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sábado, 28 de enero de 2023

Latinoamericanismo y panamericanismo: a propósito de la CELAC

 Hay dos proyectos, que se han visto las caras en América desde los mismos inicios de nuestra vida republicana, latinoamericanismo y panamericanismo. Cada uno busca la asociación colectiva, la unidad, la marcha conjunta, pero desde el principio ha quedado claro que tienen grandes diferencias.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

El panamericanismo es, básicamente, una idea de los Estados Unidos, a quienes les interesa asociarse para sacar réditos para sus propios intereses. En esa visión, América Latina es vista como espacio en el que las grandes compañías norteamericanas tienen, como acaba de decir con gran claridad la jefa del Comando Sur, una fuente enorme de materias primas.

sábado, 4 de septiembre de 2021

Panamericanismo, OEA y un debate necesario para nuestra América

 El presidente mexicano López Obrador, en su audacia diplomática, nos enfrenta a la necesidad de abrir un debate impostergable para nuestra América: ¿qué hacer con la OEA?

Andrés Mora Ramírez / AUNA


En mayo de 1891, José Martí publicó en La Revista Ilustrada de Nueva York una crónica sobre la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, celebrada en Washington en marzo de ese año. La profundidad de su análisis, la claridad de sus argumentos, así como la agudeza de sus apreciaciones ante aquel primer convite panamericanista lanzado por Washington a los pueblos de nuestra América -precisamente en la génesis del desarrollo imperialista de la potencia del norte-, hacen que el texto de Martí navegue a dos aguas entre el género periodístico y el ensayo político. La vigencia de las ideas plasmadas en aquella crónica también está fuera de duda, porque en sus páginas resuenan sentencias que iluminan, hasta el presente, nuestra comprensión de las relaciones interamericanas: “dos cóndores, o dos corderos, se unen sin tanto peligro como un cóndor y un cordero”; “mientras no sepan más de Hispanoamérica los Estados Unidos y la respeten más (…), ¿pueden los Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica?”; “lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los demás pueblos”[1]

sábado, 27 de julio de 2019

Ojo de corso: retrato del político imperial

El espíritu de James Blaine agoniza hoy, pero no ha muerto. Vive en lo que resta de la organización panamericana en que vino a encarnar la política imperial que promovió, dedicada a enfrentar entre sí a los gobiernos de nuestra América, que no a sus pueblos, en un esfuerzo incesante por impedir la formación de la familia de repúblicas libres a que aspiraba Martí. 

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

“Y el ojo es retador, agresivo, frío, viscoso, y más muro que puerta, hecho para citar al combate y gozarse en él, y en ver postrado al enemigo, no – como otros ojos – para llamar a los hombres, y dejar que entren como en casa propia por el palacio del alma. Es ojo que espera a pie, que no se echa atrás, que no se cierra de noche, que ha vuelto cínico y duro de su viaje por las almas: ojo de esmalte: un diamante negro embutido en marfil: ojo de corso.”
José Martí, “Noche de Blaine”, 1888. [1]

James Blaine (1830-1893) fue un  político republicano estadounidense. Miembro del Congreso entre 1863 y 1875, ocupó en 1881 la Secretaría de Estado en el gobierno del presidente James Garfield, promoviendo un comercio más libre en las Américas para poner coto a la influencia británica en la región. De regreso al cargo en el gobierno del presidente Benjamin Harrison entre 1889 y 1892, convocó en 1890 la Primera Conferencia Panamericana, realizada en Washington, con el objetivo de extender el comercio y la influencia política de los Estados Unidos en todo el hemisferio [2].

sábado, 18 de abril de 2015

La mentira panamericana

No mentir, dicen los preceptos bíblicos; pero en nuestra cultura política hay grandes mentiras aceptadas por todos como verdades. Una de esas, quizá la más escandalosa, es la mentira panamericana o inter-americana, inventada por los Estados Unidos para hacernos creer que nuestro continente es una gran isla de paz y amigable convivencia.

Jorge Núñez Sánchez / El Telégrafo

Esa mentira fue inventada en el siglo XIX, precisamente para oponerse al proyecto alfarista de reunir un gran Congreso Continental que normara la Doctrina Monroe y refrenara el expansionismo estadounidense. Surgieron, así, las Conferencias Panamericanas, convocadas por los EE.UU. para tratar de convertir a la América Latina en una zona de influencia suya y un coto cerrado para su comercio.

La primera se reunió en Washington en 1889 y de ella surgió la Oficina Internacional de Repúblicas Americanas, convertida en 1910 en la Unión Panamericana y en 1948 en la tristemente célebre OEA, a la que Fidel Castro llamara “Ministerio de Colonias Yanquis”.

sábado, 15 de febrero de 2014

Adiós al TIAR

Nos alegra la emergencia de la Celac y la denuncia que  Ecuador y otros países han hecho del TIAR, un organismo para nosotros inútil y perverso, que no fue capaz de impedir guerras de despojo ni la agresión inglesa en las Malvinas.

Jorge Núñez Sánchez / El Telégrafo (Ecuador)

Hasta hace cincuenta años, a los niños latinoamericanos nos hacían cantar en las escuelas el célebre Himno Panamericano, que comenzaba: “Un canto de amistad,/ de buena vecindad,/ unidos nos tendrá eternamente…”. Y luego mencionaba el nombre de todos los países del continente, para concluir diciendo que todos ellos “son hermanos soberanos de la libertad,/ son hermanos que unidos siempre vencerán”.

Cada lunes entonábamos ese canto con ingenuidad infantil, bajo el estímulo de unos maestros simplones, que no sabían que ese himno, impuesto por el Ministerio de Educación, actuaba como un lavado de cerebro masivo diseñado en  Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría.

sábado, 13 de abril de 2013

Ecuador: La OEA, nuestra enemiga

El panamericanismo fue una doctrina y un mecanismo creado por iniciativa de Washington como medio para sujetar las riendas de los Estados del continente a los intereses del imperialismo norteamericano. Se ejercitaba principalmente a través de conferencias interamericanas que se reunían cada vez que los gobiernos yanquis requerían aparentar una voluntad libre y democrática de dichos Estados.

Jaime Galarza Zavala / El Telégrafo (Ecuador)

Cada una de ellas significaba un nuevo paso en la eterna agresión de Estados Unidos a nuestros pueblos, verbigracia, la Conferencia Panamericana reunida en enero de 1942 en Río de Janeiro. Para entonces, la República del Ecuador llevaba seis meses de sufrir el sangriento asalto del militarismo peruano. La provincia de El Oro gemía bajo la bota del ocupante extranjero. Poblaciones suyas como Machala, Santa Rosa, Arenillas, Huaquillas, Pasaje y muchas más fueron bombardeadas y saqueadas, mientras los habitantes, cargando con niños, ancianos y enfermos, huían por las montañas y la selva tropical a buscar refugio en otros lares.

Durante seis meses en que chorreaba la sangre de este país latinoamericano invadido, ni Washington ni el panamericanismo movieron un dedo para detener la agresión peruana. Pero en diciembre del 41 el Japón atacó la posesión yanqui de Pearl Harbor en el Pacífico. Enseguida fue convocada la Conferencia de Río para tratar y acordar un solo punto: solidaridad continental con los Estados Unidos. Solo entonces, al último, ante el pedido lloriqueante, que no digno, de la delegación ecuatoriana, como molesto asunto de menor cuantía, se trató el tema creado por la agresión peruana.

sábado, 23 de febrero de 2013

EE.UU. y la institucionalización de “un nuevo orden panamericano” en Nuestra América

Las transformaciones de los últimos años permiten reconocer la existencia de un “nuevo orden panamericano” para el cual los países de la región deben articular sus diferencias y unirse sobre lo que los funde, “como la plata en las raíces de los Andes”, para evitar que el “gobierno permanente” de los EE.UU. consolide su proyección hegemónica sobre Nuestra América.

Alejandro L. Perdomo Aguilera / Para Con Nuestra América
Desde La Habana, Cuba

La OEA: punta de lanza del panamericanismo.
Concluía la política de Guerra Fría con el derrumbe del llamado campo socialista de Europa del Este. En este escenario el presidente George Bush padre (1989-1993), planteó la necesidad de construir un “nuevo orden mundial” donde se consolidara la hegemonía estadounidense. Para las relaciones panamericanas, este interés hegemónico fue proyectado a través de instrumentos político-jurídicos, económicos, militares, de seguridad e ideológico-culturales, en interés de configurar “el nuevo orden panamericano” (Suárez Salazar, 2003).

sábado, 31 de marzo de 2012

Cumbres panamericanas: dignidad o servilismo

El problema del panamericanismo que se expresa a través de las Cumbres de las Américas y demás instrumentos de la OEA, sigue siendo, hoy como ayer, aquello que Sandino comprendió tan bien al fragor de la guerra nacionalista y antiimperialista: la indiferencia y el servilismo de algunos gobiernos y élites políticas latinoamericanas, ante las maniobras políticas y los gestos de fuerza del gigante de siete leguas en las botas.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Hace pocos días, consultado sobre su decisión de no asistir a la Cumbre de las Américas de Cartagena de Indias (14-15 de abril), el presidente de Ecuador, Rafael Correa, dijo sentir temor de que “nuestros pueblos se cansen de que sus presidentes estén en cumbres y ellos en tantos abismos”, y explicó: “[en estas reuniones] … no se tratan problemas fundamentales… de Nuestra América, los dos ejemplos más relevantes de esos problemas: el bloqueo a Cuba que lleva 50 años y rompe todos los principios del derecho interamericano y del derecho internacional; y la inadmisible, inaceptable colonización por parte de Inglaterra de las islas Malvinas… colonialismo en nuestra América, pero en pleno siglo XXI” (La Pupila Insonme, 16-03-2012).

Lleva razón en sus críticas el mandatario ecuatoriano: las cumbres de las Américas que se realizan desde 1994, como antes había ocurrido con las Conferencias y Congresos Panamericanos y más tarde, ya entrada la segunda mitad del siglo XX, con los conciliábulos de la OEA, han sido un instrumento fundamental de los Estados Unidos para avanzar en sus proyectos económicos, políticos, militares y, en definitiva, en su andamiaje de dominación en América Latina y el Caribe.