Los gobiernos, los
políticos y los medios en el mundo occidental parecen incapaces de entender los
juegos geopolíticos que juegue alguien situado en cualquier otra parte. Sus
análisis en torno al nuevo acuerdo proclamado por Rusia y China son un pasmoso
ejemplo de esto.
Immanuel Wallerstein / LA JORNADA
El acercamiento entre China y Rusia replantea el tablero geopolítico global. |
El 16 de mayo, Rusia y
China anunciaron que habían firmado un tratado de amistad que durará por
siempre, pero que no es una alianza militar. Simultáneamente anunciaron uno
sobre gas, en el que ambos países construirán un gasoducto para exportar gas
ruso a China. China prestará a Rusia el dinero para que pueda construir su
parte del gasoducto. Parece que Gazprom (principal productor de gas y petróleo
en Rusia) hizo algunas concesiones en el precio a China, punto que había estado
deteniendo el acuerdo por algún tiempo.
Si uno lee los medios del
15 de mayo, están llenos de artículos que explican por qué un acuerdo así sería
poco probable. Al día siguiente, cuando sin embargo se concretó el acuerdo, los
gobiernos de Occidente, los políticos y los medios se dividieron entre quienes
pensaron que era una victoria geopolítica del presidente ruso Vladimir Putin (y
lo deploraron) y aquellos que argumentaron que esto no haría mucha diferencia
geopolítica.
Es bastante claro, a
partir de las discusiones y los votos en el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas durante los últimos años, que Rusia y China comparten una aversión por
las varias propuestas puestas a consideración por Estados Unidos (y con
frecuencia secundadas por varios países europeos) para autorizar el
involucramiento directo en la lucha civil en Ucrania y en los múltiples
conflictos en Medio Oriente (lo que abriría en última instancia el camino a un
involucramiento militar).
Las sanciones
unilaterales que Estados Unidos impuso a Rusia debido a su presunto
comportamiento en Ucrania y la amenaza de más sanciones sin duda han apresurado
el deseo de Rusia por encontrar salidas adicionales para su gas y petróleo. Y
esto, a su vez, condujo a hablar mucho de una revivida Guerra Fría entre Rusia
y Estados Unidos. Pero ¿es esto en realidad el punto central del nuevo acuerdo
de Rusia y China?
A mí me parece que ambos
países están realmente interesados en una restructuración diferente de las
alianzas entre los Estados. Lo que Rusia busca en realidad es un acuerdo con
Alemania. Y lo que China realmente busca es un acuerdo con Estados Unidos. Y su
táctica es anunciar esta alianza para siempre entre ellos.
Alemania claramente está
dividida acerca de la perspectiva de incluir a Rusia en una esfera europea. La
ventaja de Alemania en un arreglo así sería consolidar su base de consumidores
en Rusia para su producción, garantizar sus necesidades energéticas e
incorporar la fuerza militar rusa a su planeación global de largo plazo. Dado
que esto haría inevitable la creación de una Europa post-OTAN, existe oposición
a la idea no sólo en Alemania, sino por supuesto en Polonia y en los Estados
bálticos. Desde el punto de vista de Rusia, el objetivo del tratado de amistad
Rusia-China es fortalecer la posición de aquellos en Alemania favorables a
trabajar con Rusia.
China, por otra parte,
está fundamentalmente interesada en domar a Estados Unidos y reducir su papel
en Asia oriental, pero dicho esto quiere reforzar, no debilitar, sus vínculos
con Estados Unidos. China busca invertir en Estados Unidos a tasas de ganga y
piensa que ahora es la oportunidad. Quiere que Estados Unidos acepte su emergencia
como potencia regional dominante en Asia oriental y sudoriental. Y quiere que
Estados Unidos utilice su influencia para evitar que Japón y Corea del Sur se
conviertan en potencias nucleares.
Por supuesto que lo que
China quiere no está en consonancia con el lenguaje ideológico que prevalece en
Estados Unidos. Sin embargo, parece haber dentro de Estados Unidos un respaldo
callado para una evolución de las alianzas, especialmente al interior de las
principales estructuras corporativas. Justo como Rusia quiere utilizar el
tratado de amistad para dar aliento a que ciertos grupos en Alemania se muevan
en la dirección que les parece más útil, así China busca hacer lo mismo en
Estados Unidos.
¿Funcionarán estos juegos
geopolíticos? Posiblemente, pero no hay la certeza, para nada. No obstante,
desde la perspectiva de Rusia y China, tienen todo qué ganar y muy poco qué
perder con esta táctica. La cuestión real es cómo evolucionará en el futuro
cercano el debate interno en Alemania y en Estados Unidos. Y en cuanto al
argumento de que el mundo está regresando a la Guerra Fría entre Estados Unidos
y Rusia, piensen que este argumento es sólo la contratáctica de aquellos que
entienden el juego que están jugando Rusia y China e intentan contrarrestarlo.
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