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sábado, 14 de septiembre de 2024

Las anchas alamedas

 El horizonte de las anchas alamedas se ha complicado y los matices se han multiplicado, pero la intención de recorrerlas sigue ahí, y el llamado del presidente heroico sigue vigente.  

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica 

La voz de Allende, que escucharon atónitos los chilenos el 11 de septiembre de 1973, nos sigue llegando como desde las profundidades, lejana, entrecortada, heroica, esperanzada a pesar de las bombas y el asedio. La frase que alude a las anchas alamedas es hoy un símbolo y un acicate para no perder la esperanza de que “más temprano que tarde…”, a pesar de las circunstancias que la mayoría de las veces nos nublan la vista, podremos ver o transitar esas alamedas utópicas.

sábado, 16 de septiembre de 2023

La vigencia de la gesta de Allende y la Unidad Popular

Este lunes 11 de septiembre se cumplieron cincuenta años del sacrificio de Salvador Allende y del derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular. La figura de Allende y la importancia de la experiencia chilena entre 1970 y 1973 se ha ido engrandeciendo con el tiempo pese a los intentos neoliberales de empequeñecerla en el propio Chile y en otros lugares del mundo.

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Hoy en América Latina, acaso en el mundo entero, los 1047 días de la Unidad Popular muy bien pueden equipararse con los 72 días de la Comuna de París en 1871. Así como la Comuna de París fue la primera experiencia de revolución proletaria, destrucción del Estado burgués (al menos en la capital de Francia) y constitución de un nuevo Estado obrero, la experiencia de la Unidad Popular fue la primera experiencia de una revolución no armada y de consecución de una parte del poder por métodos electorales.

Allende en la memoria histórica de América Latina

 Después de 50 años, las viejas y nuevas derechas han tratado de reivindicarse y manosear la historia, culpando de todo al gobierno “minoritario” de Allende y la UP, que supuestamente buscaban instalar una “dictadura totalitaria”. Pero en la actualidad la figura de Allende es un gigante más en la historia de América Latina. 

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

El médico socialista Salvador Allende Gossens (1908-1973) hizo carrera en la política institucional como ministro, diputado y senador. Acumuló experiencia como candidato a la presidencia en 1952, 1958 y 1964, hasta que triunfó en las elecciones de 1970, promovido por la Unidad Popular (UP), una coalición de izquierdas (P. Socialista, P. Comunista, MAPU Mov. de Acción Popular Unitario, API Acción Popular Independiente, PSD P. Social Demócrata). Ratificado ese triunfo por el Congreso, Allende gobernó entre el 3 de noviembre de 1970 y el 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe de Estado del general Augusto Pinochet, lo derrocó.

sábado, 15 de julio de 2023

¿Fracasó el gobierno de Salvador Allende?

 A 50 años del golpe de Estado cívico militar, que derrocó al gobierno legítimo y constitucional del presidente Salvador Allende, el actual mandatario chileno, Gabriel Boric, llama a reflexionar sobre las causas del fracaso político de la Unidad Popular. Sin embargo, dicha afirmación encubre una mentira mantenida a lo largo de medio siglo. 

Marcos Roitman Rosenmann / LA JORNADA

Si la Unidad Popular, el gobierno y su presidente Salvador Allende, fracasaron, ¿qué necesidad tenían la derecha y la democracia cristiana de promover un golpe de Estado cívico-militar? Si la vía pacífica al socialismo era una quimera, ¿por qué Estados Unidos y la burguesía chilena se tomaron tantas molestias para derrocar el gobierno de la Unidad Popular? Y si la guerra civil y el enfrentamiento armado, por decisión expresa de Allende y la Unidad Popular, no era una opción, ¿para qué romper el orden constitucional? ¿No era mejor reditar la alianza anticomunista en las elecciones presidenciales de 1976, con Eduardo Frei Montalva y la Democracia Cristiana a la cabeza?

sábado, 10 de diciembre de 2022

La visionaria advertencia de Allende

 Hace 50 años Allende advirtió con perspectiva histórica el peligro que se estaba engendrando con esas corporaciones más poderosas que muchos Estados. La realidad contemporánea ratifica y sobrepasa la dimensión de su advertencia…

Fernando Reyes Matta / www.other-news.info

Fue hace cincuenta años, aquel 4 de diciembre, cuando Salvador Allende logró en Naciones Unidas lo que para muchos en el mundo hasta hoy es un hecho inédito: la Asamblea General, sin un asiento vacío, se puso de pie para aplaudir por largo rato al presidente de Chile, tras la profundidad de su discurso. Esa ovación no fue sólo un respaldo a su apuesta de buscar cambios profundos para Chile por la vía democrática, sino también de haber abierto de par en par las ventanas hacia un fenómeno que veía venir con dramatismo: el poder de grandes corporaciones por encima de los Estados y las fronteras, un poder en expansión por encima de reglas y normas.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Allende y el progresismo latinoamericano

 A diferencia de la vía armada, que durante la década de 1960 estalló en distintos países a través de guerrillas que creyeron posible la reedición de la Revolución Cubana, Allende y la Unidad Popular que encabezó su triunfo en las elecciones de 1970, confiaron en la “vía pacífica y democrática al socialismo”, una tesis inédita en las convicciones marxistas de la época.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / www.historiaypresente.com


El 11 de septiembre de 2001 se produjo en los EEUU el criminal ataque a las Torres Gemelas de New York. Los canales de TV internacionales permitieron seguir, en directo, un acontecimiento que conmovió al mundo. Después se supo la trama del terrorismo, que quiso dejar una huella de muerte y destrucción. El gobierno de George W. Bush (2001-2009) anunció que el hecho no quedaría en la impunidad. Poco tiempo después, una coalición de fuerzas de la OTAN, encabezadas por los EEUU, lanzaba una ofensiva militar en Afganistán, para acabar con los “talibanes”. Su presencia de 20 años ha concluido con la retoma del poder de los talibanes, la proclamación de un Emirato Islámico y el impacto mundial de la derrota norteamericana en Afganistán.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Allende y el socialismo posible

 La experiencia de los gobiernos progresistas ha vuelto a demostrar algo que Chile ya vivió cincuenta años atrás: las derechas económicas y políticas latinoamericanas no están dispuestas a que los cambios avancen a tal profundidad que pongan en riesgo el poder del capital y de las elites empresariales.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com


Chile era, desde la década de 1930, un país en el cual la democracia “burguesa” quedó institucionalizada: se sucedían presidentes dentro de ella y su estabilidad contrastaba con el resto de países de la turbulenta América Latina. Incluso la izquierda política, representada por dos grandes partidos, el Comunista y el Socialista, por sobre los discursos a veces radicales, se integraban a esa democracia. Salvador Allende (1908-1973), militante socialista, fue candidato para la presidencia en 1952 y 1958. Volvió a serlo en 1964, aunque bajo circunstancias distintas, porque el triunfo de la Revolución Cubana (1959) alteró la vida política latinoamericana, no solo porque provocó la inmediata implantación de la guerra fría en la región, sino al haber despertado una acelerada y extendida politización social hacia la izquierda, de modo que en distintos países surgieron movimientos y guerrillas que confiaron en poder reproducir el camino armado cubano.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Salvador Allende, medio siglo después

Hace unos días  se conmemoraron los 50 años del histórico triunfo de Salvador Allende con la Unidad Popular en Chile. Y cuando estas líneas se publiquen se estarán cumpliendo 47 años de su derrocamiento. 

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México


Las efemérides se evocan cuando desde el mes de octubre pasado, la patria del “compañero presidente” ha despertado del largo letargo en el que la sumió la  sangrienta represión golpista  de 1973 y  el neoliberalismo aplicado en el contexto de lo que Naohmi Klein ha llamado “la doctrina del shock”. El ver las densas columnas de manifestantes a lo largo de muchos meses marchando en las calles y en  la Plaza Italia, nos hizo recordar las premonitorias palabras del  presidente mártir: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

sábado, 5 de septiembre de 2020

A 50 años del triunfo de la Unidad Popular y del inicio de la Revolución Socialista en Chile, 1970-1973

 El presente ensayo de reflexión histórico-política tiene como objetivo exponer algunos aspectos de lo que fue la experiencia del gobierno de la Unidad Popular y de Salvador Allende (1970-1973) para la sociedad chilena, especialmente, para sus sectores populares y trabajadores, es decir, para el pueblo.

Juan Carlos Gómez Leyton / Para Con Nuestra América

Desde Santiago de Chile


A la memoria de mi padre 

Luis Gómez Plaza (1930-2019)

 obrero allendista y 

socialista constructor del siglo xx.

 

 “Chile es hoy la primera nación de la tierra

llamada a conformar el segundo modelo

de transición a la sociedad socialista…

edificada según un modelo

democrático, pluralista y libertario”.

Salvador Allende, mayo de 1971.

 

Presentación

 

Hace 50 años el triunfo electoral de la Unidad Popular, el 4 de septiembre de 1970, posibilito un hecho político inédito en la historia de Chile, latinoamericana y mundial, al acceso al gobierno de un Estado capitalista, de un presidente socialista, Salvador Allende G. y de una coalición de partidos políticos marxistas y revolucionarios, la Unidad Popular (UP); a través de los mecanismos democráticos liberales representativos tradicionales, o sea, mediante el sufragio en una elección presidencial. El candidato de la UP, Salvador Allende G., obtuvo la primera mayoría relativa, con el 36,2%, seguido por el candidato derechista, Jorge Alessandri con el 34,9% y en tercer lugar lo ocupó el candidato oficialista, el demócrata cristiano Rodomiro Tomic, con el 27,8% de los votos. Un triunfo electoral estrecho e insuficiente para ser designado de manera inmediata como “presidente electo”, pues, al no obtener la mayoría absoluta (50%+1), la decisión ciudadana pasaba a una segunda vuelta electoral de carácter parlamentaria. Diputados y Senadores reunidos en Congreso Pleno debían elegir entre las dos mayorías, o sea, al igual que en 1958, entre Alessandri y Allende, pero en una relación invertida, en 1970, sería entre Allende y Alessandri.

sábado, 15 de agosto de 2020

La Unidad Popular en Chile: a 50 años de su triunfo electoral

El triunfo de Allende representaba la primera elección libre de un marxista comprometido con una transformación fundamental del orden vigente dentro del marco legal existente.

Ximena de la Barra / Para Con Nuestra América


El fracaso de la gestión de la Democracia Cristina (DC) y su escisión con la creación del MAPU, cambió la correlación de fuerzas electorales en Chile, dando paso a la formación de la Unidad Popular (UP) y a la última y exitosa candidatura presidencial de Salvador Allende. La campaña movilizó a las masas en torno al Programa de la UP. No había quien no tuviera un ejemplar resumido, en versión escrita o en “comic” para que no hubiera quien no lo entendiera. Luis Advis y Segio Ortega crearon una versión musical, El Canto al Programa, interpretada por el popular grupo Intillimani, que el pueblo cantaba junto con Venceremos y La Canción del Poder Popular en un ambiente festivo de eventos culturales masivos.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973 – Buenos Aires, 11 de septiembre de 2019

Generación perdida, la mía,  que le dicen. La de mi padre había enrojecido, enronquecido, embestido al destino rígido como soga de ahorcado gritando la consigna: “¡No pasarán!” Pasaron en Madrid y en Santiago. Después en Buenos Aires.

Carlos María Romero Sosa / Especial para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

“Pido castigo”
Pablo Neruda

Salvador Allende con niños y niñas chilenas
¡Cómo es que iba a llegar la primavera pocos días más tarde a nuestra Subamérica, que bautizó Liborio Justo, el izquierdista indómito, hijo de un presidente grato a la oligarquía!

Aquel 11 de septiembre de 1973 debió juntar inviernos en su bolsa de huesos inmediatos.

Debió estirar sin brotes ni verdores de cobre las ramas como lanzas a las corazonadas.

Debió rayar el cielo el rayo que extermina y demoler los techos del resguardo –otros deben dormir a la intemperie- el martilleo de piedras de una tormenta bíblica.

sábado, 30 de junio de 2018

Allende, el precursor olvidado


Al cumplirse 110 años de su nacimiento, se impone un sentido homenaje a esa figura universal, querible e imprescindible de Nuestra América, el gran precursor del ciclo de izquierda que se iniciaría en diciembre de 1998 en Venezuela.

Atilio Borón / ALAI

Es bien sabido que con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 América Latina y el Caribe reanudaron su marcha hacia su Segunda y Definitiva Independencia. El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de lo que luego sería la República Bolivariana de Venezuela es usualmente considerado como el segundo hito en esta larga marcha. Esto es indudable, pero pasa por alto una importantísima etapa intermedia, breve pero de enorme importancia: la que aportara el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, entre 1970 y 1973 y que es imprescindible rescatar del olvido en que ha sido sepultada por el inmenso aparato propagandístico de la derecha tanto dentro como fuera de Chile.

sábado, 12 de septiembre de 2015

11 de septiembre: La estrategia chilena para el golpe sigue vigente

Pensar que el golpe chileno del 11 de septiembre de 1973 es cosa del pasado es un craso error. Por muchas razones, sigue vigente y tiene que ser objeto de estudio constante para sacar las lecciones necesarias para el presente y el futuro.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

El golpe de Estado contra Salvador Allende es una
fuente de lecciones para el campo popular progresista.
En primer lugar, la estrategia golpista, no solamente el golpe propiamente dicho, sino todo el proceso que desembocó en él, no fue un hecho puntual válido exclusivamente para ese país.

Como hemos podido comprobar en múltiples experiencias latinoamericanas en años recientes, se trata de un plan bien establecido cuyo guion se repite, y que incluso tiene un “manual” claramente elaborado por Gene Sharp.

En segundo lugar, en América Latina los golpes de Estado buscan instaurar gobiernos de mano dura con el fin de crear las condiciones para el impulso del modelo de desarrollo neoliberal.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Reivindicando la vía chilena al socialismo

El 11 de septiembre, el pueblo chileno fue expulsado de La Moneda, perseguido, torturado y asesinado. En dicha ocasión, Allende apela a la conciencia del pueblo chileno, para aprender de la historia, reivindicar dignidad y sentenciar: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente”.

Marcos Roitman Rosenman / LA JORNADA

Como todos los años, desde el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar que derrocó al gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende, se acumulan recuerdos. Muchos teñidos por la nostalgia, lo que pudo ser y no fue. La nacionalización de los recursos estratégicos, la profundización de la reforma agraria, la autonomía de los pueblos originarios, una nueva Constitución, educación, sanidad, y vivienda para acabar con la desigualdad, promover la justicia social y consolidar los derechos laborales y civiles. En la memoria, seguramente, dos discursos pronunciados por Allende en momentos claves, ambos improvisados. El primero, desde el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile, con motivo del triunfo electoral, la noche del 4 de septiembre de 1970, y el segundo, emitido por radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973, considerado su testamento político. En ambos, se apela a la responsabilidad, a la conciencia del pueblo chileno, a sus trabajadores, mujeres, estudiantes, campesinos e intelectuales.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La visión internacional del presidente Allende

En el escenario latinoamericano, la política desarrollada por el Presidente Salvador Allende emprendió el reforzamiento de lo que se llamó “la personalidad latinoamericana”, aludiendo a la potencialidad existente entre los pueblos de la región para conformar un bloque político-económico, que consolidara la independencia, la soberanía y el incremento del bienestar social.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

El 27 de junio de 2008 con motivo del centenario del nacimiento de Salvador Allende, fui invitado a presentar una ponencia en el evento organizado en el Centro Cultural Gabriela Mistral, de Santiago de Chile, como homenaje a uno de los grandes de la historia de América Latina. A continuación expongo una versión muy resumida del contenido de dicha exposición que da una idea de la visión internacional del Compañero Presidente Allende.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Allende, cuarenta años después

Enterrado en la calumnia y el olvido durante muchos años, hoy Salvador Allende camina por toda América Latina.

Carlos Figueroa Ibarra /  Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Este 11 de septiembre de 2013, se cumplen cuarenta años del derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular en Chile, encabezado por el insigne Salvador Allende. La efemérides se ha visto ahora opacada porque también se comparte con el aniversario de los atentados terroristas en Nueva York y Washington. Para Latinoamérica es importante recordar este hecho porque marcó profundamente   a la región y al mundo entero. La lucha  de Allende al lado de los partidos Socialista, Comunista, Radical y el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) fue expresión de una búsqueda de la transformación  revolucionaria de Chile que se alejaba  de fórmulas ajenas a la propia realidad de Chile. Y esta indagación sobre la especificidad  chilena llevó a las fuerzas integradas en la Unidad Popular a plantearse una vía pacífica y democrática de lucha por el poder del estado y a pensar,  como le gustaba decir al mismo  Allende, en una revolución enfilada al socialismo  con sabor a  “empanadas y vino tinto”.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Allende en septiembre

Hay hombres y mujeres que mueren para vivir. Es este el caso de Salvador Allende. En medio de la noche neoliberal, su recuerdo es una luz que hoy  en América latina ha adquirido una vigencia insospechada.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Recién he terminado de leer  la última novela de Roberto Ampuero, actual embajador de Chile en México y que lleva por título “El último tango de Salvador Allende” (Plaza Janés, México 2012). Apropiada lectura en este mes de septiembre  en cuyo día 11 se conmemoró el 39 aniversario del derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular en Chile. El hecho de que  en ese mismo día se conmemore el atentado terrorista de las torres gemelas en Nueva York, ha oscurecido la efemérides chilena. En términos de vidas  ambos hechos tuvieron  casi el mismo costo humano, aproximadamente 3 mil vidas como bien me lo ha recordado mi querido amigo, el veterinario Ramiro Ramírez.  Pero  como lo dijera Franz Fanon en su libro “Los condenados de la tierra”, una cosa son  los muertos  en algún lugar de la periferia mundial y otra los muertos  en un país central, con mayor razón agregaría yo si son blancos y anglosajones. El derrocamiento de Salvador Allende por  Augusto Pinochet, tuvo efectos de largo plazo en Chile. Contradiciendo la historia democrática de ese país, instauró una dictadura militar que  se mantuvo  17   años.  La dictadura de Pinochet, además,  impuso literalmente a sangre y fuego el modelo económico  neoliberal de una manera precoz, aun antes de que se pregonara como dogma mundial por los gobiernos de Thatcher en el Reino Unido y de Reagan en los Estados Unidos de América.

sábado, 15 de septiembre de 2012

El diálogo de América: Salvador Allende y Fidel Castro en 1971 (Video)

Canal Encuentro / Argentina

A 39 años del golpe militar en Chile, la Televisión Pública de Argentina (Canal 7 Buenos Aires) presentó en estreno exclusivo el documental "El Diálogo de América" que registra el encuentro del Presidente Salvador Allende y Fidel Castro en la casa presidencial de Tomás Moro, en noviembre de 1971 en oportunidad de una extensa visita que Castro realizara a Chile. Vea el documental completo en el video adjunto.

sábado, 23 de julio de 2011

Salvador Allende: suicida no, héroe

En las dramáticas circunstancias en las que cayó combatiendo el primer presidente socialista electo en América Latina, determinar quien tiró del gatillo no hará diferencia alguna ni cambiará la historia: Allende es un mártir.

Jorge Gómez Barata / Argenpress.info

Aunque en el léxico forense sea técnicamente correcto; ofrendar la vida por una causa en la que se cree desde la perspectiva inteligente del luchador social, es un acto de tal grandeza que reducirlo al suicidio, es no sólo inexacto sino mezquino. Salvador Allende es un héroe, un paradigma del ser humano capaz de asumir la muerte como un servicio y entregar la vida para plantar una semilla y levantar una bandera.

En las dramáticas circunstancias en las que cayó combatiendo el primer presidente socialista electo en América Latina, determinar quien tiró del gatillo no hará diferencia alguna ni cambiará la historia: Allende es un mártir y tanto los autores intelectuales que desde Washington dieron la luz verde al golpe como sus ejecutores materiales, los fascistas al mando de Augusto Pinochet, fueron sus verdugos. Ningún tecnicismo cambiará la historia.

Tal vez inmolación sea una expresión más apropiada, aunque todavía sin la fuerza de convicción y la plasticidad necesaria para expresar la dimensión humana, el dolor de aquella acción y el alcance de una tragedia semejante. En este caso decir que no existen palabras para describir el gesto es literalmente cierto. Quizás un poeta con las luces de Silvio Rodríguez que fue capaz de encontrar los giros necesarios para reivindicar la necedad hasta hacerla heroica, encuentre la metáfora apropiada.

Empujado a una situación extrema en la cual entregarse sería humillar una causa, faltar a la palabra empeñada ante el pueblo y la Patria y de cierta manera admitir que la brutalidad y el fascismo podían prevalecer por sobre el líder al que el pueblo había confiado su destino, Salvador Allende, un hombre inteligente y bueno, prefirió negarles la razón. Su muerte puede haber sido la primera victoria de la resistencia.

Obviamente los fascistas hubieran preferido no tener que bombardear La Moneda ni matar al presidente, para ellos hubiera sido más rentable atraparlo y desmoralizarlo exhibiéndolo en la derrota. Con su muerte Salvador Allende frustró el plan y sumó su vida al baldón que las hordas fascistas echaron sobre sí mismas al faltar al juramento de fidelidad a la Constitución.

Salvador Allende facilitó las cosas para que fuera la historia y no el fascismo quien lo juzgara. Eso es exactamente lo que ocurrirá cuando el pueblo chileno transite por aquellas “grandes alamedas” que él avizoró como parte de un brillante porvenir. No es la forma de su muerte sino el contenido de subida lo que confiere la inmortalidad de que disfruta para siempre en el más allá de los pueblos.

Allá nos vemos.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El legado de Allende: construir Izquierda

En América Latina hoy se abren paso tendencias revolucionarias que con sus diferentes particularidades están haciendo el camino que se intentó en Chile. De alguna manera los procesos de Venezuela, Bolivia y Ecuador reivindican la vía pacífica al socialismo, que proclamara con resuelta convicción democrática el presidente mártir Salvador Allende.
Manuel Cabieses Donoso / Revista Punto Final (Chile)
Hace cuarenta años, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales, aunque debió esperar ser ratificado por el Congreso Pleno. El triunfo de Allende se constituyó en un hito histórico y en una lección política que no deben olvidarse. La incansable lucha por forjar una identidad de Izquierda orientada hacia el socialismo, por fin había dado frutos. Nunca una elección presidencial en Chile alcanzó tanto dramatismo. Los ciudadanos estaban conscientes de que el país se jugaba cuestiones trascendentales que determinarían su futuro. El enfrentamiento básico era entre la Izquierda y la derecha, representadas por el senador Salvador Allende Gossens y por el ex presidente y empresario Jorge Alessandri Rodríguez. Había un tercer candidato, Radomiro Tomic Romero, de la Democracia Cristiana, con un programa que planteaba el “socialismo comunitario”, lo cual lo acercaba a las posiciones de Izquierda.
La acorralada derecha buscaba fórmulas desesperadas para defender sus intereses. No descartaba nada. A fines de 1969, un alzamiento en el regimiento Tacna, encabezado por el general Roberto Viaux, tuvo al gobierno de Frei Montalva al borde del precipicio. Grupos ultraderechistas levantaban cabeza. En el plano político, la derecha postulaba la “Nueva República”, que esbozaba elementos neoliberales y un firme autoritarismo para cerrar el paso a la Izquierda. Por su parte, la Unidad Popular, alianza amplia en torno a socialistas y comunistas, integraba al Partido Radical y a sectores cristianos desgajados de la DC que formaron el partido Mapu, y a laicos y progresistas que se definían de Izquierda. La candidatura de Salvador Allende emergía con posibilidades de triunfo. La Izquierda venía ganando terreno y un sólido movimiento sindical, organizado en torno a la Central Unica de Trabajadores, se extendía al campo a través de sindicatos agrícolas movilizados y de gran convocatoria. El movimiento estudiantil, mayoritariamente de izquierda, era potente y de alcance nacional. El movimiento de los sin casa campeaba en las principales ciudades. Existía así una amplia base social para el movimiento político que planteaba un programa centrado en la nacionalización de las riquezas básicas, en la profundización de la reforma agraria y en la constitución de un área social de la economía, conformada por la banca, los principales monopolios y empresas estratégicas. Se proponía asimismo una nueva Constitución y una institucionalidad acorde con las transformaciones que se impulsarían, una ampliación de la democracia y la real vigencia de los derechos y libertades individuales y colectivos. Era, en síntesis, lo que se conoció como la “vía pacífica al socialismo”, un proyecto inédito en la historia de la Humanidad.
Internacionalmente eran los tiempos de la Guerra Fría; la Unión Soviética y el socialismo aparecían compitiendo exitosamente con el imperialismo. En América Latina -a partir de 1959 con la Revolución Cubana- había avances populares que Estados Unidos miraba con preocupación. No quería “una nueva Cuba” en su patio trasero. Con ese pretexto había invadido República Dominicana para derrocar al gobierno democrático de Juan Bosch y en 1964, respaldó el golpe militar en Brasil que derrocó al presidente Joao Goulart. Sin embargo, no cesaba el avance de los pueblos. En Bolivia, luego de la muerte del comandante Ernesto Che Guevara en una operación dirigida por norteamericanos, se producían avances democráticos con el gobierno del general Juan José Torres (1970-71), mientras en Argentina el peronismo impulsaba el retorno de su líder, y en Perú el general Juan Velasco Alvarado se empeñaba en reformas antiimperialistas e integradoras de la población indígena. En Uruguay la situación, asimismo, era inquietante para la oligarquía. Para Estados Unidos, Chile era una pieza clave en su ajedrez de dominación regional. Ya en las elecciones de 1964 había apoyado sin tapujos la candidatura de Eduardo Frei Montalva y su “revolución en libertad”. Enormes flujos de dólares financiaron una impresionante campaña de terror contra Salvador Allende y la izquierda. El presidente Kennedy -que impulsaba la Alianza para el Progreso- imaginaba que la Democracia Cristiana en Chile podía levantarse como alternativa a la Revolución Cubana. La trayectoria de Salvador Allende como parlamentario y líder popular era impecable. Había sido ministro de Salud del gobierno del Frente Popular (1938-41) y como senador un invariable demócrata, antiimperialista y partidario del entendimiento socialista-comunista, de la unidad de la clase obrera y de los más amplios sectores sociales explotados por el capitalismo. Valiente defensor de la Revolución Cubana, memorables habían sido sus luchas contra la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, paradigma del anticomunismo, y su constante denuncia de los manejos del imperialismo y del despojo que cometían las empresas norteamericanas Anaconda y Kennecott con el cobre chileno. Allende era un líder respetado y querido por el pueblo, que sabía que no sería traicionado por él. En muchos aspectos era un educador y un organizador notable, de ejemplar perseverancia en la lucha por la unidad de la izquierda.
En el país, la sociedad se convulsionaba. Surgían los “cristianos por el socialismo”, los estudiantes de la Universidad Católica se tomaban la casa central para imponer profundas reformas y denunciaban las mentiras de El Mercurio; se produjo la toma de la Catedral de Santiago por sacerdotes, religiosas y laicos que pedían mayor compromiso de la Iglesia con el pueblo. El país esperaba grandes cambios en el marco de un nuevo período histórico cuajado de promesas de justicia e igualdad. La campaña electoral fue muy dura. La derecha se lanzó a fondo, reeditando -corregida y aumentada- la campaña de terror de 1964. Intensificó su presión hacia las fuerzas armadas, en las cuales buena parte de la oficialidad había pasado por las escuelas de formación antisubversiva del Pentágono. El financiamiento de la CIA volvió a afluir a través de la ITT, que controlaba el monopolio telefónico. Con todo, las elecciones fueron tranquilas y, sobre todo, estrechas. Allende obtuvo algo más de un millón de votos, ganando por 40.000 mil preferencias a Alessandri, y obteniendo 36,3% del total de sufragios. Tomic obtuvo 27,84%, con más de ochocientos mil sufragios. Como buena parte de su votación era antiderechista, estaba claro que la izquierda contaba con un apoyo muy superior a la derecha.
Los resultados se conocieron en la tarde del 4 de septiembre y de inmediato Tomic reconoció el triunfo de Allende. Esa misma noche, luego de momentos de tensión -cuando tanques del ejército fueron desplegados en la Alameda- hubo una enorme manifestación frente a la Federación de Estudiantes de Chile. Decenas de miles de personas llegaron desde las poblaciones periféricas para celebrar el triunfo. Parecía que nunca el pueblo se había sentido tan alegre y esperanzado. El discurso de Allende fue emotivo y profundo. Recordó las luchas populares, los esfuerzos cotidianos del pueblo para subsistir y luchar, y asumió su triunfo como una continuidad con el Frente Popular, y antes, con el gobierno del presidente José Manuel Balmaceda -empujado a la muerte por la oligarquía- y con la lucha incansable de Luis Emilio Recabarren, organizador de la clase obrera chilena. Los sesenta días siguientes, hasta el momento en que el nuevo presidente debía asumir el mando, fueron conmocionantes. La derecha entró en pánico. Agustín Edwards, dueño de El Mercurio, voló a Estados Unidos para pedir al gobierno norteamericano que interviniera en Chile a fin de impedir que Allende llegara a La Moneda. En Washington encontró oídos receptivos en el presidente Richard Nixon y su gobierno. Se inició así una ola de actos terroristas por parte de grupos de ultraderecha (ver páginas 4 y 5 de esta edición), que recibían aliento, dinero e instrucción terrorista desde el exterior.
El 3 de noviembre de 1970, sin embargo, derrotando las maniobras y actos criminales como el asesinato del general René Schneider, comandante en jefe del ejército, Salvador Allende asumió el mando. Comenzó así el gobierno más progresista, liberador y popular de la historia de Chile. En medio de la férrea oposición y conspiración de la derecha junto con el gobierno de Estados Unidos, Allende consiguió logros notables como la nacionalización del cobre, la profundización de la reforma agraria, las políticas de salud, educación y vivienda, y avances gigantescos en el plano cultural. Se desataron las fuerzas creadoras del pueblo al influjo de un programa socialista y democrático. Los pobres de la ciudad y del campo alcanzaron el protagonismo y participación que durante decenios se les había negado. En el ámbito internacional, Chile logró un reconocimiento mundial que valorizó el intento de avanzar al socialismo en libertad. Pero este noble propósito se vio frustrado por la conspiración interna y externa, sin negar los errores de la propia Unidad Popular, que culminaron con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. El presidente Salvador Allende, fiel a su juramento, prefirió morir en La Moneda a traicionar la confianza del pueblo.
Hoy -como en los años que precedieron al triunfo de Allende- sigue vigente alcanzar el requisito que gestó la victoria de 1970. Aludimos a la unidad del conjunto de la izquierda, hoy atomizada. Es el paso indispensable para construir su propia identidad ideológica y programática y, desde allí, avanzar a acuerdos políticos y sociales más amplios. En América Latina hoy se abren paso tendencias revolucionarias que con sus diferentes particularidades están haciendo el camino que se intentó en Chile. De alguna manera los procesos de Venezuela, Bolivia y Ecuador reivindican la vía pacífica al socialismo, que proclamara con resuelta convicción democrática el presidente mártir Salvador Allende. Se reinician tiempos de revolución que en las condiciones contemporáneas hacen volver la mirada a la senda que abriera con su sacrificio el presidente Allende.
(Editorial de Punto Final, edición Nº 717, septiembre, 2010)