La mayoría de las
reacciones psicológicas tras un desastre natural no son propiamente
enfermedades mentales sino respuestas que muestran angustia ante los hechos
sufridos, y que en general pueden ser adecuadamente manejadas con abordajes
comunitarios de apoyo grupal.
Marcelo Colussi / Especial para
Con Nuestra América
Desde
Ciudad de Guatemala
No existen técnicas
psicoterapéuticas específicas para afrontar estas situaciones. En tales casos
las acciones psicosociales no pueden ir separadas de soluciones prácticas de
los problemas comunitarios. Lo importante es favorecer una posición activa de
los damnificados, sin victimizarlos, propiciando su propia búsqueda de
soluciones racionales, saludables y sostenibles. Debe promoverse la
información, la organización social, la discusión de cuestiones concretas
buscando respuestas comunes y consensuadas, aprovechando siempre las
potencialidades locales. En definitiva, superar el
primer momento de crisis encarando desde un inicio la promoción de una
rehabilitación para el desarrollo sustentable. Se trata, fundamentalmente, de
establecer una actitud de empatía con aquellos que sufren, posibilitando un
lugar para fomentar la expresión de los afectos ligados a la situación
traumática, propiciando espacios de encuentro y socialización, alimentando al
mismo tiempo la solidaridad.














