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sábado, 5 de septiembre de 2026

Rachel Carson en el camino a nosotros

Rachel Carson supo enfrentarse a un estado de cultura que encaraba las primeras grandes manifestaciones de la crisis de la fe en el poder omnímodo de la tecnología para garantizar tanto el crecimiento económico sostenido, como la solución de los problemas ambientales generados por ese crecimiento.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América

Desde Alto Boquete, Panamá


La aspiración a la sostenibilidad del desarrollo humano hace parte de una tendencia de ruptura en la geocultura del sistema mundial que ha venido tomando forma desde mediados del siglo pasado. En el marco de ese proceso se ha ido forjando una cultura ambiental que cuenta entre sus grandes eventos la publicación en 1962 del libro La Primavera Silenciosa, de la bióloga norteamericana Rachel Carson (1907-1964). En esa obra, Rachel Carson divulgó la información científica y la perspectiva moral necesarias para sustentar ante el gran público la denuncia de los riesgos ambientales del uso -para entonces ya masivo- de insecticidas como el DDT para el control de plagas en la agricultura industrial.

sábado, 8 de agosto de 2026

De las raíces de nuestro ambientalismo

 El ambientalismo latinoamericano contemporáneo tiene raíces más profundas en su entorno regional de lo que a veces imaginamos. Una de ellas es la que lo vincula – a menudo sin que lo sepamos - con el vínculo entre la sostenibilidad del desarrollo humano y la prosperidad equitativa y democrática a la que aspiramos para nuestras sociedades.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

"Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.  Y calle el pedante vencido;  que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo  que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.”

José Martí, 1891[1]


De eso trata, por ejemplo, en su lectura contemporánea, la Introducción con que el economista chileno Osvaldo Sunkel presentara en 1980 la extraordinaria antología dedicada a la interacción entre los estilos de desarrollo y el medio ambiente en nuestra América, publicada medio siglo atrás por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Fondo de Cultura Económica de México.[2]

sábado, 6 de junio de 2026

Del ambientalismo en Panamá

Si deseamos un ambiente distinto tendremos que construir una sociedad diferente. Comprender y asumir las responsabilidades que eso implica ya es la tarea mayor de todas las corrientes de nuestro ambientalismo, para contribuir desde sus logros de ayer al futuro del desarrollo humano en Panamá.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

“El trabajo no es la fuente de toda riqueza.  La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre.”

Karl Marx, 1875[1]

 

Aspiramos en estos tiempos a llegar a ser una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática. Cada una de esas cualidades se refiere a distintas facetas del complejo periodo de transición civilizatoria por el que atraviesa la humanidad entera. Cada una, además, es válida en sí misma, pero la plenitud de su sentido solo aflora por entero en su relación con las demás. Así, por ejemplo, la sostenibilidad de nuestras relaciones con el mundo natural está estrechamente asociada en la equidad en el acceso a los frutos de nuestra prosperidad, y en nuestra capacidad para garantizar la participación de todos en el gobierno de los asuntos de todos.

sábado, 13 de abril de 2019

¿Qué es el capitaloceno?

El cambio climático no debe entonces atribuirse al mero hecho de que el planeta esté poblado por 7 mil millones, sino al reducido número de personas (uno por ciento) que controlan los medios de producción y deciden cómo se ha de usar la energía. Se trata entonces de actuar contra el capital fósil. En contraposición con lo anterior, todo el aparato del sistema opera para que los ciudadanos no reconozcan y adopten esa posición.

Víctor M. Toledo / LA JORNADA

El pecado mayor del ambientalismo, el conjunto de movimientos en defensa de la naturaleza y sus autores, fue habernos hecho creer que los culpables de la destrucción del mundo natural éramos todos los seres humanos sin excepción. Ya no sólo debíamos paliar y enfrentar un mundo de destrucción y deterioro, sino también debíamos vivir eternamente bajo el estigma de haberlo provocado. Entonces nos volvimos la especie más culpable del planeta.

sábado, 5 de enero de 2019

Nota sobre los ambientalismos latinoamericanos

El desarrollo del ambientalismo latinoamericano a partir de sus contradicciones internas hace evidente que, siendo el ambiente una construcción social que opera al interior de la naturaleza, si deseamos un ambiente distinto debemos crear una sociedad diferente si el ambiente es una construcción que tiene lugar al interior de la naturaleza.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

En nuestra América, el ambientalismo se expresa en tres vertientes principales. Una, que nos viene sobre todo desde fuera y desde arriba, busca soluciones técnicas y administrativos a una crisis ambiental cuyas dimensiones social y política son cada vez más evidentes. Otra, dominante en nuestros sectores mejor educados de capas medias, enfatiza las dimensiones científica y legal de esa crisis ambiental. Y otra, en la que convergen saberes indígenas, campesinos y populares, que sustentan un constante activismo político en el campo y, cada vez más, en las ciudades.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Ambientalismo y neoliberalismo

El neoliberalismo es, ha sido y seguirá siendo, fundamentalmente, una guerra contra los seres humanos y contra la naturaleza, dirigido por un puñado de parásitos, que buscan por todos los medios ocultar y hacer invisible esa doble explotación.

Víctor M. Toledo / LA JORNADA

En sentido estricto el ambientalista (o ecologista) nace hace apenas unas cuantas décadas. Viene al mundo como nuevo actor social, cultural y político de la modernidad, desde cuya conciencia de la naturaleza desarolla acciones sin precedente, es decir, totalmente inéditas. Su posicionamiento provocó un cambio radical y antisistema. La naturaleza, silenciada con el advenimiento del mundo moderno, industrial, capitalista y tecnocrático, que la deja convertida en una máquina bajo el yugo de la ciencia, vuelve a tener voz como la tuvo durante los 300 mil años anteriores, periodo por el que la especie humana vivió dentro del manto encantado de una ecología sagrada.

sábado, 6 de enero de 2018

Panamá: Carlos María Ariz en el reino de este mundo

La carta del Obispo Carlos María Ariz, de 1999, tiene un enorme valor histórico, pues constituye en verdad el documento fundador del movimiento socio-ambiental popular en Panamá. Con ella se abre paso a lo ambiental como objeto de política, en un panorama dominado hasta entonces por un conservacionismo conservador y un ambientalismo liberal legalista, ambos sin verdadera articulación con los movimientos de trabajadores del campo y la ciudad.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Carlos María Ariz (1928-2015)
Diecinueve años hace que el entonces Obispo de Colón y Kuna Yala, Carlos María Ariz, le dirigiera una carta a la recién electa Presidenta de la República, Mireya Moscoso, para informarle sobre el malestar de los campesinos de la llamada Costa Abajo de Colón, en el Atlántico Centro Occidental de Panamá, ante una Ley aprobada el 31 de agosto de ese 1999, que concedía a la Autoridad del Canal de Panamá unos dos mil kilómetros cuadrados de la región para la modernización de la vía interoceánica.[1] Allí le decía que los evangelizadores y misioneros de las comunidades de la Costa Abajo habían analizado “el origen de esa ley y sus consecuencias para los campesinos de la costa atlántica”, y habían concluido en la necesidad de rechazarla.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Dos Franciscos, y nosotros

Todo sugiere que el Papa intenta mover a la Iglesia desde una previa postura de contención del cambio en el mundo – que fue característica del papado de Karol Woytila -, a otra nueva, de colaboración con los principales protagonistas políticos y sociales de la transición hacia un orden mundial que sea nuevo por su capacidad para crear las condiciones necesarias para el desarrollo sostenible de nuestra especie.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Para John Bellamy Foster, allá en su Norte, y tan cercano.

Un debate recorre las academias del Norte, entre partidarios y adversarios de la dialéctica marxista en el abordaje de los problemas que plantea la crisis ambiental.[1] En el nudo de ese debate está el problema de la relación entre la sociedad humana y la naturaleza que, en una dimensión más amplia, abarca también el lugar del ambiente en que esa relación se expresa. Y a eso subyace lo que a fin de cuentas es realmente fundamental, que es el juicio sobre el papel que la sociedad contemporánea desempeña en la crisis ambiental, y sus posibilidades para encarar las consecuencias que se derivan de ese papel. Los adversarios de la dialéctica marxista plantean que el capitalismo ha subsumido a la naturaleza, la ha hecho parte de sí y está en capacidad de producirla de maneras que superen los problemas presentes de la relación entre ambos. Los otros señalan que el capitalismo ha producido y reproduce constantemente la crisis ambiental a escalas de complejidad cada vez mayor, y que si deseamos una relación más sostenible entre ambas partes, necesitamos una sociedad capaz de producir esa relación de un modo que nos lleve a crear un ambiente distinto al que tenemos hoy.

sábado, 30 de abril de 2016

Nuestra América: sociedad, ambientalismos, cultura

Nuestra América cuenta hoy en día con el valioso aporte de un ambientalismo socialmente vigoroso y de creciente riqueza teórica, en desarrollo de la década de 1980 – esto es, desde el momento de origen de nuestra crisis- a nuestros días.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Para Rafael Colmenares, en su Bogotá

Nuestra América, junto al resto del Planeta, atraviesa por una crisis prolongada, en la que se combinan una crecimiento económico incierto, una inequidad social persistente, una degradación ambiental constante, y un deterioro sostenido de la institucionalidad de la mayoría de sus Estados nacionales. Esta situación general se expresa en lo particular de nosotros, por las consecuencias devastadoras de economías dependientes de la extracción y exportación masiva de recursos naturales, desde hidrocarburos y metales hasta la fertilidad de sus suelos agrícolas, y aun de sus atractivos naturales y culturales, agravadas por la huella ambiental de procesos de urbanización desordenados en los que hoy se encuentra inmerso el 70% de nuestra población.

sábado, 16 de enero de 2016

Panamá, 2015: del conservacionismo de arriba al ambientalismo de abajo

En 2015, el ambientalismo panameño pasó de ser local a ser glocal – esto es, a vincularse con la crisis global en términos correspondientes a nuestras realidades locales. Esto se hizo evidente, por ejemplo, en el contraste entre el entusiasmo del ambientalismo liberal y el escepticismo del popular ante los resultados de la Conferencia de París sobre cambio climático.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

El año 2015 tendrá una importancia excepcional en la historia del ambiente y el ambientalismo en Panamá. Para apreciar esa importancia, sin embargo, será necesario ver en ese año la culminación de procesos que venían incubándose desde mucho antes, expresada en tres hechos mayores. Uno fue la creación de un Ministerio del Ambiente, en respuesta a una antigua demanda del conservacionismo liberal criollo. Otro, la formación de lo que Joan Martínez – Alier llama un “ecologismo de los pobres”, a través de la incorporación de demandas ambientales en las luchas de los movimientos sociales. Y el tercero – estrechamente asociado a los dos anteriores –, consistió en la ampliación de la cultura y el pensamiento ambientales más allá de la disyuntiva entre la conservación y el desarrollo, tan característica de nuestro pasado reciente.

sábado, 9 de mayo de 2015

Pensamiento ambiental latinoamericano

En un capítulo introductorio de un libro recién publicado por la CLACSO he propuesto, junto con el economista argentino Héctor Sejenovich y el historiador holandés Michiel Baud, la siguiente lista de rasgos propios del ambientalismo o ecologismo latinoamericano. Los presentamos para discusión pública. Son los señalados a continuación, que en parte coinciden y en parte divergen de los de otros continentes.

Joan Martínez Alier / LA JORNADA

A) La conciencia del desastre demográfico tras la conquista y, por tanto, un rechazo generalizado hacia el enfoque malthusiano sobre el problema de la sobrepoblación. Es cierto que América Latina (con excepciones como El Salvador o Haití) es un continente de menor densidad de población que varios países europeos o que India o Bangladesh.

B) Un orgullo agroecológico presente especialmente en Mesoamérica y los Andes (y ausente en Estados Unidos), con personalidades de primera fila internacional como Hernández Xolocotzi, Gómez Pompa, Víctor Toledo, Miguel Altieri... América Latina es un centro de biodiversidad agrícola.

sábado, 2 de agosto de 2014

El ambientalismo panameño en el siglo XXI: trayectoria y desafíos

Nuestro ambientalismo ha aportado un importante respaldo cultural y moral a la formación de una institucionalidad ambiental, y a la demanda de que los responsables de la misma rindan cuenta a la sociedad sobre el desempeño de sus funciones.

Guillermo Castro Herrera / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Para Francisco Herrera, que entiende de estas cosas, y las dice

Entonces

El movimiento ambientalista panameño inició su proceso de formación a mediados de la década de 1980, asociado tanto a la formación de una agenda ambiental global – que tendría su primera expresión en el Informe Brundlandt y su demanda de un desarrollo que fuera sostenible, en 1987 – como a las responsabilidades ambientales que se derivaban del Tratado Torrijos Carter, sobre todo en lo relativo a la gestión de la cuenca del Canal. En lo más general, ese movimiento ha tenido una diversidad de virtudes en nuestro país: ha insistido en llamar la atención sobre cosas realmente importantes, que van más allá del mezquino interés cotidiano propio de nuestra vida política; ha logrado conectar nuestros problemas locales con los que afectan a la Humanidad entera; ha contribuido a enriquecer nuestra identidad nacional, resaltando la importancia de nuestros ecosistemas para nosotros mismos y para la biosfera; ha enriquecido la agenda social, resaltando el componente ambiental de las luchas reivindicativas de los pobres del campo y de la ciudad, y ha ido dando forma, así sea primaria, a una cultura ambiental nacional.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Desafíos del ambientalismo latinoamericano

El hecho mismo de que la debilidad creciente del sistema pueda ser captada y expresada es ya un producto de la cultura ambiental que emerge de las movilizaciones sociales, que expresan los conflictos ambientales en curso en todo el planeta, y en todos los ámbitos de la actividad humana, desde la producción material hasta la intelectual.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

En mayo de 2013, la Alianza del Milenio por la Humanidad y la Biosfera – una red que vincula  a unos 1600 científicos de todo el mundo – dio a conocer un comunicado en el que indicaba la creciente importancia de cinco factores de riesgo para nuestra especie.[i] Dichos factores incluían las alteraciones del clima; la extinción de especies; la destrucción de ecosistemas vitales, y los problemas asociados a la sobrepoblación y el sobreconsumo. En conjunto, todos ellos constituyen aspectos distintos, pero interdependientes, de la crisis ambiental global, en cuyo marco han emergido – de la década de 1970 en adelante - los conceptos de ambiente, sustentabilidad y desarrollo sostenible.