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sábado, 24 de septiembre de 2022

ONU: del “huele a azufre” a “libertad para los presos políticos en Nicaragua”

 Entre los discursos de Hugo Chávez y Gabriel Boric hay un trecho muy grande que, posiblemente, nos ejemplifique la diferencia entre las dos olas del progresismo latinoamericano.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Ya bastante se ha dicho de las diferencias que existen entre las llamadas primera y segunda ola progresista del siglo XXI en América Latina. Habría que ver con detalle en cuál de las dos se logró perfilar proyectos más apegados a intereses nacional-populares, menos entreguistas a los intereses de las grandes compañías transnacionales, especialmente las vinculadas al extractivismo mineral y agrícola; cuánto lograron independizarse de las ataduras impuestas por el capital financiero; en qué medida lograron cimentar políticas sociales que contribuyeran a disminuir la brecha que hace de América Latina la región más desigual del mundo. 

sábado, 11 de agosto de 2018

Gobiernos progresistas en Latinoamérica

Los gobiernos progresistas lograron mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones de sus países. Pero no tocaron las relaciones de propiedad; los medios de producción (tierra, fábricas, bancos) siguieron en manos de las oligarquías, y la clase trabajadora no participó efectivamente en el cambio social. La masa popular apoya a esos gobiernos, pero eso no termina de ser socialismo.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

Durante la primera mitad del siglo XX las luchas obreras y campesinas fueron creciendo. Así surgieron la Revolución rusa, la china, la cubana, la nicaragüense. Pero en estas últimas décadas, el sistema capitalista reaccionó sangrientamente y el campo popular fue brutalmente castigado. La represión alcanzó niveles inconcebibles. De hecho, Guatemala fue el lugar con más víctimas en toda Latinoamérica: 200,000 muertos, 45,000 desaparecidos, un millón de desplazados internos, más de 600 masacres de aldeas campesinas mayas. Sus consecuencias: miedo, desmovilización, despolitización.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Decencia e ideología

La corrupción ha estado presente en los gobiernos de izquierda que han surgido en los últimos años. Esto sucede porque es un mal sin preferencias políticas ni ideológicas. Y hoy cuando se debate la existencia de un fin de ciclo de los gobiernos progresistas, uno de los temas que habrá que evaluar es el papel de la corrupción en el desgaste político que han estado sufriendo.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

A mediados de agosto de 1867, el general Severo del Castillo se preparaba para entrar a la eternidad. Un Consejo de Guerra lo había condenado a muerte por haber  sido un activo militar a favor de Maximiliano de Habsburgo en la intervención francesa en México. Dos meses atrás el propio Maximiliano y los generales Tomás Mejía y Miguel Miramón, habían sido fusilados pese a solicitudes de clemencia a Benito Juárez provenientes de todos lados. Juárez fue inflexible. Había que castigar de manera ejemplar el baño de sangre que los conservadores habían propiciado al desatar la guerra civil trayendo a un emperador europeo para frenar a los liberales.

sábado, 29 de octubre de 2016

Combatir errores y sumar nuevas fuerzas

Las conquistas sociales y aprendizajes políticos acumulados durante el período de 15 años del siglo XXI, así como las importantes omisiones y errores que los han acompañado, reclaman reexaminar varios esquemas usuales acerca de los caminos del cambio y de la revolución en América Latina.

Nils Castro / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Intervención en la XIII Conferencia de Estudios Americanos, “Realidades y perspectivas de los procesos progresistas y de izquierda en Nuestra América”, organizada en La Habana por el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), de Cuba, del 19 al 21 de octubre de 2016.  

Desde fines del siglo pasado, el desarrollo político latinoamericano se salió del trillo previsto. La región experimentó un proceso por el cual varios partidos o liderazgos de izquierda llegaron al gobierno por medios electorales. Eso abrió un panorama de diferentes oportunidades políticas y socioeconómicas de género democrático, pese a las restricciones previstas por los sistemas políticos y electorales instaurados en cada país para asegurar la continuidad del régimen instituido por la clase dominante.

Como era de esperar, la emersión de esa nueva oleada “progresista” desató la reacción opuesta: una contraofensiva regional de las derechas en los planos político, mediático, cultural y económico, que ya exploró diversas modalidades. Al cabo, aunque algunos de esos gobiernos después fueron defenestrados o tuvieron reveses electorales, nada excluye que los movimientos que les dieron origen puedan rehacerse, ni que en distintas naciones latinoamericanas afloren otras opciones de izquierda que también ganen elecciones.

sábado, 7 de mayo de 2016

De pensamiento es la guerra

Tener mejores gobiernos progresistas no es el fin de esta historia, sino una oportunidad de completar condiciones que faltan para emprender la siguiente. Entre ellas, rejuvenecer y fortalecer nuestras capacidades para derrotar a la contrarrevolución en el campo de la cultura política, la confrontación ideológica y la comunicación persuasiva.

Nils Castro / Para Con Nuestra América

Texto de la intervención del autor en el XII Seminario del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, ISRI 2016, celebrado en La Habana del 27 al 29 de abril.

Desde finales del siglo pasado, en América Latina experimentamos un proceso por el cual varios partidos o liderazgos de izquierda han llegado al gobierno por medios electorales. Esto abrió un panorama de originales oportunidades políticas y socioeconómicas de carácter democrático, pese a las restricciones que los sistemas políticos y electorales vigentes en cada país tenían establecidas para asegurar el mantenimiento del régimen ya instalado por la clase dominante.

sábado, 27 de febrero de 2016

Progresismo, la manipulación de un viejo conocido

La elección de los gobiernos progresistas resultó del repudio a las consecuencias sociales y morales del neoliberalismo, pero no de un nuevo desarrollo ideológico de la mayoría electoral. Esa mayoría favoreció a candidatos que venían de la izquierda, pero no votó por una propuesta de hacer esa revolución, ni para expresar su voluntad de sostenerla.

Nils Castro / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Hace poco cruzó la escena otra andanada descalificadora de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, que incluyó artículos redactados en apropiado izquierdolés. Con variopintos matices, se resumió en dos supuestos cortados a la medida: que no convirtieron su llegada a Palacio en sendas revoluciones socialistas, y haberse limitado a mejorar la repartición social de los beneficios del  sobreprecio de las commodities, mientras este duró. De tales alegaciones ya nos hemos ocupado, incluso antes de esta última salva.

sábado, 30 de enero de 2016

¿Por qué y para qué son progresistas estos gobiernos?

Este artículo fue publicado en el año 2012: en aquel entonces aún se entendía lo que ser "progresista" significaba -y lo que  no significaba-.  El texto dejaba claro que los gobiernos "progresistas" correspondían a una etapa necesaria del desarrollo capitalista de la región y estaban lejos de proponer un horizonte socialista, una misión que correspondería a otros actores, los interesados en preparar la subsiguiente etapa. Se dice en qué habría de consistir su tarea. En este sentido, el actual debate sobre el "progresismo" es una regresión respecto a lo que ya era claro hace cuatro años.

Nils Castro

Algunos críticos insisten en que la mayoría de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos administran una fase postneoliberal, pero no postcapitalista, del desarrollo de sus sociedades, economías y Estados. No son revolucionarios, ya que el capitalismo sigue siendo el horizonte de su gestión política. Esa observación es descriptivamente correcta pero calla las razones de esa característica.

Con sus respectivos matices, esos gobiernos fueron electos a consecuencia del daño y el rechazo sociales que las políticas neoliberales acumularon en el pasado período. Son, pues, el resultado del voto antineoliberal –pero no necesariamente anticapitalista– de millones de ciudadanos. Voto captado, a su vez, por unas izquierdas que ofrecieron programas electorales de baja intensidad, que prometían subsanar los efectos más perversos del neoliberalismo, pero que no hablaban de remplazar al capitalismo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

¿Flexibilizar en medio de la crisis?

Un ciclo negativo para los gobiernos progresistas y de nueva izquierda en América Latina ha sido la llegada de la ‘crisis’ económica a la región. Enseguida han aprovechado los opositores para argumentar que el ‘modelo’ no solo se agotó, sino que nunca funcionó.

Juan J. Paz y Miño C. / El Telégrafo (Ecuador)

Cierto es que mientras hubo auge económico los gobiernos aludidos pudieron realizar fuertes inversiones. Los informes de la Cepal, pero también de las NN.UU., del BM y hasta del FMI, han reconocido los logros sociales particularmente en Bolivia, Ecuador y Venezuela, que en forma inédita redujeron la pobreza, mejoraron la equidad y generalizaron educación, salud, seguridad social y vivienda, entre otros servicios públicos.

Pero la llegada de la crisis alteró el camino progresista, y si bien todavía Bolivia permanece estable, Ecuador entró a una coyuntura recesiva, mientras en Venezuela la situación empeoró incluso con la guerra económica de la oligarquía empresarial, desatada hace años, con el apoyo de potencias imperialistas.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Guerra económica contra gobiernos progresistas

Después del auge político e incluso del ascenso económico motivado por altos ingresos y fuertes inversiones públicas, los gobiernos progresistas y de nueva izquierda enfrentan la arremetida de sus enemigos más poderosos: el alto empresariado junto a las élites adineradas (burguesías), el imperialismo y los medios de comunicación identificados con esos intereses.

Juan J. Paz y Miño C. / El Telégrafo (Ecuador)

Desde 1999, la sucesión de gobiernos progresistas y de nueva izquierda en América Latina abrió un nuevo ciclo histórico en la región. Desde luego, no todos tenían similares orientaciones, ni ejecutaron políticas reformistas o radicales capaces de marcar el rumbo claro hacia una sociedad poscapitalista.

En todo caso, los gobiernos de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez/Nicolás Maduro en Venezuela se colocaron a la vanguardia de las transformaciones, afirmando Estados nacional-populares y antiimperialistas, y asumiendo la construcción del “socialismo del siglo XXI” como alternativa al capitalismo.

sábado, 31 de octubre de 2015

Argentina: un campanazo

Queda poco de esa época “heroica”, que tuvo en Mar del Plata y el rechazo al ALCA un hito que llenó de vigor al latinoamericanismo. El progresismo, hoy, está a la defensiva, le cuesta mantener sus posiciones y, aunque se bate a brazo partido, muestra desgaste y grietas.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Se han levantado voces airadas en América Latina contra aquellos que ven signos de vientos negativos para el movimiento nacional-progresista o posneoliberal, como prefiera llamársele, que tanto protagonismo ha tenido en nuestro continente en las dos últimas décadas. Una de ellas, la del vicepresidente de Bolivia, Álvaro Linera, les ha llamado izquierdistas de cafetín, y el brasileño Emir Sader comparte su opinión. En estas páginas de CON NUESTRA AMÉRICA nos hemos hecho eco de sus reflexiones en días pasados publicando algunos artículos suyos que tratan el tema.

Hemos publicado, también, las posiciones opuestas. Un rápido vistazo a nuestros archivos lo deja en evidencia. Hoy, por cierto, recogemos las ideas de Raúl Zibechi al respecto. Estamos, ciertamente, en un momento incierto, en el que se multiplica signos que no son de buenos augurios. Léase el mencionado artículo de Zibechi, que aparece más abajo, y verán que el uruguayo entiende que el quiebre que lleva hacia un declive del progresismo se inició no ahora sino hace un par de años.

Se acelera el fin del ciclo progresista

Es la actividad o la inactividad, la organización para el combate, la dispersión o la cooptación de los movimientos, el aspecto central a tener en cuenta a la hora de analizar los gobiernos progresistas. Sólo en segundo lugar aparecen otras consideraciones, como los ciclos económicos, las disputas entre los partidos, los resultados electorales, la actitud del capital financiero y del imperio, entre muchas otras variables.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Cada quien elige el lugar desde el cual mira el mundo, pero esa elección tiene consecuencias y determina lo que puede ver y lo que irremediablemente se le escapa. El punto de observación no es nunca un lugar neutro, como no lo puede ser el que observa. Más aún, el observador es modelado por el lugar que elige para realizar su tarea, al punto que deja de ser mero espectador para convertirse en participante –aunque se diga objetivo– de la escena que cree sólo observar.

Ante nosotros se despliegan las más diversas miradas: desde aquellas localizadas en los estados (partidos, fuerzas armadas, academias), las que se emiten desde los países poderosos y el capital financiero, hasta las miradas ancladas en las comunidades indígenas y negras, y en los movimientos antisistémicos. Un amplio abanico que podemos sintetizar, con cierta arbitrariedad, como miradas de arriba y miradas de abajo.

sábado, 17 de octubre de 2015

¿Es el “progresismo” un fenómeno cíclico?

Hoy confrontamos una poderosa contraofensiva de las derechas y sus mentores transnacionales para desacreditar y remplazar a varios gobiernos latinoamericanos. Ese esfuerzo ha conllevado multiformes inversiones en renovar los recursos políticos y lenguajes mediáticos de la derecha, incluyendo reciclar los métodos que antes sirvieron para justificar el derrocamiento de Salvador Allende e imponer la contrarrevolución neoliberal en su país.

Nils Castro / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Con más pirotecnia ideológica que examen de los hechos, algunos asiduos articulistas se empeñan en emparejar la llegada de partidos y dirigentes de izquierda a varios gobiernos latinoamericanos con el recién pasado período de alto precio de las materias primas para, enseguida, engarzar ese presunto dúo con la conjetura de que su enlace fue parte de un “ciclo” y sentenciar que este se agotó. Ese esquemático supuesto encierra más simplezas y errores que otras fantasías de su género.   

Para empezar, ¿de dónde sacan que el lapso transcurrido desde la primera elección de Hugo Chávez a la probable reelección del kirchnerismo constituye un “ciclo”? Lo reiteran sin sustentarlo. Evaden decir con relación a cuáles otros ciclos previos y probables ciclos subsiguientes, sus formas de sucesión y las conclusiones prácticas del caso. A falta de mejor análisis de los procesos involucrados, pareciera que la palabrita se reitera por el barniz doctoral que le presta al elemental razonamiento que yace tras ese esquema.

sábado, 10 de octubre de 2015

La identidad del progresismo, su agotamiento y los relanzamientos de las izquierdas

Las izquierdas deben relanzar sus propias miradas críticas, que rescaten los aportes positivos de los progresismos, pero que también sean capaces de entender sus contradicciones y retrocesos. Ellas dejan en claro que los progresismos no son el final del camino, sino una etapa en procesos de cambio que necesitar proseguir.

Eduardo Gudynas / ALAI

Las circunstancias que afectan a los gobiernos progresistas en América Latina siguen despertando mucha atención. Algunas reflexiones recientes señalan una crisis, un final o un agotamiento del progresismo, mientras que otros rechazan cualquier debilidad o retroceso (1). Intentando salir del ruido en este debate, se confirma la divergencia entre izquierdas y progresismos, donde éstos últimos muestran una condición propia de un agotamiento antes que un final. Sorpresivamente, unos cuantos defensores de los progresismos en lugar de repotenciarlo confirman esta situación.

El reconocimiento que los progresismos tienen una identidad política en sí misma es evidente desde los dichos y prácticas de esos gobiernos y sus bases de apoyo. Estos usan ese rótulo, lo defienden, e incluso lo usan en sus coordinaciones continentales (como los Encuentros Latinoamericanos Progresistas, ELAP).

sábado, 3 de octubre de 2015

¿Fin del ciclo o fin de la hegemonía progresista en América Latina?

La experiencia de los llamados gobiernos progresistas en América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela) parece haber entrado en un pasaje crítico que algunos autores están denominando fin de ciclo, abriendo un debate histórico y político de fuertes implicaciones estratégicas respecto del porvenir inmediato.

Massimo Modonesi* / LA JORNADA

A partir de la caracterización del ciclo progresista latinoamericano como un conjunto de diversas versiones de revolución pasiva (es decir, siguiendo a Gramsci, de transformaciones estructurales significativas, pero limitadas, con un trasfondo conservador y por medio de prácticas políticas desmovilizadoras y subalternizantes) podemos analizar este momento poniendo en evidencia su rasgo central y determinante: la pérdida relativa de hegemonía, es decir de incapacidad creciente de construcción y sostenimiento del consenso interclasista que caracterizó la etapa de consolidación de estos gobiernos.

sábado, 18 de julio de 2015

¿Capitalismo social latinoamericano?

Los gobiernos de nueva izquierda en América Latina ganaron el Estado y desde allí, con un nuevo poder ciudadano o popular (esfera política), han avanzado al menos a un tipo de capitalismo social (esfera económica) con distintos logros. Pero se levantan sobre una pesada herencia de diferenciaciones sociales aún muy arraigadas en las mentalidades colectivas.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

La economía social de mercado en Europa, diferente a la economía de libre empresa de EE.UU. y que, además, es una de las modalidades de capitalismo social, logró amplios beneficios para los ciudadanos.

Hay variaciones entre los países europeos, aunque también rasgos comunes. El eje radica en el papel económico del Estado, pues si bien las empresas gozan de libertad de acción, están sujetas a numerosas y a veces pormenorizadas regulaciones estatales en materia laboral, social y ambiental. El Estado garantiza la educación pública gratuita, cubre la seguridad social universal, atiende la salud, distribuye medicinas y regula el trabajo médico público y privado; y, adicionalmente, otorga una variedad enorme de subsidios, bonos y pensiones, para madres, desempleados, estudiantes, familias, etc. El Estado promueve la redistribución de la riqueza y aplica el criterio de solidaridad social.

sábado, 10 de enero de 2015

El progresismo retrocede en clima global adverso

Este periodo también es un parteaguas para los gobiernos que han dado en llamarse progresistas, aunque también lo será para los conservadores. La nueva coyuntura está afectando a las economías más importantes.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Hace poco más de una década, en los albores de los gobiernos progresistas del Cono Sur, medios de izquierda, analistas y dirigentes comenzaron a nombrarlos como “gobiernos en disputa”. Con dicho aserto pretendían dar cuenta de la heterogénea composición de gabinetes que contenían una doble orientación: progresistas y conservadores amalgamados en un mismo Ejecutivo. Era el modo, se dijo, de asegurar mayorías parlamentarias para asentar la gobernabilidad, sobre todo en el caso de Brasil, donde el Partido de los Trabajadores no alcanzaba siquiera un quinto de la representación parlamentaria.

Han pasado más de 10 años y ya no es posible seguir hablando de “gobiernos en disputa”. Más que el desgastante paso del tiempo, pesan en la nueva situación las consecuencias de la crisis de 2008 y, de modo muy particular, la ofensiva de Estados Unidos contra el BRICS, centrada por ahora en Rusia con la caída estrepitosa de los precios del petróleo como arma arrojadiza.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Las disyuntivas progresistas y la contraofensiva de las derechas

Los tres primeros lustros del siglo XXI latinoamericano se han caracterizado por el surgimiento de gobiernos “progresistas” y la subsecuente orquestación de una contraofensiva multidimensional de las derechas, cuyos propósitos rebasan una simple restauración de las condiciones previas a dicho surgimiento.

Nils Castro / Especial para Con Nuestra América*
Desde Ciudad Panamá

Al inicio del período, la atención periodística y académica registró la emersión del fenómeno y comentó las circunstancias que dieron pie a su aparición, las similitudes y contrastes entre esos gobiernos, y sus principales efectos y repercusiones nacionales, regionales e internacionales. Al propio tiempo abordó el campo de oportunidades que esos procesos abrían en nuestra América ‑‑desde el combate a la pobreza hasta la integración regional‑‑, caracterizando sus aportes y limitaciones, así como las diferencias entre sus posibles variantes progresistas o revolucionarias ‑‑y si las primeras pueden convertirse en las segundas‑‑, intentó adjudicarle cierto marco teórico al tema. Sin embargo, muchas veces definiéndolo a la sombra de instrumentos y propuestas conceptuales tomados del precedente período de alza de las ideas revolucionarias en los años 60 y 70, anterior a la implosión del “socialismo real”, la ofensiva neoconservadora y la hegemonía neoliberal de los siguientes decenios, y de sus efectos  socioeconómicos, políticos y culturales.