sábado, 19 de junio de 2010

Argentina: Recordando el 16 de junio de 1955

Este 16 de junio se cumplieron 55 años del bombardeo perpetuado por aviones de la Marina y la Fuerza Aérea Argentina a la Plaza de Mayo, aniquilando a la población civil que en horas del medio día, cumplía sus tareas habituales. El odio feroz de los insurgentes no tenía límites frente a sus deseos de eliminar al General Perón.
Roberto Utrero / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Corría el año 1937 y Pablo Picaso no encontraba inspiración para pintar un cuadro para presentar en la Exposición Internacional de París, hasta que comenzaron a llegarle por radio las noticias del bombardeo germano al poblado de Guernica. La furia del generalísimo Francisco Franco, aliada a la Alemania Nazi de Hitler, masacraba a la población civil del pueblito vasco con la ayuda de la Luftwaffe, que se entrenaba desde el aire para la próxima contienda mundial a iniciarse dos años después.
A partir de allí el gran malagueño no tuvo dudas y empezó a bocetear ese magnífico cuadro que sería una denuncia permanente de la masacre decidida por el sangriento caudillo. Tampoco dudó en adoptar la ideología de los “rojos”, como toda la generación progresiva de aquella época, ignorante de las atrocidades que luego cometería Stalin.
Este 16 de junio se cumplieron 55 años del bombardeo perpetuado por aviones de la Marina y la Fuerza Aérea Argentina a la Plaza de Mayo, aniquilando a la población civil que en horas del medio día, cumplía sus tareas habituales. Más de trescientos muertos y miles de heridos cubrieron de sangre la histórica plaza. Los restos de los cuerpos mutilados se confundían con los escombros humeantes. El odio feroz de los insurgentes no tenía límites frente a sus deseos de eliminar al General Perón. Había que destruir a la Casa de Gobierno sin importar la muerte de los argentinos inocentes que circulaban en esos momentos.
Ese genocidio fue prolijamente ocultado por el sangriento régimen que derrocaría al gobierno peronista, el 16 de setiembre del mismo año. Igual como se taparon las ejecuciones de José León Suárez y todas las atrocidades que siguieron, producto del odio desmesurado de aquellos dementes y sus publicistas.
Aquellos monstruos aterrados ante el avance de lo que definieron en un arranque de inspiración furiosa, como “el aluvión zoológico”, volvían a restaurar el orden añejo de la oligarquía vacuna. Añoraban el olor a bosta que respiraban en la Rural y hasta lo preferían al sudor de los “cabecitas negras” que, en esos diez años, habían accedido a derechos sociales nunca impuestos en el cono sur de América.
Al fin y al cabo, los hermanitos del norte, volvían a disfrutar de tranquilidad y a trazar planes según el orden de reparto que se habían fijado en Yalta. Los militares vernáculos respondían a los intereses coincidentes tanto de la oligarquía local como a las grandes empresas del Imperio.
Braden totalmente agradecido de ver finalmente vencido a su antiguo rival de slóganes, tanto como Churchill, quien le daba el mismo valor a la caída de Perón que a la victoria de los aliados.
A partir de entonces una noche interminable se extendería sobre las clases más bajas de la sociedad argentina. Una ingeniería macabra de destrucción se derramaría tratando de destruir los progresos sociales obtenidos. Tanto es así que la Constituyente de 1957, tuvo que incluir en el Artículo 14 Bis, parte de los derechos establecidos en la olvidada Reforma de la Constitución de 1949.
Más allá de ello, la ferocidad de aquellos militares sólo pudo ser igualada por los de la década del 70. Tanto aquellos como éstos fueron fieles esbirros de los intereses económicos dominantes y han intentado desde siempre mantener aplastadas a las reivindicaciones populares.
Por respeto a nuestra memoria colectiva, sería interesante y a la vez didáctico, observar cuando tenemos frente a nuestros ojos una obra como el Guernica, en donde se advierte magníficamente la indignada paleta del artista y su rebelión espiritual asombrada por las atrocidades, que ese dolor universal expuesto en esa policromía patética, responde también por cada uno de nuestros muertos inocentes, aniquilados de la misma aberrante manera.
Olvidar, significaría claudicar en la recuperación de nuestra dignidad social y eso jamás lo lograrán.

Cananea y Pasta de Conchos: violencia de estado y resistencia obrera

El presidente Felipe Calderón y el Grupo México se equivocan si piensan que todo está escrito en Cananea. Nada más lejano a la realidad. La experiencia adquirida al menos en la última década de luchas mineras, en la que sobran ejemplos de la manera en que este sector de trabajadores ha sabido responder a las adversidades, permiten pensar que la resistencia obrera continuará.
Cristóbal León Campos* / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Yucatán, México
La historia parece repetirse, de nuevo Cananea es zona de resistencia y represión. El 6 de junio de 1906, la mina Cananea en Sonora regresó al trabajo luego de la violenta represión que sobre la huelga minera realizó el gobierno de Porfirio Díaz, la cual dejó 23 muertos y encarceló a los principales dirigentes. El presente año 2010, el 6 de junio, 2000 efectivos de la policía federal entraron por los cerros traseros de la mina y desalojaron la huelga de los mineros de la sección 65 del sindicato, que lleva más de tres años y ha costado 1500 millones de dólares a los patrones.
El desalojo de los mineros fue a través de un operativo violento, con armas de fuego, gases lacrimógenos y balas de goma utilizadas por los policías federales. Grupos de golpeadores contratados por los patrones atacaron a los trabajadores, sus familias y las instalaciones de la mina. La sección 65 del sindicato minero intentó sesionar en asamblea y reorganizarse pero la policía arremetió de nuevo contra ellos para disolver la asamblea.

En Coahuila, unas horas después del ataque en Cananea, los deudos de los mineros muertos en la mina Pasta de Conchos, fueron desalojados también por policías federales. Al día siguiente, como es costumbre después de la represión, los burgueses festejaron: el secretario del trabajo Javier Lozano, el gobernador Guillermo Padrés, los Larrea y toda la burguesía prometieron la modernización de las minas y el progreso para el país. Los mineros han dado su testimonio sobre el desalojo, están organizando movilizaciones para liberar a sus presos y denunciaron el trato de la policía, los medios al servicio del poder como Televisa y TV Azteca junto a la gran mayoría de la prensa mexicana, callan la verdad y crean el consenso en la población mexicana para que la injusticia siga gobernando.

La violencia de estado en Cananea y Pasta de Conchos, es derivación de una política antisindical y antiobrera del gobierno espurio, que ya había demostrado con el decreto de extinción de Luz y Fuerza. El autodenominado “presidente del empleo” es el principal enemigo de la clase obrera, a quien además está cargando los efectos de la crisis económica sobre su espalda.

Los únicos que obtienen algún beneficio de la política laboral del gobierno panista son los empresarios nacionales y extranjeros (como las mineras concesionadas a capitales canadieneses) que, a pesar de la crisis en curso, siguieron robusteciendo sus ganancias durante el 2009.

Grupo México (GM) propiedad de los Larrea, ha sido uno de los grandes ganadores durante el sexenio calderonista. El gobierno, a través de las instituciones ha puesto todo su aparato jurídico y policial, para liquidar la resistencia obrera en las minas, diezmar a los sindicatos e intervenir de forma descarada en la vida interna de las organizaciones de los trabajadores. Todo para que la precarización y la flexibilización laboral se profundicen y los Larrea sigan enriqueciéndose con el sudor y la sangre de los mineros mexicanos, e incluso con el sudor de mineros norteamericanos, pues GM es propietario de la mina Arsaco en Arizona, Estados Unidos.

La huelga de la mina de Cananea surgió como respuesta ante las reiteradas violaciones al contrato colectivo de trabajo por parte del GM. Durante todo el tiempo que ha durado la huelga jamás hubo una actitud seria por parte de la empresa para buscar algún acuerdo con los trabajadores en torno a las legítimas demandas de éstos. Pero lo que sí sucedió durante los casi 36 meses de lucha, fue una descarada complicidad entre Javier Lozano, y el GM para desacreditar legalmente a los trabajadores y terminar con la huelga. En el caso de Pasta de Conchos se va más allá de la represión; se anuncia con cinismo la materialización del desprecio y del olvido: sellar con toneladas de concreto la bocamina, evitar de una vez por todas los trabajos del rescate autónomo e independiente, que se realizan por organizaciones adherentes a la Otra Campaña, para devolver a los familiares los cuerpos de 65 mineros muertos en un accidente en el 2008.

Calderón y Lozano se equivocan si piensan que todo está escrito en Cananea. Nada más lejano a la realidad. La experiencia adquirida al menos en la última década de luchas mineras, en la que sobran ejemplos de la manera en que este sector de trabajadores ha sabido responder a las adversidades -como es el caso de Lázaro Cárdenas en mayo del 2006-, permiten pensar que la resistencia obrera continuará. Muestra de ello es que los agremiados de las diferentes secciones del sindicato minero ya están anunciando movilizándose y organizando paros laborales, además de la toma y el cierre de varios puertos marítimos. La recuperación de la mina por parte de Calderón no es otra cosa que la inauguración de un nuevo y más profundo capítulo de Cananea y la lucha minera en México.

Retomar el proyecto emancipador es la tarea más urgente que tienen los obreros del país. Pensar mas allá del capitalismo, y no seguir sobreviviendo en él. Es necesario frenar a Calderón, debemos impulsar la unidad en la acción de todos los sindicatos, enarbolando un programa de lucha en el que se recojan las demandas de los trabajadores de la ciudad y el campo (salario y empleos dignos, educación y salud gratuitas y de calidad, la defensa de las conquistas signadas en la Ley Federal del Trabajo, por la industrialización del campo y créditos blandos para el campesinado pobre, etcétera) y en el que se llame a la movilización para transformar por completo al país, sacando a la burguesía del poder. Pues recordemos que la única forma de frenar definitivamente los ataques de la burguesía es derrocando a su gobierno, eliminando la propiedad privada y luchando por el socialismo.

*El autor es historiador mexicano egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán. Colabora en periódicos, revistas y páginas web a nivel local, nacional e internacional.

Miguel d’Escoto Brockmann: El mensajero del amor

El Padre d’Escoto supo escuchar las innumerables voces de los oprimidos que claman por la construcción de ese otro mundo posible. Desde esta perspectiva, su acción política ha constituido un permanente acto de amor.
Carlos Rivera Lugo / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
"El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".
Ernesto Che Guevara

Este año se conmemoran cincuenta años de la aprobación por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas de su Resolución Especial 1514 (XV), mejor conocida como la Magna Carta de Descolonización, la cual sirvió de renovado marco jurídico-político para facilitar y legitimar la autodeterminación e independencia de decenas de pueblos y naciones. Dicha histórica Resolución contribuyó en su momento a un cambio significativo en la composición y consecuentemente la situación de fuerzas al interior de la organización mundial, dominada hasta entonces sobre todo por el gobierno de Estados Unidos.
Ya para la década de los años setentas los pueblos y países recién independizados pasaron a integrar una nueva mayoría en la Asamblea General. Organizados en el Movimiento de Países No Alineados, encabezado por Cuba, Argelia, Yugoeslavia y la India, entre otros, retaron la estructura internacional de poder impuesta por las potencias victoriosas de la Segunda Guerra Mundial.
Consecuentemente, la Asamblea General se embarcó en esos años a favor de la producción de un nuevo orden económico y político internacional, incluyendo un régimen de regulación estricta de las actividades de las corporaciones transnacionales, las cuales representan una de las mayores amenazas a la soberanía de los pueblos. Ante la pérdida relativa del control estadounidense sobre los procesos decisionales de la Asamblea General, su embajador en la ONU Daniel Patrick Moynihan tachó demagógicamente a la nueva mayoría de tirana.
La contrarrevolución neoliberal que se desató a partir de dicha década y que arropó al planeta, comienza precisamente por el golpe militar en Chile contra el gobierno democrático de Salvador Allende Gossens, uno de los más influyentes voceros del nuevo orden poscapitalista que se promulgaba desde el Sur. Esta contrarrevolución se consolidó posteriormente con el ascenso de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos y Margaret Thatcher como primer ministro de Gran Bretaña. El gobierno de Reagan se caracterizó, entre otras cosas, por su ilegal y criminal oposición activa a la Revolución Sandinista en Nicaragua y a la Revolución de la Nueva Joya en la isla caribeña de Granada.
El derrumbe del otrora campo socialista europeo, en particular la Unión Soviética, acabó no sólo por enterrar las aspiraciones a la institución de un nuevo orden internacional, sino que fortaleció el actual orden desigual y explotador. La contrarrevolución neoliberal reimpuso la dictadura de los pocos, encabezada ahora por el alegado poder omnímodo de la hiperpotencia estadounidense. La ONU terminó por someterse a la nueva situación de poder impuesta por el nuevo orden global de los contrarrevolucionarios neoliberales.
El amor es lo que más se necesita
Precisamente esa fue la ONU a la que llegó a mediados de septiembre de 2008 el Padre Miguel d’Escoto Brockmann para asumir la presidencia de su Asamblea General. Elegido sorpresivamente en junio de ese año para desempeñar dicho cargo, a pesar de la oposición activa de Estados Unidos y del Vaticano, el excanciller sandinista (1979-1990) llegó para devolverle la esperanza a la agenda de cambio al interior de dicho organismo internacional.
En ocasión de su designación señaló: “Han elegido a un cura. Y espero que nadie se ofenda si digo que el amor es lo que más se necesita en este mundo. Y que el egoísmo es lo que nos ha metido en el atolladero terrible en el que el mundo se hunde, casi irreversiblemente, a menos que algo grande ocurra. Esto puede sonar a sermón. Bueno, así es”. Fue así que inauguró lo que él mismo calificó como “la presidencia de la franqueza”.
Ante la profunda crisis global que azotó al capitalismo a partir del 2008, el Padre d’Escoto propuso la construcción, en su lugar, de un nuevo orden mundial solidario y justo. Además, nadie como él representó la posibilidad de una ruptura que permitiese reinventar a una organización que no pocos gobernantes contemporáneos dan por obsoleta. Le dio un aire protagónico nunca antes visto a la Presidencia de la Asamblea General. Contribuyó con ello a volver a poner sobre el tapete la agenda imperativa de la construcción de un nuevo orden político y económico internacional fundamentado no en la explotación de unos seres humanos por otros sino que en el amor comprensivo y justiciero de toda la humanidad.
A pesar de un serio padecimiento auditivo que le aqueja, el Padre d’Escoto supo escuchar las innumerables voces de los oprimidos que claman por la construcción de ese otro mundo posible. Desde esta perspectiva, su acción política ha constituido un permanente acto de amor.
Puerto Rico será libre
El pasado 29 de mayo estuvo de visita en San Juan de Puerto Rico como orador principal en un acto conmemorativo del cincuentenario de la Magna Carta de Descolonización. En su discurso se lamentó de cómo cincuenta años después, “esta Resolución aun no ha surtido efecto para Puerto Rico. Pero estamos convencidos de que si todos los de la comunidad latinoamericana asumimos con el empeño y determinación que la causa de la independencia de Puerto Rico amerita, ese noble objetivo se logrará –sobre eso no debemos tener ninguna duda”.
“Nada importante se logra sin lucha y, esta lucha libertaria en particular, le incumbe a toda la comunidad latinoamericana-caribeña que, según mi punto de vista, aun no ha asumido la parte que le corresponde con la beligerancia inclaudicable que la solidaridad con Puerto Rico nos exige hoy más que nunca a todos los latinoamericanos”, afirmó el hoy Ministro asesor en Asuntos Exteriores del presidente nicaragüense Daniel Ortega.
A unos días de dicho acto tuve la oportunidad de compartir con él sobre una diversidad de temas. Comenzó hablándome del “ardor patriótico” que presenció allí y como ello daba testimonio de como el trabajo de años del “queridísimo amigo”, el líder independentista Juan Mari Brás -a quien se le dedicó el evento- “ha rendido frutos”.
Al respecto abundó: “Ha llegado el momento de que tenga que suceder lo que ha tenido hace tiempo que suceder. Estados Unidos no lo podrá evitar. Se ha disminuido su capacidad para evitarlo. Si toda la América Latina se une, como parece estar haciendo, creo que se logrará independizar esta última parte de la América Latina que está aún bajo las garras de Estados Unidos”.
“Puerto Rico será libre e independiente”, sentenció con la convicción propia de quien habla desde el corazón. En el acto de la otra noche anunció como en su propuesta para la adopción de una Nueva Carta para las Naciones Unidas, en el Capítulo I, Artículo 3, inciso (b) hace una referencia explícita a Puerto Rico para que el gobierno de Estados Unidos acate las resoluciones del Comité Especial de Descolonización sobre la Isla antillana, en particular la aprobada el 15 de junio 2009, y exhorta al gobierno de los Estados Unidos a “acelerar el proceso que permita al Pueblo de Puerto Rico ejercer plenamente su derecho inalienable a la autodeterminación y a la independencia”.
Hay que reinventar la ONU
Sobre su experiencia como Presidente de la Asamblea General, d’Escoto me confesó con la mayor candidez como al principio “no soportaba el olor a formalina en los pasillos de las Naciones Unidas”. Pudo confirmar como el Derecho Internacional “no vale mucho en las Naciones Unidas desde que a su miembro más importante, Estados Unidos, le vale un bledo el Derecho y comete genocidio como en Iraq”.
“A Estados Unidos lo único que se le ocurre es la guerra. Es algo casi patológico”, añade. Lo peor, señala, es que “los demás países miembros se lo permiten”.
Pero su denuncia vertical no se queda allí: “Naciones Unidas es una dictadura, es la verdad. Le gusta hablar de democracia pero pone todos los impedimentos posibles para democratizarse. Pero durante mi presidencia se demostró que se puede”. Ejemplo de ello fue su convocatoria a un G-192 para rehacer, desde la comunidad internacional toda, la arquitectura financiera y comercial internacional luego de la crisis financiera global del 2008. Asegura que las principales potencias capitalistas le advirtieron al Secretario General de la ONU que se abstuviera de opinar o intervenir en torno a dicha crisis. Pero, ¿cómo se iba a quedar la ONU al margen de dicha situación?
Las decisiones en las Naciones Unidas las están tomando una minoría, el llamado G-8: “Yo respeto a las minorías, pero son minorías. Pero las decisiones tienen que ser de la mayoría. Los países miembros de las Naciones Unidas están sufriendo los efectos de las decisiones de unos pocos”.
“Yo creo que Naciones Unidas es una organización indispensable, para salvar a la humanidad, para salvar a la Tierra. Pero yo tampoco creo en las Naciones Unidas como está. Tiene que ser reinventada, rescatada. Nos pertenece a todos pero ha sido secuestrada por unos pocos. Este es el momento político para la reinvención”, puntualizó.
Estados Unidos no va a cambiar solo
Señala que hubo quienes pensaron que con la nueva administración del presidente estadounidense Barack Obama las cosas cambiarían al interior de la ONU. Bajo George W. Bush, “Estados Unidos se había convertido en el país más odiado del mundo”, nos dice. Con la llegada de Obama, “se le dio oxígeno a la imagen de Estados Unidos”. Hubo una deferencia hacia él.
“Pero todo esa oxigenación se disipó muy rápidamente…Se está ante un Estados Unidos nuevamente desacreditado. Eso lo vimos en Copenhagen (la Cumbre de la ONU sobre el cambio climático celebrada en diciembre de 2009)”, insiste.
“Estoy seguro que Obama es un hombre sincero pero se tiene que haber dado cuenta de que quien manda en Estados Unidos es el complejo militar-industrial”, asegura. Para éste “la guerra se ha convertido en un negocio lucrativo”.
Según el Padre d’Escoto, un ejemplo elocuente de lo anterior es el caso del golpe de estado en Honduras: “Ese golpe de estado fue gestado en Estados Unidos. Era un golpe contra el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), una advertencia contra los países que estaban considerando incorporarse al ALBA para que no lo hicieran”.
Abunda: “Es el descaro de la administración de Estados Unidos, es decir, el imperio es el imperio y nada lo va a cambiar...Es un gobierno con la máscara de Obama pero es realmente un gobierno de los Clinton. Hillary (Clinton, la secretaria de Estado) tiene demasiado poder. Lo que parecía una visión nueva en el presidente-electo, no fue tan influyente. Estados Unidos no va a cambiar por su cuenta”.
“Muchos le dieron el beneficio de la duda a Obama…pero fue un exceso de generosidad. Es un error darle el beneficio de la duda a cualquier presidente de Estados Unidos, por más sincero que parezca ser, pues ellos no son los que mandan”, enfatiza d’Escoto. Para él, “el pueblo norteamericano se encargará eventualmente de que su país sea verdaderamente una democracia”.
Gracias a Dios por un Daniel Ortega
También hablamos sobre el Sandinismo, del cual ha sido uno de sus más reputados líderes desde la Revolución Sandinista de 1979.
“Gracias a Dios que Nicaragua tiene un Daniel Ortega. Fiel y leal a los principios del Sandinismo, el más firme y más responsable de que se haya mantenido el Sandinismo”, declara sin titubear al preguntársele sobre el actual gobierno Sandinista y la división que advino en el seno del Frente en la década de los noventas.
La vanidad y el ego, las agendas personales permearon muchas de las diferencias. Pero en el fondo lo que se produjo fue, según él, “un proceso de depuración natural”.
Repite con Sandino: “Sólo los obreros y los campesinos llegarán hasta el final”. Con ello acentúa que “sólo los que tengan almas de obreros y campesinos, que se identifiquen con la situación de los obreros y campesinos, llegarán hasta el fin”.
“Pretenden caricaturizar a Daniel pero él es el que más escucha, ata cabos, armoniza”, asegura. Con Ortega, “el pueblo se siente que está en la presidencia”.
De ahí que “el Sandinismo está fuerte y está creciendo más”, asevera sin ambages. Y es que como expresó d’Escoto en una ocasión anterior, Daniel Ortega, al igual que él, no le mueve el odio sino que sólo “está lleno de amor hacia Nicaragua”.
Dijo en una ocasión el teólogo brasileño Leonardo Boff que en el Padre d’Escoto el amor posee una fuerza intrínseca. Efectivamente, para d’Escoto el amor es el corazón mismo del proyecto histórico de construcción de lo común. No puede haber un ser humano nuevo ni un mundo nuevo sin su potente fuerza constitutiva.

* El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Además, es miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.

Ustedes, estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, son los profetas de hoy.

Discurso pronunciado por el Dr. Samuel Silva Gotay en los actos de graduación de los estudiantes en huelga de la Universidad de Puerto Rico, el pasado 13 de junio.
Samuel Silva Gotay*
Agradecemos el envío de este texto al Dr. Carlos Pérez Morales, geógrafo e historiador, miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Puertorriqueña de Historiadores.
Hace 46 años que el profesor Manrique Cabrera, ante el reclamo de los estudiantes para que les hablara --minutos después de que la policía los levantara a macanazos de su sit-in frente al museo, donde protestaban por la entrada de la policía al campus-- dijo en voz muy alta: “No hay distinción más grande para un profesor viejo, que los jóvenes le pidan que les hable”. Yo, que fui testigo de lo acontecido ese día, hoy siento lo mismo que sintió el profesor.

Dedicamos este discurso de graduación no solo a los valerosos estudiantes universitarios en huelga que se gradúan, sino también a los colegas profesores y a los compañeros de la Hermandad que día y noche han estado en los portones cuidando de la seguridad de los estudiantes.

Cuando me reclutaron ayer por la mañana para que acometiera la tarea suicida de preparar un discurso de esta importancia con menos de 24 horas de antelación, dije que sí, porque yo sé de qué ustedes se gradúan. Ustedes obtienen el “grado honorario de ciudadano ejemplar”.

Ustedes se gradúan de haber pasado por el fuego. Han sido templados como las espadas en la fragua. Han sido sometidos a la tentación de desistir, a la dulce solicitud de compra, al impacto de la mentira, el engaño y el miedo. Pero han resistido el fuego, han sido forjados como hombres y mujeres íntegros. ¿De qué se gradúan entonces? Se gradúan de integridad. ¿Cuánta gente en el país tiene ese título?

Sabemos que hay instituciones donde los miembros de la más alta dirección, no tienen ese título.
En el largo artículo que escribí hace dos semanas sobre el proceso de protestas estudiantiles y huelgas de 1964-1974, digo lo siguiente:

“Durante ese proceso se desarrollaron elementos de acción democrática en la lucha estudiantil que de nuevo vemos brotar en el contexto actual, a pesar de las diferencias de las épocas. A diferencia de este nuevo proceso, las luchas en la década del sesenta y setenta tenían un claro encuadramiento ideológico contra la Guerra de Vietnam, el servicio militar obligatorio y la presencia de la enseñanza militar en el campus, aunque también compartían con el de hoy la pasión por una reforma universitaria. En ambas generaciones observamos un espíritu limpio, altruista, de compromiso con la justicia que se da en opciones concretas. Aquellos no pudieron ser comprados; estos no se venden ni por un Centro de Convenciones. La amenaza de cárcel y los palos de las bestias azules los dejan inconmovibles. Estos, como aquellos, sacrifican sus intereses personales por los intereses de la Universidad, de sus compañeros y del país. Prevalece en ambas generaciones de protestantes el respeto mutuo, la práctica democrática del diálogo y del debate abierto. La valentía flota como si fuera la del torero en la Plaza de Toros frente a la posibilidad de la muerte.

“De la misma manera que aquella experiencia de firmeza ante la injusticia y la adversidad formó hombres y mujeres íntegros, no podemos esperar menos de esta nueva experiencia. Esta escuela provee lo que falta al salón de clases, a veces muy concentrado en la mera información del curso sobre el ‘cómo’ hacer las cosas. Pero aquí en la plaza de la lucha, los(as) estudiantes se tienen que enfrentar además a la pregunta del ‘por qué’ de todo en la vida. Es esta la pregunta que los hace plenamente humanos. Es en el desafío de hacer preguntas y demandar respuestas a los administradores universitarios, a los políticos, a la naturaleza y a Dios, que los universitarios tallan un saber que los lleva a transitar por la vida como dueños de su destino, con las respuestas en el puño. . La historia nos regala hoy otra generación de hombres y mujeres jóvenes, curtidos en la integridad para enfrentar los políticos que solo traen en su alforja el egoísmo, la visión enana y desinformada del mundo, creada a imagen y semejanza de su pequeño barrio o su aristocrática clase social, donde se desconoce el compromiso con los pobres y oprimidos.” (CLARIDAD, 27 de mayo al 2 de junio, 2010)

En su práctica, ustedes han optado por una concepción de la CIUDADANIA, en la cual “la responsabilidad por el otro” es fundamental. Habéis entrado en una milenaria tradición que reconoce lo más noble y desarrollado del ser humano. En su evolución el ser humano se separa en forma definitiva de los humanoides que le precedieron, cuando comenzó a albergar en su clan a los ancianos, a los incapacitados, ciego, cojos, los que no tenían ninguna utilidad material para el clan. Estos eran objeto de misericordia, una de las más altas cualidades éticas del homo sapiens. Aquí nació la responsabilidad social que llevó a la concepción de la ciudadanía a su plenitud.

Cuando esas milenarias culturas de la antigüedad lograron poner su lenguaje por escrito comenzaron a dejarnos evidencia de este salto que ya había ocurrido en la evolución de la humanidad. Dice el Código Shulgui, de Mesopotamia, en su ley #9 de hace más de 4,000 años: No entregué el huérfano al rico, no entregué la viuda al hombre poderoso, no entregué el hombre de un peso al hombre de mil pesos, no entregué el hombre de un cordero al hombre de un buey…no impuse trabajos, hice desaparecer el odio, la violencia y el clamor por la justicia. Establecí justicia en el país. (Ver, F Lara Peinado, Los primeros códigos de la humanidad, Madrid: Tecnos, 1994)

Siglos después, la tradición profética de los hebreos habrá de recoger ese sentido de responsabilidad social en sus reclamos ante el poder, en forma de vida, y lo sacralizará. Ejemplo paradigmático es el texto en que el profeta Isaías se enfrenta a quienes eran síndicos del templo y de las empresas de la época, hombres respetables y religiosos conservadores, que vienen a reclamar, porque Dios no hace caso de sus sacrificios y ayunos, a lo cual responde el profeta representando a Yahvé:

"Es que el día en que ayunabais buscabais vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores. Es que ayunáis para litigio y pleito y para dar de puñetazos al desvalido. No ayunéis como hoy para hacer oír en las alturas vuestra voz… ¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero?: Desatar los lazos de maldad, deshacer el yugo, dar libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. ¿No será compartir con el hambriento tu pan y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras y de tu semejante no te apartes? Entonces brotará tu luz como la aurora… te precederá tu justicia y la gloria de Yahvé te seguirá". (Isaías. 5:2-8)

Esta tradición tomará visos radicales en Jesús, sucesor de los profetas y llegará hasta nosotros en lo mejor de la tradición hebreo-cristiana. Hay una fuerte veta de ella que informa la cultura humanista e ilustrada de la modernidad, que nos legó la abolición de la esclavitud, e hizo posible a mitad del siglo XX, la Teología Latinoamericana de la Liberación. Las protestas estudiantiles del ‘60 en Francia, Polonia, Checoslovaquia, Estados Unidos, México y Puerto Rico, contienen una veta ética que atraviesa sus prácticas y discursos en su empeño por construir una nueva sociedad y una nueva ciudadanía.

Ustedes se han colocado en esta milenaria y noble tradición humanista y política. Esta concepción de la ciudadanía se encuentra hoy en contradicción con la concepción neo-liberal de la ciudadanía, de la globalización excluyente, que promueve y auspicia los poderes económicos que quieren monopolizar el poder y la economía a favor de los ricos y los poderosos. Esos quieren desvalijar los obreros de sus trabajos y entregar el patrimonio del país a los ricos mediante las alianzas público privadas, sin el debido control del Estado en detrimento de los beneficios que el país debe recibir. Son los mismos a los que se enfrentaron los profetas hace más de tres mil años, pero ahora revestidos del lenguaje de la tecnología moderna. De nuevo se monta el mismo drama, preguntan por qué no se les hace caso, y los estudiantes, los profetas modernos, les dicen nuevamente, en nombre de la misericordia: Es que buscáis vuestro negocio y explotáis a todos vuestros trabajadores, es que ayunáis para litigio y pleito, para dar de puñetazos al desvalido.

Ustedes, estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, sois los profetas de hoy.

Porque ustedes, los estudiantes, habéis optado a favor de los compañeros universitarios que vendrán en el futuro;

-porque habéis optado a favor de los padres y las madres que con gran sacrificio envían sus hijos a la universidad pública del país;

-porque habéis puesto el interés de los otros antes que los intereses personales;

- porque habéis hecho un sacrificio muy grande para salvar la educación universitaria pública del país;

-porque habéis dejado al descubierto las intensiones malsanas del régimen para con la Universidad;

Por todo esto, es que recibís hoy el grado honorario de ciudadano ejemplar. Bienvenidos a la gran tradición milenaria de la ciudadanía plena, la ciudadanía que debemos continuar construyendo día a día, la del mundo del futuro, la del otro mundo que es posible construir aquí.
Muchas gracias.

* El Dr. Samuel Silva Gotay es Profesor Distinguido de la Universidad de Puerto Rico en la Facultad de Ciencias Sociales en Río Piedras. Es autor de los siguientes libros, (1) El pensamiento Cristiano revolucionario en América Latina y el Caribe, Salamanca, 1981, con tres ediciones posteriores y dos traducciones, una al alemán, otra al portugués; (2) Protestantismo política en Puerto Rico: 1898-1930, San Juan, Editorial Universidad de Puerto Rico, 1997; 1998; (3) Catolicismo y política en Puerto Rico, bajo España y Estados Unidos, siglos XIX y XX; San Juan, Ed. Universidad de Puerto Rico, 2005. Actualmente trabaja en el volumen Religión y política en Puerto Rico en el periodo de la Guerra Fría: 1960-1990.

Frei Betto: ‘¡Honduras es sólo el principio, alerta Nuestra América!'

"Hoy en día, para intentar salvar a la humanidad tenemos que considerar las ideas de José Martí, que pensó en la liberación de todo el continente en dos dimensiones, la emancipación política y la espiritual", afirma el teólogo Frei Betto en esta entrevista.
Ida Garberi* / ADITAL
"Creo que, hoy, por primera vez en la historia de América latina, podemos reconocer las señales tangibles que la Nuestra América de José Martí es un mundo mejor posible….pero eso no puede gustarle a los yanquis…..". Quien está diciéndome este concepto, con una expresión seria y preocupada es el fraile dominicano brasileño, también teólogo de la liberación, Frei Betto.
En el lindo salón del Aula Magna de la Universidad de La Habana encontré a este hombre extraordinario, tan grande en sus ideas católicamente revolucionarias como sencillamente humano.
Frei Betto está aquí en Cuba, ha sido invitado al II Coloquio "José Martí: Por una cultura de la naturaleza" que se ha desarrollado en la capital cubana desde el 9 hasta el 11 de junio de 2010, con 300 delegados de 21 países.
"Soy muy feliz porque las raíces de la Revolución Cubana se encuentran en Martí, por su compromiso con la humanidad y con el medio ambiente: siempre me siento orgulloso de volver a esta isla, donde el capitalismo fue derrotado en el lejano 1959", me confiesa el fraile brasileño.
Continúa explicándome su opinión y enumerándome todas las calamidades creadas por la economía de mercado, es decir el hambre, la desnutrición, la falta de agua potable, el trabajo bajo condiciones de esclavitud que alcanza la mayoría de las poblaciones, mientras la riqueza se agrupa en pocas familias.
"Y todo esto nos ha llevado a la crisis mundial de hoy, que demuestra el fracaso del capitalismo como sistema", me dice casi fervientemente y con una luz decidida que demuestra su gran pasión por los más desposeídos.
Mientras charlamos, estamos protegidos por la urna de las cenizas de otro sacerdote revolucionario, Félix Varela, que, es considerado el primero que ha enseñado a pensar a sus compatriotas cubanos, y en este marco Frei Betto me hace notar que América Latina está viviendo una etapa muy importante de su historia. En los últimos 50 años, se han sucedido tres fases: la primera ha sido terriblemente caracterizada por las dictaduras militares, la segunda por el neoliberalismo, (ambos derrotados por las fuerzas populares) y ahora es la etapa donde hay una mayoría de gobiernos progresistas, la más luminosa de todos los tiempos.

"En los últimos 10 años, después de la victoria de Chávez en Venezuela, han empezado a vencer en las elecciones gobiernos innovadores, que están a favor de los más débiles. Todas estas revoluciones de las urnas han llevado una fuerza económica y social muy fuerte, que tienen a su disposición asociaciones regionales que molestan al enemigo del Norte, los EE.UU., porque le quitan hegemonía y lo golpean desde el punto de vista económico."

"El ejemplo preocupante de este momento histórico, que para mí es sólo una prueba, es decir, el principio de lo que podría ser una larga serie, es el golpe de estado en Honduras", me confiesa alarmado, e indudablemente está recordando y reviviendo dentro de sí mismo aquellos días tristes que tuvo que vivir en su Brasil, torturado y acosado como prisionero político de una dictadura militar.

"El hecho más preocupante para mí, es que Obama, que no es absolutamente diferente a Bush, sólo más inteligentemente sutil y más listo, con el golpe de estado en Honduras ha querido infundir esperanza y fuerza a la derecha política en la región, tácitamente empujándola a realizar otros golpes de estado. Como si estos 50 años no hubieran pasado, todo es para demostrar la fuerza del imperio, su brutalidad y total falta de respeto a los derechos humanos."

"Es por esta razón que la comunidad internacional tiene que intervenir aislando completamente al gobierno de facto de Honduras y seguir exigiendo el regreso a la democracia, la restitución del presidente Zelaya y sobre todo el castigo a los brutales asesinos del pueblo. Es muy duro admitir que están haciendo de todo para llevar hacia la violencia a un movimiento maravillosamente pacífico, un pueblo atrevido y con una gran dignidad que ha contestado tan fuertemente y de modo contundente a los horrores de la muerte y de la violencia, a pesar de su lucha pacífica."

Y solo para recordar los últimos hechos luctuosos, quiero subrayar que ahora en la mira de los verdugos enviados por los gorilas, están los familiares de los líderes de la Resistencia hondureña: después del horrible homicidio del hermano y del cuñado de Arcadia Gómez, ex ministra de Manuel Zelaya, esta vez han enfriado sin escrúpulos al hermano y al cuñado de Porfirio Ponche, vicesecretario del Sindicado de los Trabajadores de la industria de las Bebidas y Similares (STIBYS).

"Para salvar la humanidad de la catástrofe de una guerra, adonde parece que los señores de los EE.UU. quieren conducirnos, puesto que ellos sólo saben de armas, de bienes materiales, que están acostumbrados a robar a los pueblos más pobres, y no conocen la palabra solidaridad, tenemos que crear una nueva sociedad donde todo el conjunto de colectividades se transforme en un modelo pedagógico que privilegie sus raíces y así buscar los mismos proyectos."

"Yo creo en Dios, pero no en el mismo en que cree Bush, me avergüenzo cuando los países más imperialistas y colonialistas tienen el ánimo de definirse hegemónicamente cristianos."

"Hoy en día para intentar salvar a la humanidad tenemos que considerar las ideas de José Martí, que pensó en la liberación de todo el continente en dos dimensiones, la emancipación política y la espiritual", expresó al tiempo que llamó a darle un importante papel a la educación ética de las actuales y nuevas generaciones.

Frei Betto termina la conversación con un llamado de amor por el pueblo cubano y su Revolución, con una preocupación que tenemos todos los pueblos revolucionarios internacionalistas, que sabemos perfectamente que el socialismo en un solo país, aislado de los otros, no puede prosperar: "Ustedes los cubanos no tienen derecho a decepcionar a la humanidad, no tienen derecho a volver atrás en este esfuerzo de construir un pueblo solidario, un pueblo feliz".

Y yo añado: ¡por favor, no os olvidéis del Movimiento de la Resistencia Hondureña!
* Responsable de la página en italiano del sitio web de Prensa Latina

Saberes en movimiento

Convocados por un conjunto de investigadores-militantes agrupados en el Programa Democracia y Transformación Global, vinculado a la Universidad de San Marcos, se juntaron feministas, campesinos, artistas, comunicadores, obreros y estudiantes de casi todos los países de la región para poner en común algunos temas de los desafíos que tiene por delante el combate por un mundo nuevo.
Raúl Zibechi / LA JORNADA
Entre finales de mayo y comienzos de junio un nutrido grupo de militantes sociales y pensadores comprometidos con los movimientos antisistémicos participaron en Lima en una semana de debates, unos abiertos y otros cerrados, bajo el lema Entre las crisis y los otros mundos posibles. Convocados por un conjunto de investigadores-militantes agrupados en el Programa Democracia y Transformación Global, vinculado a la Universidad de San Marcos, se juntaron feministas, campesinos, artistas, comunicadores, obreros y estudiantes de casi todos los países de la región para poner en común algunos temas de los desafíos que tiene por delante el combate por un mundo nuevo.
Junto a veteranos luchadores como Hugo Blanco destacó la presencia de la generación de activistas que ganó las calles de Perú bajo la dictadura de Alberto Fujimori, hacia finales de la década de 1990. Y aun la más joven generación de Bagua, la que se conmovió con la masacre del año pasado en la selva, cuando los pueblos amazónicas resistieron el atropello de las multinacionales que, con apoyo irrestricto del presidente Alan García, pretenden apropiarse de la biodiversidad y los bienes comunes. Como suele suceder en estos casos, lo más enriquecedor fueron los debates durante cuatro días a puertas cerradas en un espacio lejos de los medios de comunicación y de las prisas urbanas, allí donde la convivencia suele desvanecer algunas diferencias que, en otros espacios, se traducen en jerarquías de los que hablan hacia los que escuchan.
Aparecieron tanto los puntos en común, que son muchos, como las diferencias, que suelen quedar sepultadas por la impronta unitaria y las urgencias que imponen las campañas para desactivar operaciones estatales o de las multinacionales. Quedó demostrado que con tiempo y buena voluntad es posible clarificar esas diferencias, de modo que aunque no se resuelvan de un plumazo, cosa imposible, el solo hecho de ponerlas sobre la mesa crea un ambiente nuevo, fresco y despejado, capaz de abrir los necesarios tiempos para el intercambio. Algo así sucedió entre feministas y mujeres campesinas y de los sectores populares urbanos, que al principio tuvieron dificultades en reconocerse.
Una largo debate, sin varones, permitió a unas y otras hacer lo que las urgencias del día a día tornan imposible: comenzar a esculpir un lenguaje común con el que abrir los cerrojos de los tiempos largos, esos que hacen posible modelar proyectos colectivos. El lenguaje común es, en este punto, un lugar de encuentros, que sólo puede construirse con voluntad y afectos. Huelga decirlo, cimentados en la confianza que surge de la experiencia colectiva.
Las mujeres campesinas, como la quechua Lourdes Huanca, explicaron a los críticos las razones que las llevaron a abandonar las organizaciones mixtas para crear la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Femucarinap), nacida en 2006. Lourdes fue expulsada de su tierra, Moquegua, en el sur andino, por una trasnacional minera. Aprendió a estudiar siendo testigo de Jehová y cuando abandonó la religión se integró al club de madres de su barrio y luego a la Confederación Campesina del Perú, siendo la única mujer entre decenas de varones. Cuando conoció la Vía Campesina le contagió el impulso para crear Femucarinap. Recuerda que durante varios años los varones militantes nos decían que éramos traidoras y que estábamos dividiendo al movimiento.
Lourdes y sus compañeras volcaron en el encuentro la religiosidad andina y el poderoso vínculo con la tierra, con la vida, que cargan en cada acción y actividad que realizan. Los rituales andinos y afros fueron momentos muy especiales, tiempos lentos para la convivencia sin palabras, el intercambio místico que abona los compromisos y fidelidades que no pueden garantizar, solamente, programas y estrategias diseñados en la relación medios-fines, sujeto-objeto. Quiero decir que la presencia de las mujeres indígenas es mucho más que el complemento indispensable para prepararnos para la lucha. Portadoras de la cosmovisión y los secretos de la cultura, son como la gigantesca ceiba que me enseñaron a comprender un lejano día en La Realidad, en la selva Lacandona: argamasa de la comunidad, contenedora de los mundos otros.
Quizá el momento más significativo y creativo fue cuando nos dividimos en grupos, frente a grandes mapas de América Latina y de Perú, para dibujar en ellos las resistencias y las opresiones que sufren nuestros pueblos. Un largo y minucioso trabajo en el que cada quien aportó sus recuerdos, experiencias y saberes, arrancando del olvido colectivo multitud de resistencias, pero también las represiones y violencias sin límites de los de arriba. El mérito de la propuesta correspondió al artista argentino Pablo Ares, miembro del grupo Iconoclasistas, que consiguió que campesinas y artistas y un sinfín de diferentes, se sumergieran durante horas labrando los mapas de las dominaciones y las resistencias, que cada grupo luego explicaba a los otros. Y, de ese modo, mostró que los saberes se pueden construir entre todos, de modo horizontal y sin dependencias externas a los movimientos.
México y el zapatismo estuvieron presentes de varios modos, pero sobre todo a través de expresiones y convicciones de los movimientos indígenas del continente que enarbolan postulados muy similares. Los jóvenes indígenas, que dominan Internet, suelen completar sus estudios secundarios y en ocasiones asisten a la universidad, mostraron altos grados de conocimiento de las realidades de la región. No sólo están informados sino que, junto a las mujeres jóvenes de los sectores populares, encarnan nuevos modos de hacer que podrían sintetizarse en la capacidad de combinar el trabajo colectivo con una alta creatividad individual.
La conocida frase entre todos lo sabemos todo toma forma de modo casi natural en sus prácticas, dejando atrás a quienes se formaron en otro ciclo de luchas. Una nueva generación de activistas que parece preparada para entrar en acción.

Enseñar y conocer Nuestra América

En tiempos de galerías de patriotas latinoamericanos, nos proponemos reflexionar sobre la pedagogía de Nuestra América, ¿existe la pedagogía latinoamericana? ¿hay una filosofía latinoamericana? Convidamos con este texto para que el lector, la lectora descubra este maravilloso mundo, de historias recuperadas, de relatos propios y apropiados. Ya que la colonización no es sólo económica sino también cultural, por lo tanto también lo debe ser la descolonización.
Carla Wainsztok / NuestraAmérica.info
(Fotografía: Paulo Freire, educador popular brasileño)
1: El tiempo es el lugar de la acción (Simón Rodríguez 1771- 1854)
En una carta de Rodríguez a Bolívar, fechada el 30 de septiembre de 1827, el viejo maestro le escribe a su discípulo: “Que usted haya abrazado una profesión y yo otra, hace una diferencia de ejercicio, no de obra.”( Rumazo González, 1988: 72)
La obra en común es formar. En el caso de Bolívar la Patria Grande, la Confederación de Naciones: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse, mas no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América. ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el Corintio para los griegos!” (Bolívar, 1990: 81)
En el caso de Rodríguez formar tiene una connotación pedagógica, que la referencia con la Paideia entre los griegos y la Bildung entre los alemanes. Sin embargo no se trata de repetir modelos sino de crear una nueva formación en Nuestra América.
“El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo i comunicativo, porque su oficio es formar hombres para la sociedad (Rodríguez, Tomo II 1988:541).
El proyecto político- pedagógico de Rodríguez es la educación popular “no nos alucinemos sin Educación popular, no habrá verdadera Sociedad” (Rodríguez, Tomo I 1988: 333). Educación popular que no es otra que un “estado educador” (Roig, 1976: 179). Frente a las escuelas de la colonia, escuelas para la Patria, escuelas para las “Nuevas Repúblicas” (Rodríguez, Tomo I 1988: 333) Es responsabilidad que el gobierno “Establezca una Escuela en que se enseñe lógica, Idioma y Cálculo” (Rodríguez, Tomo I 1988: 401)
Los diferentes ensayos pedagógicos de Rodríguez, consistieron no en formar individuos, ciudadanos, “Emilios” sino en “educar pueblos que se erijan en naciones (…) la instrucción debe ser nacional” (Rodríguez, Tomo II 1988: 108). Rodríguez supera a Rousseau y a Pestalozzi: “Nada importa tanto como el tener Pueblo: formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonan por la causa social” (Rodríguez, Tomo I 1988: 283). Tener pueblo es formar a los niños, ya que “en los niños pobres (…) está la Patria” (Rodríguez, Tomo I 1988: 286). “Esto es los cholitos y las cholitas que ruedan en las calles” (Rodríguez, Tomo II 1988: 517), pero también a los adultos.
“Porque, en vida de Bolívar pude ser lo que hubiera querido, sin salir de la esfera de mis aptitudes. Lo único que le pedí fue que se me entregaran, de los Cholos los más pobres, los más despreciados, para irme con ellos a los desiertos del Alto Perú” (Rodríguez, Tomo I 1988: 255) LEER MÁS...

En los ochenta años de Roberto Fernández Retamar

Su poesía, su pensamiento, y su entrega han contribuido a configurar la imagen de nuestro tiempo. En medio de los conflictos del ahora, su obra es más necesaria que nunca para seguir definiendo lo que verdaderamente somos.
Graziella Pogolotti / LA VENTANA
Roberto y yo no hemos olvidado nuestro primer encuentro, hace más de sesenta años. Aquel joven dotado de una curiosidad infinita apareció un día en mi casa con el pintor Víctor Manuel. Teníamos la edad de los sueños, cuando empieza a configurarse el futuro. Roberto acababa de abandonar los estudios de arquitectura. Yo estaba a punto de ingresar a la Universidad. Pocos meses después, compartiríamos en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras inquietudes intelectuales y las primeras experiencias políticas.
Con frecuencia durante una clase, me pasaba algún poema reciente. Nos sobreponíamos también a nuestros aplastantes fracasos electorales debido a la fama de rojillos y a la extrema ingenuidad que presidió nuestras campañas.
Voz íntima, testimonio personal, efusión lírica, la poesía es palabra en la que se reconocen muchos otros, los silenciosos. Es también aventura del conocimiento, punto de convergencia de Roberto Fernández Retamar con los poetas origenistas. Junto a ellos se afincó en la pasión por el estudio riguroso, en el asedio a las interrogantes fundamentales que definen la existencia humana y en las modestas tareas de la cultura, aquellas relacionadas con el arte de hacer libros y revistas. Antes, desde fecha muy temprana, había definido sus maestros esenciales: José Martí y Rubén Martínez Villena. Comprendió así que los caminos de la patria no son bifurcantes, sino complementarios, que el llamado de la polis y el ámbito de la imaginación no son excluyentes.
El poeta no ha desdeñado la disciplina académica. Su tesis de grado sobre la poesía contemporánea en Cuba constituye, hoy todavía, un texto de referencia por el lúcido ordenamiento de generaciones y tendencias. Invitado a la Universidad de Yale, trabajó intensamente para realizar una aproximación similar al amplio territorio de la poesía hispanoamericana. Cumplido el término del compromiso, regresó a la isla que vivía las dramáticas circunstancias de la dictadura de Batista.
Al triunfar la revolución, Retamar aparecía ya como un adelantado de su generación. Profesor universitario, el estudio de la lingüística lo colocaría en la antesala de lo que muy pronto se convertiría en la corriente maestra de la ciencia literaria. De esas investigaciones dimanó su Idea de la estilística. Al mismo tiempo, su experiencia de vida en los días tenebrosos que preludiaban el fin de la dictadura, alimentaban el estallido de Vuelta de la antigua esperanza, breve poemario, testimonio del deslumbramiento y de un lúcido compromiso. Al servicio de la cultura, se hizo cargo de la dirección de la Nueva Revista Cubana, antes de marchar a París en funciones diplomáticas.
Poco faltaba para que llegara la hora del verdadero combate en el terreno de las ideas. Desde la Casa de las Américas, la Revolución cubana se proyectaba hacia la América Latina y el tercer mundo. En convergencia infrecuente a lo largo del devenir histórico, se unían, al paso de los sesenta del siglo XX, efervescencia política, densidad del debate ideológico y renovación espléndida del arte y la literatura en nuestro Continente.
La revista de la Casa encontraba resonancias sin precedentes a ambos lados del Atlántico. El proceso descolonizador socavaba las verdades establecidas desde la derecha hasta la izquierda en los campos de la cultura y de las ciencias sociales. La revista Casa contribuía al lanzamiento de la nueva narrativa latinoamericana. Más tarde se enfrentaría en ardua polémica a Mundo Nuevo, dirigida por Emir Rodríguez Monegal y sufragada, como no tardaría en hacerse público, por el imperio. En medio de tanto bregar, parecía imposible repensar el mundo. Y, sin embargo, así se hizo.
La imaginación del poeta y la disciplina del pensador condujeron a Roberto Fernández Retamar a la elaboración de sus ensayos de mayor alcance, sobre todo en nuestra América y en importantes centros académicos de los estados Unidos. La dialéctica del acá y el allá —tan carpentereana— adquiere sustancia renovada en ensayos como Modernismo y noventa y ocho, Martí en su (tercer) mundo, y Caliban.
Desde un lugar de enunciación situado en la América Latina, se entrelazan los factores culturales con los sociales y económicos derivados del colonialismo y el subdesarrollo. El abordaje del problema descarta pueriles intentos de negar una tradición en favor de la otra, impensable en quien se ha nutrido de la herencia occidental, sino de abordar procesos diferentes y replantearse el modo de contar las cosas. Las vías abiertas por esas indagaciones no se han agotado todavía. Rompen con cierta modorra mental, reforzadas en algunas zonas de la academia, derivada de considerar, como punto de partida para el acercamiento a nuestras culturas el patrón europeo como modelo único de desarrollo. Cuanto se ha forjado en otros contextos resulta, entonces, epigonal por necesidad.
Desde sus ochenta años recién cumplidos, Roberto Fernández Retamar puede contemplar la dimensión creciente de la obra realizada en permanente fidelidad martiana a sus dos patrias, la nación y la poesía, sin olvidar por ello la mirada atenta al ancho universo de los pobres de la tierra. Su poesía, su pensamiento, y su entrega a las tareas al servicio de nuestras instituciones han contribuido a configurar la imagen de nuestro tiempo. En medio de los conflictos del ahora, su obra es más necesaria que nunca. Se impone por ello convocar hoy, junto al merecido homenaje, a la imprescindible exégesis de sus textos para seguir definiendo lo que verdaderamente somos.

Un hombre llamado Saramago

José Saramago llegó a todos los lugares a los que creyó que tenía que llegar. Supo definir mejor que nadie lo que significaba ser un comunista en el confuso siglo XXI: es una cuestión de actitud, dijo, una cuestión de ética frente a los acontecimientos y la historia.
Luis Sepúlveda / Le Monde Diplomatique
“Caín”, la última novela de José Saramago me llego un día de lluvia y el sobre que contenía el libro venía medio desecho, pero la tinta de bolígrafo es por fortuna resistente y la dedicatoria no había sufrido daños. También llovía hace dieciocho años en Bad Homburg, un lugar cercano a Frankfurt donde, cada año, empezaba realmente la Feria del Libro, la mítica Buchmesse, durante una cena ofrecida por Ray-Güde Mertin, nuestra agente literaria. Y en esa tarde de lluvia, mientras todos bebíamos estupendos vinos alemanes, mientras escritores y editores de todo el mundo nos encontrábamos, tocábamos, narrábamos lo que en ese momento nos ocupaba, nadie se percató de que el timbre de la casa no funcionaba.
De pronto, uno de los camareros se acercó a la anfitriona y le susurró: “en la puerta hay un hombre llamado Saramago”. Entonces entró ese hombre flaco acompañado de un ángel llamado Pilar, ese hombre que miraba a los ahí reunidos con ademanes de estar perdido, hasta que reconoció al novelista uruguayo Mario Delgado Aparaín y ambos se fundieron en un abrazo. A partir de ese momento se formó el rincón de los latinoamericanos que tratábamos de responder a las mil preguntas que nos hacía José Saramago, que sabía de nuestros países más que muchos de nosotros mismos.
José Saramago entendía la solidaridad como un hecho consustancial a vivir, nadie se jugó tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo. Los que alguna vez lo invitamos a Chiapas, a los campamentos del Tinduf, a la Araucanía, a cualquier territorio del continente americano donde se precisara, no un mensajito esperanzador carente de médula, sino un discurso fuerte sobre los derechos humanos, la justicia y la dignidad de los pobres, sabíamos que lo más probable es que aceptara, poniendo en juego su propia salud y su precioso tiempo de escritor enorme.
José Saramago llegó a todos los lugares a los que creyó que tenía que llegar. Supo definir mejor que nadie lo que significaba ser un comunista en el confuso siglo XXI: es una cuestión de actitud, dijo, una cuestión de ética frente a los acontecimientos y la historia.
Y ahora llueve también en Asturias cuando la radio me informa del deceso de ese hombre llamado Saramago, cuyo ejemplo es un icono de la decencia social, y autor de libros que permanecerán en la memoria de los siglos.
Será dura y difícil la senda de los preocupados por la ética sin la presencia de José Saramago. Será duro saber que no está cuando precisemos de su voz alentadora en las mil batallas pendientes contra un sistema feroz. Pero sé que una voz en nuestras conciencias, en los momentos de dudas o peligros, nos recordará que con nosotros todavía sigue el ejemplo de ese hombre, de ese hombre llamado Saramago.

viernes, 18 de junio de 2010

Ha muerto Saramago

Se ha ido aquel niño asombrado de Azinhaga...
Roberto Utrero / Para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina
Hoy amaneció gris en mi provincia, una bóveda de nubes cargadas nos ocultaba el sol en este suelo pegado a Los Andes, al sur del continente americano. El día se vistió de luto por la partida del gran escritor portugués, ese gran mago de la palabra que tanto placer nos ha brindado con sus artículos y novelas.
Los muros blanqueados de Lanzarote, esa isla volcánica que eligió para que lo acogiera estos últimos años con su tranquilidad, al lado de su inseparable compañera Pilar del Río, deben estar tan tristes y desamparados como sus lectores.
Se ha ido aquel niño asombrado de Azinhaga que aun se enternecía al recordar cómo sus abuelos daban calor a los cerditos, colocándolos a su lado en la cama. Cosa que reiteraba siempre con aquello de: “no he hecho nada en la vida que avergonzara al niño que fui”. De ese mundo modesto y maravilloso se alimentó seguramente su extraordinaria literatura, porque no hubo ninguno de los temas profundos que preocupan al hombre desde siempre, que no hubiera tocado y lo hizo de manera desbordante y didáctica. Cada una de las páginas de sus varias novelas obligaba a disfrutar de sus enseñanzas. Desde lo sagrado hasta la muerte, recorrió con pasión y un talento singular todas las viscicitudes de la condición humana.
Su afilada y valiente pluma si bien entusiasmaba a sus seguidores, también incitaba a la polémica, desatando la ira de la Iglesia tanto con El evangelio según Jesucristo, como con su última novela, Caín. Sin embargo, pocos creyentes confesos han ofrecido un testimonio de reflexión religiosa como este viejo militante comunista.
El mundo reconoció su talento tardíamente, ya que publicó cercano a cumplir sesenta años, lo que no impidió que se le otorgara el Nóbel de Literatura de 1998. Hecho que al lusitano más que continuar escribiendo, le obligaba a discurrir sobre las grandes preocupaciones ecuménicas, como el mantenimiento de la paz o la supresión del hambre.
Esto nos pone en evidencia que, por sobre todo fue un hombre comprometido con su tiempo, condición e ideas políticas, desde donde ejerció su aguda crítica, iluminándonos con su pensamiento humanista. En tal sentido, no podía sentirse optimista, según sus recientes expresiones.
A partir de ahora su ausencia se sumará a nuestro natural desamparo, por lo que no nos quedará otro refugio que la lectura de sus grandes novelas.

sábado, 12 de junio de 2010

El Gran Caribe y los Estados Unidos

¿En dónde estamos hoy? ¿Qué cambios cualitativos se han sucedido a partir del derrumbre del campo socialista y el destramamiento de la URSS, en relación con el Caribe? Estas y otras preguntas estuvieron presentes en el "Coloquio Internacional Relaciones de los Estados Unidos de Norteamérica con el Gran Caribe (1870-1945)", que se llevó a cabo en República Dominicana entre el 31 de mayo y el 2 de junio próximo pasados.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
(Fotografía: de derecha a izquierda, el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández; Luis Céspedes, presidente de la Cátedra Juan Bosh de la Universidad de La Habana, y Sergio Guerra Vilaboy, Director del Departamento de Historia de esa misma universidad)
Varias son las etapas por las que ha transitado la política norteamericana hacia el Caribe. La primera se remonta al momento mismo de la independencia de las 13 colonias en 1776, en el que se plantean, por un lado, neutralidad y aislacionismo en el plano internacional, aprovechando las guerras interimperialistas que tenían lugar en ese momento (sobre todo entre Francia e Inglaterra); y por otro, expansión territorial para agrandar su territorio, que los lleva al enfrentamiento con españoles, indígenas y mexicanos.
Una vez que han consolidado buena parte de su territorio en el siglo XIX, los norteamericanos se dedican a “resolver” la contradicción existente entre el Estados Unidos industrial en el Norte y el Estados Unidos agrícola y esclavista en el Sur.
Concluida la Guerra de Secesión, se enfrasca en la guerra hispano-cubano-americana de 1898 pero, de hecho, el interés norteamericano por el Caribe provenía de tiempo atrás, en el contexto de su conflicto con Gran Bretaña, cuyo poder descansaba en buena medida en el dominio del mar. Dominar el Caribe implicaba el dominio de importantes vías marítimas.
Es por ello que a partir de la promulgación de la Doctrina Monroe en 1823, que estatuía la voluntad norteamericana de no permitir la intervención en el continente americano de potencias extracontinentales, se inicia su política de establecer bases navales.
Lo anterior no fue óbice para que no continuaran los intentos anexionistas en este territorio estratégico: Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo, Colombia, Nicaragua pasaron por estos trances. No faltaron en estos intentos los eternos entreguistas que solicitaron la anexión de forma oficial. Así sucedió en República Dominicana, Nicaragua y Colombia. En los dos primeros, fueron los respectivos congresos nacionales quienes lo hicieron, mientras que en el tercero el presidente Mariano Ospina.
El año 1898 puede entenderse como el año que simboliza el fin del Imperio Español en el Caribe y el inicio del imperialismo norteamericano. Se trata de un verdadero cambio de época. Theodore Roosevelt (presidente de Estados Unidos entre 1901 y 1909) es una figura emblemática en este sentido. Con él, a la Doctrina Monroe se le añadirá lo que luego se conocería como el Corolario Roosevelt. Por él, los Estados Unidos se reservaron el derecho no solo de impedir la presencia de potencias extracontinentales sino, también, de intervenir en cualquier país latinoamericano en el que se considerará que estaban en peligro los intereses norteamericanos. “Hay que hablar tranquilamente –dijo Roosevelt- mientras se sostiene un garrote”.
La otra figura relevante de este período de afirmación de la hegemonía norteamericana es Woodrow Wilson, quien fuera presidente de esa nación entre 1913 y 1921. Wilson esgrimió también el Big Stick de Roosevelt, pero lo hizo ante la necesidad que veía de civilizarnos, es decir, de transmitirnos valores buenos y saludables como los que caracterizan a los Estados Unidos. Se trataba, pues, de una especie de cruzada. Gracias a ella, se pusieron las bases para que nuestros países alcanzaran la estabilidad que nuestros vecinos del Norte deseaban para nosotros. No fue, sin embargo, una estabilidad democrática sino dictatorial pues nos dejaron, entre otros, a lacras como las de Somoza y Trujillo.
Luego de 1945, en el marco de la Guerra Fría, gana terreno una nueva justificación de la política intervencionista norteamericana en el Caribe: la ideológica; había que defenderse de la penetración de la ideología comunista. Por eso, la Revolución Cubana de 1959 se transforma en piedra de toque de la política norteamericana hacia la región, pues sería vista como cabeza de playa de los soviéticos.
¿En dónde estamos hoy? ¿Qué cambios cualitativos se han sucedido a partir del derrumbre del campo socialista y el destramamiento de la URSS, en relación con el Caribe? Estas y otras preguntas estuvieron presentes en el Coloquio Internacional Relaciones de los Estados Unidos de Norteamérica con el Gran Caribe (1870-1945), que se llevó a cabo en República Dominicana entre el 31 de mayo y el 2 de junio próximo pasados, bajo el auspicio de la Academia Dominicana de la Historia, la Fundación Global Democracia y Desarrollo, y el Departamento de Historia y la Cátedra Juan Bosh de la Universidad de la Habana. A él asistieron ponentes de República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Colombia, Panamá, Venezuela, Estados Unidos, México, Costa Rica y Honduras.
Estuvo presente en las discusiones el presidente de República Dominicana, el señor Leonel Fernández Reyna, quien hizo aportes significativos al análisis.
Una nueva generación de dirigentes, conscientes del papel imperialista de los Estados Unidos está llegando al poder en América Latina.

La OEA, Honduras y nuestra América, un año después

Superar el esquema panamericanista de la OEA, para forjar en su lugar una nueva arquitectura regional, de profundo carácter latinoamericanista, es una necesidad y un desafío impostergable en las actuales condiciones que vive la región.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
(Fotografía: la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, en la reunión de la OEA en Lima)
La sesión número 40 de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en Lima en días pasados, no podía ser más reveladora del estado de situación de las relaciones interamericanas y de los cambios y tensiones en el ajedrez político latinoamericano.
Hace un año, en la reunión de la OEA en San Pedro Sula, bajo la conducción magistral del presidente hondureño Manuel Zelaya y la canciller Patricia Rodas, la nueva diplomacia latinoamericana logró la derogatoria del acuerdo que, en virtud de la presión norteamericana y el sometimiento de gobiernos títeres en el continente, había expulsado a Cuba del sistema interamericano en 1962.
Los rostros compungidos y desorientados de los funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU, Hillary Clinton y Thomas Shannon, ante aquella sacudida de las cadenas imperiales y los remanentes de la Guerra Fría, fueron el mejor testimonio de un momento excepcional en la historia reciente de nuestra América.
Lo sucedido desde entonces es bien conocido: tres semanas después de aprobada esta resolución, y en momentos en que Zelaya promovía una consulta popular no vinculante sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente, fue perpetrado el golpe de Estado y su expulsión del país, desde la base militar estadounidense de Palmerola, rumbo a Costa Rica. Vinieron luego sucesivos episodios de teatralidad diplomática, dilaciones y engaños de parte de EE.UU., sus “mediadores” y gobiernos aliados –especialmente en Centroamérica, Colombia y Perú-, que no hicieron más que burlarse de la comunidad internacional, el sentido común y la condena universal contra los golpistas liderados por Roberto Micheletti y el nuevo “héroe nacional”: el general Romeo Vásquez.
Ahora, en Lima, Washington no ha vacilado en manifestar sus pretensiones de reconstituir, en lo posible, su dominio sobre sus enclaves geoestratégicos. El seño fruncido y las demandas prepotentes de la Secretaria de Estado, al exigir a los cancilleres que aceleren el proceso de reingreso de Honduras a la OEA, así lo dejan claro.
Si ya es lamentable que la administración del Presidente Obama abogue por el espurio gobierno de Porfirio Lobo, legitimando con ello las atrocidades cometidas por jueces, políticos y militares golpistas que aún gozan de impunidad; más grave aún es que profundice, bajo los ropajes del soft power, la opción militar-injerencista, tributaria de la doctrina de seguridad nacional y “antiterrorista” de los neoconservadores republicanos.
Basta con mencionar un ejemplo: mientras la señora Clinton afirmaba en Lima, contra toda evidencia, que el régimen de Lobo “ha demostrado un compromiso fuerte y consistente con el orden constitucional y la gobernabilidad democrática” (telesurtv.net, 07-06-2010); la Embajada de EE.UU en Tegucigalpa anunciaba el inicio de conversaciones entre el Comando Sur y el gobierno hondureño para fortalecer la cooperación militar y, además, la donación de “una flota de 25 camiones a las Fuerzas Armadas de Honduras” (Agencia EFE, 08-06-2010). Lo que apunta a ajustar el cerrojo histórico sobre el país centroamericano y sus posibilidades de transformación social.
En el fondo, nada de esto debería sorprender: es la ambigua línea política fijada por el gobierno estadounidense, y en la que se inscriben el derrocamiento de Zelaya -el puntal más reciente del ALBA en Centroamérica- y la instalación de nuevas bases militares en Colombia y Panamá, que junto a los triunfos electorales de Sebastián Piñera en Chile y la continuidad del uribismo en Colombia, le permiten apuntalar posiciones frente a los conflictos crecientes con Venezuela y Brasil.
Superar el esquema panamericanista de la OEA, para forjar en su lugar una nueva arquitectura regional, de profundo carácter latinoamericanista, como de algún modo lo intentan el ALBA, UNASUR y la futura Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, es una necesidad y un desafío impostergable en las actuales condiciones que vive la región.
No solo se trata de saldar una deuda con la historia y lo mejor del pensamiento latinoamericano, sino también con todos aquellos hombres, mujeres y movimientos políticos, sociales y revolucionarios que han luchado por nuestra América: entre ellos, el Frente Nacional de Resistencia, signo de esperanza en medio de la oscura noche hondureña.

Honduras: Una aproximación al impacto del golpe de Estado sobre las instituciones culturales

En este artículo exclusivo de Con Nuestra América, Yesenia Martínez sostiene que las acciones arbitrarias y sin conocimiento alguno sobre la agenda cultural del Estado, después del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, han provocado severos daños a la gestión de las instituciones culturales: "se necesitará mucho tiempo para reorientar la política cultural de Honduras a sus senderos creativos y coherentes".
Yesenia Martínez García / Especial para Con Nuestra América
Escribir sobre el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 hace pensar en la complejidad de su significado, no sólo en términos políticos, económicos y sociales, sino también culturales. Según Helen Umaña, “El golpe de Estado también ha sido un golpe a la cultura”. En ese sentido es importante revisar cuál ha sido su impacto sobre la política y las instituciones culturales.
La responsabilidad de la política y de la institucionalidad cultural del Estado en Honduras descansa en la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes (SCAD) y el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH). Desde la primera mitad de la década de 1990, con una serie de vaivenes, la política cultural en Honduras se reorientó hacia el rescate de la identidad nacional y la descentralización de la cultura. A inicios del siglo XXI, se dio seguimiento a lo ya comprometido en la década anterior, en el marco de la Estrategia para la Reducción de la Pobreza, las recomendaciones de la UNESCO y la agenda para el nuevo milenio de la ONU. Se buscaban mecanismos que llevaran a fortalecer una política cultural que vinculase la Cultura con el Desarrollo.
En el gobierno de Manuel Zelaya no sólo se intentó darle seguimiento a este compromiso, sino que se orientó a la consolidación de la democratización de la cultura, mediante la participación ciudadana y la formación de una industria cultural con apoyo del Sistema de Naciones Unidas (SNU) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). Se trabajó bajo el principio del “diálogo cultural entre ciudadanos”.
Tal proceso se vio desvirtuado con el golpe de Estado. Para visualizar dicho impacto, el presente trabajo se ha estructurado en dos apartados: el primero es una breve introducción al interés del Estado en lapolítica y las instituciones de la cultura hasta antes del gobierno de José Manuel Zelaya; el segundo presenta el impacto del golpe de Estado en la democratización de la cultura, mediante una muestra de los proyectos e iniciativas culturales que buscaban fortalecer y consolidar los compromisos del Estado, desde mediados de la década de los noventa, citando la represión de las autoridades del gobierno de facto contra trabajadores de la cultura. LEER MÁS...

Personajes hispanoamericanos en el Bicentenario

La historia hispanoamericana es compleja. La encuesta publicada por "Babelia" a finales del año anterior, invita al estudio riguroso de los dos siglos transcurridos. Habría que preguntarse en qué medida otros colectivos se reconocen en la selección de los panelistas.
Juan Carlos Bossio Rotondo / Para Con Nuestra América
Desde Ornex, Francia
Babelia, el periódico cultural del diario madrileño El País, preguntó recientemente a 109 hispanoamericanos destacados, cuáles eran los diez personajes qué, en su opinión, habían marcado la historia de sus países en los últimos 20 años. Sus respuestas ayudan a comprender las historias de estos países y sus coyunturas actuales. Asimismo, a plantear diversos interrogantes acerca de sus perspectivas. Lamentablemente no se indica la metodología seguida.
No pregunto por la representatividad estadística del colectivo entrevistado, que sería muy difícil alcanzar, sino por las pautas principales que se solicitó seguir. Se sabe solamente que se pidió ordenar las respuestas según su importancia, otorgando el primer puesto a la personalidad de mayor repercusión, y el décimo, a la que se consideraba de menor alcance entre las seleccionadas.
Sin embargo, unos pocos entrevistados colocaron ocasionalmente en una misma casilla a dos o más personalidades. Una de las respuestas sobrepasó más sistemáticamente esta pauta: incluyó a dos personalidades en cada una de las casillas. Si se atribuye 10 puntos al primer personaje identificado, y se disminuye correlativamente, otorgando un punto tan solo al que figura en décimo lugar, la encuesta permite atribuir 5995 puntos. La publicación admite 5884, contabilizando las respuestas dobles y aquellas de un invitado sorpresa. Si, a pesar de estas adiciones, el puntaje contabilizado es inferior al teórico, se debe a la omisión de las respuestas de 3 de los entrevistados. Quienes, en su conjunto, agrupan a parte importante de la intelectualidad hispanoamericana, entre los cuales 65 literatos; así como a 7 representantes del mundo político, incluidos 3 antiguos presidentes, dos ministros de Educación en ejercicio y el más alto funcionario iberoamericano. Un cuadro, incluido al final de este texto, sintetiza algunos de los principales resultados.
Los panelistas identificaron a 189 personalidades, de los cuales 24 mujeres y 165 hombres. El semanario es parco acerca de la metodología empleada. Alicia Silió revela la existencia de una lista orientativa, entregada a los entrevistados. No ha sido publicada. Asimismo, confirma la solicitud hecha a los panelistas de ordenar a las personalidades identificadas según la importancia que les atribuyan.
Por otro lado, el horizonte temporal de la reflexión indicado por Silió: la historia contemporánea de los países hispanoamericanos, sin especificar el período, los últimos 20 años, contradice aquel señalado por Babelia. Sin embargo, el encabezamiento de su artículo, así como el de aquel en el cual Carlos Monsivais presenta a quienes ocuparon los primeros 10 lugares, precisa el período: la encuesta se realiza en el marco recordatorio del Bicentenario de la independencia hispanoamericana. Para evitar dudas, el texto de Monsivais lo subraya: la reflexión comprende los últimos dos siglos. Aunque es aquel que predomina, la incertidumbre persiste.
Los horizontes señalados por Babelia y por los citados articulistas, son muy distintos. No es la única dificultad. El destacado historiador Marcelo Carmagnani advierte los obstáculos a superar cuando se centra la historia en los personajes mediante una encuesta, pues supone «tener una concepción monumental de la historia».
Los ilustro con los importantes cambios ocurridos en América Latina en las últimas 3 décadas: imposición del Consenso de Washington y consecuente liquidación de la industrialización mediante substitución de importaciones, en un vasto proceso que comprende una cerrada ofensiva contra la intervención estatal en la economía y frente al gasto social y apertura neoliberal en materia comercial y a favor de la inversión extranjera; fin de las dictaduras y democratización regional; fracaso del neoliberalismo; auge de una «nueva izquierda» y de movimientos sociales contestatarios y ecologistas; toma de conciencia y resurgimiento indígena; reformulación de las relaciones internacionales, en particular de aquellas con los Estados Unidos; crisis económica.
Este panorama complejo, frágil y contradictorio, es al mismo tiempo propicio a la utopía y a la alternativa efectiva. Se vislumbra en las opciones de los panelistas. LEER MÁS...

La necesaria integración de Nuestra América para enfrentar las estrategias de dominación imperialista

Debemos que seguir avanzando en la tarea de construcción de la unidad latinoamericana, hacer real el sueño de Bolívar y de Martí, y así nuestros países podrán lograr las grandes transformaciones y tendrán más fortaleza para enfrentar y negociar con las potencias imperiales.
Walter Martínez Alves / Movimiento de Solidaridad Nuestra América (México)
La historia nos permite comprobar que los verdaderos objetivos del imperialismo norteamericano en sus intervenciones en "Nuestra América", no han sido la defensa de la democracia, ni la libertad, ni el derrocamiento de dictadores, ni el peligro del comunismo, ni ahora el terrorismo y del narcotráfico. Bien sabemos que las dictaduras más sangrientas fueron impuestas por ese imperialismo.
Además el mayor terrorismo del mundo lo ejerce hoy el imperialismo en Irak y Afganistán donde han muerto cientos de miles de civiles desarmados.
¿De qué defensa de la democracia ponía como pretexto el imperialismo cuando se apoderó de la mitad del territorio mexicano, de Puerto Rico y Cuba (donde todavía está la base de Guantánamo, que sirve como centro de torturas), la zona del canal de Panamá y miles actos de ingerencia política, económica y militar en América Latina y el Caribe.?
Bien sabemos que esta injerencia tiene raíces profundas y se basa en los grandes intereses de EE.UU. en la región. América Latina siempre fue un abastecedor de materias primas estratégicas, como los minerales, el petróleo, el gas y los alimentos; es decir, que sus recursos naturales siempre han sido codiciados por EE.UU.
Eduardo Galeano decía en Las venas abiertas de América Latina: "Una legión de piratas mercaderes, banqueros, marines, boinas verdes, embajadores y gerentes de empresa estadounidenses se han apoderado, a lo largo de una historia negra, de la vida y el destino de la mayoría de los pueblos del sur".
EE.UU. siempre ha estado convencido de tener un derecho natural para ejercer ese dominio, el llamado destino manifiesto. Además de su gran poderío económico y militar, consideran que tienen un poder moral indiscutible.
Sin lugar a dudas, la independencia económica de América Latina significaría el fin de control del imperialismo. Un cambio revolucionario o simplemente nacionalista afectaría sensiblemente los grandes intereses de EE.UU.
El imperialismo se ha valido de una diversidad de métodos y formas para lograr ese control en la segunda mitad del siglo XX, tales como:
  • Invasiones. Directas por sus fuerza armadas, como en Repúbica Dominicana en 1965, en Granada en 1983 o Panamá en 1989.; o por medio de mercenarios como en Guatemala en 1954; o en 1961 en Cuba utilizando fuerzas organizadas en el exilio por la CIA y que fueron derrotados en Playa Girón por las fuerzas revolucionarias.
  • Imposición de dinastías militares: En las décadas de 1950 y 1960. Los casos de Somoza en Nicaragua; Trujillo en República Dominicana; Batista en Cuba, Castillo Armas en Guatemala, Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Strossner en Paraguay y Duvalier en Haití.
  • La Guerra de baja intensidad que se aplicó en Centroamérica ante el triunfo sandinista, que para llevarla a cabo, EE.UU. financió a la llamada contra.
  • La Doctrina de Seguridad Nacional que se aplicó en el Cono Sur de América a partir de la década de los 60s del siglo pasado cuando el imperialismo sintió la mayor amenaza a su grandes intereses en la región. Su instrumento de coordinación entre las dictaduras impuestas por EE.UU. , fue el llamado Plan Cóndor, con más medio millón de víctimas.
  • Diversas formas de intervenciones y operaciones encubiertas: con el propósito de impedir el triunfo electoral, fraudes incluidos, de gobiernos de corte progresistas o intentar desestabilizarlos por medio de apoyo económico a sectores de oposición,( como en Venezuela); o la reciente intervención del embajador de EE.UU. promoviendo el frustrado golpe de estado en Bolivia; campañas publicitarias en los grandes medios trasnacionales de comunicación; atentados ( como los varios intentos organizados por la CIA contra Fidel), bloqueos económicos como en el caso de Cuba o campañas mediáticas promocionadas por las derechas internacionales contra esa misma patria hermana.

El menor costo político para el imperio, es propiciar gobiernos entreguistas, lo que algunos autores denominan " democracias tuteladas", que pueden estar combinadas con presencia de tropas norteamericanas, como actualmente lo hacen a través del Plan Colombia, y podría ser también el Plan Mérida, en México, tomando como causas iniciales la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

En los últimos años, el imperialismo parecía haber reemplazado la ocupación militar directa o indirecta en la región, por el dominio político y económico que pretenden ejercer por tratados de libre comercio, el frustrado ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas), el Plan Puebla Panamá (o Plan Mesoamérica) y a través de las corporaciones transnacionales.

Pero con la agresión y violación a la soberanía de Ecuador en marzo del 2008, la administración Bush llevó a los hechos la estrategia enmarcada en el Plan Colombia y la presencia de la IV flota en los mares de Nuestra América. El objetivo a futuro de este tipo de operaciones militares sería el control geopolítico de los países de la región, especialmente Venezuela, Ecuador y Bolivia, los cuales han emprendido más resueltamente una política exterior independiente.

En Bolivia, aunque no hubo intervención militar directa en el frustrado golpe de estado, propiciado por la oligarquía racista y proimperialista, el presidente Evo Morales en una decisión soberana expulsó al embajador de Estados Unidos Philip Goldberg, al comprobarse su ingerencia directa en el intento subversivo. La presencia masiva del pueblo boliviano en las calles, el hecho de que las Fuerzas Armadas se mantuvieran fieles a la constitución y a su gobierno y la firme posición antigolpista de los países agrupados en la UNASUR ( Unión de Naciones Suramericanas) , evitaron que se concretara el golpe de estado.

Ya en el comienzo del gobierno de Obama, con el golpe de Estado en Honduras, instrumentado por sus fuerzas armadas, en conjunción con una de las oligarquías más reaccionarias y entreguistas de Centroamérica, parecía reeditarse la trágica experiencia de este recurso imperialista.

Este se gestó debido a los avances progresistas en ese país, Nicaragua y El Salvador y pretendió asestar un duro golpe a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) a través de Honduras, el eslabón más débil de ese organismo solidario además de establecer otra plataforma de intervención hacia América del Sur.

Después del ilegítimo proceso electoral en Honduras organizado por la propia dictadura, siguen en el poder las mismas instituciones y los personajes políticos y militares que gestaron el golpe. El espúreo Porfirio Lobo no tiene apoyo popular ni por el momento, reconocimiento internacional. Sólo Estados Unidos, Perú, Colombia, Panamá y Costa Rica aceptaron la validez del proceso.

Pero la acción más importante que reafirma la ofensiva conservadora en la región, fue el acuerdo que se firmó el 30 de octubre de 2009 entre EE.UU. y Colombia para la instalación de 7 bases militares con tropas del Comando Sur.

Los países de la región han reaccionado a la presencia militar estadounidense en América Latina. En la cumbre de UNASUR de fines de agosto de 2009 en Bariloche, Argentina, el mensaje fue: “fuera bases de América Latina”.

Es claro que estas bases tienen como objetivo principal el control geoestratégico de la región y no el combate contra el narcotráfico, ni mucho menos contra las FARC, cuando el propio Uribe asegura que esa guerrilla está prácticamente desmantelada.

Por si las bases en Colombia no fueran suficientes, Estados Unidos dispone de bases en las islas caribeñas de posesión holandesa, Aruba y Curazao, a pocas millas de las costas de Venezuela, desde donde ya han despegado aviones espías y violado el espacio aéreo de Venezuela.
También en Panamá el gobierno derechista de Ricardo Martinelli, ofreció 11 bases militares para uso de las fuerzas armadas estadounidenses.

Los grandes medios transnacionales de propaganda masivos, complementan la amenaza de los barcos, tanques y aviones para seguir controlando su hegemonía.

EE.UU. ha desarrollado una estrategia de promoción de la ideología neoliberal como el factor supremo de la democracia, incompatible con las estructuras "populistas".Es decir, la instauración de un modelo democrático a imagen y semejanza de los EE.UU.

En síntesis, esta nueva ofensiva militar en la región se explica en que las empresas trasnacionales, el imperialismo y las oligarquías locales ven peligrar sus intereses y su hegemonía, proponiéndose recurrir a métodos más contundentes de intervención, a los efectos de revertir los procesos antiliberales impulsados por los gobiernos que han llevado adelante transformaciones radicales.

Lo que las fuerzas de las derechas no han podido conseguir por la vía electoral en sus repetidos intentos, a pesar de las enormes campañas mediáticas y recursos financieros, ahora se proponen hacerlo por la amenaza bélica.

Las esperanzas de un cambio de política con el gobierno de Obama, duraron muy poco. El golpe de Estado en Honduras y la instalación de las bases militares en Colombia, muestran claramente que Obama está fuertemente condicionado por los grandes intereses del imperio, que son los que determinan los lineamientos de la política exterior de Washington hacia todo el mundo y en particular hacia América Latina.

Estos grandes intereses están relacionados con el complejo militar-industrial, el petróleo, los mantos acuíferos y otros recursos estratégicos.

Por lo tanto, entendemos que el imperio tiene una lógica que no depende mucho de la voluntad del presidente de turno, de manera tal que parece que lo mejor que podemos hacer en la región, es plantearnos seriamente nuestra propia estrategia de desarrollo, nuestra propia estrategia de profundización democrática, de avance en las grandes reformas sociales que necesita este continente.

En este momento histórico se presenta una correlación de fuerzas propicia para grandes transformaciones sociales y políticas de nuestros pueblos y para la integración de los gobiernos de Nuestra América.

Es evidente que en la región, se están dando los procesos más avanzados del mundo. Podríamos decir que actualmente somos la vanguardia en las transformaciones políticas y sociales.

Pero si bien se están dando importantes avances en Nuestra América de carácter emancipatorio, de justicia social y de integración política, no podemos afirmar que se entró en un proceso revolucionario que haga posible el fin del sistema capitalista y se entre de lleno a una etapa socialista.

Estos procesos se están dando por medio de los movimientos de masas y los triunfos en la lucha electoral.

La toma de conciencia de los pueblos, es fundamental para vencer a la gran dictadura de los medios de la comunicación, especialmente de la televisión, que constituye uno de los instrumentos más poderosos al servicio de las oligarquías locales y del imperialismo. Es un gran reto para los movimientos populares llevar a la vida diaria la batalla de las ideas, como decía Fidel. Otra de las alternativas para contrarrestarla es el proyecto del TELESUR.

Los hechos de los últimos años han probado que se pueden ganar estas batallas; si no fuera así, no se hubieran dado los grandes triunfos electorales en gran parte de los países de la región, incluyendo los últimos referendums constitucionales en Ecuador, Bolivia y Venezuela.

En el campo popular se impone una preparación en organización y educación política, para este nuevo período histórico. La crisis general capitalista ofrecerá nuevas oportunidades de lucha y abre la posibilidad de profundos avances en algunos países, pero para esto, es imprescindible la movilización y participación activa de los pueblos que permitan transformar la sociedad y lograr su emancipación. Ningún movimiento social y político, con sus diversas formas de lucha debe menospreciarse. Lo ideal sería una gran concertación unitaria, como lo planteó el presidente Evo morales en su visita a México

También la participación y el control popular deben continuarse y multiplicarse en los países que tienen gobiernos de izquierda para profundizar los procesos y evitar que se deformen o derechicen, como la experiencia histórica lo ha demostrado en muchos casos.

Por otro lado, sabemos que las izquierdas tienen divisiones internas, esto se pudo comprobar a lo largo de la historia en todas las luchas y revoluciones. Hoy se presentan con la carátula de "izquierdas moderna", las cuales no van más allá de las propuestas socialdemócratas. No sorprende que las cadenas televisivas los alaben y los pongan como ejemplo. Muchos oportunistas de “izquierda” se han vendido a los grandes intereses. Aquí se abren también frentes de lucha y muchas veces dentro de los mismos partidos.

Otro aspecto importante necesario para consolidar los procesos que se están dando en Nuestra América, es la depuración y transformación de las fuerzas armadas. Es necesario un cambio de doctrina para terminar con los cursos de adoctrinamiento en las escuelas del Pentágono que responden a los intereses imperiales. Por ejemplo, en Venezuela se creó la “Doctrina Bolivariana de Defensa” y se dispuso la formación de milicias populares.

Se deben fortalecer los proyectos de integración para América Latina: el ALBA ( Alternativa Bolivariana para las Américas), el Banco del Sur, el gasoducto del Sur, la PETROSUR, el TELESUR, la UNASUR Y EL CONSEJO SUDAMERICANO DE DEFENSA. Proyectos de integración que permitan constituir un núcleo de resistencia ante las tentativas de las clases dominantes y del imperio de descargar el costo de la crisis en nuestros pueblos.

Algunos importantes hechos comprueban que América Latina y el Caribe viven una nueva época de unidad e integración.

En la Cumbre de las Américas en Mar del Plata realizada en 2005, la gran mayoría de los países de Nuestra América dijeron no al proyecto imperialista del ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas).

La resolución de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) condenó el intento de golpe de Estado en Bolivia en septiembre de 2008. Esta demostración de unidad latinoamericana hubiera sido impensable hace unos pocos años.

En la reunión del Grupo de Río realizada en marzo de 2008 en República Dominicana, se oficializó la incorporación de Cuba como miembro de pleno derecho, tras décadas de presiones orquestadas por la Casa Blanca para aislar a la Isla caribeña de Nuestra América.

En la Cumbre de Unidad de Presidentes de América Latina y el Caribe, realizada en Cancún en febrero de este año, se propuso la creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, en la que no participarán ni Estados Unidos ni Canadá.

Estos ejemplos son una contundente muestra de la nueva época que vive la región. Debemos que seguir avanzando en la tarea de construcción de la unidad latinoamericana, hacer real el sueño de Bolívar y de Martí, y así nuestros países podrán lograr las grandes transformaciones y tendrán más fortaleza para enfrentar y negociar con las potencias imperiales.

La integración de Nuestra América y la movilización y participación popular son los caminos que nos llevarán a lograr la segunda y definitiva independencia.