Ha sido tan comentado que no tiene sentido describir lo sucedido en el Super Tazón de Santa Clara, California, el 8 de febrero recién pasado. El espectáculo de reguetón que ahí ofreció el boricua Benito Antonio Martínez Ocasio merece señalamientos, reflexiones y debate crítico, no por su estilo y los gustos musicales de los críticos de izquierda o de derecha, sino por los símbolos y mensajes que se constituyeron en fuego de combate en la batalla cultural en la que estamos enfrascados.
Jaime Delgado Rojas / AUNA-Costa Rica
A primera vista lo que llevó a Santa Clara ese joven boricua de 31 años fue el orgullo por su bandera en un espectáculo musical con una escenografía cuidadosamente montada. Los temas políticos que fueron sometidos a debate, entre imágenes, bailes y canciones, eran variados, relevantes y urgentes: a) la viabilidad de Puerto Rico, nación caribeña, que reclama reconocimiento como estado independiente; b) la reivindicación de la migración latina como sujeto político emergente; c) la cultura subalterna que desde las esferas de la dominación se la considera herética y de mal gusto; y d) la existencia de dos Américas, la del norte que se asume como América y el resto del continente diverso, multifacético, combativo y diligente; desde este espacio, la otra lucha por el reconocimiento de Nuestra América en un ambiente geopolítico de negación y represión de los que viven dentro de las fronteras de la unión anglosajona del norte y de los otros de las otras naciones y pueblos desde el río Bravo a la Patagonia.

:format(jpeg):focal(3485x1165:3495x1155)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/gfrmedia/22HHNRCYMRBSVJIFCHMGEFDEO4.jpg)










