El señor emperador, mientras tanto, con
esa cara adusta y ceñuda que lo caracteriza, sentado en su trono dorado en el
centro de su apartamento kitsch en el corazón de Nueva York, envía estentóreos
alaridos de orangután macho a través de sus artilugios tecnológicos. Nos tiene
a todos pendientes de su creatividad, de lo que habrá pergeñado su cerebrito
escondido bajo esa mata hirsuta y ridícula de pelo.
Rafael
Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
El Medio Oriente sigue siendo el lugar
por excelencia en donde las potencias se disputan la hegemonía mundial. Dejar
que una logre un avance, por muy pequeño que sea, equivale a sembrar una pica
en Flandes, y nadie está dispuesto a perder un milímetro de presencia o
influencia.
Pobrecita Siria, le tocó su turno, y con
ella a Bashar Al Assad, que se ha convertido en el equivalente de lo que en su
momento fueron Sadam Husein o Muamar Gadafi. En él se resume hoy el estereotipo
del dictador asesino de su propio pueblo que debe ser derrocado para que la
humanidad, satisfecha, pueda dormir con la conciencia tranquila.








