procuración de justicia no tienen los suficientes recursos materiales y humanos para enfrentarse a las mafias del crimen organizado, ese que es el mismo de ayer, representado por militares retirados y bandoleros empresarios de la droga, vinculados a los negocios del contrabando, del secuestro y la extorsión, incluyendo las maras de delincuentes que actúan como cuerpos militares por la asesoría que reciben de sus creadores.

Hermano, poco hemos avanzado para lograr justicia en nuestro país, aún no se cierran las heridas del pasado con un historial de 45,000 detenidos desaparecidos y con más de 600 masacres de poblaciones sin que se haya castigado a los autores materiales e intelectuales de tales atrocidades. Pero estamos vigilantes y conscientes de que mientras no haya cambios profundos para cambiar esta realidad, el estallido social está latente y puede ocurrir, porque esa situación lenta y gradualmente sigue corroyendo y destruyendo a nuestra sociedad.

A pesar de esto mi querido y entrañable hermano, continuamos la lucha por mantener vigente la memoria de todos los desaparecidos, anhelamos que las instituciones de justicia profundicen en la investigación para encontrar, detener y juzgar a los responsables del genocidio en nuestro país, solo así podremos encontrarte a vos y a los otros miles de detenidos y desaparecidos.

Tu hermana.

Marylena Bustamante.

México, D.F.

Febrero de 2011, cuando las jacarandas empiezan a vestirse de color lila y se preparan para darle la bienvenida a la primavera.

Miami-adictos

Cuando la carga del avión de la Fuerza Aérea norteamericana fue retenida en Ezeiza la semana pasada, una parte del país pareció actuar como Miami-adicto. En Argentina, los Miami-adictos son una minoría que se siente superior al resto. Juzga que por vacacionar en Miami ha sido tocada por el aura del amo, frente a las mayorías que son despreciadas.

Luis Bruschtein / Página12

(Fotografía: la “valija de Obama”, parte del cargamento no declarado de armas de guerra, equipos de comunicación encriptada, programas informáticos y drogas narcóticas y estupefacientes, que un avión militar estadounidense intentó ingresar a Argentina).

Para el imaginario de los Estados Unidos, el estereotipo principal de latinoamericano es el del inmigrante ilegal. Es el moreno pobre, ignorante, que se ofrece para los trabajos menos dignificados y peor pagos, que no acepta la cultura norteamericana y vive pensando en su lugar de origen. Lo ven promiscuo, familiero, machista. Ese es el latinoamericano que no quieren, el que aparece en las series de televisión como pandillero y narcotraficante y al que le atribuyen responsabilidad por los peores males de su país.

Pero desde los años ’80, un poco a la sombra de la globalización, se fue forjando también el estereotipo opuesto, el del latinoamericano que ellos quisieran que, en principio, se defina por un lugar geográfico que no está en Latinoamérica, sino en Estados Unidos, pero que tiene la mágica propiedad de producir latinoamericanos como ellos quisieran.

No es Nueva York, la gran metrópoli cultural, ni el San Francisco de los artistas y la libertad. Miami, la capital del plástico y las barbies, empezó siendo el lugar de asentamiento de los cubanos que abandonaban su país tras la revolución cubana. Muchos de ellos habían sido funcionarios de la derrocada dictadura de Fulgencio Batista, ex militares y ex policías del régimen que habían perdido sus privilegios y se proponían seguir su lucha contra Fidel Castro desde los Estados Unidos. La CIA captó a muchos de ellos, financió sus actividades, muchas veces dándoles acceso a negocios importantes y muchos en el rubro de la comunicación. De esa manera facilitaron que los más corruptos y derechistas se convirtieran en referentes de la comunidad cubana de Miami que, a su vez, se transformó en la comunidad latina más conservadora y reaccionaria.

Algunos de esos cubanos captados por la CIA se convirtieron con su apoyo en importantes empresarios. Otros fueron agentes que la CIA usó para realizar todo tipo de tropelías durante la Guerra Fría. Se habló de que estuvieron involucrados en grandes asesinatos, como el del presidente John Kennedy, y participaron en la Operación Cóndor en América latina, en el entrenamiento de terroristas nicaragüenses y paramilitares salvadoreños, en el golpe de Pinochet y el asesinato de Letelier, en Automotores Orletti y el asesinato del general chileno Prats en Argentina, y realizaron atentados terroristas en Cuba y la Venezuela de Chávez. Esa es la matriz ideológica del latinoamericano que ellos quisieran, la que se presenta como antítesis del espalda mojada que llega fundamentalmente de México, Puerto Rico y Santo Domingo. A los dos estereotipos los usan para los trabajos sucios. El inmigrante, el trabajo físico, y el miami-adicto, el ideológico.

Al final de la Guerra Fría, la proyección ideológica de Miami se fue transformando. Siguió siendo la comunidad latina más reaccionaria del mundo, pero las dictaduras militares habían pasado de moda y ellos se reacomodaron a esa nueva realidad. Durante la época de las dictaduras de los ’70 y ’80, Miami había empezado a convertirse en un centro de atracción turística para un sector de las capas medias y altas de los países que soportaban esas dictaduras. Encontraban un lugar atractivo, pero también un ámbito ideológico que les daba cobijo, justificación y apaño.

Con los años, aquellos cubanos que habían sido convertidos en empresarios por la CIA fueron más importantes que los agentes de la Guerra Fría. Crearon ONG con filiales en todo el continente para fiscalizar democracias y contrabandear ideología y llevaron sus negocios a esos países, donde pasaron a tener influencia. Con la ayuda de los medios de comunicación locales y trasnacionales –en muchos de los cuales tienen intereses–, Miami se fue convirtiendo en un centro turístico importante, pero también en una especie de Meca ideológica para ese derechismo naturalizado que dice renegar de la política pero que simpatiza con el autoritarismo y el capitalismo salvaje. Es el lugar donde se cocinan los discursos contra los gobiernos populares latinoamericanos en función de un esquema de libre mercado y admiración por la gran potencia. Por obra de alguna falla cósmica (o hegemonía cultural en este caso), los viejos promotores y aliados de las dictaduras latinoamericanas pasaron a convertirse en fiscales de la libertad de prensa, de la transparencia política o de la institucionalidad democrática.

Esos son los dos estereotipos de latinoamericano que los norteamericanos proyectan: el inmigrante pobre al que rechazan y el latino al que apadrinan por su servilismo y su falta de sentido nacional propio. El miami-adicto desprecia a su propio país, al que compara todo el tiempo con los Estados Unidos, y quisiera nacer otra vez como norteamericano. De la misma manera, menosprecian a cualquier gobierno de sus países que no exprese el mismo deslumbramiento que ellos sienten por los Estados Unidos. Todo lo que pasa en sus países les parece ridículo, producto de la ignorancia, de la falta de apego al trabajo o de la falta de educación. Algunos son tan elementales que escriben libros con pretensiones periodísticas o sociológicas con esa mirada.

Cuando la carga del avión de la Fuerza Aérea norteamericana fue retenida en Ezeiza la semana pasada, una parte del país pareció actuar como Miami-adicto y razonar con esas pautas. Como lo que piensan las personas en general no tiene difusión, esa categoría (una parte del país) abarca en realidad sólo a los grandes medios y algunos de sus periodistas, y a los políticos de la oposición. En Argentina, los Miami-adictos son una minoría que se siente superior al resto. Juzga que por vacacionar en Miami ha sido tocada por el aura del amo, frente a las mayorías que son despreciadas ya se sabe por qué.

Por su nivel socio-económico y sus intereses culturales, muchos de los Miami-adictos son lectores de La Nación, que fue el diario que difundió la primicia del avión norteamericano detenido en Ezeiza con una nota corta publicada en su edición del viernes pasado, y otra más completa el sábado, en las que daba cuenta del episodio en sintonía con la visión norteamericana de lo sucedido. La versión que transmitió La Nación dejaba muchos interrogantes abiertos que provocaban la curiosidad periodística. El domingo, en el artículo de tapa de Página/12, Horacio Verbitsky dio otra versión de los hechos, que finalmente fue la que se confirmó, porque el famoso listado de artículos que debían entrar a la Argentina no coincidía con los que traía el avión.

Pero lo más extraño del asunto es que periodistas que trabajan en los grandes medios calificaron de “prensa adicta” a Página/12 por publicar información que ellos también tendrían que haber conseguido y no lo hicieron. Fue más periodístico buscar esa información y publicarla, como hizo Página/12, que desjerarquizarla porque no se ajustaba a sus versiones, como hicieron ellos. Y lo más sorprendente de todo es que algunos periodistas “famosos” que usaron esa fórmula para calificar a Página/12 lo hicieron desde La Nación, que a partir de entonces publicó sin chistar ni cotejar las versiones que provenían, a todas luces, desde las posiciones estadounidenses. Habría que ver entonces a quién sería “adicta” La Nación o esos periodistas.

Sin aprender de los tropezones, la mayoría de la oposición aceptó nuevamente que los grandes medios le impusieran la agenda. Con la excepción de Ricardo Alfonsín, que aclaró que sin estar en conocimiento de los hechos, en cualquier caso, en territorio nacional, los Estados Unidos debían cumplir las leyes argentinas, todos los demás siguieron el libreto granmediático Miami-adicto. Se preocuparon por los intereses norteamericanos y cuestionaron duramente la decisión aduanera. Los grandes medios sobreactuaron la defensa de los intereses norteamericanos y acusaron al gobierno nacional de haber desatado una grave crisis con la potencia del Norte. Y los políticos de la oposición, encabezados por el Peronismo Federal, por el macrismo y el radical Ernesto Sanz, movieron la boca para decir lo mismo, como reviviendo las viejas épocas de las “relaciones carnales”. En todo caso, es previsible lo que harían si alguna vez llegan a la Casa Rosada.

Cuando fue evidente que el Departamento de Estado de los Estados Unidos no quería convertir el incidente en una crisis grave entre los dos países y le bajó el tono a la discusión, los grandes medios que habían sobreactuado el enojo norteamericano dijeron entonces que era el Gobierno el que había sobreactuado su posición. Fue una voltereta en el aire que también obligó a sus seguidores de la oposición a cambiar: de pronosticar hecatombes pasaron a acusar “sobreactuación”, un cargo muchísimo menos atractivo para la campaña electoral.

En la Argentina, el fenómeno Miami-adicto está circunscripto a un grupo social reducido, si bien sus esquirlas, aunque dispersas, están presentes en el sentido común hegemónico. Hay un sentimiento lógico bastante generalizado de rechazo a esa actitud despreciativa de lo propio, cuyo destino no es la superación, sino la derrota. Una derrota de la identidad y la cultura –que no está planteada en las relaciones diplomáticas, sino en las culturales–, que expresa la aceptación de una actitud subordinada para vivir de las migajas de la prosperidad que se envidia, renunciando ex profeso a esforzarse para lograr la prosperidad de la comunidad a la que se pertenece.

Todo lo sólido se desvanece en la calle

Sólo el tiempo dirá si se está cocinando un tsunami tan potente que ni el Pentágono será capaz de surfear sobre sus olas. No debemos olvidar, empero, que los tsunamis no hacen distinciones: arrastran derechas e izquierdas, justos y pecadores, rebeldes y conservadores.

Raúl Zibechi / ALAI

Las revueltas del hambre que sacuden al mundo árabe pueden ser apenas las primeras oleadas del gran tsunami social que se está engendrando en las profundidades de los pueblos más pobres del planeta. El fenomenal aumento de los alimentos (58% el maíz, 62 % el trigo en un año) se está convirtiendo en la espoleta que dinamiza los estallidos pero el combustible lo aporta la brutal especulación financiera que se está focalizando, nuevamente, en las materias primas. Algunos precios ya superaron los picos de 2008, aunque el Banco Mundial y el FMI se muestran incapaces de frenar la especulación con los alimentos, con la vida.

Dos hechos llaman la atención en la revuelta árabe: la velocidad con que las revueltas de hambre se convirtieron en revueltas políticas y el temor de las elites dominantes que no atinaron, durante décadas, a otra cosa que no fuera resolver problemas políticos y sociales con seguridad interna y represión. La primera habla de una nueva politización de los pobres del Medio Oriente. La segunda, de las dificultades de los de arriba para convivir con esa politización. El sistema está mostrando sobradamente que puede convivir con cualquier autoridad estatal, aún la más “radical” o “antisistema”, pero no puede tolerar la gente en la calle, la revuelta, la rebelión permanente. Digamos que la gente en la calle es el palo en la rueda de la acumulación de capital, por eso una de las primeras “medidas” que tomaron los militares luego que Mubarak se retirara a descansar, fue exigir a la población que abandonara la calle y retornara al trabajo.

Si los de arriba no pueden convivir con la calle y las plazas ocupadas, los de abajo -que hemos aprendido a derribar faraones- no aprendimos aún cómo trabar los flujos, los movimientos del capital. Algo mucho más complejo que bloquear tanques o dispersar policías antimotines, porque a diferencia de los aparatos estatales el capital fluye desterritorializado, siendo imposible darle caza. Más aún: nos atraviesa, modela nuestros cuerpos y comportamientos, se mete en nuestra vida cotidiana y, como señaló Foucault, comparte nuestras camas y sueños. Aunque existe un afuera del Estado y sus instituciones, es difícil imaginar un afuera del capital. Para combatirlo no son suficientes ni las barricadas ni las revueltas.

Pese a estas limitaciones, las revueltas del hambre devenidas en revueltas antidictatoriales son cargas de profundidad en los equilibrios más importantes del sistema-mundo, que no podrá atravesar indemne la desestabilización que se vive en Medio Oriente. La prensa de izquierda israelí acertó en señalar que lo que menos necesita la región es algún tipo de estabilidad. En palabras de Gideon Levy, estabilidad es que millones de árabes, entre ellos dos millones y medio de palestinos, vivan sin derechos o bajo regímenes criminales y terroríficas tiranías (Haaretz, 10 de febrero de 2011).

Cuando millones ganan las calles, todo es posible. Como suele suceder en los terremotos, primero caen las estructuras más pesadas y peor construidas, o sea los regímenes más vetustos y menos legítimos. Sin embargo, una vez pasado el temblor inicial, comienzan a hacerse visibles las grietas, los muros cuarteados y las vigas que, sobreexigidas, ya no pueden soportar las estructuras. A los grandes sacudones suceden cambios graduales pero de mayor profundidad. Algo de eso vivimos en Sudamérica entre el Caracazo venezolano de 1989 y la segunda Guerra del Gas de 2005 en Bolivia. Con los años, las fuerzas que apuntalaron el modelo neoliberal fueron forzadas a abandonar los gobiernos para instalarse una nueva relación de fuerzas en la región.

Estamos ingresando en un período de incertidumbre y creciente desorden. En Sudamérica existe una potencia emergente como Brasil que ha sido capaz de ir armando una arquitectura alternativa a la que comenzó a colapsar. La UNASUR es buen ejemplo de ello. En Medio Oriente todo indica que las cosas serán mucho más complejas, por la enorme polarización política y social, por la fuerte y feroz competencia interestatal y porque tanto Estados Unidos como Israel creen jugarse su futuro en sostener realidades que ya no es posible seguir apuntalando.

Medio Oriente conjuga algunas de las más brutales contradicciones del mundo actual. Primero, el empeño en sostener un unilateralismo trasnochado. Segundo, es la región donde más visible resulta la principal tendencia del mundo actual: la brutal concentración de poder y de riqueza. Nunca antes en la historia de la humanidad un solo país (Estados Unidos) gastó tanto en armas como el resto del mundo junto. Y es en Medio Oriente donde ese poder armado viene ejerciendo toda su potencia para apuntalar el sistema-mundo. Más: un pequeñísimo Estado de apenas siete millones de habitantes tiene el doble de armas nucleares que China, la segunda potencia mundial.

Es posible que la revuelta árabe abra una grieta en la descomunal concentración de poder que exhibe esa región desde el fin de la segunda guerra mundial. Sólo el tiempo dirá si se está cocinando un tsunami tan potente que ni el Pentágono será capaz de surfear sobre sus olas. No debemos olvidar, empero, que los tsunamis no hacen distinciones: arrastran derechas e izquierdas, justos y pecadores, rebeldes y conservadores. Es, no obstante, lo más parecido a una revolución: no deja nada en su lugar y provoca enormes sufrimientos antes de que las cosas vuelvan a algún tipo de normalidad que puede ser mejor o menos mala.

Panamá: Otra “metida de pata” presidencial

Según lo acuerdos previstos con las empresas explotadoras mineras en Cerro Colorado, estas se llevarían del país más del 90 por ciento de los beneficios monetarios de las riquezas extraídas del subsuelo.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

El pueblo panameño está movilizado en contra de las reformas al Código minero, aprobadas por la Asamblea de Diputados y sancionadas por el presidente Ricardo Martinelli. La legislación introduce elementos de inseguridad jurídica, que ponen en peligro la estabilidad económica del país y, además, las relaciones de Panamá con otros países.

Para justificar su enorme “metida de pata” el gobierno del presidente Martinelli dio a conocer un comunicado asegurando que no explotaría – bajo circunstancia alguna – los yacimientos cupríferos de Cerro Colorado, en la Comarca Ngobe-Buglé. Pero el comunicado fue publicado de manera parcial. La versión que fue publicada en los diferentes medios no incluía la parte final del comunicado. La línea que no fue publicada dice que el gobierno procedería a conceder los derechos de explotación a empresas interesadas (gobiernos extranjeros, etc.) si se “lo piden las autoridades comarcales”.

¿Quiénes son las autoridades comarcales? Son las instancias creadas por el mismo gobierno del presidente Martinelli, según decreto ejecutivo N° 537 de 2010. En otras palabras, cuando el gobierno del presidente Martinelli decide hacer la concesión de explotación minera a los empresarios extranjeros interesados, convoca a las “autoridades comarcales” nombradas por él mismo para proceder.

Ante el anuncio del inicio de una nueva jornada de resistencia contra las reformas al Código Minero, el gobierno de Ricardo Martinelli hizo circular el siguiente comunicado:

"El Gobierno Nacional hace de conocimiento público, y en especial, a los habitantes de la comarca Ngöbe Buglé –atendiendo la preocupación evidenciada por sus dirigentes- de nuestro firme y categórico compromiso de no iniciar, promover ni aprobar durante la totalidad de nuestra gestión de gobierno, la explotación de Cerro Colorado ni ningún otro yacimiento en las comarcas indígenas". Sólo 20 minutos después hizo circular el mismo comunicado pero le agregaba la siguiente línea: "Salvo que lo pidan las autoridades comarcales".

Así se descifraba el espíritu “democrático” de los gobernantes. El Gobierno de Martinelli aprobó el año pasado el Decrero Ejecutivo 537 que le otorga injerencia directa en las decisiones que tomen las autoridades indígenas de la comarca Ngobe Buglé. Lo anterior es el resultado de las modificaciones realizadas por el presidente Martinelli y el entonces ministro de Gobierno y Justicia, Raúl Mulino, a la carta orgánica de la comarca creada por el Decreto Ejecutivo No. 194 del 25 de agosto de 1999.

La modificación se produjo el 2 de junio de 2010, mediante el Decreto Ejecutivo 537 publicado en Gaceta Oficial el 4 de junio de 2010. La modificación establece que los llamados “encuentros interregionales de las autoridades gubernamentales” serán parte del congreso general; mientras que los “encuentros locales de autoridades gubernamentales” serán parte del congreso local de la comarca. El concepto de “autoridades gubernamentales” tiene preocupados a los dirigentes de las comunidades indígenas, ya que en el decreto original los dos organismos citados solo eran conformados por autoridades comarcales.

En base a este Decreto se celebraron elecciones espurias que dieron como resultado los delegados que a su vez designarán a las autoridades en mención en un futuro Congreso organizado por el Gobierno. Esas autoridades progubernamentales y espurias le pedirían la explotación de Cerro Colorado. La participación en esos comicios no llegó ni al 10 por ciento, según los magistrados del Tribunal Electoral.

El pueblo ngobe buglé no reconoce estos delegados y se prepara para celebrar su propio Congreso en el mes de marzo posiblemente, en base a sus costumbres y tradiciones. Un dirigente ngobe buglé, recordando las palabras de Martinelli en campaña - "Si no cumplo que me guinden del palo más alto" - dijo que en la Comarca le espera ese palo.

La explotación de los yacimientos cupríferos de Cerro Colorado es un antiguo proyecto. En la década de 1970 el gobierno del general Omar Torrijos negoció con empresas extranjeras interesadas en su explotación. Al igual que en aquella época, el precio del cobre en el marcado mundial se encontraba muy elevado y su explotación aseguraba rápidos dividendos.

En la actualidad, sin embargo, la sociedad panameña, y muy especialmente el pueblo ngobe buglé que vive en la Comarca donde se encuentra Cerro Colorado, están mejor organizados e informados sobre los estragos que haría la explotación minera a cielo abierto.

Se calcula que toda el área de Cerro Colorado tendría que ser desalojado por los efectos de la actividad minera. Por otro lado, según lo acuerdos previstos con las empresas explotadoras, estas se llevarían del país más del 90 por ciento de los beneficios monetarios de las riquezas extraídas del subsuelo.

Al final, Panamá quedaría con un inmenso hoyo, con todo su entorno destruido, sin comunidades, más empobrecido por la "metida de pata" y la falta de planificación.

Colombia: Un país minado por el despojo minero

La locomotora de la minería y los hidrocarburos que el presidente Juan Manuel Santos pretende poner en marcha para jalonar la economía, y que figura en el Plan Nacional de Desarrollo, como los proyectos ferrocarrileros del siglo XIX, hechos de la mano del capitalismo y a punta de muertos y de prácticas esclavizantes, amenaza con aplastar todo lo que se le ponga por delante. Para empezar, lo que tiene enfrente es, ni más ni menos, el futuro del país.

Juan Alberto Sánchez Marín / Rebelión

(Fotografía: minería de alta montaña en el Páramo de Las Hermosas, límite de los departamentos de Tolima y Valle del Cauca).

El tema de la minería ha venido haciendo estragos mediáticos en Colombia. Los libretistas de la ficción informativa y noticiosa nacional han estado encantados, y los medios para los que trabajan no han escatimado minutos para divulgar en lacrimógenas historias la dura realidad de los mineros. Historias de vida subidas de melodrama.

Porque nuestra idiosincrasia no da para los finales rosa al estilo de los 33 mineros chilenos de Piñera, los nuestros vuelan en pedazos por los aires oscuros de los túneles y se quedan atascados por siempre al otro lado del endeble agujero de la vida, o sea, muertos, y ni siquiera sirven para abrazos por entre un tubo o para circenses espectáculos políticos.

Las montañas son destripadas y, cómo no, cada hueco explota y pulveriza lo que tenga adentro. Son minas, literalmente, echadas por tierra.

En junio de 2003, 73 mineros murieron en una explosión en la mina de carbón San Fernando, municipio de Amagá, departamento de Antioquia. En Sardinata, Norte de Santander, a finales de enero de este año, una nueva explosión en la mina de carbón La Preciosa, ¡qué fea ironía!, dejó 21 muertos más.

Otros cinco mineros murieron una semana después tras otra explosión de gas metano en otro yacimiento carbonífero en Peñas del Boquerón, departamento de Cundinamarca, que se suman a los enunciados y a los 173 que en total perecieron durante el año pasado en explosiones parecidas en el país.

Pero resulta que el tema no es de lloriqueos ni de frases dichas de labios para afuera. Mineros muertos, heridos o inválidos, familias pobres y desamparadas, huérfanos del carbón e infantes hundidos en socavones, son sólo una parte de un problema que pareciera que el país descubre cada cierto tiempo, tragedia de por medio, y olvida en menos de lo que reabren las minas cerradas por el gobierno en medidas desviroladas o vuelven a hundirse en la tierra los miles de pobres que en Colombia no saben ni pueden hacer otra cosa.

Esta es la cara que escandaliza, que ocasiona santiguadas con exaltación en las fotos, golpes de pecho hipócritas en la televisión, pero que no le importa a nadie. Ni al estado con el disfraz del gobierno que tenga, ni a muchos del resto de colombianos que creemos que no vivimos hundidos aun más abajo del subsuelo.

La faz que importa, como siempre, no se ve. Las lentes de las cámaras están hechas para mirar sólo lo que los aturdidos ojos detrás quieren mirar. Y los ojos de los medios están hechos para no ver y los periodistas pululantes están contratados para no mostrar.

La otra parte del problema no la vemos porque es grande, grandísima, y demasiado importante. Es oculta porque despedaza al país, de verdad lo hace más miserable, pero también enriquece infinitamente a funcionarios de todos los ámbitos y niveles, medios de todos los caletres y coberturas, y riquísimos de bisoñé entero y no de medio pelo, que no son de aquí y sí son de allá, o que si son de aquí trabajan a sueldo para los de allá, los de las metrópolis, en el sentido colonial del término.

Es la megaminería a cielo abierto. Una práctica infame extendida en el país, que amenaza con propagarse cada vez más, con el beneplácito gubernamental y la aquiescencia del legislativo. Nada nuevo, claro está. Un funesto legado ancestral del despojo colonial en su forma económica más característica: el enclave.

Las transnacionales poseen más de 43 mil kilómetros cuadrados en concesión, un área tan grande como los departamentos de Boyacá y Cundinamarca juntos. Pero es apenas el comienzo. En los mapas de perfiles y proyecciones mineras figura casi todo el territorio nacional. No se escapan ni las llamadas zonas protegidas, las reservas estratégicas ambientales, como los páramos, por ley intocables, pero feriados por la gracia divina de Álvaro Uribe Vélez durante su gobierno, ni siquiera al mejor postor, sino a los peores: las empresas transnacionales. LEA EL ARTICULO COMPLETO AQUI

La fábrica de pobres

Hablar de una “fábrica de pobres” es lo más desatinado e irracional que se haya dicho en estos días sobre el gobierno de Chávez. Si hubiese un solo aspecto de su política que debe rescatarse, es precisamente la que ha desarrollado a favor de los pobres.

Eleazar Díaz Rangel / Patria Grande (Venezuela)

A propósito de los aniversarios hasta hace poco celebrados (2 y 4 de febrero), se escucharon y leyeron opiniones, análisis e informaciones suministrados por voceros de uno y otro lado. Unos que destacaban todo lo positivo realizado, particularmente en los campos de la educación y de la salud, la significación del 4F en la política venezolana, su influencia en los procesos que se desarrollan en varios países de América Latina, y se mostraban cautelosos a la hora de apreciar errores y omisiones, aunque el presidente Chávez pidió perdón por los errores cometidos.

Otros, por supuesto, lo negaban todo: una década perdida, no se ha avanzado en nada, etc. Repitieron algunas expresiones que se oyeron después del mensaje presidencial el 8 de enero y le añadieron algunas nuevas.

Entre éstas me llamó la atención que dijeran que el gobierno de Chávez en estos 12 años ha sido “una fábrica de pobres”. Me sorprendió por lo divorciado de la verdad. Entiendo que en días como estos la oposición sea tan negadora de la gestión de gobierno, que no le reconozca nada, pero han sido cuidadosos en negar, por ejemplo, lo que se ha hecho en el campo educativo, desde la alfabetización hasta los índices de la matrícula universitaria. Prefieren callar.

Por eso, hablar de una “fábrica de pobres” es lo más desatinado e irracional que se haya dicho en estos días sobre el gobierno de Chávez. Si hubiese un solo aspecto de su política que debe rescatarse, es precisamente la que ha desarrollado a favor de los pobres. Vean si no.

El porcentaje de hogares pobres era de 43% en 1998 y en 2010 había bajado a 26,8%, y la pobreza extrema de 21% ese mismo año 99 se redujo a 7,1% hace un año. Estas otras estadísticas son de un estudio de la OEA-PNUD: en ese período, la reducción de la pobreza fue de 44% en Venezuela, 35,8% en Ecuador, 36,9% en Chile, y el promedio en América Latina llegó a 24,8%, es decir, que en Venezuela casi se duplicó. Y la indigencia se redujo en la región 31% y en Venezuela 54,4%.

Veamos ahora el índice internacional Gini, que mide la desigualdad en la distribución de la riqueza económica; mientras más bajo es el índice, la desigualdad entre ricos y pobres es menor. En 1998, en Venezuela era de 0,4865 y el año pasado había bajado a 0,3898, el más bajo de América Latina. ¿Cómo fue la reducción en otros países? Veámoslo: Colombia tenía 0,572 y ahora tiene 0,512, Chile 0,560, y hoy está en 0,523, apenas centésimas menos, y Costa Rica, de 0,473, el más bajo hace 10 años, lo disminuyó a 0,469, el segundo más bajo, después de Venezuela. Los tres países que más disminuyeron el índice Gini en esos años fueron Nicaragua 8,7%, Perú 9,3% y Venezuela 17,3%.

Una encuesta de Latinobarómetro preguntó sobre la satisfacción con la vida en cada uno de nuestros países. Quienes están menos contentos son los de Bolivia (52,5%), El Salvador (53,%) y Perú (55%), en cambio los costarricenses respondieron en un 86% positivamente, y hubo otros cuatro países por encima de 80%: Argentina, Panamá y Brasil, y Venezuela con 84%.

¡Y se les ocurrió decir que ha sido una “fábrica de pobres”! ¿Alguien puede creerlo? Por supuesto, los obcecados, que no se borran de la cabeza su obsesión por desplazar a Chávez. No le creen a las cifras y estadísticas de la ONU, la UNESCO, el PNUD, la OEA, CEPAL y el INE.

Ecuador: Soberanía popular

En Ecuador todavía no se hace pleno uso de la consulta popular para una “democracia plebiscitaria”, que algunos incomprensiblemente cuestionan. Falta que los ciudadanos se apropien y usen los mecanismos de esa democracia directa.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo

La Constitución quiteña de 1812 claramente se inspiró en el principio de que la soberanía radica en el pueblo. Señaló: “El Pueblo Soberano del Estado de Quito (nombre del país de aquella época) sanciona esta Constitución”. En esos tiempos se comprendió, perfectamente, que la Constitución es una expresión de la voluntad soberana. Desde la primera Constitución republicana de 1830, las diecinueve Constituciones que ha tenido el Ecuador siempre reconocieron que la soberanía originaria radica en el pueblo. 



La Constitución de 1979, con la que se inició la fase democrática que vive el Ecuador, dispuso (Art. 35): “Establécese la consulta popular en los casos previstos por esta Constitución. La decisión adoptada por este medio es inobjetable”. El Presidente de la República (Art. 78, lit. p) podía “convocar y someter a consulta popular” las cuestiones que él consideraba de trascendental importancia para el Estado y especialmente las reformas a la Constitución.

La Constitución de 1998, que le siguió, mantuvo la consulta popular (Art. 103) y también la facultad del Presidente de la República para convocarla (Art. 104), tanto para reformar la Constitución, como para asuntos de trascendencia para el país. La consulta también podía ser convocada a petición de la ciudadanía y por los organismos del régimen seccional.


La nueva Constitución de 2008, aprobada por referéndum, es la primera en reconocer, con mayor amplitud que antes, el principio de la democracia directa.

Instituye la iniciativa popular para proponer leyes, la consulta popular, el referéndum, la revocatoria del mandato, crea la Función de Transparencia y Control Social. Establece que el Presidente de la República tiene la atribución (Art. 147, lit. 14) de “convocar a consulta popular en los casos y con los requisitos previstos en la Constitución”. Es la Corte Constitucional la que emite un dictamen sobre la constitucionalidad de una convocatoria a consulta (Art. 438). Y la consulta popular que enmiende la Constitución (Art. 441) no puede alterar la “estructura fundamental” de la misma ni el “carácter y elementos constitutivos del Estado”, tampoco establecer “restricciones a los derechos y garantías” ni modificar “el procedimiento de reforma” de la misma Constitución.

Si la consulta popular es, con los límites señalados por la Constitución, un instrumento de la democracia directa, también debe comprenderse que, históricamente hablando, desde 1812 siempre el pueblo ha sido la fuente de la soberanía. Pero en Ecuador todavía no se hace pleno uso de la consulta popular para una “democracia plebiscitaria”, que algunos incomprensiblemente cuestionan. Falta que los ciudadanos se apropien y usen los mecanismos de esa democracia directa. Cabe cuestionarse el alcance o los límites de las preguntas sometidas a consulta, pero nunca el principio histórico que establece que la soberanía radica en el pueblo y que, por tanto, es el pueblo el que puede darse su propia Constitución, reformarla en parte o cambiarla por una nueva. Ese es el fundamento político e histórico sobre el que se levantó la vida republicana del Ecuador.

Chevron-Texaco: la soberbia del amo

Incidentes mil, alegatos sin cuento, testimonios prefabricados, montañas de documentos forman parte del proceso instaurado por las comunidades indígenas de la Amazonía y que, en el fondo, es la disputa desigual entre el amo todopoderoso y el vasallo pobre y desamparado.

Jaime Galarza Zavala* / El Telégrafo

Los jueces de Lago Agrio, Sucumbíos, acaban de sentenciar a la compañía norteamericana Chevron-Texaco al pago de 9.000 millones de dólares como reparación a la catástrofe ambiental causada durante el saqueo petrolero de los ricos campos de nuestra Amazonía.

El juicio correspondiente se inició hace largos 17 años y se ha desarrollado como una intrincada carrera de obstáculos en tribunales del Ecuador y de Estados Unidos. Incidentes mil, alegatos sin cuento, testimonios prefabricados, montañas de documentos forman parte del proceso instaurado por las comunidades indígenas de la Amazonía y que, en el fondo, es la disputa desigual entre el amo todopoderoso y el vasallo pobre y desamparado. Un nuevo capítulo de la guerra continental entre el tiburón y la sardina.



La historia comenzó con esa vergüenza nacional que se llamó “Junta Militar de Gobierno”, adobada y cocinada por la CIA, la central oficial del espionaje y el terrorismo de Washington, que impuso al Ecuador el golpe de Estado del 11 de julio de 1963, una vez derrocado el presidente Carlos Julio Arosemena, sentando en Carondelet a los Cuatro Coroneles de la Traición: Ramón Castro Jijón, Marcos Gándara Enríquez, Guillermo Freile Poso y Luis Cabrera Sevilla. Muertos, heridos, centenares de presos políticos, asalto de universidades y de la Casa de la Cultura, destitución de alcaldes y prefectos, cierre del parlamento, decenas de exiliados fue la saga de esta triunfal acción imperial emprendida bajo el bastón de mando del embajador Maurice Bernbaum, llamado el Virrey.

Entre las ricas presas entregadas entonces al apetito de los yanquis figuró sn 1964 la concesión Texaco-Gulf en la región oriental. Una superficie más grande que las provincias de Pichincha o Guayas, esto por una bagatela de medio siglo y a precio de gallina enferma, como lo demostramos en 1972 en nuestro libro El festín del petróleo.

No fue la única acción entreguista de la Junta Militar que al mismo tiempo, para simular petriotismo, dictó un decreto de circo nacionalizando “las cumbres andinas”.

Si Esmeraldas se salvó entonces de la voracidad forestal del consorcio norteamericano Georgia Pacific, fue porque el pueblo derrocó a la Junta (29 de marzo de 1966). Lo que sí se perfeccionó en estricto secreto fue la firma del Modus Vivendi por el cual el Ecuador renunciaba en favor de Estados Unidos a su derecho sobre 200 millas marinas, como lo exigían los atuneros de San Diego, California.

Volvamos a Texaco-Gulf. Durante el gobierno del general Guillermo Rodríguez Lara, la compañía Gulf se negó a cumplir compromisos con el fisco, por lo que el Estado nacionalizó su paquete accionario. Texaco se quedó sola para después fusionarse con la Chevron.

La acción del consorcio fue devastadora. Se deforestaron centenares de miles de hectáreas, arrinconó más adentro en la selva a pueblos indígenas, deformando su sana vida natural con bares y prostíbulos, amén de contaminar lagos, ríos y suelos. Hasta hoy se puede ver incontables charcos petrolíferos en las comunidades, incluso al pie de las viviendas, con sus secuelas de enfermedades tóxicas y cáncer.

Ahora culmina una nueva fase del juicio con la sentencia condenatoria mencionada. Una resolución procesal de mínima justicia, que la arrogante multinacional no acatará, pues de inmediato ha presentado apelaciones en Ecuador y Estados Unidos. Además, sus voceros anuncian que, en represalia, el Congreso norteamericano debe privar al Ecuador de las preferencias arancelarias contribuyendo con ello a la asfixia de nuestra economía nacional, a la quiebra de exportadores ecuatorianos y al hambre popular. ¡Y todavía hay ecuagringos que añoran y claman por el retorno del poderío yanqui a nuestra patria!

*Escritor ecuatoriano, Premio Eugenio Espejo 2007

El difícil paso del tecnozoico al ecozoico

El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Las grandes crisis conllevan grandes decisiones. Hay decisiones que significan vida o muerte para ciertas sociedades, instituciones o personas. La situación actual es la de un enfermo al cual el médico le dice: O controla usted sus altas tasas de colesterol y su presión o tendrá que enfrentarse a lo peor. Usted elige.

La humanidad como un todo tiene fiebre y está enferma; debe decidir: o continuar con su ritmo alucinado de producción y consumo, garantizando siempre el crecimiento del PIB nacional y mundial, ritmo altamente hostil a la vida, o enfrentarse dentro de poco a las reacciones del sistema-Tierra que ya ha dado claras señales de estrés global. No tememos un cataclismo nuclear, no imposible pero sí improbable, que significaría el fin de la especie humana. Recelamos, eso sí, como muchos científicos advierten, de un cambio repentino, abrupto y drástico del clima que diezmaría rápidamente muchísimas especies y pondría en grave peligro nuestra civilización.

Esto no es una fantasía siniestra. El informe del IPPC de 2001 indicaba ya esta eventualidad. El informe de la U.S. National Academy of Sciences de 2002 afirmaba «que recientes evidencias científicas apuntan hacia la presencia de un acelerado y vasto cambio climático; el nuevo paradigma de un cambio abrupto en el sistema climático está bien establecido por la investigación hace ya diez años, sin embargo este conocimiento está poco difundido y es escasamente tomado en cuenta por los analistas sociales». Richard Alley, presidente del U.S. National Academy of Sciences Committee on Abrupt Climate Change comprobó con su grupo que, al salir de la última glaciación, hace 11 mil años, el clima de la Tierra subió 9 grados en solo 10 años (datos tomados de R.W.Miller, Global Climate Disruption and Social Justice, N.Y 2010). Si eso sucediera con nosotros tendríamos que enfrentarnos a una hecatombe ambiental y social de consecuencias dramáticas.

¿Que es lo que está en juego con la cuestión climática? Están en juego dos prácticas con relación a la Tierra y a sus recursos limitados, que fundan dos eras de nuestra historia: la tecnozoica y la ecozoica.

En la tecnozoica se utiliza un potente instrumento, inventado en los últimos siglos, la tecnociencia, con la cual se explotan de forma sistemática y cada vez con más rapidez todos los recursos, especialmente en beneficio de las minorías mundiales, dejando al margen a gran parte de la humanidad. Prácticamente toda la Tierra ha sido ocupada y explotada. Ha quedado saturada de toxinas, elementos químicos y gases de efecto invernadero hasta el punto de perder su capacidad de metabolizarlos. El síntoma más claro de esta incapacidad suya es la fiebre que se ha hecho presente en el Planeta.

En la ecozoica se considera a la Tierra dentro del proceso evolutivo. Desde hace más de 13,7 mil millones de años el universo existe y está en expansión, empujado por la insondable energía de fondo y por las cuatro interacciones que sostienen y alimentan cada cosa. Es un proceso unitario, diverso y complejo que produjo las grandes estrellas rojas, las galaxias, nuestro Sol, los planetas y nuestra Tierra. Generó también las primeras células vivas, los organismos multicelulares, la proliferación de la fauna y de la flora, la autoconciencia humana por la cual nos sentimos parte del Todo y responsables del Planeta. Todo este proceso envuelve a la Tierra hasta el momento actual. Respetado en su dinámica, permite a la Tierra mantener su vitalidad y su equilibrio.

El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre.

Si no damos este paso difícilmente escaparemos del abismo que espera delante de nosotros.